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Felipe Castro
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Lunes, 28 de Septiembre de 2009 20:51 |
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La siguiente sucesión de notas pertenece a un autor anónimo español, y dan cuenta del asombro que sintió al descubrir el amor por el fútbol de su país manifestado por un grupo de uruguayos en la región de La Mancha. Estas notas fueron encontradas por mi amigo el Rolo en un subte en Barcelona; me las mandó hace tiempo y sinceramente, no sabía qué hacer con ellas. Pero este fin de semana no pude ir al estadio porque soy músico y me tocó irme a tocar al interior. Tanta fue mi desazón al saber que no podía estar con mis colores y mi gente, que consideré este momento como el apropiado para compartirlas con ustedes. Así que a continuación transcribo de forma textual las anotaciones del desconocido escritor ibérico. En un lugar de La Mancha de cuyo nombre me es imposible acordarme porque soy de Navarra, detuve mi coche en una taberna cercana a la autopista. Necesitaba beber una caña para poder continuar mi viaje. Al entrar intuí a simple vista que la gran mayoría de los presentes debían ser inmigrantes; no sé muy bien por qué, quizás por esa percepción nacionalista que algunos españoles tenemos. Al poco rato me di cuenta de que no estaba equivocado: absolutamente todos eran inmigrantes. Lo más curioso fue descubrir que eran todos uruguayos, uruguayos de Uruguay, como este Diego Forlán, que según tengo entendido es una hostia haciendo goles. Mis conocimientos futbolísticos son realmente pocos, y de no ser por el cansancio y por la novedad de sentirme más en Uruguay que en España hubiera huido de allí de inmediato. Pues bien, el hecho es que estos uruguayos eran todos grandes futboleros, hinchas cada uno de un equipo diferente. Los detallo porque luego de un rato todos se presentaron, como en un juego televisivo para chavales, diciéndome su nombre, el equipo del que eran hinchas, el tiempo que hace que viven en España y algunas de las razones que los había traído a estas tierras. El Chicle García era un flaco algo rubio, de cara más que amistosa. Chicle era su sobrenombre porque siempre estaba con goma de mascar en la boca. Fue el que rompió el hielo conmigo, el foráneo del lugar, contándome que era un fervoroso hincha de Racing. Descubrí que en Uruguay se utilizan muchos aforismos ingleses, ya que había otro que era hincha de Liverpool y se llamaba Washington, y había un pequeñajo por demás ocurrente al cual llamaban “Corto” y cuyo cuadro era Wanderers. Mi fascinación en aquella tardenoche manchega crecía sin parar. El “Nueve” era un castizo de manos curtidas hincha de Peñarol, uno de los dos equipos que conocía de aquel país. Le decían Nueve porque un arado le había sacado el dedo índice de su mano derecha. Me contó que durante la última crisis económica que sufrió su país vino a España en busca de mejor suerte para él y su familia, y que sin querer había dado con aquel lugar donde encontró ya radicados a estos compatriotas suyos. Consiguió trabajo en una granja cercana y pues nada, allí estaba desde entonces. Todas las historias eran algo parecidas, salvo Juan, un calvo enorme que se vanagloriaba de ser de la tierra de donde nació Gardel - dando por sentado que yo sabía a qué parte de Uruguay se refería - y que había llegado a España escapando del carnicero de su pueblo natal, hace muchos años, cuando era un chaval. Pues resulta que, según me contó ante las risotadas de sus colegas que le pedían que repitiera por enésima vez la misma historia, cuando era un joven de diecitantos años se veía a escondidas con una cincuentona de enormes pechos y muy afecta a los revolcones. El problema es que esta tía era la esposa del carnicero del pueblo, que por tratarse