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Montevideo, Jueves 02 de Septiembre

Urugol

A un click del gol

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Olivier Viera


(SIN) CAMBIOS
Olivier Viera
Miércoles, 04 de Agosto de 2010 15:25
 

Quince días son los que faltan para el comienzo de la actividad futbolística. Tiempo que está siendo aprovechado por los clubes para ajustar física, táctica y técnicamente sus respectivos planteles.

 

¿Cómo se encontrará el plantel arbitral para asumir la responsabilidad que le compete?

 

Puestos a conseguir información, ciertos datos sugieren la idea que la preparación estaría siendo concienzuda. Aunque también se reciben malas nuevas preocupantes.

 

Dentro del primer grupo de noticias, las positivas, hay que mencionar la necesaria “actualización” física, cada vez más necesaria a los efectos de solventar la creciente demanda atlética de los partidos de primera división.

 

Las carencias en equipamiento (¡finalmente!) parecen ser cosa del pasado. Por tanto ya no veríamos los desajustes en la armonía de los uniformes que se percibieron en el torneo anterior, que en ocasiones resultaron patéticos.

 

Se nos indica también que el Colegio de Árbitros, habría adquirido banderines electrónicos y algunos equipos de comunicación similares a los vistos en el mundial.

 

Desde esta página hemos defendido la prudente utilización de los adelantos tecnológicos. Saludamos entonces el esfuerzo que se hace en tal sentido.

 

Quizás no se alcance a cubrir las necesidades de todos los partidos, pero principio quieren las cosas.

 

A las buenas señales hay que darles la bienvenida. Más aún cuando redundan en beneficio del sistema arbitral y, por añadidura, del fútbol en su conjunto.

 

A la brevedad, no más allá del 1ero. de abril de 2011, deberán percibirse cambios profundos en la estructura del Colegio de Árbitros.

 

Así lo dispuso la circular 1230 de FIFA. A través de esta se homogeneiza y universaliza el gobierno, diseño y estructura de los organismos encargados de la administración del arbitraje en las asociaciones miembro.

 

Es otra interesante novedad. Plantea un desafío que debe satisfacerse en plazos precisos.

 

Esperemos que autoridades y plantel de árbitros logren trabajar conjuntamente en procura de una adecuada y oportuna implementación de los predicados de la circular referida.

 

Desde ya asumimos la deuda por analizar el contenido de la norma.

 

Otro conjunto de noticias presenta un cariz diferente al manifestado en las anteriormente citadas.

 

Ciertas nubes de tormenta, no ya en el horizonte sino precisamente sobre las cabezas de árbitros y dirigencia son motivo de preocupación.

 

Convenios firmados entre AUF y gremiales de árbitros que no se cumplen, más la formalización de la actividad de los árbitros son una piedra en el zapato.

 

Específicamente la AUF asumió el compromiso de abonar un viático por disponibilidad, esto es reconocer la justicia del reclamo de los árbitros consistente en percibir el correspondiente emolumento cuando se les reclaman ciertas obligaciones profesionales cuando no hay actividad.

 

El compromiso anterior más la obligatoriedad del aporte al BPS (desde su implantación los árbitros abonan IRPF) que termina por reconocer el vínculo laboral en relación de dependencia entre AUF y sus árbitros, tiene como corolario el nuevamente justo, por legal, reclamo de los árbitros por percibir las cuantías asociadas al resto de beneficios sociales. Léase aguinaldo, salario vacacional, etc.

 

Por un lado la formalización tiene sus beneficios, aunque también sus costos.

 

Estas idas y venidas han estado matizadas de frecuentes desencuentros entre las autoridades de la AUF y el conjunto de los árbitros.

 

El impacto ha dado de pleno en las actividades propiamente administrativas del Colegio de Árbitros y de la AUF: los árbitros desde hace largo tiempo no concurren a citaciones del Colegio, de tribunales de la AUF, ni entregan los formularios de partido en la AUF. Lo anterior, de por sí ya es grave.

 

Más aún lo es la escalada en el conflicto debido a que los árbitros se han visto en la obligación de citar a la AUF al Ministerio de Trabajo con motivo de la negativa de la AUF a abonar las partidas por aguinaldo.

 

El tiempo pasa y las recurrentes y clásicas estrategias dilatorias producen más escozor que beneficios.

 

La desconfianza se ha instalado entre dirigencia de la AUF y árbitros, representados por las gremiales y FUECI (Federación Uruguaya de Empleados de Comercio e Industria).

 

Hay un conflicto que permanece en el tiempo. Los árbitros han sido en extremo pacientes. Quienes representan el interés clubista no aciertan a generar ambientes de confianza sino que a cada encuentro parecen asistir con el cartucho de dinamita en el bolsillo.

 

Textualmente: “…se han valido del cambio de dirigentes al momento de negociar (una vez llegaron personas que no tenían ni idea del convenio firmado por la AUF hace dos años), otras veces postergaron las reuniones por viajes al exterior, otras veces incluían a funcionarios o dirigentes que se valían del hecho de no tener poder de decisión, trasladando el tema al Ejecutivo, el cual luego lo trasladaba a la Asamblea de Clubes, a reuniones de Presidentes, etc…”

 

Si es que estamos en época de cambio, que mejor señal que el cambio de actitud. Hacia los dos “bandos” es exigible la asunción de las responsabilidades. No hay cambios parciales ni héroes que los lleven adelante por ellos mismos.

