Montevideo, Jueves 17 de Mayo

Urugol

A un click del gol

a ’ BICENTENARIO
Olivier Viera
Martes, 25 de Enero de 2011 10:25

 

 

 

 

Y llegó la revancha clásica una semana después.
Algunos cambios y ajustes en las formaciones de los equipos, jugadores un poquitín más finos. La contienda se definió en los noventa minutos y, al igual que el anterior, resultó ser un partido entretenido.

 

 

Otras cosas también cambian pero en un sentido indeseado.
Por ejemplo el piso del Estadio Centenario. Un terreno de juego que empeora y empeora.
Al parecer casi sin solución a la vista, hasta la esperanza se transforma en utopía.
Esta semana alumbrará una nueva edición de la Copa Libertadores y de ahí al comienzo del Clausura apenas un paso. Así que hagamos uso de paciencia. Tal vez, algún día, quizás podamos contemplar un piso en condiciones.

 



Cambios en uno y otro sentido y elementos que permanecen inalterables. El arbitraje es un buen ejemplo de esto último.


Volvimos a asistir a un rendimiento que no mostró algo diferente en cuanto a rendimiento: regular. Que para un árbitro de nivel internacional es poco.


Con todo, hay algunas diferencias con respecto al clásico anterior. En aquel caso el árbitro fue un debutante absoluto en la categoría y en clásicos.


Ahora no; se trató de un árbitro que había mostrado un muy buen nivel durante el torneo anterior y que ya había tenido su bautismo clásico. De aquí que era esperable un rendimiento más a tono con sus virtudes.


En los partidos siempre hay jugadas que pueden dar lugar a más de una opinión, pero hay otras que no admiten dos opiniones. Son estas últimas en las que un árbitro no puede fallar.
Dos incidencias puntuales. Una en el primer tiempo y la otra en el segundo.

 

 

La primera de ellas se suscita en ocasión de un tiro libre directo a favor del equipo de Nacional. Un jugador compañero del ejecutante que estaba delante de la barrera, pone su brazo golpeando el balón. Se produce una serie de rebotes terminando en un saque de esquina ante la airada protesta de los jugadores aurinegros. La intencionalidad en jugar con la mano la juzga el árbitro, y ahí puede haber más de un opinión, por lo que es totalmente respetable, y reglamentaria, la decisión del árbitro.

 

 

Lo que configuró un mal procedimiento y significó un menoscabo a la autoridad fue que el árbitro hizo un gesto muy ostensible hacia su bolsillo trasero como para expulsar a un jugador de Peñarol que, estando amonestado, protestó vehementemente y, posiblemente, con un exabrupto que mereciera una segunda amonestación, cuando no una expulsión directa.

 

 

El árbitro, desde el inicio del partido, había seguido el camino de la dirección disciplinaria rígida. A un equipo le costó quedar con 10 jugadores. Y fue justo.


Controlar la disciplina puede hacerse de diversas maneras. Es como jugar una pulseada. Si bien siempre se requiere del uso de la fuerza, hay diversas técnicas que pueden dar resultado.
En este caso la opción fue por el camino corto. Amarilla y roja. Sin mediar advertencia (estilo inglés), sin apelar al alineamiento a través de la palabra, a la reconvención a tiempo o a la prevención. Se fue directo y tajante. Si el árbitro hubiese seguido por ese camino, debió haber expulsado a un segundo jugador del mismo equipo. No lo hizo. Perdió la pulseada. De ahí en más uno de los equipos tuvo la certeza que podría tener otros amonestados, de hecho los tuvo, pero ningún otro expulsado.

 

 

El otro caso refiere a una situación técnica antes que disciplinaria. Si bien el árbitro estuvo cerca en la “zona caliente”, justamente por este motivo es poco explicable como no se percató de un enorme penal. Tan enorme por cuanto un jugador defensor, en un centro enviado al área, saltó y restó el balón con su puño. Nuevamente, hay jugadas que merecen dos opiniones. Las “manos” son de ese tipo. Pero cuando un jugador eleva su brazo de modo antinatural y en lugar de disputar la pelota con la cabeza lo hace con su brazo, pues esa segunda opinión acerca de la ausencia de intencionalidad se cae por su propio peso. Y es relevante el comentario porque debió sancionarse con tiro penal.

 

A veces sobreexigir el físico se paga con cansancio y el cansancio deriva en apreciaciones erróneas. Este puede haber sido el caso. Habitualmente el árbitro de este último clásico de verano no transita tan intensamente la cancha. Durante el primer tiempo hizo un desgaste formidable y elogiable desde todo punto de vista.

 

Pero los partidos tienen dos tiempos y una vez comenzado el segundo tiempo fue notorio su descenso en la precisión. Pasó de un primer tiempo absolutamente seguro en sus fallos a un segundo tiempo algo errático a medida que transcurrían los minutos.

 

Es innegable que, al igual que su colega que arbitrara la semana anterior, está naturalmente dotado de condiciones estimables y deseables para un árbitro de la categoría que tiene. Hay ajustes que hacer y tiempo para llevarlos a la práctica.



Como gran conclusión.
En estas jornadas vimos tres grandes estilos.

 

El de un joven árbitro recién llegado a la categoría más afiliado a un dejar hacer, a seguir el partido de atrás.
Un segundo estilo en el último clásico que fue rígido e inflexible. Terminante, contundente, seco.
Un tercer estilo, el de los árbitros más experimentados. Que con sub-estilos propios igualmente juegan más al anticipo. Conocen mejor el ambiente y son capaces de adaptar la forma de dirigir a partidos de esta naturaleza.

 

Cada estilo tiene elementos virtuosos y elementos viciosos. Cada estilo puede utilizarse para dirigir un encuentro de fútbol.

 

De fondo, el asunto es cómo seguir siendo fiel a un estilo propio atendiendo a las circunstancias que deben enfrentarse en cada partido y, dentro de cada partido, a los distintos tiempos que estos tienen.


Dos árbitros tienen tarea para hacer.

 
Correo de Noticias
Es fácil y rápido! Ingresa tu nombre y correo electrónico para recibir las últimas noticias de Urugol cada mañana.

Nombre *
Apellido *
E-Mail *