Montevideo, Jueves 17 de Mayo

Urugol

A un click del gol

DE VIOLENCIA Y OTRAS YERBAS
Olivier Viera
Miércoles, 16 de Marzo de 2011 16:29

 

 

 

Hay “modas” que cada tanto tiempo retornan al ámbito del fútbol.

Esta última semana hemos asistido a la reaparición de los actos de violencia. También, como no podía ser de otra manera, a las mismas expresiones de condena, de ausencia de límites para la capacidad de asombro, a patear la pelota para la casa del vecino entre autoridades del fútbol y del Ministerio del Interior en el tema de asumir responsabilidades, a argumentar que son los 20 inadaptados de siempre que impiden a la familia ir al fútbol, etc. etc. etc.

 

 

 Da la impresión que a los vándalos o a los potenciales vándalos nadie los conoce. Son apenas visibles durante los noventa minutos del partido y después desaparecen como por arte de magia, para estar el firme el fin de semana siguiente.

 

 

 

¿Son las autoridades – tanto del fútbol como públicas - sordas que no escuchan los cánticos que incitan a la violencia o su letra es descaradamente obscena?


¿Son las autoridades ciegas que no perciben a quienes van borrachos y/o drogados a una cancha de fútbol?


¿Son las autoridades manifiestamente incapaces para aplicar el derecho de admisión?


¿Son quienes elaboran las normas inhábiles para idear códigos que inhiban la violencia?


¿Son los jugadores tontos cuando festejan sus goles como inadaptados de frente a quienes hacen de la violencia un modo de vida, evitando festejar frente a la “América” o a la “Olímpica”?


¿Están los dirigentes impedidos de razonar cuándo se los observa en la tribuna insultando a diestra y siniestra, siendo que una hora después y frente a un micrófono se comportan civilizadamente?


¿Verdad que la respuesta a todas y cada una de las preguntas anteriores es un rotundo NO?

 

Tal parece que transgredir una norma se ha transformado en la norma.

 

Exceso de velocidad, cruzarse los semáforos en rojo, colarse en la fila del supermercado, intercambiar los precios entre los productos del shopping, elaborar contratos donde el acuerdo queda establecido en letra chica y con un lenguaje indescifrable para el común de los mortales, poner un precio en la góndola y en la caja decir que ese producto está mal marcado… (sigue larga lista de etcéteras)…; y así hasta llegar al ámbito del fútbol con jugadores que fingen, que protestan jugadas inexistentes, que se enojan cuando se “comen” un caño, que hacen las veces de matones dentro de la cancha amenazando, insultando y golpeando arteramente a sus rivales.

 

 

Queda la impresión que ser decente (o al menos intentarlo) está “de menos”.

 


Las personas decentes son los giles, los nabos de la película, los “nerds” de la clase.

 


Ahora bien, en el ámbito del fútbol y restringido al terreno de juego hay algunos actores que tienen, digámoslo románticamente, el deber de salvaguardar los valores de la decencia deportiva.

 


Lo hacen aplicando un reglamento que se supone conocen a cabalidad.

 


¿Lo hacen realmente o apenas aplican aquellas partes que resultan más cómodas o que menos rechinan?

 

 

Algunas apreciaciones al respecto:

 

-    Se ha visto reiteradamente en partidos de Libertadores jugadores que utilizan anillos, “calzas” de distinto color que el pantalón, cadenas, medias bajas e incluso hasta hubo algún árbitro con un anillo desmesurado. Por supuesto que estas leves infracciones no hacen al desarrollo de fondo de un partido. Pero, ¿con qué autoridad puede reclamársele luego a un jugador que cumpla con el resto del reglamento?

 

-    Un grado más arriba está el no respetar la distancia reglamentaria en las barreras. Es inaudito que los jugadores incluso están borrando la marcación que el árbitro hace con un spray blanco y éste ni siquiera se da por enterado. ¿No se han puesto a pensar los árbitros que esto implica pérdida de autoridad?


-    Seguimos con los festejos desmedidos. Que tuvo su punto culminante en el festejo de un jugador de Peñarol. Se trepó al alambrado y encima se tomó los testículos. A eso agreguemos en el mismo partido la increíble agresión a un jugador visitante estando el asistente a no más de tres metros de la jugada. La sanción fue…tarjeta amarilla.

 

-    Un cuarto árbitro, ¿tiene la misión de pasarse los noventa minutos actuando de alcanzapelotas? La respuesta es no. Sin embargo se pudo ver en un partido televisado del fin de semana pasado esta actitud. Ese mismo cuarto árbitro, no tuvo mejor idea que ubicarse, al momento de ejecutarse un tiro libre cercano a alguna de las áreas, a la altura del banderín de esquina controlando exactamente lo mismo que el asistente que para eso está. Un reverendo disparate. Aunque supuestamente alguien le ha dado esa instrucción. El reglamento define una función para el árbitro, otra para los asistentes y otra para el cuarto árbitro. Así que por mal camino se va cuando ni siquiera los árbitros respetan el reglamento.

 

 

-    ¿Los “agarrones” dentro de las áreas? Bien gracias. Es un tema que ya ni da para comentar. Con todo, en nuestro fútbol, está bastante controlado, pero en partidos de Libertadores o en otras competiciones nacionales (léase Argentina), se permite cualquier cosa.
-    Hace bastante tiempo que no se amonesta un jugador por fingir una falta. Aunque nuevamente este fin de semana se vio algo realmente insólito. Un jugador de cierto equipo avanza con el balón. En el borde del área grande finge notoriamente que le habían cometido una falta. Los defensores quedan parados a la espera de una sanción… y el árbitro ¡da ley de ventaja con un gesto notorio! Esto es un error conceptual mayúsculo. La llamada ley de ventaja se otorga cuando dejar que continúe el juego, favorece al equipo al que se le comete la falta y no al revés.

 

 

-    Reiteración de faltas. Nuevamente se perciben errores conceptuales. Que un jugador cometa dos faltas seguidas y ninguna otra antes o después, no implica que se le aplique la amonestación por reiterar faltas. Tampoco significa reiterar faltas si un jugador cometió dos de ellas en el transcurso del primer tiempo y por los treinta del segundo comete una tercera.

 

 

Apenas siete comentarios respecto a cómo se está aplicando el reglamento y a los conceptos que manejan (o no) algunos árbitros. Un buen conocimiento, interpretación y ejecución de la norma forma parte del juego limpio; y, por encima de esto, el conocimiento del reglamento y el alinear las conductas - todas las conductas – de los jugadores dentro del marco reglamentario quitan las mañas, la alevosía, las protestas, la simulación y toda una serie de prácticas que atentan contra lo estéticamente agradable que tiene el juego del fútbol.

 

 

Asimismo, por qué no, significa también una manera de erradicar la violencia.
Así que tratemos de apuntar a una seria, serena, consistente y uniforme manera de aplicar la regla. Sus efectos tónicos no tardarán en salir a la luz.

 
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