 

Los colectivos exigen de la seriedad, la buena disposición, la prudencia, el cumplimiento de la palabra empeñada, la prevención y una permanente actitud franca, abierta, transparente e inclusiva.

 

Nadie debería verse como el que perdió. Todos hemos de ganar. El fútbol debe ganar.

 
UNA VISIÓN
Olivier Viera
Domingo, 18 de Julio de 2010 19:18
 

Lenta y paulatinamente se apagan los ecos del Mundial, dejándonos a los uruguayos un dulce sabor. Llegará el tiempo de análisis más o menos profundos. Llegará el tiempo de las comparaciones entre este pasado reciente y el inmediato futuro. Estamos presenciando esperanzados discursos llenos de proyectos sostenidos en el aire. En tanto esa enorme cantidad de expresiones de deseo toman forma, aún parece haber cierto espacio para otro tipo de comentario. Particularmente en torno a la labor arbitral. Hemos de precisar que se avanzará en un análisis general y no en cuanto a situaciones puntuales.

 

Comencemos con los aspectos más sencillos.

 

El rendimiento físico de los árbitros ha sido mayormente destacado.  La mirada histórica así parece indicarlo. Basta contemplar la intensidad de los desplazamientos de los árbitros a través de los últimos mundiales para caer en la cuenta de lo mucho que se ha avanzado en ese aspecto. El Mundial de 1990 significó el fin de una era donde se arbitraba a “carpeta”. Hoy un árbitro de élite se caracteriza, entre otros aspectos, por su capacidad física, el ritmo sostenido que logra mantener a lo largo de los noventa minutos. En tal sentido pues merece destaque este elemento.

 

A lo anterior habrá que adosar la forma de desplazamiento, los lugares de recorrido habitual del árbitro en el terreno, el aprovechamiento de los espacios procurando cubrir de modo eficiente la mayor superficie de terreno posible y el trabajo en equipo que potencia la eficiencia en cuanto a la labor desde el punto de vista físico.

 

Dicho lo anterior y valorando positivamente este aspecto, no debemos olvidar que no basta con ser eficiente. Eficiencia implica la economía de movimientos  -en este caso- de modo de obtener el mejor resultado posible en cuanto a cercanía de la jugada, posicionamiento adecuado para poder tomar las mejores decisiones y una adecuada visibilidad tanto de la jugada como de los colaboradores. Para completar el análisis también habría que apuntar a la eficacia. Es decir a los resultados de la actividad eficiente.

 

Justamente la eficacia  mostró algunas carencias. La coordinación, la armonización, la cohesión del trabajo en equipo no puede conducir a la (auto) interdicción del criterio del decisor principal: el árbitro. Si bien resulta loable y de buen tino trabajar en estrecha colaboración entre árbitros y asistentes, no debe olvidarse que quien finalmente decide es el árbitro central. En más ocasiones de las deseables los árbitros descargan su responsabilidad sobre los asistentes sancionando faltas dudosas, que no se perciben o dejando pasar otras notorias. Ejemplos pueden recordarse muchos, baste la falta sancionada por el asistente al final del tiempo suplementario entre Uruguay y Ghana. Ahí el árbitro simple y ciegamente sancionó lo que el asistente indicó.  Pudo haber consecuencias nefastas, de hecho las hubo, para el equipo en contra del cual se sancionó la falta.

 

Pasando a los aspectos técnicos hubo cosas también destacables y, como siempre ocurre y ocurrirá, situaciones criticables. Se trabajó acertadamente en la faceta preventiva. Dos claros ejemplos fueron el manejo de la advertencia verbal ante faltas que conllevaban centros y cuando se hizo necesario prevenir ante entradas casi teñidas de amarillo.

 

Estos aspectos se manejaron solventemente yendo de más a menos. Al principio del torneo se lograron mayormente los objetivos deseados pero, cuando comenzaron los encuentros que más “dolían” se incurrió en errores. La prevención no es un automatismo, ni tampoco se agota en ella misma. Es automatismo cuando las primeras faltas fuertes, cualquiera sea su tono, llevan la clásica acción de apartar al jugador infractor, hablarle en tono sereno y firme y ensayar con los brazos el gesto del “no va más”. Hay acciones en las que resulta válido advertir y otras en las que directamente hay que intervenir disciplinariamente. Al caso el puntapié de Van Persie al comienzo de la final o la reiteradas advertencias a Van Bommel en el transcurso de los partidos, o el puntapié del jugador marfileño que radió del mundial a Elano.  En cuanto a la prevención de los “agarrones” en las áreas, en ningún momento pasó de eso; siendo que el reglamento dota a los árbitros de las armas para ir avanzando en el control: advertencia, amonestación, expulsión y la sanción técnica correspondiente (penal o falta del delantero). Mayormente nos hemos quedado apenas en la advertencia.

