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Montevideo, Viernes 12 de Marzo

Urugol

A un click del gol

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Olivier Viera


DOS CORTITAS
Olivier Viera
Martes, 09 de Marzo de 2010 22:16
 

Claro que es más agradable escribir sobre arbitraje. Ya sea para alabar un buen trabajo o con miras a criticarlo en el afán de aprender de los errores. Lastimosamente en esta oportunidad no pueden obviarse palabras que se conocieron la semana pasada. Se escuchó decir que a Peñarol lo llevan de la mano, en clara alusión al colectivo arbitral.

 

Esta es una ofensa gratuita, infundada e irracional. Pero tiene la bondad de poner en blanco sobre negro una manera de razonar (si es que a eso puede llamársele razonamiento) donde se mira embelesado el propio ombligo y al ajeno se lo descalifica. Es decir, los otros son diferentes, actúan bajo parámetros indeseables, en tanto el “razonante” se ve a si mismo como inmaculado.

 

Ofende además, porque se está hablando de un colectivo de un modo genérico. Se atribuye a un todo las cualidades de alguna de las partes. Cualidad, por otra parte, que tampoco tienen demostradamente ni el colectivo, ni cada una de sus partes. Se está atribuyendo de esta manera a todos y cada uno de los integrantes del arbitraje una intención aviesa, cual lo es llevar a un equipo a lograr un campeonato.

 

Por decir algo medianamente elegante, es un disparate rayano en la manía persecutoria o en la afiliación a la teoría de la conspiración universal. Además se desconoce brutalmente la naturaleza humana.

 

Las personas actúan por algún motivo. No hacen lo que hacen porque sí., sino que de ello obtienen algún beneficio material, espiritual, legal, moral o del tenor que sea. ¿Por qué TODOS los árbitros tendrían algún interés en que cierto equipo obtuviese este torneo en disputa?

 

Si fuese por un beneficio económico, entonces muy tontos han sido los dirigentes al contratar jugadores y pagarles interesantes sueldos. Con poner una cuarta división reforzada con algún viejito barato y con imagen institucional bastaría.

 

¿Serán TODOS los árbitros simpatizantes de un mismo equipo? Siendo una zoncera hacerse esta pregunta, con más razón aún responderla. Quien hizo la infeliz afirmación por supuesto no se preguntó si es necesario ser tan grosero en los favores a un equipo de tal modo que su saldo de goles sea +16, en tanto que el equipo que le sigue en saldo de goles tiene exactamente la mitad. ¡Por favor! De ser ciertas las sospechas del dueño de la infeliz frase, habrá que disimular un poco más.

 

Aunque también se está ofendiendo a los jugadores y cuerpo técnico del equipo que “llevan de la mano”. Cuando menos podría decirse que ni siquiera es necesario que se esfuercen en los entrenamientos. Total, el fin de semana van a ganar. Ahora me explico por qué al Sr. Aguirre se lo ve tan tranquilo sentado en la banca: sabe que al triunfo no se lo saca nadie. No por sus jugadores ni por lo que él y sus ayudantes hicieron, hacen o harán. Ganan porque algún ser superior les indicó a los árbitros a quien le toca ser campeón.

 

Ah, me olvidaba. El penal que le cobraron a Ramírez en ocasión del partido River Plate-Peñarol, se sancionó para disimular. Otro tanto sucedió con la expulsión de Aguirregaray. Fue todo un montaje porque todo el mundo sabía que en el tercer gol se iba a producir una groserísima falla en la formación de la barrera y así se consagraría la victoria del equipo que “llevan de la mano”. ¿Verdad que es ridículo leer las afirmaciones contenidas en este párrafo? Tal vez sería aconsejable, antes de hablar, conectar el cerebro a la lengua, salir de la nube de prejuicios y desconectar el corazón.

 

Otro hecho que no puede soslayarse han sido las amenazas destinadas a dos periodistas. Independientemente que se puedan compartir sus afirmaciones o rechazarlas, si algo provoca la más firme e incondicional repulsa son estos actos criminales que pretenden inhibir la libre opinión. Pedirle a un conjunto de estúpidos que actúe civilizadamente es como pedirle peras al olmo.

 

Sin embargo me atrevo a desafiarlos a que comprendan el profundo significado de la siguiente frase: “No comparto tu opinión, pero daría hasta la última gota de mi sangre por defender tu derecho a expresarla” (Voltaire)

 
AVATAR
Olivier Viera
Viernes, 05 de Marzo de 2010 00:51
 

La del título es la película de moda, aunque en absoluto concuerda con el concepto encerrado en esa palabra. Se trata de aproximadamente dos horas y media de un argumento pueril, elemental, apenas salpicado de diálogos lineales y obvios. Algo así como trescientos millones de dólares (se dice) invertidos para intentar, porque no pasa de ahí, convencer al espectador acerca de las bondades de un mensaje incoherente, primitivo y poco o nada elaborado. Un clásico y manido tema de  tratamiento maniqueo: los buenos contra los malos. Aquellos son los muñequitos pintados de azul, en tanto los malos están vestidos de negro. Luego están el muchachito y la muchachita, más la evidente copia del guión de Un hombre llamado Caballo, aunque con un peor tratamiento. Viene salpicada la película con dosis de Pocahontas, La Misión, Danza con lobos y alguna escena que recuerda a Gladiador.

 

En fin, dijera el tango, “que atentado a la razón”. Algo similar ocurre cuando se mira fútbol el fin de semana. Si avatar significa transformación, cambio o fase, tal parece que en nuestro querido deporte eso sucede parcialmente.

 

Hay un pedazo del espectáculo que está desfasado, no cambia, permanece inmutable. Futbolísticamente es posible apreciar partidos atractivos visualmente. Sin embargo no deja de ser preocupante el estancamiento conceptual de los protagonistas directos. Por un lado avanzan, por el otro tienen los figurines atrasados. Más preocupante aún es cuando se escuchan algunos comentarios que, con la intención de aclarar, terminan configurando opiniones que se dan de patadas con el reglamento.

 

En notas anteriores se ha dado cuenta de alguno de estos aspectos. Mas, como este espacio pretende, entre otras cosas, advertir acerca de aquellos extremos culturales, las verdades de boliche que no son reglamentariamente acertadas, aquí vamos nuevamente.

 

Con este fin se utilizarán ejemplos de los partidos jugados en el Estadio Centenario el fin de semana del 27 y 28 de febrero.

 

En el partido del sábado de arranque se comenzó mal. Algún jugador pretendía jugar con calzas negras debajo de un pantalón gris. Esto es el abc en el fútbol de hoy: no se puede. En el partido anterior el árbitro les había advertido al respecto, pero optaron por hacer oídos sordos. Si tanto se tira de la piolita, en algún momento se rompe.

 

Razonamiento elemental. Si soy un jugador profesional cuyo equipo utiliza solamente dos colores de pantalón (digamos negro y gris). Si además tengo por costumbre utilizar calzas; ¿será muy complicado tener una calza negra y otra gris?

 

Yendo un poco más profundamente, ¿será posible que un equipo visitante no tome las providencias necesarias para que su equipamiento alternativo no coincida con el del ocasional rival y no tengan que aparecer sus jugadores ridículamente equipados?

