Montevideo, Jueves 17 de Mayo

Urugol

A un click del gol

BIMBO
Olivier Viera
Lunes, 17 de Enero de 2011 18:33

 

 

A todos los actores, directos o indirectos, aún les falta rodaje. Lo de los jugadores es claro, pretemporada, falta fineza en el trato del balón, algunos jugadores notoriamente cansados y sin ritmo.

 

Pero, los que saben, o al menos repiten afirmaciones ajenas, expresan que es algo normal en el período precompetitivo. No obstante lo anterior, los partidos de la Copa Bimbo, fueron bastante generosos y, por lapsos, entretenidos.


Se convirtieron bastantes goles con el regalo adicional de tres definiciones mediante tanda de penales.
Ya contará el lector de la página con detalles pormenorizados y conclusiones respecto a los lances deportivos de este mini torneo.



Actores indirectos.


En ocasiones los de afuera no son de palo. Aquí tuvieron que ver con el desarrollo del juego. Específicamente vamos a mencionar dos tipos de actores.
Los vinculados a la dirección del juego, léase árbitros y, en segundo término, a quienes tienen bajo su cargo la presentación del terreno de juego en las condiciones acorde a lo que se espera del Estadio Centenario.

 

Se ha mencionado en más de una publicación el muy mal estado del terreno de juego. Pues bien, las imágenes de la televisión fueron elocuentes en grado sumo al respecto.

 

A esta altura constituye toda una incógnita saber qué sucederá con el campo de juego del Centenario. Era esperable un cancha en impecables condiciones debido al descanso que le había dado la inactividad deportiva.

 

 

Pues lucía como si tuviera encima cuatro o cinco partidos por semana. Las dificultades para el traslado y el pase rasante de los jugadores de Vélez y Libertad fue signo claro de tal estado.

 

Encima con lamparones donde ni siquiera había césped. Si este es el estado del máximo escenario, mejor ni hablar de las líneas que marcan las distintas áreas. Son tenues en exceso. No ayudan en absoluto a redondear lo que debe considerarse un espectáculo. Comentar acerca de la ausencia de asientos en las tribunas Ámsterdam y Colombes… mejor ni hablar.

 

Lo malo es el desaliento que provoca contemplar un estadio en esas condiciones. Lo bueno es que hay trabajo para hacer, y mucho.



El centro de estos artículos es comentar acerca del arbitraje. Vamos entonces a lo nuestro.


De los siete árbitros internacionales actuales, cuatro saltaron a la cancha.
Tres de ellos dieron plenas muestras del nivel que les permite continuar en la categoría.

 

Sin ritmo aún, pero se mostraron sueltos y atentos. Con un criterio adecuado para dirigir este tipo de partidos que son muy raros. No son partidos oficiales, son partidos de práctica. No interesa demasiado a los equipos si pierden, pero tampoco quieren perder. Se rotan planteles, pero sirven para observar jugadores.
Pueden ser simples de arbitrar, pero complejos al momento de dar el tono justo a la conducción merced a ese conjunto de elementos antagónicos que se conjugan en un único encuentro.

 

Vale decir que, en un extremo, el único que tiene algo que perder en este tipo de partidos es el árbitro.  Antes de entrar en el análisis del encuentro clásico, un detalle.

 

En Libertad – Vélez, se convierte el primer tanto, por parte del equipo paraguayo, en clarísima posición adelantada. Vista la repetición una y otra vez puede observarse como el asistente pierde totalmente la línea en los últimos metros, los más importantes. Cuando los jugadores aceleran, el asistente que estaba en la Olímpica sigue en un suave trote.

 

Resultado: gol validado estando quien convierte en posición fuera de juego.

 

Queda claro el motivo por el cual FIFA exige en las pruebas físicas, árbitros asistentes más veloces que los árbitros.
Es un detalle, una jugada, pero en competencia esa insignificante distracción puede traer consecuencias muy graves. Lo peor es que quien carga con el error será también el árbitro.



Siempre un debut en la categoría internacional genera expectativas. Más al tratarse de un debutante en un clásico.
La referida situación permite aquilatar un potencial. Que, por otra parte, ya es hora. En poco tiempo los referentes actuales del arbitraje no estarán, y contar con recambios de nivel ha sido una buena costumbre en el referato uruguayo.

 

 

Se comenzó a develar una incógnita y el resultado fue, lamentablemente, regular.


El árbitro de este último clásico mostró pocas de las cualidades que justamente lo llevaron a ocupar la categoría internacional.

 

Esta categoría otorga visibilidad y esta deriva en mayores exigencias. Que se inician en el propio árbitro y distan mucho de modificar un estilo, una forma de dirigir y sentir el arbitraje. Ahora no se permiten ni claudicaciones, ni desmayos ni distracciones. No es posible arbitrar un partido con pequeños errores que deslucen el todo.

 

El árbitro impuso su autoridad – si se quiere lo más difícil -, pero deambuló con sus fallos. Dio continuidad al juego, pero le costó discernir cuándo era necesario cortarlo. Aplicó sanciones disciplinarias, pero su criterio no fue uniforme.

 

Obvió, en aras de la continuidad, algunas faltas y sancionó otras que no eran. Esto se traduce con la palabra imprecisión. Siendo humanos, la naturaleza nos hace imperfectos, por tanto imprecisos. Con todo hay lujos que un árbitro no puede darse y es ser impreciso, por distracción, mala ubicación o lo que sea, dentro de las áreas.

 

Desde el punto de vista físico le faltó “explosión”. Ese cambio de ritmo abrupto cada vez más necesario en el fútbol actual. Tiene el joven árbitro una capacidad física superlativa a la que acompaña con un físico privilegiado.

 

 

Por eso sería estimable si trabaja específicamente en el desarrollo de la velocidad.

 

Ya es hora de comenzar a trabajar bastante más en serio, a pulir esas pequeñas aristas que ensombrecen una labor arbitral, a estar al más alto nivel cada fin de semana.
Cuesta muchísimo tener ese escudito blanco sobre el corazón. Confiamos en que estamos en presencia de un digno heredero de la tradición del Uruguay en materia arbitral, porque conocemos a la persona – que es lo fundamental – y sabemos de su compromiso con la mejoría constante.

 

Aún no podemos decir ¡Bingo! Sólo que vimos al árbitro del clásico de la copa Bimbo.
Ha conseguido mucho, falta otro tanto aún.

 
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