 

La prevención viene de la mano con la consideración de las medidas disciplinarias. Tal parece que hay una visión que indica que no puede haber una expulsión si previamente el jugador no ha sido amonestado. Este modo de acción ha implicado que algunos jugadores que más temprano que tarde deberían haberse ido a las duchas permanecieron en campo todo el partido.

 

En cuanto a las sanciones estrictamente técnicas, pues hubo un alto número de aciertos. Con jugadas dudosas si, pero simplemente eso: dudosas. Los árbitros en general acertaron en jugadas de mediocampo así como también en las “zonas calientes”. Vale decir, lo que hace a un arbitraje complejo, no son las faltas en sí, sino el control previo a que ellas se cometan y posterior a la comisión de faltas. Lo reseñado en primer término respecto a la capacidad física de los árbitros, aunado a un buen trabajo en equipo han minimizado los errores de apreciación. La tarea entonces pasa por ajustar los aspectos disciplinarios. Principalmente cuando se ha apreciado una cada vez mayor tendencia a disputar el balón utilizando la acción en “plancha”.

 

Finalmente dos afirmaciones en las que no se ahondará demasiado. Para los partidos de mayor relevancia FIFA se quedó sin los mejores y más experimentados árbitros. Dos parecen ser las causas. Alguna decisión no estrictamente ceñida a lo técnico, como parece haber sido la temprana desaparición de la terna suiza encabezada por Massimo Bussaca, y el discurso acerca de la filosofía del equipo arbitral. La primera causa es de difícil eliminación y la segunda realidad cambiará tarde o temprano así como también ha cambiado la perversa y falsa filosofía de la aceptación del “factor humano” en el arbitraje. Expresar una idea es fácil, sostenerla en los hechos pocas veces se ve.

 
TECNOLOGÍA IMPERIOSA
Olivier Viera
Domingo, 27 de Junio de 2010 23:16
 

Poco tiempo atrás abogábamos desde este espacio por la implantación mesurada y prudente de la tecnología en el fútbol como ayuda al árbitro. Vistos algunos encuentros de octavos de final, habrá que admitir, no sin cierta consternación, que la realidad ha dado por tierra con cualquier argumento contrario a la utilización de las cámaras para discernir en torno a ciertas jugadas puntuales.

 

Admitamos que es llover sobre mojado volver sobre estos temas. Pero es absolutamente necesario hasta tanto ciertos gerontes que dicen tomar decisiones prudentes y a menudo se autofelicitan por ellas, comprendan de una buena vez que es el momento de decir ¡basta!

 

La necedad e irresponsabilidad de quienes deben dirigir los destinos del fútbol al más alto nivel es, en algunos aspectos, alarmante.

 

¿Puede decirse acaso que haya millones de personas, habitantes de Inglaterra y México, festejando porque se ha mantenido la “sal” del fútbol?

 

Resulta irritante porque insulta la inteligencia plantear la pregunta; y aún más la respuesta. Por obvias.

 

¿Alguien puede decir que se tardaría más de cinco o seis segundos en reparar serios, naturales e inevitables errores humanos de percepción?

 

Otro argumento que cae por su propio peso. Mientras el mundo observaba casi en tiempo real los errores arbitrales, los árbitros demoraron mucho más en reanudar el juego con motivo de las protestas.

 

Cuando se replantea el debate hemos de rogarle a quienes desconocen el avance de la tecnología un poco más de imaginación argumental. Sus dos argumentos más poderosos han sido borrados de un plumazo.

 

Que el juego perdería dinamismo a causa de las constantes detenciones, es una razón inválida. Que el fútbol perdería su natural tendencia a la polémica es manifiestamente insostenible. La polémica seguirá existiendo.

 

Claro que de la mano de la tecnología esta polémica vendrá de la mano de la justicia. Si se estima que la polémica y la justicia son excluyentes, vamos por mal camino. Evidentemente se puede ser justo y no por ello el fútbol perderá su dosis de polémica.

 

Aunque, claro está, o debería estar, que una cosa es una dosis de polémica y otro condenar al fútbol a que cada cierto tiempo se le vaya la mano y se produzcan pequeñas “muertes” por sobredosis de polémica.

 

Porque ahora se le cargan las tintas a las personas que tomaron ciertas decisiones sin todos los apoyos que fácilmente se tenían a la mano.

 

A una persona que se encuentra a la altura del área de penal velando por una eventual posición adelantada no se le puede exigir que vea si un balón ingresó a la meta. Es humanamente imposible la pretensión. Más aún con un balón cada vez más rápido y que describe extrañas trayectorias.

 

Ni que hablar si analizamos la cuestión en términos probabilísticos. La probabilidad de que un balón golpee el larguero y el piso es bajísima. El mismo cálculo para un balón que golpea por dos veces el travesaño, es menor aún.

 

Que alguien explique si no es de sentido común atender este tipo de jugadas inusuales. No sólo eso deberá justificarse, sino también si existen elementos de ayuda disponibles para cubrir estos eventos extremos.