 

Algo del mismo tenor ocurrió el domingo. Un jugador que se retiraba por ser sustituido, no tuvo mejor idea que quitarse una muñequera adhesiva azul dejando al descubierto una cintita roja. Fue correctamente amonestado.

 

Los jugadores saben de sobra que no está permitido llevar ningún elemento como caravanas, anillos cintas, piercings, etc. Sin embargo abusan del reglamento utilizando esos vendajes de colores. Entonces, ¿por qué insisten en su pretensión de burlar la regla?

 

Menudo lío se hubiese producido si este irresponsable jugador hubiese estado amonestado.

 

También hemos tocado el tema de los agarrones y empujones dentro del área. Primero se advierte, luego se amonesta, después se expulsa; sin obviar la sanción técnica, en caso de corresponder.

 

El sábado se amonestó a un jugador de River Plate por empujar notoriamente, sin balón en juego, a un adversario que pretendía ir por un centro. El infractor resultó amonestado. ¿De qué se quejaba entonces el profesional sancionado?

 

Si hubiese sido al revés, él mismo iba a reclamar una amonestación para su rival. Lo más curioso del caso es que se ganó una amarilla por tratar de evitar que un jugador diez o quince centímetros más bajo le cabeceara. Pinta de cuerpo entero la estulticia de algunos de aquellos que se denominan profesionales.

 

En determinado momento del primer tiempo del encuentro entre River Plate y Peñarol, se produce un forcejeo entre los jugadores Albín y Zambrana al ir ambos en procura del balón. Como resultado de la acción, el primero de ellos cae sobre la pelota tocándolo con uno de sus brazos.

 

Ahí se complicó todo. El D.T. de River pidió penal; el comentarista ensayó un análisis similar al de la película que se relatara al principio de la nota.

 

Enésima repetición. Las “manos” sólo se sancionan si a criterio del árbitro existe intencionalidad. Resumidamente intencionalidad implica conciencia y voluntad.

 

No cabe ni atisbo de duda que el jugador Albín no tuvo intención de jugar el balón con su brazo.

 

Es tan, pero tan clara la situación que sostener otra cosa significa pecar de malicia o de ignorancia supina.

 

Tampoco puede haber acusación de inhábil aplicación del reglamento al momento de la expulsión del Sr. Aguirregaray. Fue correctamente amonestado y merecidamente expulsado.

 

Un jugador que va a buscar un balón aéreo con su brazo estirado como el de un arquero y encima lo golpea, jamás podrá argüir que no tuvo intención. Fue como el gol de Maradona a Inglaterra, aunque, en el caso de Aguirregaray, con el brazo más extendido aún. Lamento tener que informarles a quienes consideran exagerada la decisión del árbitro que están profundamente equivocados. No hay defensa posible en este tipo de jugadas. Menos aún exageración por parte del árbitro. Dejar pasar un evento de esta naturaleza sin amonestar, hubiera sido un error impropio de un árbitro de categoría internacional.

 

En el minuto veintisiete del segundo tiempo del partido del sábado, el defensor Guillermo Rodríguez salta sobre el cuerpo del atacante Zambrana. Se le sanciona la falta. El defensor protesta haciendo gestos indicativos que es el jugador rival que se agacha – tradición en nuestro fútbol este tipo de protestas -.

 

Otro gran mito del fútbol. Primero. Los jugadores no tienen obligación de saltar, así que no parece una solución acertada saltarles encima.

 

Segundo. Si a una persona erguida se le salta sobre su espalda, ésta cederá (se dobla). Nuestra espalda viene de fábrica así constituida. Un peso excesivo produce una inevitable flexión, y esto no es agacharse a propósito (aunque a veces esto sucede, pero no fue este el caso), es la naturaleza actuando. Por tanto fue bien sancionada la falta.

 

Seguimos. Durante el primer tiempo del partido del domingo, hay un tiro libre frontal al área. Viene el centro y se notan al menos tres jugadores de Nacional en clara posición adelantada. El asistente mantiene baja su bandera.

 

Siendo el balón despejado por un defensa de Racing, es tomado por un jugador del equipo rival quien envía otro centro que es cabeceado por uno de aquellos que, en la jugada previa, estaba adelantado, pero que ya no lo estaba en esta segunda jugada. Diríase que por milagro no se produce el gol.

 

Acudamos a la Regla 11 para analizar la jugada. La primera oración de esta regla dice: “El hecho de estar en una posición de fuera de juego no constituye una infracción en sí.”

 

Quiere decir que cuando viene el primer centro, hizo bien el asistente en no señalar el fuera de juego.

 

La norma agrega que se sanciona a un jugador con fuera de juego “si en el momento en que el balón toca o se jugado por uno de sus compañeros, se encuentra, a juicio del árbitro, implicado en el juego activo”.

 

Debe entenderse por juego activo interferir en el juego, interferir a un adversario o ganar ventaja por estar en posición adelantada.

 

En la jugada bajo análisis no se verifica ninguna de las tres circunstancias puesto que el defensor salta solo, sin alguien de los adelantados que le hostigue. Por tanto ni interfieren en el juego, ni a un adversario. Mucho menos sacan ventaja por estar en posición adelantada: una vez que se resta el balón, conceptualmente se trata de una nueva jugada donde el atacante está habilitado.

 

Esta es una regla de fácil comprensión, pero en ocasiones de análisis complejo.

En este caso el asistente se lució.

 

Desde este lugar instamos a los agentes involucrados en el fútbol a estar atentos a estos aspectos. Ciertamente que la hipercomunicación debe aprovecharse para que nuestro fútbol ingrese en una nueva fase evolutiva. Está todo al alcance de la mano y no se necesita una inteligencia superior para interpretar. De lo contrario, este no sería el deporte más popular del mundo.

 
GOTAS DE FÚTBOL
Olivier Viera
Martes, 23 de Febrero de 2010 16:23
 

Una semana, la anterior a esta, con muchos partidos vistos y peculiaridades que merecen un comentario. Tanto en el orden arbitral como en lo atinente al espectáculo del fútbol.

 

Gota 1. El 17 de febrero hubo encuentros por Copa UEFA. Porto-Arsenal y Bayern Munich-Fiorentina. Ganaron los locales sus respectivos encuentros por idéntico marcador, 2 a 1. Radamel Falcao convierte el segundo gol del Porto en una jugada curiosa. El defensa de Arsenal toca inintencionadamente con su pie un balón larguísimo. El arquero desatento toma el balón con sus manos, y el árbitro indica el correspondiente tiro libre indirecto. Hete aquí que es el propio árbitro que le saca el balón de sus manos al arquero y se lo alcanza a un atacante. Éste, ni lerdo ni perezoso, lo toca hacia Falcao, quien convierte.

 

Considero que hay una aplicación errónea del concepto de velocidad para reanudar cuando se produce un tiro libre. En primer lugar porque se deriva de que es el árbitro quien obtiene el balón del arquero y se lo alcanza al atacante. En segundo lugar porque el árbitro queda parado en una posición tal -entre el atacante y un defensa-, que impide al defensor siquiera intentar un gesto defensivo.

