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Semana tras semana se escuchan (o leen) comentarios, incluidos los de este espacio, respecto a las actuaciones de los árbitros. Ciertos comentaristas de dudosa credibilidad, niñatos caprichosos e incorregibles de ego auto inflado prefieren ir por el camino fácil del escándalo y la descalificación antes que abordar seriamente los temas. Esto habla claramente acerca de su capacidad.
Es apenas opinión sobre el aspecto visible del sistema arbitral de la AUF. Los árbitros no están donde están por obra y gracia de la casualidad.
Hay todo un andamiaje formado por estructura y regulación que oficia de basamento a lo que puede darse en llamar “carrera arbitral”. El fin de semana es apenas una anécdota, un punto en el transcurrir. Esto no implica que el arbitraje del domingo no tenga importancia. Sí que es relevante. Tanto para quienes desarrollan a los árbitros como para quienes toman las decisiones respecto a su presente y, más aún, para los jugadores que son los actores principalísimos.
Aunque desde una perspectiva más abarcadora hay otros elementos que son la causa por la cual cierta persona ha sido designada para uno u otro partido. Esos elementos deben atenderse. Tal cosa implica ampliar el horizonte tanto en amplitud como en profundidad.
Uno de estos elementos a los que habría que prestar atención es el diseño de las categorías arbitrales. Para el árbitro, individualmente considerado, seguramente sea un tema que no le interese… aunque le afecta. En cambio otra historia debe ser para los administradores de este complejo sistema.
Vamos a centrar la atención en unos pocos datos sencillos y de fácil acceso. Si se ingresa a la página de la AUF (www.auf.org.uy) ahí se nos informa que hay 16 clubes en primera división, en tanto 12 clubes en segunda división. Esto quiere decir que cada fin se semana se necesitan 14 árbitros para dirigir esos encuentros.
Suponemos que debe haber cierta correspondencia entre el número de árbitros y la cantidad de partidos. La misma página nos dice que los árbitros habilitados para este tipo de partidos son 23 (7 de categoría internacional y los restantes de primera categoría). Es decir que por fin de semana hay 9 personas que no tienen partido en el que mostrar sus cualidades. Hay aquí un problema de diseño.
En términos económicos podría decirse que hay un desequilibrio entre oferta y demanda de árbitros. Pero como este particular “mercado” es un “mercado regulado”, entonces, al no estar en aquella situación que la teoría llama “competencia perfecta”, su ajuste debería materializarse a través de intervenciones.
Hay un conjunto de consecuencias que se derivan de esta situación. La necesidad de tomar decisiones que apunten a que a los árbitros se les otorgue igualdad de oportunidades, realmente antes que declarativamente. Preguntémonos acerca de la necesaria frecuencia de partidos que debe tener un árbitro, en particular los de categoría internacional.
Si se hace un esfuerzo humano y económico por contar con un plantel en las mejores condiciones, entonces es inexplicable que, luego, esas capacidades desarrolladas se desperdicien porque estos temas no están en la agenda.
Recurramos nuevamente a la página de la AUF. Veremos que hay 19 árbitros en cuarta categoría, 32 en tercera, 25 en segunda, 16 en primera y 7 internacionales. Claramente se nota que no hay una pirámide asociada a la carrera arbitral.
Para llegar a 7 árbitros de nivel internacional, se requiere de muchos árbitros que no llegan.
En porcentaje. Apenas el 7% de los árbitros tienen la categoría internacional. De aquí que es imperioso el contar con un sustento cuantitativo importante. Cuando en la categoría de ingreso no hay número para elegir y otras categorías muestran hipertrofia, entonces tenemos un problema de diseño. Este problema impide ampliar las fronteras de elección.
Hay más elementos de diseño, como por ejemplo apuntar a la categoría de asistente donde la primera categoría tenía hace unos años mayor promedio de edad que la categoría internacional. O, de nuevo, al número de asistentes por categoría (23 asistentes en primera categoría y apenas 12 en segunda categoría). Aquí hay una base de elección de árbitros que no se utiliza en aras de una especialización que carece de sentido hacerla, como se hace, cuando el árbitro deja tercera categoría (donde la persona actúa indistintamente de árbitro o de árbitro asistente).
Hay variables sencillas como edad, número de árbitros, cantidad de partidos, que tras de si dicen mucho respecto a la eficiencia del sistema actual. Y no son datos alentadores. Con todo me consta que hay esfuerzos individuales que apuntan a mitigar esta situación. Que son insuficientes puesto que, a mayor o menor plazo, en este tipo de estructuras, los sistemas de diseño deberían impactar en los reglamentos. Modificar las reglamentaciones provoca escozor cuando cada quien se mira el ombligo. Esto tiene su reflejo en el humor de las corporaciones. Tal vez por esto resulte un tanto difícil, cuando no imposible hablar de cambio.
Mejorar y desarrollar la actividad arbitral, en suma evolucionar, implica cambiar. Cuando se sigue haciendo lo que siempre se hizo, se seguirán obteniendo los mismos resultados.
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