 

En tanto “the show must go on”, esperemos que al menos FIFA guarde un poco de coherencia con sus predicados y apoye con sus futuras decisiones la forma de arbitraje por la que ha apostado. De lo contrario, un trabajo que se inició hace aproximadamente hace ocho años y que venía mostrando sus frutos, habrá significado una penosa dilapidación de recursos.

 

No sólo económicos, sino, lo único que en definitiva es importante, se habrá “quemado” a personas en las que se dijo confiar.

 
TRES
Olivier Viera
Lunes, 21 de Junio de 2010 13:38

 

Apenas tres faltas cometió el equipo de Corea del Norte en el partido que disputara con Portugal. Es cierto que la goleada que recibiera el seleccionado asiático ha sido histórica. Sin embargo es extraño encontrar un encuentro que, en la faz disciplinaria, tenga las características señaladas. Más aún cuando en el primer tiempo, siendo el partido bastante parejo, no le fue sancionada ninguna falta. En contraposición Portugal hizo diez faltas durante el desarrollo del primer período de tiempo.

 

Puede decirse que Corea del Norte es un equipo inocente, es cierto. Que carece de antecedentes en competiciones de alto nivel, es una evidencia incontrastable. Así como también que su abolengo futbolístico y su tradición no le hacen una escuadra interesante.

 

Todo lo anterior es verdadero. Pero no existe correlación posible entre los elementos antes indicados y la tendencia a jugar áspera pero lealmente. Y por cierto que el primer tiempo del partido de referencia fue intenso. Además con el aditamento de las condiciones del terreno de juego producto de la intensa lluvia, lo que habitualmente genera roces, resbalones y llegadas a destiempo.

 

Léase entonces que la actitud de los jugadores norcoreanos merece el más amplio destaque. Desde el punto de vista desde el que se desee analizar habrá que reconocer que estas estadísticas en cuanto a faltas cometidas por un equipo que ha perdido feo, merecen el más amplio reconocimiento. Se ha engalanado el concepto de fair play, tantas veces pregonado y otras tantas olvidado.

 

Las diferencias, en cuanto a disciplina, con el partido que justo en el momento que se escriben estas líneas disputan Chile y Suiza, donde a los 31 minutos del primer tiempo hay algunas amarillas y un expulsado en el equipo helvético, son abismales.

 

Si las comparaciones son odiosas, también suelen ser ilustrativas. Un botón de la muestra se encuentra fácilmente: Brasil–Costa de Marfil. A Brasil se le sancionaron 17 faltas en contra y a Costa de Marfil 23. Independientemente de las cifras anteriores merecen mención algunos hechos.

 

Hasta el minutos 62 había tan sólo un amonestado en el equipo africano que perdía tres a cero. Dicho de otra manera, estaba siendo no sólo ampliamente superado sino goleado.

 

¿El recurso que utilizó entonces?

 

Ponerse a golpear casi desmelenadamente. Las consecuencias fueron un jugador, Elano, que se retiró visiblemente lesionado producto de una feísima entrada que no mereció siquiera amonestación. Otro jugador brasileño que también se comió una “plancha” aplicada de mala manera siendo amonestado (bien hubiera merecido la expulsión directa) el jugador marfileño. Lo anterior sumado a continuas faltas y provocaciones que terminaron del modo más injusto posible: Kaká expulsado de manera poco creíble.

 

Dos equipos que van siendo goleados, incluso uno de ellos (Corea del Norte en el primer tiempo) que ni siquiera eso. Dos actitudes absolutamente disímiles. Corea afiliado al fair play y Costa de Marfil mostrando toda suerte de artimañas y mala intención. Dos curiosas maneras de salvaguardar el honor deportivo. En un caso apelando a jugar dentro del reglamento y en el otro mostrando los recursos más repudiables.

 

Así que si histórico ha sido lo hecho por los asiáticos, la conducta de los africanos merece el más amplio rechazo.

 

¿Qué decir del Sr. Stephane Lannoy, árbitro francés en la ocasión del partido Brasil ante Costa de Marfil?

 

Si bien la mayor responsabilidad es atribuible a los jugadores infractores, lamentablemente el árbitro no ha estado a la altura de las circunstancias. Su accionar fue en exceso permisivo. Se quedó las más de las veces en la advertencia verbal y, cuando no dio resultado… pues continuó con más advertencias hasta resultar su labor entre ridícula y patética. Perdió absolutamente el rumbo y no pareció haberse percatado de ello. Lo peor del caso es que ha sido la excepción en un torneo que, hasta ahora, ha mostrado arbitrajes con más virtudes que defectos.

 

Destaquemos desde una perspectiva disciplinaria lo hecho por Corea del Norte. Finalmente un buen ejemplo. Quizás sea bueno mantener vigente en nuestras mentes lo visto. Mas no hemos de olvidar que hay equipos y jugadores que aún no logran comprender de que va al Fair Play.

 

Datos finales del primer tiempo entre Chile y Suiza: 10 faltas cometió Chile y recibió tres amonestaciones, en tanto que a Suiza se le sancionaron 14 infracciones obteniendo una amarilla y una tarjeta roja… y siguen con actitudes poco recomendables durante el segundo tiempo. ¿Son odiosas las comparaciones? No siempre. Corea del Norte nos lo ha demostrado.