 

En el otro encuentro, el primer gol del Bayern es fruto de la ejecución exitosa de un penal. Es un caso clarísimo que se había comentado en una nota anterior (Al comienzo, 26 de enero del 2010), sobre la ley de ventaja cuando se produce un penal. En esta ocasión el árbitro decide no otorgar la ventaja que, por otra parte, parece bastante clara, optando por la sanción del penal. Hasta aquí, reglamentariamente, no hay objeción posible. Sin embargo no toma la correspondiente sanción disciplinaria contra el infractor a pesar que la falta se cometió con el atacante en posesión del balón estando a la altura del punto penal y frente al arquero que en definitiva es quien rebota el balón.

 

Gota 2. El sábado 20 de febrero comenzó la “B”. Boston River-Sud América fue el partido inaugural. También resultó ser el estreno en primera categoría del árbitro designado para dirigir ese encuentro. No fue un partido del todo difícil. El joven árbitro lo condujo con acierto en cuanto a las sanciones técnicas. Igualmente aún falta mucho trabajo para que logre explotar un potencial que aparenta tener. Particularmente habría que enfatizar en las medidas preventivas, en su ubicación en el terreno y en los desplazamientos. Fue demasiado automático con los movimientos, lo que en ocasiones lo llevó a adoptar posiciones inconvenientes al no marcar presencia en ciertas zonas “calientes” o ante jugadas que así lo requerían. Es de suponer que se habrá tomado debida nota de estos aspectos. Sería bueno para su desarrollo personal se comenzaran a corregir lo más rápidamente posible las falencias.

 

Gota 3. Es de destacar el buen pie de dos jugadores. El número 10 de la IASA, Gonzalo Curbelo que necesita compañía pues, al menos en este partido jugó prácticamente solo; y el ingresado en el segundo tiempo en Boston River, Juan Figueroa. Parece incomprensible que haya estado en el banco de suplentes. Jugó sencillo, moviéndose de manera permanente y con alta precisión en los pases. Fue de lo más destacado a pesar de jugar apenas 45 minutos.

 

Gota 4. Una mención especial para la camiseta de Sud América. Un naranja intenso enmarcado en un diseño original que recuerda a un template de la marca Puma. Ya que estamos en el tema, recomiendo visitar la página lacasaca.blogspot.com (no lleva www antes pues se trata de un blog). Ahí hay una cantidad interesante de diversos diseños de camisetas. Incluso algunos para la selección uruguaya bastante más atractivos que el que hace poco se presentara como casaca a lucir durante el mundial.

 

Gota 5. Lindo partido en el Palermo. Central Español y Cerro fueron los protagonistas. Al respecto dos observaciones. El árbitro del partido es una persona que está curtido en estas lides. Puede manejar adecuadamente cualquier partido de primera división. Es, como árbitro, veterano. Vale decir sin posibilidades de acceder a la categoría internacional. ¡Pero está arbitrando en la máxima categoría nacional! Sin embargo de un tiempo a esta parte dirige de una manera displicente y despreocupada. Corriendo poco y nada. Ubicándose en una posición central que en la mayoría de los casos lo deja lejos de las jugadas. Flaco favor se está haciendo justo al cierre de su carrera que no será exitosa, si es que se la pretende evaluar incorrectamente por haber obtenido, o no, la categoría internacional. En la nota anterior se comentaba que arribar a la categoría internacional es un evento contingente, sumamente azaroso. Por tanto la jerarquía arbitral que ha alcanzado merece una actitud de mayor dignidad al momento de enfrentar el partido del fin de semana. Hay que dar lo máximo hasta el final. De lo contrario se empobrece la actividad del árbitro hasta situarla apenas en un pasar los noventa minutos. Ojalá alguien le haga ver que este tipo de actitud es absolutamente contraproducente tanto individual como colectivamente.

 

También fue inconveniente y reprochable en grado sumo la actitud que tuvo el D.T. de Central Español. Previo inicio del segundo tiempo, cuando aún Cerro no había ingresado no tuvo mejor idea que gesticular repetidamente en dirección a la parcialidad visitante de un modo provocativo. Por supuesto que la reacción no se hizo esperar. Destemplada e insultante, incluso agresiva pues se vio partir claramente desde la tribuna un proyectil que cayó a la altura de la medialuna del área intentando impactar en el entrenador. Siendo que estos hechos se suscitaron sin otros elementos de distracción, llama la atención que no se haya expulsado al D.T., tal como debió hacerse.

 

Gota 6. Tal parece que la pregonada lucha contra la violencia es una declaración de voluntad con período de vigencia de lunes a viernes. Llegado el fin de semana rápidamente se disipa. Un caso claro es el recién mencionado del entrenador de Central Español. Pero también están los propios protagonistas, los jugadores. En Boston River- Sud América, un jugador resultó expulsado por agredir mediante un golpe a un rival durante un forcejeo. En Central Español – Cerro un jugador de este último equipo, habiendo perdido el balón, le pegó desde el suelo un “patadón” desde atrás a un colega. Vale recalcarlo, se trata de un colega y no de un rival en una guerra. Se justificó diciendo que se le saltó la cadena. Hay más ejemplos. Fijemos la atención en el partido Fénix – Defensor Sporting. Un jugador de selección se lanzó con sus dos pies en forma de plancha hacia el físico de un rival. Roja directa. Encima el jugador protestó. Otro jugador en el mismo partido supuestamente ingresó para intentar convertir goles. Se trata de un delantero. Pues bien, en algo así como dos minutos se ganó una amarilla y una roja. Lo peor del caso es que se adoptó la moda de aplaudir a los expulsados. Tampoco se trata de que se los abuchee o insulte, pero al menos razonemos que no pueden dejar a sus equipos en inferioridad de condiciones y encima ser despedidos bajo el honor de los aplausos.

 

Gota 7. Cuando todos pueden pasar cómodos en un espectáculo, tanto mejor. Por eso las autoridades deberían cuidar algunos detalles. Por ejemplo en las canchas como el Méndez Piana o el Palermo que tienen tribunas bajas, no podría permitirse colocar banderas sobre el alambrado puesto que tapan la visión de la cancha. Si es que se valora a quien paga su entrada, entonces comencemos por respetarlo no aceptando pasivamente las banderas que impiden mirar el fútbol. Sería una pequeña muestra de delicadeza y consideración hacia el cliente, tanto como baños en condiciones o tribunas barridas. ¿Es tanto pedir?

 
SOBRE UNA CLASE DE AMOR
Olivier Viera
Miércoles, 17 de Febrero de 2010 13:34


Teniendo tiempo, puede resultar sumamente ilustrativa la navegación. Me refiero a la inmersión en el ciberespacio.

Pues bien, en una de esas incursiones por el universo digital, di con un artículo de por aquí cerca. Una nota en una página uruguaya (Quenonino), cuyo título es “Quiero ser juez”.

El autor utiliza un seudónimo que es Enzo Armando, lo que denotaría claramente sus preferencias futbolísticas. Al menos eso quiero imaginar.

Como es brevísima citaré textualmente la inquietud del escriba, que se pregunta:
“¿Qué clase de misteriosa sinapsis neuronal se activa en una persona para que desee ser árbitro de fútbol? ¿Será la realización de un profundo deseo masoquista? ¿Se trata de seres que a lo largo de su vida fueron sometidos al destrato y quieren venganza? ¿Serán personas que precisan de la adrenalina del peligro para sentirse vivas?”

