| Olivier Viera |
| Lunes, 26 de Abril de 2010 15:12 |
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Comentar en torno a lo sucedido en el último partido clásico, puede resumirse en muy pocas líneas. Un encuentro aburrido, con un trabajo arbitral aceptable que no trascendió mayormente porque el partido no presentó mayores eventos de resolución desafiante. A más de lo anterior el árbitro optó por entrar en el mismo aplanado nivel que propusieron los contendientes.
El resultado fue un conjunto de pequeñas imprecisiones ya que, al fin y al cabo, todos se dedicaron a dejar pasar el tiempo. Mayormente esto ocurrió en el segundo tiempo. Si encuentros anteriores dieron campo fértil a comentarios acerca de jugadas groseras cuyo eco se diluyó en poco tiempo, este clásico sólo tendrá un valor estadístico: apenas un número más sin mayor significación.
Visto este estado de cosas, dedicarse a repasar con la mirada el entorno resultó gratificante. Tanto como para despertar una idea que apunta a la progresión y evolución del deporte del fútbol.
Hace unos cuantos años se destruyó el tablero electrónico ubicado en la tribuna Colombes. Pasados otros tantos años, tras anuncios y “desanuncios”, amagues y plazos que se estiraban insólitamente, finalmente apareció un nuevo tablero que permite otras posibilidades, aparte de las estrictamente vinculadas a señalar el tanteador, el tiempo de juego…etc.
Una de las funciones que puede brindar el tablero es la educativa. Si a veces tanto nos quejamos por el hecho que jugadores, dirigentes o periodistas, teniendo la posibilidad y, quizás, la obligación, no conocen las reglas, ¿qué podemos decir de un simple aficionado?
Pues la utilización inteligente del tiempo muerto de los partidos, aunada al espacio y posibilidades técnicas que permite un tablero de estas características, significa un recurso desaprovechado en orden a transparentar y dar a conocer las reglas de juego.
Apelando al uso imaginativo del tablero y la tecnología, el aficionado podrá contar con elementos que le permitan conocer las aristas más relevantes vinculadas a las reglas de juego de una manera visualmente atractiva; a más de estar actualizado en cuanto a las modificaciones y criterios que se deberían utilizar para tomar decisiones arbitrales. Visto desde la perspectiva arbitral, significaría una exigencia extra y justamente esa es su virtud, pues necesariamente tendería a elevar el nivel de nuestros árbitros. Una cosa es arbitrar en un ambiente donde la opacidad reglamentaria es la característica y otra muy diferente donde quien está en la tribuna se transforma en un crítico exigente al conocer y no quedar sumido en la ignorancia.
El conjunto de los árbitros tendrán así un juez de orden superior: el propio gran público informado. Desde la perspectiva del organizador de los eventos deportivos, hablaría muy bien acerca de la responsabilidad que se les debe a quienes en mayor o menor proporción solventan los espectáculos. Devolver algo al aficionado nunca está de más. Y si se trata de conocimiento, mejor aún.
Claro que estamos hablando de un proceso delicado en su implementación y de relativo largo aliento. Delicado pues existe un sinnúmero de coordinaciones que han de efectuarse. Por lo pronto determinar el lapso de utilización, que la A.U.F. tome iniciativa a través del Colegio de Árbitros, conseguir un patrocinio adecuado, programar detalladamente la información a incluir, ajustar el lenguaje comunicacional a un tiempo breve, determinar por dónde comenzar, etc.
De relativo largo aliento, pues no se agota en un día, un mes o una temporada. Además de que debe considerarse el reforzamiento permanente de la información. Estos elementos indican que hay que exceder el plazo de lo cotidiano tan habitual en el fútbol.
Financieramente considerado, el mayor esfuerzo pasa por el tiempo que insume la adecuación del texto y la elección de imágenes que resulten atractivas, desafiantes para el público “conocedor”.
En definitiva puede estar significando el primer paso de programas más ambiciosos en procura de promocionar y alentar efectivamente la filosofía del Fair Play.
Es esperable que se levanten voces a favor y en contra de esta propuesta. La intención es, cuando menos, intentarlo, pensar con amplitud y dejar de centrarse en esas pequeñas piedritas suponiendo que son obstáculos de enorme magnitud. |