 
¡POR SUERTE!
Olivier Viera
Martes, 01 de Junio de 2010 14:19

 

 

Esta pausa pre Mundial resulta propicia para prestar atención a algún hecho que, si bien no pasó del todo desapercibido, principalmente en la interna arbitral, abre algún interrogante respecto a la manera en que se toman las decisiones.

 

En lo que sigue nos basaremos en una versión de prensa no desmentida.

 

En la edición del 25 de mayo del corriente, en la columna El Picaflor de la sección deportes del diario La República, se relata un suceso vinculado al cancelado partido del “Festejo del Campeón” (sic), organizado por el club Peñarol.

 

De acuerdo a la nota se habría solicitado una terna de árbitros que tendría la misión de dirigir el amistoso enmarcado en el festejo.

 

Ahí se informa que “el presidente del Colegio de Árbitros había comunicado a la AUF que como contra represalia a las medidas que vienen llevando a cabo las dos gremiales (Audaf y AAFU), el cuerpo no iba a designar a ningún juez para ese amistoso”.

 

Sin embargo el frustrado espectáculo igualmente iba a contar con presencia de árbitros. El periodista afirma, en el remate de la nota, que, según sus fuentes, el Colegio de Árbitros había decidido que tres de sus miembros asumirían la tarea de dirigir el festivo encuentro.

 

Visto lo anterior, el título elegido para esta comunicación, viene como anillo al dedo. Por suerte que el partido no se llevó a cabo.

 

Causa asombro que quienes tienen la altísima responsabilidad de dirigir el destino de 140 árbitros manifiesten tal grado de imprudencia. Principalmente porque se trata de una decisión sencilla. No luce un ejercicio intelectual demasiado exigente decidir en casos como estos.

 

En primer lugar, ¿es potestad del Colegio de Árbitros elegir a qué partidos se designa árbitros y a cuáles no?

 

Tal extremo está reglamentariamente establecido. Si un equipo integrante de la AUF o la propia asociación solicitan árbitros, pues el Colegio debe designarlos. El Colegio no es un ente autónomo. Mucho menos tiene, ingerencia alguna para terciar en conflictos entre la AUF y las gremiales de árbitros. No es tema de su competencia.

 

Menos aún, como dice la nota, asumir posturas poco menos que reivindicativas en razón del conflicto que vienen llevando adelante los árbitros. Se trata de atribuirse responsabilidades que no son propias de la regencia del cuerpo de árbitros.

 

Más grave aún resulta el hecho que, reglamentariamente, el Consejo Directivo del Colegio de Árbitros está integrado por cinco miembros: dos representantes de los clubes y tres ex árbitros.

 

Para haber sucedido lo que aparentemente sucedió, pues hubo, cuando menos, una mayoría de votos concordes con la postura de no designar árbitros.

 

Hay una cosa que debe caracterizar la conducta de los árbitros, a pesar que pase el tiempo y se transformen en ex: ceñirse a las reglas. Si ha sido su vocación, pues nada mejor que demostrarlo en los hechos.

 

El tiempo, tal vez provoca olvidos. Como, por ejemplo, haber pertenecido al colectivo arbitral y pretender, como lo hacen actualmente los árbitros, lo que cualquier gremio pretende. Es decir, proteger a sus afiliados y desarrollar su actividad.

 

Claro que un ex árbitro, ahora del otro lado del mostrador, jamás debe afiliarse con posturas gremiales. Su accionar debe ser neutral. Todos y cada uno de los árbitros son iguales y las diferencias que se constaten deben provenir de su conducta y rendimiento en relación a las exigencias arbitrales.

 

Nada mejor que ajustarse a lo que dicta el reglamento interno del Colegio. Si el ejemplo es una muy fuerte señal hacia los árbitros, en este caso la señal ha sido lo suficientemente clara, aunque en un sentido negativo si se piensa en valorar la virtud decisoria del Colegio.

 

El siguiente capítulo tiene que ver con la decisión de que los propios integrantes técnicos del Colegio de Árbitros se sumaran a la fiesta. Veamos.

 

Los árbitros intervienen, prestan sus servicios, en partidos oficiales, en prácticas entre equipos, en amistosos nacionales e internacionales, en encuentros de práctica de las selecciones uruguayas, en torneos organizados por algún club (al caso copa Bimbo). Pero también pueden prestar sus servicios en partidos benéficos, cuando así lo autoricen las autoridades pertinentes. Asimismo cabe su participación en el tipo de encuentros que motivan esta nota, o, por que no, cuando hay un partido de despedida tan habitual en el caso de jugadores de relevante trayectoria.

 

Forma parte del paquete de servicios que un árbitro profesional presta. No se percibe una tacha moral por el hecho de hacer lo que sabe hacer y recibir su correspondiente paga, en un partido de neto corte festivo. Difícilmente podría deducirse que los que allí están arbitrando forman parte de los festejos.

 

Sin embargo, los representantes institucionales de la AUF, los naturalmente neutrales en el desempeño de una función, los que han sido designados para desempeñar muchas funciones, excepto la de arbitrar, los que deben no sólo ser, sino parecer neutrales, jamás deben participar en este tipo de eventos.