Y continúa preguntándose: “¿Serán tan nobles e ingenuos que creen vehementemente que la justicia y la paz es posible en el fútbol? ¿Sentirán placer de impartirle órdenes a tipos que ganan 20 veces más que ellos? ¿Será la única forma que encontraron de pisar una cancha de fútbol ya que por su talento como jugadores no lo hubieran hecho nunca? ¿Habrán perdido alguna apuesta? ¿Buscarán la bendición del Toto”?

Lamentablemente el periodista no avanza en la respuesta que estima sea la más certera.
Vamos a tratar de responder.

Como en muchos órdenes de la vida, tendemos a buscar respuestas complejas a situaciones cuya solución es simple. No necesariamente inquirir acerca del por qué alguien hace algo debe culminar con una conclusión compleja. Las motivaciones humanas son inescrutables, pero en general se acomodan a respuestas simples. Tanto que ni siquiera logramos imaginarlas.

Supone el autor que la elección por el arbitraje deportivo puede ser el resultado de una alteración genética. En tal caso, ¿se trata de que los árbitros son seres más evolucionados?

No parece ser así.


Tampoco tiene que ver ni con episodios que requieren una explicación lindante con el psicoanálisis o derivados de una inadecuada valoración de las posibilidades que el deporte brinda al desarrollo humano.

Mucho menos se trata de pisar el verde césped porque, en ese caso, también cabría preguntarse si no comparten idéntica frustración con los periodistas.

Más disparatadas, aunque lucen ingeniosas y simpáticas, son las hipótesis centradas en recibir la aprobación de una persona de profundo e innegable conocimiento de los meandros del fútbol, mas relativamente poco avezado en técnica arbitral; o esa ansiedad por gobernar aunque sea sólo noventa minutos al “poder económico” que representan los futbolistas.

Aquí, en los “tipos que ganan 20 veces más”, alguna vez algún especialista debería detenerse para derribar un conjunto de mitos al respecto. Si quiere le regalo la idea al cronista anónimo Enzo Armando, para que explore el día a día de los futbolistas y el día después.

Quizás nos percatemos de la deuda que hemos generado con estas personas e informemos a los jóvenes para que no vivan en una nube de fantasías.

Retornando al centro de la cuestión, trataremos de ensayar alguna respuesta. De las que conozco, tal vez la que exhibe mayor probabilidad de ocurrencia es… por casualidad.

En muchas ocasiones se ha oído que cierta persona que luego se hizo árbitro, un día, vio el aviso en el diario en que la AUF anunciaba la apertura de los cursos.

Ahí “cayó”, ahí se encariñó con la profesión y ahí se quedó. Hay que entenderlo. No se trata de una vocación – sólo en contadísimos casos es así -, se trata de un enamoramiento.

Que se despierta con el desarrollo de la actividad misma, que se nutre de compañeros que pasan, que abandonan, y de otras generaciones que empujan fuerte por ocupar el lugar que otro tiene.

El arbitraje es un deporte competitivo, believe it or not. Pero también es cooperativo. Muy competitivo y muy cooperativo.

Al principio todos quieren ser árbitros internacionales. Es lo mismo que ocurre con los futbolistas: todos desean jugar en primera y vivir del fútbol. Los árbitros saben que no podrán vivir del fútbol y que es virtualmente imposible llegar a tener el escudo FIFA.


Una simple operación aritmética basta. En Uruguay hay alrededor de ciento cuarenta árbitros sólo en el fútbol profesional, de los cuales tradicionalmente apenas siete son internacionales. Esto es el 5% si no consideramos a los árbitros de OFI, a los árbitros amateurs, a los de la Liga Universitaria, etc.

No cabe duda que continúan arbitrando por puro enamoramiento. Dejar la familia, no ver crecer a los hijos, sólo es posible por amor. Ni por poder, ni por genética, ni por obtener aprobación, ni por vocación.

Después tenemos otras opciones también sencillas. Por ir con un amigo, para probar como es, porque algún familiar o amigo lo sugiere. Son sencillas explicaciones para una “rara” decisión.

¿De qué se enamora un árbitro?,
es la pregunta siguiente. Del instructor en primer lugar. Es como con la maestra, el instructor ocupa un lugar de padre, hermano y amigo. A él nos debemos y por él es necesario que mejoremos. Él es capaz de ponernos en vereda, de cobijarnos e igualmente continuar siendo el tipo más exigente y ácidamente crítico de nuestra labor.

 Luego, de los compañeros de generación al momento en que íntimamente nos proponemos llegar juntos a “primera”.

Cuando la carrera nos desperdiga, entonces están los restantes compañeros de camino o los referentes que siempre se muestran prestos a tendernos una mano.

Cada uno con sus particularidades, con sus berretines, sus manías, su picaresca, su gravedad, sus virtudes y sus vicios. Hay temas en los cuales se disiente y otros en los que hay coincidencia.

En fin, es un largo proceso de crecer que tiene su punto cúlmine en el partido del fin de semana. Pero no ese partido con el estadio repleto de gente y que el lunes aparece en el diario. Es un partido ignoto en una cancha ignota de una ignota mañana, que tiene como únicos espectadores a los padres de los jugadores. Que están ahí, únicamente por amor.

Si todo fue bien, la felicidad se torna inconmensurable. Cuando algo no salió como era esperado siempre hay alguien, un colega que compite y muestra su veta cooperativa, o el instructor que tiene el lomo curtido de experiencias, o uno de aquellos referentes, que pasa su brazo sobre el hombro del compañero y le hace recordar que los árbitros no tienen historia. Sólo vale la pena mirar hacia delante y demostrarse que lo que identifica a un árbitro es su fortaleza anímica. La capacidad de seguir eternamente adelante centrado siempre en servir más y mejor al fútbol, al reglamento y no al propio interés.


Porque mirar hacia adelante, es la única solución que se conoce para que la propia familia no pague las culpas de esta “clase de amor”.

¿Ve Enzo Armando que es pura y simplemente una historia de amor basada, como todas las historias de amor, en la casualidad?

Son historias inconclusas, también como las de amor. Se trata de historias de vida, igual que las de amor. Son historias de encuentros y desencuentros, de idas y venidas, de alegrías y tristezas, de compañía y soledad. Nada diferente al amor. Nada diferente a la vida.

Sólo una sugerencia final, estimado Enzo Armando. Si usted ya tiene una clase de amor, entonces habrá comprendido estas líneas. Si aún no la tiene, búsquela, después comprenderá.

 
MISCELÁNEA
Olivier Viera
Lunes, 08 de Febrero de 2010 16:35


Fe de erratas.
En la nota anterior textualmente se decía: “los tiros libres indirectos no conllevan sanción disciplinaria de amonestación”. Pues bien, esto no es así. Sucede que al momento en que se escribió, el pensamiento estaba centrado en siete de las ocho faltas que menciona la Regla 12 (Faltas e incorrecciones) como sancionables con tiro libre indirecto. Una de ellas, la última de la lista, es un imperativo residual y efectivamente lleva amonestación pero no corresponde a una falta en sí sino a un conjunto de ellas de diversa índole. Por ejemplo, si un jugador protesta al árbitro mientras se desarrolla el encuentro, el árbitro detiene el juego, amonesta al jugador y concede tiro libre indirecto al equipo rival. Aquí hay un caso de tiro libre indirecto que conlleva amonestación. También está el caso de una conducta antideportiva en que un jugador le pide el balón a un rival buscando engañarlo. Igualmente corresponde una amonestación y reanudación con tiro libre indirecto. Adicionalmente pueden mencionarse dos casos inhabituales como el de un jugador que levanta el balón y se lo alcanza a su guardameta con la cabeza o el muslo. Independientemente que el guardameta toque el balón con sus manos se le sanciona al jugador con un tiro libre indirecto y se le amonesta. La otra situación proviene de lo establecido en la Regla 3 (El número de jugadores). Ahí se establece que si un jugador suplente o un jugador que ha sido sustituido entra a la cancha sin permiso del árbitro, éste debe detener el juego (aunque no de inmediato si el suplente o sustituido no interfiere en el juego), lo amonesta, indica que debe retirarse de la cancha y reanuda con tiro libre indirecto a favor del equipo contrario lanzado desde donde estaba la pelota cuando el árbitro paró el juego. Así que, a los lectores, las disculpas del caso. Lo bueno de escribir, es que, a diferencia con arbitrar, hay tiempo de rectificar.

