| Olivier Viera |
| Martes, 25 de Enero de 2011 10:25 |
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Y llegó la revancha clásica una semana después.
Otras cosas también cambian pero en un sentido indeseado.
La primera de ellas se suscita en ocasión de un tiro libre directo a favor del equipo de Nacional. Un jugador compañero del ejecutante que estaba delante de la barrera, pone su brazo golpeando el balón. Se produce una serie de rebotes terminando en un saque de esquina ante la airada protesta de los jugadores aurinegros. La intencionalidad en jugar con la mano la juzga el árbitro, y ahí puede haber más de un opinión, por lo que es totalmente respetable, y reglamentaria, la decisión del árbitro.
Lo que configuró un mal procedimiento y significó un menoscabo a la autoridad fue que el árbitro hizo un gesto muy ostensible hacia su bolsillo trasero como para expulsar a un jugador de Peñarol que, estando amonestado, protestó vehementemente y, posiblemente, con un exabrupto que mereciera una segunda amonestación, cuando no una expulsión directa.
El árbitro, desde el inicio del partido, había seguido el camino de la dirección disciplinaria rígida. A un equipo le costó quedar con 10 jugadores. Y fue justo.
El otro caso refiere a una situación técnica antes que disciplinaria. Si bien el árbitro estuvo cerca en la “zona caliente”, justamente por este motivo es poco explicable como no se percató de un enorme penal. Tan enorme por cuanto un jugador defensor, en un centro enviado al área, saltó y restó el balón con su puño. Nuevamente, hay jugadas que merecen dos opiniones. Las “manos” son de ese tipo. Pero cuando un jugador eleva su brazo de modo antinatural y en lugar de disputar la pelota con la cabeza lo hace con su brazo, pues esa segunda opinión acerca de la ausencia de intencionalidad se cae por su propio peso. Y es relevante el comentario porque debió sancionarse con tiro penal.
A veces sobreexigir el físico se paga con cansancio y el cansancio deriva en apreciaciones erróneas. Este puede haber sido el caso. Habitualmente el árbitro de este último clásico de verano no transita tan intensamente la cancha. Durante el primer tiempo hizo un desgaste formidable y elogiable desde todo punto de vista.
Pero los partidos tienen dos tiempos y una vez comenzado el segundo tiempo fue notorio su descenso en la precisión. Pasó de un primer tiempo absolutamente seguro en sus fallos a un segundo tiempo algo errático a medida que transcurrían los minutos.
Es innegable que, al igual que su colega que arbitrara la semana anterior, está naturalmente dotado de condiciones estimables y deseables para un árbitro de la categoría que tiene. Hay ajustes que hacer y tiempo para llevarlos a la práctica.
El de un joven árbitro recién llegado a la categoría más afiliado a un dejar hacer, a seguir el partido de atrás.
Cada estilo tiene elementos virtuosos y elementos viciosos. Cada estilo puede utilizarse para dirigir un encuentro de fútbol.
De fondo, el asunto es cómo seguir siendo fiel a un estilo propio atendiendo a las circunstancias que deben enfrentarse en cada partido y, dentro de cada partido, a los distintos tiempos que estos tienen.
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