 

Porque no lo hacen a título individual. Son representantes de todos los clubes que, deportivamente, tienen intereses encontrados. Son representantes, principalmente, de todos los árbitros.

 

¿Qué sensación de neutralidad dejarán ahora las decisiones más difíciles que deba tomar el Colegio de Árbitros?

 

¿En qué estaban pensando esos ex árbitros cuando se autodesignaron?

 

Mejor dicho, ¿en qué no estaban pensando?

 

Puede comprenderse que haya decisiones más o menos complejas. Aquellas admiten diversidad de opiniones. Hay tantas variables que evaluar, que ponderar, tantas consecuencias que estimar, que ciertamente se transforman en un difícil ejercicio.

 

¿Estimaron los decisores en la ocasión los efectos perniciosos que una opción de esta naturaleza significaba para el colectivo arbitral?

 

¿Es que no se percataron que esta acción significaba, simbólicamente, que el organismo neutral estaba festejando con el campeón?

 

¿Estimaron los efectos negativos para la imagen general del arbitraje?

 

¿O tan sólo se miraron el ombligo y se tomaron revancha porque los árbitros en uso de su derecho de tomar medidas en procura de desarrollar y proteger su actividad no concurren a las citaciones del Colegio?

 

Un ex árbitro es aquel que ya no entra a la cancha a corretear. Pero sigue siendo un árbitro en su ser más íntimo. Y este tipo de decisión es una afrenta a lo que se espera de un árbitro, se degrada el concepto de tal.

 

Lo peor de todo, es que se trataba de una de las decisiones fáciles. De esas que se toman de espaldas y con los ojos cerrados.

 

Así que, ¡por suerte no sucedió!

 

 
LAS GRANDES LIGAS
Olivier Viera
Martes, 18 de Mayo de 2010 20:22
 

Las finales que coronaran un nuevo campeón del Uruguayo 2009-2010, bien pueden asimilarse, por intensidad, convocatoria, intereses en juego, carga emocional y tradición a partidos de los que habitualmente se denominan de Grandes Ligas.

 

Fuimos testigos presenciales de tres encuentros que se pueden catalogar de tales. Cada uno se dirimió por escaso margen, con la salvedad, tal vez, del primero de ellos.

 

Este tipo de justa deportiva reclama para su dirección, también de árbitros prototípicos de las grandes ligas. Es decir, aquellos que se supone o se espera tengan un rendimiento superlativo, acorde a la naturaleza del partido.

 

Claro que el razonamiento anterior no es lineal. Así como puede suceder, y de hecho sucedió, que algunos jugadores destacados a lo largo del torneo no repitieron rendimientos propios de la alta competencia, también puede suceder que los árbitros que se piensa más capacitados cometan errores.

 

Imaginemos por un momento que usted, apreciado lector, tiene la posibilidad de oficiar de seleccionador de los árbitros de la final. Imaginemos, también, que usted no es simpatizante de equipo alguno y puede optar de una manera absolutamente objetiva. Imaginemos, por último, que usted cuenta con información histórica respecto a la labor anterior de los potenciales árbitros.

 

La pregunta a responder sería: ¿Tiene actualmente Uruguay árbitros con el perfil necesario para actuar en las Grandes Ligas?

 

Como tengo la ventaja de estar escribiendo esta nota, diríase que si. Absolutamente si, es la respuesta apropiada. Pensemos en Jorge Larrionda. Nada más nombrarlo estaríamos de acuerdo en que simplemente por lo que ha significado su carrera arbitral, que sería ocioso repasar, es un árbitro de los que estaríamos buscando.

 

Un escalón más abajo tenemos a Martín Vázquez. En notas anteriores hemos comentado brevemente respecto a su historial: Olimpíadas, Mundiales juveniles, encuentros de Libertadores, en la puerta del Mundial 2010.

 

Seguimos con Roberto Silvera. Su récord no luce a ojos del gran público como muy impresionante. Sin embargo, sugiero repasar los encuentros de alto voltaje que ha dirigido, por ejemplo, en Copa Libertadores. Lo tendremos este próximo jueves 20 de mayo dirigiendo el encuentro de vuelta de Libertadores entre Universidad de Chile y Flamengo, cuando tan sólo una semana antes había dirigido el encuentro de ida entre Internacional y Estudiantes de La Plata. De paso notemos que de los cuatro encuentros de vuelta de semifinales del torneo antes mencionado, en dos de ellos el silbante será uruguayo (también actúa Larrionda).

 

El resto de nuestros árbitros internacionales, aún no tienen el roce internacional de los nombrados anteriormente. Siendo este un dato objetivo, nada dice respecto a la capacidad y las dotes que adornan a dichos árbitros.

 

Pues bien, de los tres candidatos, démosle en llamar naturales, apenas uno estuvo presente en los partidos finales.

 

El Colegio de Árbitros asumió los riesgos de abrirle la puerta de las Grandes Ligas tanto a Martín Martínez como a Darío Ubriaco.

 

Desde este lugar, entonces, saludamos la elección de mirar, por encima de las individualidades y la coyuntura, el sistema arbitral en su conjunto.