Sanciones a árbitros.
Viene a colación la frase final del apartado previo ya que, a los efectos del juego, las decisiones del árbitro se consideran definitivas. No existe instancia de revisión. Si existiera, sería posible volver a jugar los instantes finales del partido Francia-Irlanda que se comentara en dos notas seguidas. A partir de la constatación del error del árbitro, se reanudaría con un tiro libro directo a favor de Irlanda por la mano cometida por Henry. Esto no es posible. Tal como lo afirmó FIFA, el propio reglamento del juego lo impide. Ahora bien, ¿qué hacer con un árbitro que se equivoca?


Este es un tema de difícil elucidación. Desde la perspectiva clubista la respuesta será que si el árbitro con un fallo perjudicó a un equipo, entonces debe purgar una sanción que será fijada en “equis” partidos de competencia. A veces se argumenta que, si cuando un jugador se equivoca es expulsado y sancionado al menos con un partido, ¿por qué no habría de hacerse otro tanto ante un error arbitral?


La respuesta a esta suerte de argumentación es bien sencilla. El jugador está sometido a un reglamento si quiere participar del fútbol. Cuando infringe determinadas normas es sancionado por ello. Todos los jugadores saben que si se quitan la camiseta cuando convierten un tanto, serán amonestados. Todos los jugadores de nuestro país saben que si son expulsados al siguiente partido estarán suspendidos. ¿Qué se persigue con la pena? Que el infractor recapacite en cuanto a su conducta dentro del terreno y evite repetirla. Esto es totalmente diferente a lo que ocurre con un árbitro. El árbitro se equivoca. Supongamos que se “come” un penal. Supongamos también que se le suspende en razón de su error. Se lo manda para su casa y listo. ¿Qué nos asegura que al siguiente partido no se “comerá” otro penal? Pues absolutamente nada. El jugador podrá recapacitar, el árbitro no puede dejar de ver lo que ve, o no ver lo que no ve. Aquí está la diferencia. Encima el árbitro recibe una cuádruple sanción: un bajo puntaje que afecta su carrera, la sanción posterior que va a su legajo, la misma sanción que se considera un demérito al momento de categorizarlo y, además deja de percibir su viático correspondiente. Pero lo único que se hace es mandarlo para su casa los fines de semana. Es imposible que una sanción modifique la percepción de las personas. Lo peor de todo es que al equipo perjudicado no se le puede resarcir por el daño puesto que no existe la instancia de revisión de los fallos arbitrales. Tampoco se comprende que a nadie le gusta equivocarse. Sería una estupidez “equivocarse” a propósito, ya que es ir en contra de la propia carrera. El único argumento valedero por el cual se sanciona a los árbitros se traduce en una palabra: venganza. La venganza es la justicia enojada. Envilecer el concepto de justicia en nada colabora al perfeccionamiento del fútbol. Así lo reconoce el Reglamento interno del Colegio de Árbitros de la AUF que prohíbe sancionar a un árbitro con motivo de una decisión errónea. E igualmente se aplican sanciones directas por errores de apreciación o veladas, simplemente no designando al árbitro. Ser sancionado por percibir erróneamente no cambia en nada la esencia del árbitro. Sancionar a una persona por el hecho de serlo, no habla muy bien de quien aplica la sanción.

Mundial.
Finalmente se conocieron las ternas que concurrirán a Sudáfrica. Según notas de prensa, que no coinciden totalmente con los datos que poseemos puesto que aún existe alguna posibilidad diferente, dos ternas uruguayas llegaron a las últimas instancias y sólo una de ellas (Larrionda, Fandiño, Espinosa) solventó todas las evaluaciones previas. La restante (Vázquez, Nievas, Pastorino) lamentablemente, por ahora, habría quedado por el camino. Felicitaciones entonces a quienes arbitrarán su segundo mundial, Larrionda y Fandiño y al debutante Espinosa. Mis respetos a quienes llegaron a estar considerados hasta casi el final de un largo proceso selectivo. Siendo realistas, era muy difícil que dos ternas de nuestro país tuviesen esa oportunidad. También siendo realistas, era prácticamente imposible que siendo una de las ternas la elegida, no fuese la liderada por Larrionda. Así las cosas debemos enorgullecernos por los que van, pero también por  quienes lucharon hasta el final por estar en la máxima instancia mundial. Es una evidencia que, siendo que el sistema arbitral no recibe el mínimo apoyo correspondiente a una actividad cada día más profesionalizada, al menos las virtudes que adornan a nuestros árbitros nos dejan muy bien parados en el orden internacional. Así que el arbitraje estará en el Mundial 2010 y, existen firmes esperanzas que de continuar por esta senda, sigamos teniendo representantes del arbitraje en las más exigentes competencias internacionales.

Anécdota.
Da la impresión que el arbitraje es serio, aburrido y sólo a algunos tipos medio trasnochados se les ocurre vestirse de negro y andar correteando de aquí para allá sin poder tocar la pelota; ni siquiera cuando luego de un centro todos la miran pasar y él, el árbitro, está ahí paradito en el segundo palo con unas ganas locas de mandarla a guardar mediante una soberbia volea. Pero en todos lo mundos que uno pueda pensar, familia, amigos, trabajo, deporte y también arbitraje, suceden eventos risueños. Aquí va uno a cuenta de más.


Cuenta la mitología arbitral que el hecho sucedió en el Parque Palermo en épocas en que había más tierra que césped. Por lo tanto, tal vez la verdadera visión de lo ocurrido esté un poco deformada en razón de la permanente niebla que rodeaba cada jugada en aquella lejana época y por el tiempo transcurrido que también hace su obra.


Era un partido de inferiores. El árbitro, un tipo serio que ignoraba lo pintoresco que era. Tomador frecuente de inusuales decisiones a las que revestía de un cariz solemne, en aquella ocasión pasaría a la posteridad. Resulta que estando el partido empatado se produce una falta muy evidente casi al borde del área chica. Bien ubicado estaba el árbitro, por lo que manda un silbatazo ensordecedor indicando la falta, para júbilo de los jovencitos favorecidos y honda pena del bando opuesto. Pero… inmediatamente indica en alta voz que no era penal sino tiro libre directo dentro del área. Los chiquilines se miraban atónitos y sin entender nada. Los antes jubilosos se mostraron entre confundidos y enojados, los tristes ahora pensaban que tenían una oportunidad. Ahí al borde de los 5,50 metros una falta directa con barrera dentro del área. El veedor del partido no podía creer lo que estaba observando, mucho menos cuando el árbitro comenzó a contar con sus pasos: uno, dos, tres…hasta llegar al número de pasos equivalente a los 9,15 metros, que, lógicamente, terminaban con la barrera (arquero incluido) dentro del arco y pegada contra el fondo de la red, entre protestas, idas y venidas. Así que presuroso corrió hasta detrás del arco y le gritó al árbitro: “Fulano, si quiere cobrar penal con barrera hágalo, pero por lo menos no ponga la barrera adentro del arco”.