del único carnicero del pueblo, era una eminencia. Una noche en un baile en la escuela del lugar, al cual habían asistido todos los habitantes, la señora entrada en copas no tuvo mejor idea que comenzar a los arrumacos con el bueno de Juan, en un rincón oscuro. No le importó que su marido, también entrado en copas, estuviera cerca y Juan, con la efervescencia de la juventud, tampoco se preocupó de la cercanía del esposo. Pues nada, que aquel lugar oscuro de repente dejó de serlo y Juan se percató de que era el escenario, donde unos músicos comenzarían a hacer bailar a los presentes. Menuda sorpresa se llevó el pueblo entero al ver a la esposa de su majestad, el único carnicero del pueblo, con las ropas medio arrancadas apretujando con un mozalbete. Tanta fue la vergüenza y la deshonra de aquel señor, que comenzó a correr a Juan cuchillo en mano y no se detuvo hasta la carretera. Juan marchó a Montevideo, que es la capital de Uruguay, y a los dos días, todavía soñando con aquel cuchillo desenvainado, marchó hacia España donde vivía su abuela. Ningún otro me pareció digno de mención, a no ser por Omar, un moreno también calvo al cual apodaban “El Mudo”, pues porque no hablaba nada. Me enteré por los demás de que era hincha de Nacional, porque él ni jota. Me contaron entonces el motivo de su reunión aquel domingo tan entrada la noche. Todos coincidían en que lo peor de vivir lejos de su tierra era no poder ir a ver a los equipos de sus amores. Era realmente extraño, porque a mí no me gusta el fútbol, y sin embargo cada palabra, cada lamento, calaba hondo en mi corazón. Cada uno se imaginaba en las tribunas de los estadios de sus equipos y repetía cánticos indescifrables - aún tratándose del mismo idioma, algunas palabras de aquellos hombres hacían que me sintiera ruso entre hispano parlantes -. Nombraban personajes, comidas, olores, colores, jugadores en cantidades. Muchos que ellos habían visto y muchos que no, ya que habían comenzado a jugar cuando ellos ya estaban viviendo en España. Parece que por esta cosa de que la plata es lo más importante de todo, nosotros, que apenas ganamos una copita europea, le mostramos nuestro fútbol a todo el mundo. Pero ellos, que fueron dos veces campeones mundiales, adivinan cómo jugará tal o cual, porque en las cadenas internacionales rara vez muestran las mejores jugadas sudamericanas. Sin embargo todos sabían cómo iba el campeonato de su tierra. Y bromeaban, y sacaban cuentas, y anticipaban resultados. El único que no hablaba – pero que en un momento descubrí cómo se le escapaba una lágrima - era Omar, el moreno. Fue cuando nombraron un tal Parque Central, que supongo sería el estadio del Nacional, su equipo. Todos estaban realmente afligidos cuando recordaban colectivamente que ninguno había podido ir a ver a su equipo, a estar con su pueblo, con su gente. Contaron cuánto costaba el boleto y me asombré al descubrir que en Uruguay el fútbol es mucho más popular que aquí, popular en el sentido de lo que cuesta. Aquí en España pagar un boleto para ver al Madrid es para unos pocos, no para el pueblo. Les juro que por un momento tuve el profundo deseo de ser hincha de alguno de aquellos equipos, pero al ver aquel desencanto en tantos ojos preferí seguir así, sin tener ese alocado e inexplicable amor por un club de fútbol, por las dudas de que me tuviera que ir de mi tierra y añorar, como todos estos hombres, esos colores. Pero había algo que los tenía entusiasmados. Don Quijote, un amigo de muchos de ellos cuando aún vivían en su país, los iba a llamar a la taberna desde Uruguay esa misma noche. Le decían Don Quijote por una marca de nacimiento que llevaba en su mejilla izquierda; por ella le habían puesto Don Quijote, el de la Mancha. Casualmente a La Mancha se habían ido a vivir muchos de sus amigos, que allí esperaban ansiosos