 

Otra cosa ha sido el rendimiento mostrado durante el transcurso de los partidos. La mayoría de sus fallos son compartibles y mostraron una presencia de ánimo y una estrategia de partido saludable.

 

Estilos bien diferentes, por cierto. Uno con un carácter más rígido, más ceñido al reglamento y otro que, conociendo el reglamento, se toma ciertas libertades que no atentan contra la esencia del arbitraje.

 

Sin embargo, sus virtudes también dejan en evidencia sus errores. Uno pecó por exceso y el otro por defecto. El primero aún no domina ajustadamente la sanción disciplinaria. Por tanto tapiza de amarillas el partido, y también de rojas.

 

En cierta ocasión, un viejo maestro del arbitraje legó a la posteridad una frase imborrable: “Empiecen duros, que ya habrá tiempo para ablandarse”.

 

Bien entendida no significa hacer a un lado la regla, significa que el tiempo proporciona la necesaria experiencia como para resolver de otro modo lo que antes se resolvía con una tarjeta.

 

El segundo, en cambio, tiene, y se nota, mayor experiencia, es capaz de dirigir de un modo, digamos, más “amigable”. Eso lo conduce a ciertos desajustes de criterio. No se muestra del todo consistente ante la sanción disciplinaria.

 

Ni tabla rasa, ni ajuste conveniente. Debe haber, de hecho lo hay, dentro del irrenunciable estilo personal, un punto de equilibrio que hay que buscar.

 

El modo de hacerlo es arbitrando partidos de esta naturaleza. No existe otra manera conocida, no existen los simuladores arbitrales para encuentros de Grandes Ligas.

 

Se podrá decir, y habrá que aceptarlo calladamente, que hubo fallas en jugadas puntuales. Específicamente dentro de las áreas.

 

Reconozcámoslo desde ya, puesto que no hacerlo implicaría poner en tela de juicio la credibilidad de estas palabras. Sí que se falló en lugares donde no se puede fallar, donde es imperioso acertar.

 

Bajo una concepción probabilística del arbitraje – que no es un método analítico del todo adecuado -, podría esperarse eventos de las características de los recién señalados. En este tipo de encuentros, los sucesos inesperados siempre ocurren.

 

Es particularmente estimable la apuesta que se hizo al designar a estos árbitros. Al fin, luego de esperar bastante, no se han visto señas de la miopía a la que nos tiene acostumbrados el fútbol. Ya es hora de priorizar el largo plazo involucrando en la rotación de partidos de importancia manifiesta a todos los árbitros internacionales sin exclusiones.

 

Un día Larrionda no estará, ni Vázquez, ni Silvera. Es hora de aprontar el recambio. Que por supuesto será doloroso. Tal vez por aquello de que “todo tiempo pasado fue mejor”.

 

Si miramos hacia atrás, no habrá nada que hacer más que lamentarse. Cuando miramos hacia adelante responsablemente, el porvenir no luce tan inhóspito.

 
PRETENSIÓN EDUCATIVA
Olivier Viera
Lunes, 26 de Abril de 2010 15:12
 

Comentar en torno a lo sucedido en el último partido clásico, puede resumirse en muy pocas líneas. Un encuentro aburrido, con un trabajo arbitral aceptable que no trascendió mayormente porque el partido no presentó mayores eventos de resolución desafiante. A más de lo anterior el árbitro optó por entrar en el mismo aplanado nivel que propusieron los contendientes.

 

El resultado fue un conjunto de pequeñas imprecisiones ya que, al fin y al cabo, todos se dedicaron a dejar pasar el tiempo. Mayormente esto ocurrió en el segundo tiempo.

Si encuentros anteriores dieron campo fértil a comentarios acerca de jugadas groseras cuyo eco se diluyó en poco tiempo, este clásico sólo tendrá un valor estadístico: apenas un número más sin mayor significación.

 

Visto este estado de cosas, dedicarse a repasar con la mirada el entorno resultó gratificante. Tanto como para despertar una idea que apunta a la progresión y evolución del deporte del fútbol.

 

Hace unos cuantos años se destruyó el tablero electrónico ubicado en la tribuna Colombes. Pasados otros tantos años, tras anuncios y “desanuncios”, amagues y plazos que se estiraban insólitamente, finalmente apareció un nuevo tablero que permite otras posibilidades, aparte de las estrictamente vinculadas a señalar el tanteador, el tiempo de juego…etc.

 

Una de las funciones que puede brindar el tablero es la educativa. Si a veces tanto nos quejamos por el hecho que jugadores, dirigentes o periodistas, teniendo la posibilidad y, quizás, la obligación, no conocen las reglas, ¿qué podemos decir de un simple aficionado?

 

Pues la utilización inteligente del tiempo muerto de los partidos, aunada al espacio y posibilidades técnicas que permite un tablero de estas características, significa un recurso desaprovechado en orden a transparentar y dar a conocer las reglas de juego.