 
DANDO VUELTAS POR AHÍ
Olivier Viera
Martes, 02 de Febrero de 2010 19:43

 

Nada hay que comentar de la fecha del fin de semana. Por cierto que hubo tiempo de mirar encuentros interesantes en la faz arbitral, pero será en otra ocasión.
Existe otro mundo. La frase viene como anillo al dedo luego de observar dos partidos del Torneo de Selecciones de OFI.


Miércoles 27 de enero y sábado 30 de enero. El primer partido un clásico del sur entre Canelones y San José. El fin de semana un viaje corto, por demás recomendable, a Nueva Helvecia para el encuentro entre los punteros de la serie: Colonia y Canelones.


Más allá del fútbol vale la pena comentar algunos aspectos relativos al espectáculo matizados con breves e ilustrativas observaciones en cuanto a los trabajos arbitrales.
La primera cita fue en el Monegal que luce una pobre infraestructura, fría y alejada del terreno con lo que el calor de los parciales resulta prácticamente inexistente. No parece posible en ese ambiente y con el diseño elegido para las tribunas que el calor del hincha se trasmita al equipo. Queda todo muy lejano. Incluso un lindo palco techado que tenía, hace cuando menos un año que luce “desplumado” lo que afea grandemente la estética del estadio. Tiempo hubo para la reconstrucción e incluso para mejorar la iluminación. Canelones es un departamento, futbolísticamente hablando, poderoso en atención al aporte de jugadores que llegan de la Capital. No se merece un departamento como este, que incluso albergó como local a un equipo de primera división, el estado de su estadio. Resultó divertida una idea similar a la que se hacía (o hace) en el básquetbol. Durante el entretiempo se sortearon dos números y los poseedores se lanzaron mutuamente penales. El ganador obtuvo su correspondiente premio. Por lo que se vio, parece fácil de afuera lamentarse y enojarse cuando un jugador erra un penal, pero estos hinchas tiraron cuatro y uno hizo dos y el otro tan sólo uno.

Si le interesara al lector: ganó Canelones por dos a uno. Jugó mejor, colectivamente hablando, San José. En este último equipo ingresó cerca del final un recordado jugador de Peñarol, River Plate y equipos del exterior, Martín Rodríguez.

En la faz arbitral, el central tuvo una buena actuación. Se mostró sobrio y sereno el Sr. Fungi (oriundo de Minas aunque representando al arbitraje de Maldonado). Dominó acertadamente las diferentes facetas del juego. No hubo jugadas que dieran lugar a polemizar ni tampoco se complicó con sus decisiones. Sin embargo en una ocasión cometió un error técnico que merece comentarse. La intención es ilustrar a los lectores de esta nota y no criticar al árbitro. En determinado momento del primer tiempo sanciona un tiro libre indirecto (son esos en que el árbitro levanta su brazo). Además, amonestó al jugador que cometió la falta. Pues bien, los tiros libres indirectos no conllevan sanción disciplinaria de amonestación. Aunque sí, y esto puede llamar la atención, un jugador puede ser expulsado por la comisión de una falta cuya reanudación es con tiro libre indirecto. Sencillamente, cuando quien la comete evita una clara opción de gol al equipo rival. De paso agregar que las manos NO se reanudan con tiro libre indirecto, como a veces ha preguntado más de un jugador. Razonemos, si las manos se sancionaran con tiro libre indirecto, no se podría marcar un penal por mano de un defensor dentro del área ya que un penal puede verse como un caso particular de tiro libre directo.

Es un imperativo comentar respecto a la actitud del segundo asistente de este partido, nada que decir en cuanto a sus fallos que fueron muy pocos. Colaboró apenas con el espectáculo y con el árbitro. Su desgano era más que notorio. Caminó la mayor parte del tiempo con la cabeza baja por la banda. Cuando se estacionaba, una de sus manos la apoyaba en la cintura. Nunca se paró de frente a la cancha. Esperemos que cuanto actúe de central, sus asistentes no adopten esa actitud displicente y de poco compromiso. Como sería la cosa que un parcial le gritó promediando el primer tiempo: “línea, ¿qué te pasa? ¿Te hizo mal el viaje o te trajeron en la baca del auto?”


Otros datos a considerar. Partido nocturno con comienzo a las 22:00. Así que hay que engañar el estómago. Y bien que se puede ya que un pancho gigante con papas fritas encima, sale sólo 20 pesos y un refresco de medio litro 30 pesos (la botella y no el vasito).

El fin de semana fue de lo mejor que he visto en espectáculos deportivos en años. Principalmente por la organización y un muy lindo estadio, bien iluminado, un césped precioso, tribunas colmadas (alrededor de 3.000 personas siendo conservador). Una tribuna que sería la América donde no cabía un alfiler, y en la Olímpica un terraplén de césped donde los asistentes se llevan sus sillas plegables. El ambiente bullicioso y familiar era de fiesta puesto que el local podía quedar sólo en la punta de la serie. Los equipos impecablemente vestidos y todo pronto para el inicio del juego. Ingresa Colonia con un cartel alusivo al repudio a las drogas. Aquí viene algo insólito que hace algunos años era moneda común en nuestro país. Se hace un minuto de silencio y, ¡oh sorpresa!, el silencio fue sepulcral. Cuando los energúmenos nos quieren acostumbrar a la falta de respeto y a la desconsideración hacia el otro, esta ciudad, Nueva Helvecia, dio muestras de una decencia que había olvidado existía en nuestro país a través del sencillo expediente de respetar al otro para verse respetado. Ahí mi atención se centró en esas pequeñas cosas que ayudan a completar un verdadero espectáculo. El partido jugado intensamente, pero lealmente, sin especulaciones, sin pérdidas de tiempo interesadas, con dos equipos yendo al frente y un arbitraje del Sr. Arismendi (Durazno si no me equivoco) acorde. Otro elemento para envidiar: el equipamiento de los árbitros. Cuando semana tras semana vemos la utilización de equipamiento de años anteriores o uniformes que sólo tienen los internacionales merced a la provisión de FIFA, llama la atención que en OFI los árbitros luzcan de esa manera.