su llamado. Y claro que esperaban encontrarlo bien, que diera buenas noticias de su familia, que contara cosas del barrio, de las familias de los presentes. Querían saber si no había ningún enfermo, y deseaban que los enfermos se hubieran curado. También les interesaba cómo andaba la situación de su país, en la política, en la economía. Pero lo que realmente les importaba, lo que de verdad les quitaba el sueño a estos chavales era que Don Quijote, sin lugar a dudas, debía de haber ido a ver a otro equipo de nombre inglés: a River Plate. El tiempo pasaba y el silencio y la ansiedad se fueron adueñando del lugar. El único que no cambió en nada fue Omar, que seguía sin abrir la boca. Y de repente Pocholo, el tabernero, un hombre de modales elegantes y hablar pausado del que se burlaban por ser hincha de un club llamado Cerrito, pegó un grito, corto pero casi estridente, al unísono con el timbre del teléfono. Pocholo fue el que atendió, y comenzó una larga conversación, deteniéndose de familiar en familiar, mirando a los ojos al involucrado. Los demás se habían acercado al aparato, como si estando cerca de él se sintieran más cerca de su tierra. Luego de algunos minutos, cuando las noticias dadas por el tabernero no tenían nada de novedosas, los escuchas comenzaron a impartir órdenes al interlocutor. Que cómo fue el partido, que quién comenzó ganando, que si había mucha gente… no sé. Muchas cuestiones futbolísticas que no entiendo. Lo que si entendí, es lo importante que es el fútbol en aquel lugar del mundo. Cómo a través de un teléfono puede pasar tanto amor, tanta pasión, tantos recuerdos. Hasta que Pocholo finalmente preguntó cómo había salido el partido. Aquella tarde River Plate enfrentaba al Nacional, al equipo del silencioso Omar. Según habían comentado debía de haber estado super guay, porque los dos tenían buenas plantillas y buen juego. Con aquella pregunta viajaban telefónicamente todos los deseos, la ilusión y las ansias de un grupo de chavales, lejos de su tierra, que aún siendo hinchas de diferentes equipos, mandaban en esa pregunta la angustiante nostalgia de no estar cerca de los equipos de sus amores. Pero Pocholo ni se sonrió, ni se enojó, ni se emocionó: hizo silencio. Y en silencio fue pasando la mirada de uno en uno. Hasta Omar lo miró a los ojos, como esperando desesperado sus próximas palabras. Pocholo siguió hasta encontrarse con mis ojos, que demostraban ansiedad aún sin tener ni jota que ver, y dijo: “Dice Don Quijote que no fue al estadio porque se quedó mirando por la tele un partido del Mallorca, porque hay un nigeriano que la rompe”. Supongo que “la rompe” debe ser porque juega bien, pero lo que estoy seguro que se rompió fue el aire en aquel momento. ¿Cómo aquel Don Quijote, único embajador de esos uruguayos en Uruguay, se había quedado viendo fútbol español en vez de ir al estadio? ¿Cómo explicarles a sus corazones aquella traición, que encima fue con el fútbol de donde ellos vivían y que tan poco les importaba? Qué injusta que es la vida muchas veces, pensé. Qué injusto que es el dinero cuando hace creer al mundo entero que es más importante que el amor. Reconozco que terminó siendo una de las noches más hermosas de mi vida y que, para recordarla siempre, he decidido pasarla a papel. Quién sabe… tal vez un día puedo viajar a Uruguay y hacer llegar hasta aquel desconocido pueblo un atisbo de cómo los vemos desde aquí. Pero si algo me faltaba para terminar una noche como pocas, antes de irme sin demasiadas despedidas y sin pagar, todo por el enojo reinante, era escuchar lo que escuché de boca de Omar, el que no había dicho una sola palabra en toda la noche. Omar le quitó el teléfono de las manos a Pocholo el tabernero y dijo lo siguiente, regalándome el mejor final para mi cuento “uruguayo”: Don Quijote…¡andá a lavarte el culo!
