| Olivier Viera |
| Miércoles, 16 de Marzo de 2011 16:29 |
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Hay “modas” que cada tanto tiempo retornan al ámbito del fútbol. Esta última semana hemos asistido a la reaparición de los actos de violencia. También, como no podía ser de otra manera, a las mismas expresiones de condena, de ausencia de límites para la capacidad de asombro, a patear la pelota para la casa del vecino entre autoridades del fútbol y del Ministerio del Interior en el tema de asumir responsabilidades, a argumentar que son los 20 inadaptados de siempre que impiden a la familia ir al fútbol, etc. etc. etc.
Da la impresión que a los vándalos o a los potenciales vándalos nadie los conoce. Son apenas visibles durante los noventa minutos del partido y después desaparecen como por arte de magia, para estar el firme el fin de semana siguiente.
¿Son las autoridades – tanto del fútbol como públicas - sordas que no escuchan los cánticos que incitan a la violencia o su letra es descaradamente obscena?
Tal parece que transgredir una norma se ha transformado en la norma.
Exceso de velocidad, cruzarse los semáforos en rojo, colarse en la fila del supermercado, intercambiar los precios entre los productos del shopping, elaborar contratos donde el acuerdo queda establecido en letra chica y con un lenguaje indescifrable para el común de los mortales, poner un precio en la góndola y en la caja decir que ese producto está mal marcado… (sigue larga lista de etcéteras)…; y así hasta llegar al ámbito del fútbol con jugadores que fingen, que protestan jugadas inexistentes, que se enojan cuando se “comen” un caño, que hacen las veces de matones dentro de la cancha amenazando, insultando y golpeando arteramente a sus rivales.
Queda la impresión que ser decente (o al menos intentarlo) está “de menos”.
Algunas apreciaciones al respecto:
- Se ha visto reiteradamente en partidos de Libertadores jugadores que utilizan anillos, “calzas” de distinto color que el pantalón, cadenas, medias bajas e incluso hasta hubo algún árbitro con un anillo desmesurado. Por supuesto que estas leves infracciones no hacen al desarrollo de fondo de un partido. Pero, ¿con qué autoridad puede reclamársele luego a un jugador que cumpla con el resto del reglamento?
- Un grado más arriba está el no respetar la distancia reglamentaria en las barreras. Es inaudito que los jugadores incluso están borrando la marcación que el árbitro hace con un spray blanco y éste ni siquiera se da por enterado. ¿No se han puesto a pensar los árbitros que esto implica pérdida de autoridad?
- Un cuarto árbitro, ¿tiene la misión de pasarse los noventa minutos actuando de alcanzapelotas? La respuesta es no. Sin embargo se pudo ver en un partido televisado del fin de semana pasado esta actitud. Ese mismo cuarto árbitro, no tuvo mejor idea que ubicarse, al momento de ejecutarse un tiro libre cercano a alguna de las áreas, a la altura del banderín de esquina controlando exactamente lo mismo que el asistente que para eso está. Un reverendo disparate. Aunque supuestamente alguien le ha dado esa instrucción. El reglamento define una función para el árbitro, otra para los asistentes y otra para el cuarto árbitro. Así que por mal camino se va cuando ni siquiera los árbitros respetan el reglamento.
- ¿Los “agarrones” dentro de las áreas? Bien gracias. Es un tema que ya ni da para comentar. Con todo, en nuestro fútbol, está bastante controlado, pero en partidos de Libertadores o en otras competiciones nacionales (léase Argentina), se permite cualquier cosa.
- Reiteración de faltas. Nuevamente se perciben errores conceptuales. Que un jugador cometa dos faltas seguidas y ninguna otra antes o después, no implica que se le aplique la amonestación por reiterar faltas. Tampoco significa reiterar faltas si un jugador cometió dos de ellas en el transcurso del primer tiempo y por los treinta del segundo comete una tercera.
Apenas siete comentarios respecto a cómo se está aplicando el reglamento y a los conceptos que manejan (o no) algunos árbitros. Un buen conocimiento, interpretación y ejecución de la norma forma parte del juego limpio; y, por encima de esto, el conocimiento del reglamento y el alinear las conductas - todas las conductas – de los jugadores dentro del marco reglamentario quitan las mañas, la alevosía, las protestas, la simulación y toda una serie de prácticas que atentan contra lo estéticamente agradable que tiene el juego del fútbol.
Asimismo, por qué no, significa también una manera de erradicar la violencia. |