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Nada hay que comentar de la fecha del fin de semana. Por cierto que hubo tiempo de mirar encuentros interesantes en la faz arbitral, pero será en otra ocasión. Existe otro mundo. La frase viene como anillo al dedo luego de observar dos partidos del Torneo de Selecciones de OFI. Miércoles 27 de enero y sábado 30 de enero. El primer partido un clásico del sur entre Canelones y San José. El fin de semana un viaje corto, por demás recomendable, a Nueva Helvecia para el encuentro entre los punteros de la serie: Colonia y Canelones.
Más allá del fútbol vale la pena comentar algunos aspectos relativos al espectáculo matizados con breves e ilustrativas observaciones en cuanto a los trabajos arbitrales. La primera cita fue en el Monegal que luce una pobre infraestructura, fría y alejada del terreno con lo que el calor de los parciales resulta prácticamente inexistente. No parece posible en ese ambiente y con el diseño elegido para las tribunas que el calor del hincha se trasmita al equipo. Queda todo muy lejano. Incluso un lindo palco techado que tenía, hace cuando menos un año que luce “desplumado” lo que afea grandemente la estética del estadio. Tiempo hubo para la reconstrucción e incluso para mejorar la iluminación. Canelones es un departamento, futbolísticamente hablando, poderoso en atención al aporte de jugadores que llegan de la Capital. No se merece un departamento como este, que incluso albergó como local a un equipo de primera división, el estado de su estadio. Resultó divertida una idea similar a la que se hacía (o hace) en el básquetbol. Durante el entretiempo se sortearon dos números y los poseedores se lanzaron mutuamente penales. El ganador obtuvo su correspondiente premio. Por lo que se vio, parece fácil de afuera lamentarse y enojarse cuando un jugador erra un penal, pero estos hinchas tiraron cuatro y uno hizo dos y el otro tan sólo uno.
Si le interesara al lector: ganó Canelones por dos a uno. Jugó mejor, colectivamente hablando, San José. En este último equipo ingresó cerca del final un recordado jugador de Peñarol, River Plate y equipos del exterior, Martín Rodríguez.
En la faz arbitral, el central tuvo una buena actuación. Se mostró sobrio y sereno el Sr. Fungi (oriundo de Minas aunque representando al arbitraje de Maldonado). Dominó acertadamente las diferentes facetas del juego. No hubo jugadas que dieran lugar a polemizar ni tampoco se complicó con sus decisiones. Sin embargo en una ocasión cometió un error técnico que merece comentarse. La intención es ilustrar a los lectores de esta nota y no criticar al árbitro. En determinado momento del primer tiempo sanciona un tiro libre indirecto (son esos en que el árbitro levanta su brazo). Además, amonestó al jugador que cometió la falta. Pues bien, los tiros libres indirectos no conllevan sanción disciplinaria de amonestación. Aunque sí, y esto puede llamar la atención, un jugador puede ser expulsado por la comisión de una falta cuya reanudación es con tiro libre indirecto. Sencillamente, cuando quien la comete evita una clara opción de gol al equipo rival. De paso agregar que las manos NO se reanudan con tiro libre indirecto, como a veces ha preguntado más de un jugador. Razonemos, si las manos se sancionaran con tiro libre indirecto, no se podría marcar un penal por mano de un defensor dentro del área ya que un penal puede verse como un caso particular de tiro libre directo.
Es un imperativo comentar respecto a la actitud del segundo asistente de este partido, nada que decir en cuanto a sus fallos que fueron muy pocos. Colaboró apenas con el espectáculo y con el árbitro. Su desgano era más que notorio. Caminó la mayor parte del tiempo con la cabeza baja por la banda. Cuando se estacionaba, una de sus manos la apoyaba en la cintura. Nunca se paró de frente a la cancha. Esperemos que cuanto actúe de central, sus asistentes no adopten esa actitud displicente y de poco compromiso. Como sería la cosa que un parcial le gritó promediando el primer tiempo: “línea, ¿qué te pasa? ¿Te hizo mal el viaje o te trajeron en la baca del auto?”
Otros datos a considerar. Partido nocturno con comienzo a las 22:00. Así que hay que engañar el estómago. Y bien que se puede ya que un pancho gigante con papas fritas encima, sale sólo 20 pesos y un refresco de medio litro 30 pesos (la botella y no el vasito).
