| Olivier Viera |
| Viernes, 05 de Marzo de 2010 00:51 |
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La del título es la película de moda, aunque en absoluto concuerda con el concepto encerrado en esa palabra. Se trata de aproximadamente dos horas y media de un argumento pueril, elemental, apenas salpicado de diálogos lineales y obvios. Algo así como trescientos millones de dólares (se dice) invertidos para intentar, porque no pasa de ahí, convencer al espectador acerca de las bondades de un mensaje incoherente, primitivo y poco o nada elaborado. Un clásico y manido tema de tratamiento maniqueo: los buenos contra los malos. Aquellos son los muñequitos pintados de azul, en tanto los malos están vestidos de negro. Luego están el muchachito y la muchachita, más la evidente copia del guión de Un hombre llamado Caballo, aunque con un peor tratamiento. Viene salpicada la película con dosis de Pocahontas, La Misión, Danza con lobos y alguna escena que recuerda a Gladiador.
En fin, dijera el tango, “que atentado a la razón”. Algo similar ocurre cuando se mira fútbol el fin de semana. Si avatar significa transformación, cambio o fase, tal parece que en nuestro querido deporte eso sucede parcialmente.
Hay un pedazo del espectáculo que está desfasado, no cambia, permanece inmutable. Futbolísticamente es posible apreciar partidos atractivos visualmente. Sin embargo no deja de ser preocupante el estancamiento conceptual de los protagonistas directos. Por un lado avanzan, por el otro tienen los figurines atrasados. Más preocupante aún es cuando se escuchan algunos comentarios que, con la intención de aclarar, terminan configurando opiniones que se dan de patadas con el reglamento.
En notas anteriores se ha dado cuenta de alguno de estos aspectos. Mas, como este espacio pretende, entre otras cosas, advertir acerca de aquellos extremos culturales, las verdades de boliche que no son reglamentariamente acertadas, aquí vamos nuevamente.
Con este fin se utilizarán ejemplos de los partidos jugados en el Estadio Centenario el fin de semana del 27 y 28 de febrero.
En el partido del sábado de arranque se comenzó mal. Algún jugador pretendía jugar con calzas negras debajo de un pantalón gris. Esto es el abc en el fútbol de hoy: no se puede. En el partido anterior el árbitro les había advertido al respecto, pero optaron por hacer oídos sordos. Si tanto se tira de la piolita, en algún momento se rompe.
Razonamiento elemental. Si soy un jugador profesional cuyo equipo utiliza solamente dos colores de pantalón (digamos negro y gris). Si además tengo por costumbre utilizar calzas; ¿será muy complicado tener una calza negra y otra gris?
Yendo un poco más profundamente, ¿será posible que un equipo visitante no tome las providencias necesarias para que su equipamiento alternativo no coincida con el del ocasional rival y no tengan que aparecer sus jugadores ridículamente equipados?
Algo del mismo tenor ocurrió el domingo. Un jugador que se retiraba por ser sustituido, no tuvo mejor idea que quitarse una muñequera adhesiva azul dejando al descubierto una cintita roja. Fue correctamente amonestado.
Los jugadores saben de sobra que no está permitido llevar ningún elemento como caravanas, anillos cintas, piercings, etc. Sin embargo abusan del reglamento utilizando esos vendajes de colores. Entonces, ¿por qué insisten en su pretensión de burlar la regla?
Menudo lío se hubiese producido si este irresponsable jugador hubiese estado amonestado.
También hemos tocado el tema de los agarrones y empujones dentro del área. Primero se advierte, luego se amonesta, después se expulsa; sin obviar la sanción técnica, en caso de corresponder.
El sábado se amonestó a un jugador de River Plate por empujar notoriamente, sin balón en juego, a un adversario que pretendía ir por un centro. El infractor resultó amonestado. ¿De qué se quejaba entonces el profesional sancionado?
Si hubiese sido al revés, él mismo iba a reclamar una amonestación para su rival. Lo más curioso del caso es que se ganó una amarilla por tratar de evitar que un jugador diez o quince centímetros más bajo le cabeceara. Pinta de cuerpo entero la estulticia de algunos de aquellos que se denominan profesionales.