El entorno impecable. La gente alentando a su selección sin necesidad de insultos. Sin nadie que se parase delante del otro impidiéndole ver. Sin nadie paseándose por las tribunas mortificando a quien pagó su entrada. Cada cosa en su lugar. No había personas solas en la tribuna. Algunos con sus amigos, otros con su familia, pero completa, niños incluidos; otros con su pareja e incluso alguno con su mascota en brazos. Todas las edades, abuelos, abuelas, adultos y jóvenes. Toda una sociedad reunida alrededor del fútbol, sin exclusiones. Algo inusual si lo medimos con parámetros capitalinos. A los niños se los cuida entre todos, así que pueden disfrutar correteando aquí y allá. Ningún grito destemplado, ni gratuitas imprecaciones. Lo peor oído dirigido al árbitro fue: “sos un fantasma”. Inocente, dirán algunos. Cándido, pensarán otros. Me atrevo a decir que este es un país que dejamos escapar por impericia, por priorizar a cierto tipo de hinchas en desmedro de otros, por copiar malos ejemplos que no formaban parte de nuestra cultura. Ese es un tipo de sociedad que creía perimida en nuestro país, una sociedad en que somos capaces de respetarnos en la discrepancia, con exabruptos propios de la pasión deportiva, pero sin apelar a la violencia gratuita y desmedida. Todo tiene un límite y aquí, en Nueva Helvecia, se pudieron apreciar esos límites inexistentes en el fútbol nuestro de cada día. Por suerte aún están vivos y fuertes estos símbolos de nuestra cultura. Para el que quiera experimentar esa sensación, lo invito a que también se de una vuelta por esa ciudad. No vaya sólo. Su familia se lo agradecerá. Sólo espero que no haya sido un espejismo lo que sucedió el fin de semana. Y si lo fue, al menos mi familia estuvo ahí y disfrutó de algo que en otro tiempo era la norma y no la excepción. Si por azar se leyera este artículo, felicito a los organizadores e insto a esa gran familia coloniense a que cuiden ese intangible cultural de bonhomía, decencia y respeto deportivo que tal vez no tengan clara conciencia del valor que tiene el poseerlo. Cuidemos lo bueno que, por bueno, es cada vez más escaso. Si algún dirigente capitalino no tiene nada que hacer el fin de semana y quiere contemplar el fútbol que están dejando escapar, pase por ese lugar. Total es cerquita, los chorizos los hacen a la parrilla y están a pedir de boca.

 
AL COMIENZO
Olivier Viera
Martes, 26 de Enero de 2010 13:18

 

Tempranito comenzó en esta primera parte del año la segunda parte del torneo. La faz arbitral mostró encuentros no demasiado complejos de dirigir aunque sí algunos de bastante intensidad.

De acuerdo a los partidos vistos, el nivel puede tildarse de bueno hacia arriba. Merece destaque especial la labor de Líber Prudente. Específicamente porque, debido a una importante lesión, ha estado meses, muchos meses, alejado de un terreno de juego. Esto provoca, al igual que sucede con los jugadores, lo que se denomina “falta de fútbol”.

No obstante ello dirigió con soltura y criterio, tratándose de un partido que no era uno más, sino un clásico. Encima disputado muy intensamente.

Soportó el ritmo en una mañana de mucho calor y mostró que, una vez más, está sobre el camino. Es difícil volver a la actividad en estas circunstancias y sin ritmo competitivo. Enhorabuena y mis plácemes por el retorno.

Adicionalmente es del caso comentar algunos hechos curiosos. Fácilmente puede observarse que en nuestro fútbol profesional únicamente existe la figura del 4to. árbitro en los partidos televisados.

Increíblemente nadie parece percatarse acerca de las desigualdades que tal hecho genera.

De alguna manera el espectáculo es más seguro, hay más garantías para los actores cuando hay un cuarto árbitro. Por lo pronto son dos ojos más que colaboran. Se hace posible viabilizar rápidamente las sustituciones. Si se me permite la digresión, sería mejor aún si el jugador que ingresa le presenta al cuarto árbitro una tarjeta donde el
técnico escribe número y apellido de quien sale y número y apellido de quien ingresa.

Adicionalmente coadyuva a que asistentes y árbitro se concentren en lo que ocurre dentro del terreno y no deban, además, prestar atención a los eventos que ocurren fuera. Léase, control de bancas de suplentes, técnicos, preparadores físicos, jugadores que calientan, posición de los fotógrafos, etc.

No en vano FIFA ha establecido esta función. Lógico sería que en todos los encuentros hubiese un cuarto árbitro. La situación actual en que, como se dijo, sólo algunos equipos gozan de este privilegio es manifiestamente injusta, por desigual.

Si es que todas las instituciones han de competir de una buena vez en igualdad de condiciones, ya es hora de que se comience a revertir este aspecto. A algunos mitos hay que deshacerlos de una buena vez.

He aquí un intento.

Reza uno de estos mitos: “En el penal no hay ley de ventaja”. Viene al caso a raíz de una jugada del partido Nacional-Cerro Largo, que se ha comentado en algún programa televisivo y en esta misma página. Pues no es así. Hay que manifestarlo enfáticamente. Se trata de un mito, una verdadera falacia.

Con el fin de que se entienda definitivamente, apelemos al reglamento.


La Regla 5 (El Árbitro) indica al respecto en el apartado “Poderes y deberes”: “El árbitro (…) permitirá que el juego continúe si el equipo contra el cual se ha cometido una infracción se beneficia de una ventaja, y sancionará la infracción cometida inicialmente si la ventaja prevista no sobreviene en ese momento”.

Es esta la famosa ley de la ventaja.

Breves comentarios en torno a ella.

 

En ningún lugar del texto dice, ni siquiera leyendo entrelíneas o apelando al espíritu de la norma, que debe aplicarse en ciertos sectores de la cancha y no en otros (v.gr. las áreas ante faltas del equipo defensor).

Tampoco se desprende lo más mínima alusión al tipo de falta. Ya sea una infracción sancionable con tiro libre directo, tiro libre indirecto o, propiamente, penal, serán evaluadas por el árbitro, en atención a la ventaja, idénticamente.

Asimismo quien interpreta el beneficio, o no, de la ventaja será el árbitro y nadie más. Es una cuestión de criterio que atiende a distintas circunstancias que no viene al caso comentar ahora.

Finalmente, a diferencia de lo que ocurría años ha, a pesar de otorgar la ventaja, igualmente el árbitro podrá dejar sin efecto su primera decisión y optar por sancionar la falta original. Supongamos, ya que estamos, que un arquero comete una falta penal a la altura del punto penal. Igualmente el delantero sigue, trastabillando, rumbo al arco. Desequilibrado y con mala fortuna, patea deficientemente y el balón sale fuera. Cuando el árbitro sancione la pena máxima, ninguna objeción podrá interponerse a su decisión. Estará estrictamente ajustada a reglamento.

Es hora que se comprenda de una buena vez, al menos esta situación. Flaco favor se les hace a los simpatizantes si continuamos aferrados a estas, como se las denomina en la jerga referil, “verdades de boliche”.

 
APUNTES DE VERANO
Olivier Viera
Martes, 19 de Enero de 2010 14:08

¡Por fin algo de fútbol! Al menos la Copa Bimbo quiso pre anunciar el retorno a la práctica competitiva en nuestro país.

Comentario de aficionado: imprecisión, falta de ritmo y todos los etcéteras y excusas habituales en un intento por justificar la pobreza de los partidos.

Igualmente es posible sacar algunos apuntes de variada índole.

