| Olivier Viera |
| Domingo, 27 de Junio de 2010 23:16 |
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Poco tiempo atrás abogábamos desde este espacio por la implantación mesurada y prudente de la tecnología en el fútbol como ayuda al árbitro. Vistos algunos encuentros de octavos de final, habrá que admitir, no sin cierta consternación, que la realidad ha dado por tierra con cualquier argumento contrario a la utilización de las cámaras para discernir en torno a ciertas jugadas puntuales.
Admitamos que es llover sobre mojado volver sobre estos temas. Pero es absolutamente necesario hasta tanto ciertos gerontes que dicen tomar decisiones prudentes y a menudo se autofelicitan por ellas, comprendan de una buena vez que es el momento de decir ¡basta!
La necedad e irresponsabilidad de quienes deben dirigir los destinos del fútbol al más alto nivel es, en algunos aspectos, alarmante.
¿Puede decirse acaso que haya millones de personas, habitantes de Inglaterra y México, festejando porque se ha mantenido la “sal” del fútbol?
Resulta irritante porque insulta la inteligencia plantear la pregunta; y aún más la respuesta. Por obvias.
¿Alguien puede decir que se tardaría más de cinco o seis segundos en reparar serios, naturales e inevitables errores humanos de percepción?
Otro argumento que cae por su propio peso. Mientras el mundo observaba casi en tiempo real los errores arbitrales, los árbitros demoraron mucho más en reanudar el juego con motivo de las protestas.
Cuando se replantea el debate hemos de rogarle a quienes desconocen el avance de la tecnología un poco más de imaginación argumental. Sus dos argumentos más poderosos han sido borrados de un plumazo.
Que el juego perdería dinamismo a causa de las constantes detenciones, es una razón inválida. Que el fútbol perdería su natural tendencia a la polémica es manifiestamente insostenible. La polémica seguirá existiendo.
Claro que de la mano de la tecnología esta polémica vendrá de la mano de la justicia. Si se estima que la polémica y la justicia son excluyentes, vamos por mal camino. Evidentemente se puede ser justo y no por ello el fútbol perderá su dosis de polémica.
Aunque, claro está, o debería estar, que una cosa es una dosis de polémica y otro condenar al fútbol a que cada cierto tiempo se le vaya la mano y se produzcan pequeñas “muertes” por sobredosis de polémica.
Porque ahora se le cargan las tintas a las personas que tomaron ciertas decisiones sin todos los apoyos que fácilmente se tenían a la mano.
A una persona que se encuentra a la altura del área de penal velando por una eventual posición adelantada no se le puede exigir que vea si un balón ingresó a la meta. Es humanamente imposible la pretensión. Más aún con un balón cada vez más rápido y que describe extrañas trayectorias.
Ni que hablar si analizamos la cuestión en términos probabilísticos. La probabilidad de que un balón golpee el larguero y el piso es bajísima. El mismo cálculo para un balón que golpea por dos veces el travesaño, es menor aún.
Que alguien explique si no es de sentido común atender este tipo de jugadas inusuales. No sólo eso deberá justificarse, sino también si existen elementos de ayuda disponibles para cubrir estos eventos extremos.
En tanto “the show must go on”, esperemos que al menos FIFA guarde un poco de coherencia con sus predicados y apoye con sus futuras decisiones la forma de arbitraje por la que ha apostado. De lo contrario, un trabajo que se inició hace aproximadamente hace ocho años y que venía mostrando sus frutos, habrá significado una penosa dilapidación de recursos.
No sólo económicos, sino, lo único que en definitiva es importante, se habrá “quemado” a personas en las que se dijo confiar. |