El fin de semana fue de lo mejor que he visto en espectáculos deportivos en años. Principalmente por la organización y un muy lindo estadio, bien iluminado, un césped precioso, tribunas colmadas (alrededor de 3.000 personas siendo conservador). Una tribuna que sería la América donde no cabía un alfiler, y en la Olímpica un terraplén de césped donde los asistentes se llevan sus sillas plegables. El ambiente bullicioso y familiar era de fiesta puesto que el local podía quedar sólo en la punta de la serie. Los equipos impecablemente vestidos y todo pronto para el inicio del juego. Ingresa Colonia con un cartel alusivo al repudio a las drogas. Aquí viene algo insólito que hace algunos años era moneda común en nuestro país. Se hace un minuto de silencio y, ¡oh sorpresa!, el silencio fue sepulcral. Cuando los energúmenos nos quieren acostumbrar a la falta de respeto y a la desconsideración hacia el otro, esta ciudad, Nueva Helvecia, dio muestras de una decencia que había olvidado existía en nuestro país a través del sencillo expediente de respetar al otro para verse respetado. Ahí mi atención se centró en esas pequeñas cosas que ayudan a completar un verdadero espectáculo. El partido jugado intensamente, pero lealmente, sin especulaciones, sin pérdidas de tiempo interesadas, con dos equipos yendo al frente y un arbitraje del Sr. Arismendi (Durazno si no me equivoco) acorde. Otro elemento para envidiar: el equipamiento de los árbitros. Cuando semana tras semana vemos la utilización de equipamiento de años anteriores o uniformes que sólo tienen los internacionales merced a la provisión de FIFA, llama la atención que en OFI los árbitros luzcan de esa manera.
El entorno impecable. La gente alentando a su selección sin necesidad de insultos. Sin nadie que se parase delante del otro impidiéndole ver. Sin nadie paseándose por las tribunas mortificando a quien pagó su entrada. Cada cosa en su lugar. No había personas solas en la tribuna. Algunos con sus amigos, otros con su familia, pero completa, niños incluidos; otros con su pareja e incluso alguno con su mascota en brazos. Todas las edades, abuelos, abuelas, adultos y jóvenes. Toda una sociedad reunida alrededor del fútbol, sin exclusiones. Algo inusual si lo medimos con parámetros capitalinos. A los niños se los cuida entre todos, así que pueden disfrutar correteando aquí y allá. Ningún grito destemplado, ni gratuitas imprecaciones. Lo peor oído dirigido al árbitro fue: “sos un fantasma”. Inocente, dirán algunos. Cándido, pensarán otros. Me atrevo a decir que este es un país que dejamos escapar por impericia, por priorizar a cierto tipo de hinchas en desmedro de otros, por copiar malos ejemplos que no formaban parte de nuestra cultura. Ese es un tipo de sociedad que creía perimida en nuestro país, una sociedad en que somos capaces de respetarnos en la discrepancia, con exabruptos propios de la pasión deportiva, pero sin apelar a la violencia gratuita y desmedida. Todo tiene un límite y aquí, en Nueva Helvecia, se pudieron apreciar esos límites inexistentes en el fútbol nuestro de cada día. Por suerte aún están vivos y fuertes estos símbolos de nuestra cultura. Para el que quiera experimentar esa sensación, lo invito a que también se de una vuelta por esa ciudad. No vaya sólo. Su familia se lo agradecerá. Sólo espero que no haya sido un espejismo lo que sucedió el fin de semana. Y si lo fue, al menos mi familia estuvo ahí y disfrutó de algo que en otro tiempo era la norma y no la excepción. Si por azar se leyera este artículo, felicito a los organizadores e insto a esa gran familia coloniense a que cuiden ese intangible cultural de bonhomía, decencia y respeto deportivo que tal vez no tengan clara conciencia del valor que tiene el poseerlo. Cuidemos lo bueno que, por bueno, es cada vez más escaso. Si algún dirigente capitalino no tiene nada que hacer el fin de semana y quiere contemplar el fútbol que están dejando escapar, pase por ese lugar. Total es cerquita, los chorizos los hacen a la parrilla y están a pedir de boca.
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