-Penales y portería. Merced a la definición mediante tanda de penales en el partido clásico, nos enteramos que quien elige la portería donde se efectuarán los tiros es el árbitro. Bueno, a fuer de ser sinceros, por cierto hace cuando menos un cuarto de siglo que así es. Un cuarto de siglo es una elección caprichosa, tanto como la del árbitro, elegida como manera de indicar que este aspecto normativo es anterior al tiempo en que cualquier de los actuales árbitros comenzara a arbitrar. Así que ¡vaya novedad que nos trajo el torneo de verano! Es lo bueno de definir por penales, encima que se ve algún gol, colabora en que algunos se enteren por internet acerca de reglas añejas. No hay, como en otros aspectos reglamentarios, interpretación ni flexibilidad posible. Se trata de un imperativo insoslayable: “el árbitro elegirá la meta en que se ejecutarán los tiros penales”. Es la pura decisión del árbitro puesto que la regla tampoco indica criterios para la selección de la portería. No hay, ni habrá – a menos que pretendamos ingresar en una discusión bizantina -, ninguna razón plenamente satisfactoria para la elección. Sería como preguntarle a un capitán por qué elige cara o número. Es una pregunta sin respuesta. En el caso que nos ocupa la respuesta más certera la dio el árbitro del clásico: “porque el que decide soy yo”. No gastemos pólvora en chimangos. Si así es, entonces respetemos, aunque no nos guste, la decisión del árbitro al ajustarse en un todo al reglamento.

-El valor de la experiencia. La terna designada para la definición del tercer puesto, es una terna joven, muy joven. Aparentemente con buen futuro. Si esto es así, entonces el sistema futbolístico debería comprender que están en una etapa de aprendizaje donde muchas veces (lamentablemente el arbitraje es así) se aprende cometiendo errores. Los partidos de nivel internacional son una prueba de fuego y, por lo tanto, son aquellos en que la experiencia para dirigir se nota. Principalmente los jugadores manifiestan una asombrosa capacidad para captar este sutil aspecto. Ayer no fue la excepción. Hay una exquisita definición que indica que la experiencia no es haber vivido sino saber qué hacer con lo que se ha vivido. Notoriamente, entonces, la terna designada aún no puede discernir su que hacer si ni siquiera ha vivido. Pero no parece ser una buena oportunidad de comenzar a vivir, justamente en un torneo internacional que, por otra parte, difícilmente sea amistoso más que en los papeles. Esa terna aún no ha pasado por el tamiz de un Danubio-Defensor, o de un Cerro-Rampla, o de Nacional o Peñarol en combinación con alguno de los anteriormente nombrados. Es lo más cercano que tenemos a un encuentro de carácter internacional de la naturaleza del que comentamos ¿Había otras opciones de ternas? Por supuesto que sí. Muchas y de mayor experiencia. ¿Era absolutamente necesario exponer a esas personas, más cuando se trata de un partido televisado que puede verse en todo el mundo? Parecería ser que no. Todas las cosas tienen su momento y su lugar. Los árbitros, como personas, no son elementos descartables. Esperemos que se comprendan estas cosas para el torneo próximo a comenzar. Es meramente una opinión cuyo único valor está en ser una opinión.

-Centro al área. A esta altura la complejidad del tema se ha tornado preocupante. En una nota anterior (2 en 1 del 19 de noviembre del 2009) se hacía mención al tema tomando en consideración la dificultad para controlar los “agarrones” en el área en el partido de ida Costa Rica-Uruguay. Existen y son claras las indicaciones reglamentarias preventivas y, llegado el caso, también las sanciones son claras y explícitas. Al igual que ocurría hace años con el control de la invasión en los penales, los árbitros no se están esmerando en la aplicación de los extremos reglamentarios. Como consecuencia, progresivamente, se hace muy difícil para los atacantes marcar goles provenientes de un centro. Cuando los técnicos optan por una marcación al hombre con lo que la responsabilidad pasa a ser individual, los jugadores apelan a cualquier artilugio con tal de lograr su objetivo y los árbitros no aplican en conjunto y consistentemente la regla, se está ante la combinación perfecta para inhibir el juego limpio. La cuestión es grave y si no se toman a tiempo las medidas, se agravará aún más. No se trata de aquel dilema de los noventa entre la “mancha” de Castrilli y el “siga, siga” de Lamolina. Se trata sencillamente de aplicar la regla que está sabia y ponderadamente redactada. Otra esperanza para el próximo torneo.

-Reglas de menor nivel. En el imaginario popular parece habitar la idea que ciertas reglas no son tan importantes como otras. Sin embargo todas y cada una de ellas tienen el mismo rango y no debería dejarse a un lado la aplicación de alguna porque es “apenas accesoria” para el normal desarrollo del juego. Algo de esto ocurre con el saque de banda… hasta que sucede que un jugador manifiesta una extraordinaria capacidad para lanzar sus saques de costado a manera de un saque de esquina (corner). Aquí si es importante que la ejecución se haga tal y como lo indica la Regla 15. De lo contrario podría convertirse algún que otro tanto burlándola. Entonces, nuevamente, hay que estar alerta a estos detalles. Viene al caso porque en el partido final disputado entre Danubio y Nacional, llamó poderosamente la atención un jugador de este último equipo que al ejecutar los saques de banda, éstos caían en el corazón del área. Pueden estar sucediendo dos cosas. La primera es una inusual capacidad física del ejecutante. La restante es que esté efectuando los saques no ajustándose a reglamento. El caso de que se trata parecería ser, de acuerdo a lo poco que pudieron mostrar las imágenes televisivas, una mezcla de ambos aspectos. Prevengamos, entonces, que también las reglas “menores” se apliquen como debe ser, antes que suceda algo tan indeseado como la ocurrencia de un gol derivado de una falta en la ejecución de un saque de banda.

-A la salida. De acuerdo a diversos medios de comunicación al finalizar el encuentro clásico se produjeron detenciones al por mayor. Ayer, dos horas antes del comienzo del primer partido (seis de la tarde), se desviaba el tránsito a la altura del Estadio Centenario con la consiguiente incomodidad para las personas que estaban esperando transporte en una parada en la cual, sin aviso, ya no pasarían ómnibus hasta la medianoche; y también para quienes salían de sus trabajo deseando llegar a sus hogares, el desvío los alejaba unas cuantas cuadras al modificarse la ruta habitual. Claro que estos casos son pocos, tan pocos como aquellos que generan la incomodidad. Pero merecen que la celebración de un partido de fútbol no se transforme en una odisea momentánea. Líos hubo siempre, se dice. Posiblemente si. Pero nunca tan pocos fueron causantes de tantos desórdenes sea que se los controle, o no. Si con controles cada vez más férreos igual se producen estos hechos, ya es hora de comenzar a aplicar otras medidas. Supuestamente existen figuras legales a las cuales acudir, pero tal vez se haga necesario un complemento. Tal el caso del derecho de admisión para los clientes del fútbol. ¿No será hora de permitir el ingreso a las diferentes canchas sólo a aquellos que van a disfrutar y no, siendo benévolos, a molestar? ¿Puede elaborarse una base de datos con clientes del fútbol para después clasificarlos en deseables e indeseables en razón de su conducta? Tal parece que las posibilidades tecnológicas lo permiten. ¿Por qué no asociar la venta de entradas con una persona en particular y llevar un historial para no venderle a quienes llevan adelante acciones violentas? No es un proceso difícil, ni caro. Insume un tiempo la implementación. Así que únicamente se requiere paciencia, ingenio para combinar con otras medidas y voluntad para persistir en el esfuerzo si es que este es el camino.
 
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