 

Apelando al uso imaginativo del tablero y la tecnología, el aficionado podrá contar con elementos que le permitan conocer las aristas más relevantes vinculadas a las reglas de juego de una manera visualmente atractiva; a más de estar actualizado en cuanto a las modificaciones y criterios que se deberían utilizar para tomar decisiones arbitrales. Visto desde la perspectiva arbitral, significaría una exigencia extra y justamente esa es su virtud, pues necesariamente tendería a elevar el nivel de nuestros árbitros. Una cosa es arbitrar en un ambiente donde la opacidad reglamentaria es la característica y otra muy diferente donde quien está en la tribuna se transforma en un crítico exigente al conocer y no quedar sumido en la ignorancia.

 

El conjunto de los árbitros tendrán así un juez de orden superior: el propio gran público informado. Desde la perspectiva del organizador de los eventos deportivos, hablaría muy bien acerca de la responsabilidad que se les debe a quienes en mayor o menor proporción solventan los espectáculos. Devolver algo al aficionado nunca está de más. Y si se trata de conocimiento, mejor aún.

 

Claro que estamos hablando de un proceso delicado en su implementación y de relativo largo aliento. Delicado pues existe un sinnúmero de coordinaciones que han de efectuarse. Por lo pronto determinar el lapso de utilización, que la A.U.F. tome iniciativa a través del Colegio de Árbitros, conseguir un patrocinio adecuado, programar detalladamente la información a incluir, ajustar el lenguaje comunicacional a un tiempo breve, determinar por dónde comenzar, etc.

 

De relativo largo aliento, pues no se agota en un día, un mes o una temporada. Además de que debe considerarse el reforzamiento permanente de la información. Estos elementos indican que hay que exceder el plazo de lo cotidiano tan habitual en el fútbol.

 

Financieramente considerado, el mayor esfuerzo pasa por el tiempo que insume la adecuación del texto y la elección de imágenes que resulten atractivas, desafiantes para el público “conocedor”.

 

En definitiva puede estar significando el primer paso de programas más ambiciosos en procura de promocionar y alentar efectivamente la filosofía del Fair Play.

 

Es esperable que se levanten voces a favor y en contra de esta propuesta. La intención es, cuando menos, intentarlo, pensar con amplitud y dejar de centrarse en esas pequeñas piedritas suponiendo que son obstáculos de enorme magnitud.

 
PREOCUPANTE
Olivier Viera
Miércoles, 14 de Abril de 2010 14:26
 

Apenas se apagaban los ecos de un cierto número de jugadas peculiares que dieron lugar a su análisis más o menos exhaustivo, nuevamente se produce una de ellas el fin de semana; aunque más clara aún.

 

El arquero de Nacional, tan afecto ha reconvenir a sus colegas cuando van de mala manera a disputar el balón, no tuvo mejor idea que agredir salvajemente a un rival a ojos vista de todo el mundo.

 

Enviado un pase largo, el citado arquero sale al borde de su área de penal, toma el balón y eleva su rodilla para golpear con total desprecio a un rival en el rostro. Está más que claro y ahora todos lo sabemos: penal y expulsión.

 

Sin embargo contando con una impropia tolerancia arbitral, siendo que esta vez no había excusas de ningún tipo ni para el árbitro ni para el asistente por tratarse de una jugada limpia, nada sucedió.

 

Preocupa porque al agresor no se le movió un pelo, ni siquiera ensayó una disculpa que no tiene disculpa.

 

Preocupa que una típica jugada de “libro”, que no admite matices analíticos, no pueda resolverse consistentemente.

 

Preocupa porque tales hechos atentan flagrantemente contra el llevado y traído Fair Play.

 

Preocupa la impericia, la liviandad y la displicencia conque se evalúan este tipo de acciones.

 

Bajo ningún concepto puede tolerarse, porque incluso las consecuencias de esta acción bien podrían haber modificado el resultado del encuentro, la violencia gratuita e irracional de quienes se llaman profesionales.

 

Queda el consuelo por la expulsión del jugador de Danubio al aplicar un codazo artero, a pesar de su inocente expresión de “fue sin querer”.

 

En fin, preocupa molesta y fastidia. Tanto como aquellos que protestan continuamente, cuando previamente han pretendido engañar al árbitro fingiendo faltas.

 

Supongo que a los dirigentes no se les ocurrirá modificar la normativa para, utilizando las pruebas provenientes del video, sancionar de oficio estas conductas violentas.

 

Si lo hicieran, al menos no podría tildárseles de complicidad con la violencia. Por otra parte, adjetivo que les molesta, pero que, visto lo anterior,  les viene como anillo al dedo.

 

Estamos a las puertas de un nuevo clásico.

 

Palabras que van y que vienen. Que arbitra Fulano o me la juego por Mengano. Paparruchas. Todos análisis “filtrados” de voces provenientes del Colegio de Árbitros.

 

Desde una perspectiva estrictamente técnica, hay sólo un árbitro que desde hace largo tiempo debiera habérsele asignado tal responsabilidad: Martín Vázquez.

 

Si estuvo a las puertas del Mundial en un largo proceso donde nadie le regaló nada; si ha tenido arbitrajes de nota en el exterior; si dignificó al arbitraje nacional en los Juegos Olímpicos y en recientes torneos juveniles a nivel FIFA, no hay mucho más que pensar.

 
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