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Montevideo, Jueves 02 de Septiembre

Urugol

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MISCELÁNEA
Olivier Viera
Lunes, 08 de Febrero de 2010 16:35


Fe de erratas.
En la nota anterior textualmente se decía: “los tiros libres indirectos no conllevan sanción disciplinaria de amonestación”. Pues bien, esto no es así. Sucede que al momento en que se escribió, el pensamiento estaba centrado en siete de las ocho faltas que menciona la Regla 12 (Faltas e incorrecciones) como sancionables con tiro libre indirecto. Una de ellas, la última de la lista, es un imperativo residual y efectivamente lleva amonestación pero no corresponde a una falta en sí sino a un conjunto de ellas de diversa índole. Por ejemplo, si un jugador protesta al árbitro mientras se desarrolla el encuentro, el árbitro detiene el juego, amonesta al jugador y concede tiro libre indirecto al equipo rival. Aquí hay un caso de tiro libre indirecto que conlleva amonestación. También está el caso de una conducta antideportiva en que un jugador le pide el balón a un rival buscando engañarlo. Igualmente corresponde una amonestación y reanudación con tiro libre indirecto. Adicionalmente pueden mencionarse dos casos inhabituales como el de un jugador que levanta el balón y se lo alcanza a su guardameta con la cabeza o el muslo. Independientemente que el guardameta toque el balón con sus manos se le sanciona al jugador con un tiro libre indirecto y se le amonesta. La otra situación proviene de lo establecido en la Regla 3 (El número de jugadores). Ahí se establece que si un jugador suplente o un jugador que ha sido sustituido entra a la cancha sin permiso del árbitro, éste debe detener el juego (aunque no de inmediato si el suplente o sustituido no interfiere en el juego), lo amonesta, indica que debe retirarse de la cancha y reanuda con tiro libre indirecto a favor del equipo contrario lanzado desde donde estaba la pelota cuando el árbitro paró el juego. Así que, a los lectores, las disculpas del caso. Lo bueno de escribir, es que, a diferencia con arbitrar, hay tiempo de rectificar.

Sanciones a árbitros.
Viene a colación la frase final del apartado previo ya que, a los efectos del juego, las decisiones del árbitro se consideran definitivas. No existe instancia de revisión. Si existiera, sería posible volver a jugar los instantes finales del partido Francia-Irlanda que se comentara en dos notas seguidas. A partir de la constatación del error del árbitro, se reanudaría con un tiro libro directo a favor de Irlanda por la mano cometida por Henry. Esto no es posible. Tal como lo afirmó FIFA, el propio reglamento del juego lo impide. Ahora bien, ¿qué hacer con un árbitro que se equivoca?


Este es un tema de difícil elucidación. Desde la perspectiva clubista la respuesta será que si el árbitro con un fallo perjudicó a un equipo, entonces debe purgar una sanción que será fijada en “equis” partidos de competencia. A veces se argumenta que, si cuando un jugador se equivoca es expulsado y sancionado al menos con un partido, ¿por qué no habría de hacerse otro tanto ante un error arbitral?


La respuesta a esta suerte de argumentación es bien sencilla. El jugador está sometido a un reglamento si quiere participar del fútbol. Cuando infringe determinadas normas es sancionado por ello. Todos los jugadores saben que si se quitan la camiseta cuando convierten un tanto, serán amonestados. Todos los jugadores de nuestro país saben que si son expulsados al siguiente partido estarán suspendidos. ¿Qué se persigue con la pena? Que el infractor recapacite en cuanto a su conducta dentro del terreno y evite repetirla. Esto es totalmente diferente a lo que ocurre con un árbitro. El árbitro se equivoca. Supongamos que se “come” un penal. Supongamos también que se le suspende en razón de su error. Se lo manda para su casa y listo. ¿Qué nos asegura que al siguiente partido no se “comerá” otro penal? Pues absolutamente nada. El jugador podrá recapacitar, el árbitro no puede dejar de ver lo que ve, o no ver lo que no ve. Aquí está la diferencia. Encima el árbitro recibe una cuádruple sanción: un bajo puntaje que afecta su carrera, la sanción posterior que va a su legajo, la misma sanción que se considera un demérito al momento de categorizarlo y, además deja de percibir su viático correspondiente. Pero lo único que se hace es mandarlo para su casa los fines de semana. Es imposible que una sanción modifique la percepción de las personas. Lo peor de todo es que al equipo perjudicado no se le puede resarcir por el daño puesto que no existe la instancia de revisión de los fallos arbitrales. Tampoco se comprende que a nadie le gusta equivocarse. Sería una estupidez “equivocarse” a propósito, ya que es ir en contra de la propia carrera. El único argumento valedero por el cual se sanciona a los árbitros se traduce en una palabra: venganza. La venganza es la justicia enojada. Envilecer el concepto de justicia en nada colabora al perfeccionamiento del fútbol. Así lo reconoce el Reglamento interno del Colegio de Árbitros de la AUF que prohíbe sancionar a un árbitro con motivo de una decisión errónea. E igualmente se aplican sanciones directas por errores de apreciación o veladas, simplemente no designando al árbitro. Ser sancionado por percibir erróneamente no cambia en nada la esencia del árbitro. Sancionar a una persona por el hecho de serlo, no habla muy bien de quien aplica la sanción.