En determinado momento del primer tiempo del encuentro entre River Plate y Peñarol, se produce un forcejeo entre los jugadores Albín y Zambrana al ir ambos en procura del balón. Como resultado de la acción, el primero de ellos cae sobre la pelota tocándolo con uno de sus brazos.
Ahí se complicó todo. El D.T. de River pidió penal; el comentarista ensayó un análisis similar al de la película que se relatara al principio de la nota.
Enésima repetición. Las “manos” sólo se sancionan si a criterio del árbitro existe intencionalidad. Resumidamente intencionalidad implica conciencia y voluntad.
No cabe ni atisbo de duda que el jugador Albín no tuvo intención de jugar el balón con su brazo.
Es tan, pero tan clara la situación que sostener otra cosa significa pecar de malicia o de ignorancia supina.
Tampoco puede haber acusación de inhábil aplicación del reglamento al momento de la expulsión del Sr. Aguirregaray. Fue correctamente amonestado y merecidamente expulsado.
Un jugador que va a buscar un balón aéreo con su brazo estirado como el de un arquero y encima lo golpea, jamás podrá argüir que no tuvo intención. Fue como el gol de Maradona a Inglaterra, aunque, en el caso de Aguirregaray, con el brazo más extendido aún. Lamento tener que informarles a quienes consideran exagerada la decisión del árbitro que están profundamente equivocados. No hay defensa posible en este tipo de jugadas. Menos aún exageración por parte del árbitro. Dejar pasar un evento de esta naturaleza sin amonestar, hubiera sido un error impropio de un árbitro de categoría internacional.
En el minuto veintisiete del segundo tiempo del partido del sábado, el defensor Guillermo Rodríguez salta sobre el cuerpo del atacante Zambrana. Se le sanciona la falta. El defensor protesta haciendo gestos indicativos que es el jugador rival que se agacha – tradición en nuestro fútbol este tipo de protestas -.
Otro gran mito del fútbol. Primero. Los jugadores no tienen obligación de saltar, así que no parece una solución acertada saltarles encima.
Segundo. Si a una persona erguida se le salta sobre su espalda, ésta cederá (se dobla). Nuestra espalda viene de fábrica así constituida. Un peso excesivo produce una inevitable flexión, y esto no es agacharse a propósito (aunque a veces esto sucede, pero no fue este el caso), es la naturaleza actuando. Por tanto fue bien sancionada la falta.
Seguimos. Durante el primer tiempo del partido del domingo, hay un tiro libre frontal al área. Viene el centro y se notan al menos tres jugadores de Nacional en clara posición adelantada. El asistente mantiene baja su bandera.
Siendo el balón despejado por un defensa de Racing, es tomado por un jugador del equipo rival quien envía otro centro que es cabeceado por uno de aquellos que, en la jugada previa, estaba adelantado, pero que ya no lo estaba en esta segunda jugada. Diríase que por milagro no se produce el gol.
Acudamos a la Regla 11 para analizar la jugada. La primera oración de esta regla dice: “El hecho de estar en una posición de fuera de juego no constituye una infracción en sí.”
Quiere decir que cuando viene el primer centro, hizo bien el asistente en no señalar el fuera de juego.
La norma agrega que se sanciona a un jugador con fuera de juego “si en el momento en que el balón toca o se jugado por uno de sus compañeros, se encuentra, a juicio del árbitro, implicado en el juego activo”.
Debe entenderse por juego activo interferir en el juego, interferir a un adversario o ganar ventaja por estar en posición adelantada.
En la jugada bajo análisis no se verifica ninguna de las tres circunstancias puesto que el defensor salta solo, sin alguien de los adelantados que le hostigue. Por tanto ni interfieren en el juego, ni a un adversario. Mucho menos sacan ventaja por estar en posición adelantada: una vez que se resta el balón, conceptualmente se trata de una nueva jugada donde el atacante está habilitado.
Esta es una regla de fácil comprensión, pero en ocasiones de análisis complejo. En este caso el asistente se lució.
Desde este lugar instamos a los agentes involucrados en el fútbol a estar atentos a estos aspectos. Ciertamente que la hipercomunicación debe aprovecharse para que nuestro fútbol ingrese en una nueva fase evolutiva. Está todo al alcance de la mano y no se necesita una inteligencia superior para interpretar. De lo contrario, este no sería el deporte más popular del mundo. |