Mundial.
Finalmente se conocieron las ternas que concurrirán a Sudáfrica. Según notas de prensa, que no coinciden totalmente con los datos que poseemos puesto que aún existe alguna posibilidad diferente, dos ternas uruguayas llegaron a las últimas instancias y sólo una de ellas (Larrionda, Fandiño, Espinosa) solventó todas las evaluaciones previas. La restante (Vázquez, Nievas, Pastorino) lamentablemente, por ahora, habría quedado por el camino. Felicitaciones entonces a quienes arbitrarán su segundo mundial, Larrionda y Fandiño y al debutante Espinosa. Mis respetos a quienes llegaron a estar considerados hasta casi el final de un largo proceso selectivo. Siendo realistas, era muy difícil que dos ternas de nuestro país tuviesen esa oportunidad. También siendo realistas, era prácticamente imposible que siendo una de las ternas la elegida, no fuese la liderada por Larrionda. Así las cosas debemos enorgullecernos por los que van, pero también por  quienes lucharon hasta el final por estar en la máxima instancia mundial. Es una evidencia que, siendo que el sistema arbitral no recibe el mínimo apoyo correspondiente a una actividad cada día más profesionalizada, al menos las virtudes que adornan a nuestros árbitros nos dejan muy bien parados en el orden internacional. Así que el arbitraje estará en el Mundial 2010 y, existen firmes esperanzas que de continuar por esta senda, sigamos teniendo representantes del arbitraje en las más exigentes competencias internacionales.

Anécdota.
Da la impresión que el arbitraje es serio, aburrido y sólo a algunos tipos medio trasnochados se les ocurre vestirse de negro y andar correteando de aquí para allá sin poder tocar la pelota; ni siquiera cuando luego de un centro todos la miran pasar y él, el árbitro, está ahí paradito en el segundo palo con unas ganas locas de mandarla a guardar mediante una soberbia volea. Pero en todos lo mundos que uno pueda pensar, familia, amigos, trabajo, deporte y también arbitraje, suceden eventos risueños. Aquí va uno a cuenta de más.


Cuenta la mitología arbitral que el hecho sucedió en el Parque Palermo en épocas en que había más tierra que césped. Por lo tanto, tal vez la verdadera visión de lo ocurrido esté un poco deformada en razón de la permanente niebla que rodeaba cada jugada en aquella lejana época y por el tiempo transcurrido que también hace su obra.


Era un partido de inferiores. El árbitro, un tipo serio que ignoraba lo pintoresco que era. Tomador frecuente de inusuales decisiones a las que revestía de un cariz solemne, en aquella ocasión pasaría a la posteridad. Resulta que estando el partido empatado se produce una falta muy evidente casi al borde del área chica. Bien ubicado estaba el árbitro, por lo que manda un silbatazo ensordecedor indicando la falta, para júbilo de los jovencitos favorecidos y honda pena del bando opuesto. Pero… inmediatamente indica en alta voz que no era penal sino tiro libre directo dentro del área. Los chiquilines se miraban atónitos y sin entender nada. Los antes jubilosos se mostraron entre confundidos y enojados, los tristes ahora pensaban que tenían una oportunidad. Ahí al borde de los 5,50 metros una falta directa con barrera dentro del área. El veedor del partido no podía creer lo que estaba observando, mucho menos cuando el árbitro comenzó a contar con sus pasos: uno, dos, tres…hasta llegar al número de pasos equivalente a los 9,15 metros, que, lógicamente, terminaban con la barrera (arquero incluido) dentro del arco y pegada contra el fondo de la red, entre protestas, idas y venidas. Así que presuroso corrió hasta detrás del arco y le gritó al árbitro: “Fulano, si quiere cobrar penal con barrera hágalo, pero por lo menos no ponga la barrera adentro del arco”.