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Felipe Castro
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Lunes, 21 de Septiembre de 2009 23:16 |
En la nota anterior hablé de la conveniencia de un buen juego colectivo para acrecentar las posibilidades de lograr triunfos. Ahora, en mi afán de que estas reflexiones tengan como fin proponer ideas para que el fútbol uruguayo sea mejor, propongo analizar el perfeccionamiento general de los futuros jugadores en vista del nivel exhibido por los diferentes equipos de nuestro fútbol. Es vox pópuli que Nacional es el más serio candidato a lograr el título. Más allá de la cuestión mediática, hay algo profundo y hasta subjetivo que nos lleva a pensar de esta forma: Nacional es el plantel con más cantidad de buenos jugadores. El problema es entender qué se quiere decir con “buenos jugadores”.
La trayectoria internacional, la experiencia, el carácter, son cualidades que sin duda pesan y mucho, pero hay un fundamento primordial que nos hace adjetivar a un jugador como bueno. Empecemos desde la niñez o la adolescencia. Cuando uno mira un partido de baby fútbol o un picadito en la playa, hay características que tienen determinados botijas en la forma de pararse, de pegarle, de transportar la pelota, que nos hacen distinguirlos del resto. Esos son los que por lo general están rato dominándola, pegándole contra la pared o llevándola toda la cuadra con la cabeza; es decir, se fundamentan más que el resto.
Quien haya caminado por cualquier ciudad brasilera habrá notado que hay un montón de canchas de fútbol por todos lados. Río, por ejemplo, está llena de canchas rodeadas de un alambrado y con piso de arena, como en la playa, pobladas día y noche por tipos jóvenes y viejos que van a jugar al fútbol, ayudados por el clima. Me animo a asegurar que las virtudes técnicas de los brasileros nacen ahí, en su permanente práctica del deporte desde la más temprana edad, más como cuestión cultural que deportiva. Sumado a que el piso de arena hace mucho más complicado el dominio de la pelota; si uno es hábil con la pelota en la arena, lo será mucho más sobre el césped.
Se supone que un jugador debe tener los fundamentos técnicos necesarios para llegar a primera división. Pero tanto la ida permanente de jugadores al exterior y la necesaria super-exigente preparación física denota en los integrantes de nuestros equipos un déficit importante. Basta con irse un poco atrás en el tiempo para darse cuenta de que cuando los equipos uruguayos estaban acostumbrados a pelear internacionalmente ni se corría tanto ni se iban tantos jugadores. Es decir, los mejores técnicamente jugaban acá, y no ocupaban tanto tiempo de la semana en la preparación física. Considero el problema del físico como una de las causantes principales de la baja en el nivel del fútbol uruguayo: se perfeccionaron las preparaciones físicas sin ser acompañadas por las técnicas. Es una deducción obvia: si se corre más y cada jugador ocupa mucho más lugar en la cancha que antes, el tiempo de control y decisión con la pelota es mucho menor.
Julio Penino, quien hoy maneja la selección de la B - no solo con un fin deportivo sino también social - era el técnico de la cuarta de Fénix cuando me tocó subir de categoría. Luego de las prácticas me hacía quedar frente al muro de los vestuarios del Capurro pegándole con las dos piernas, con borde interno, externo, etc. Me decía que tenía condiciones para poder jugar pero la cuarta es un escalón importante para llegar a primera, y había aspectos técnicos que yo debía perfeccionar. “-Acuéstese más, Castro” repetía incansablemente cuando quien escribe practicaba la volea. Me acordé de él en el partido de Uruguay – Perú cuando Abreu, de volea, la tiró por arriba del horizontal. Si el Loco hubiera hecho lo que me decía Julio empatábamos uno a uno.
Un buen jugador no lo es solo por una buena base de fundamentos técnicos, pero los considero primordiales para que pueda distinguirse y hacer del fútbol un juego más vistoso. Hay un montón de jugadores – sin nombrar ninguno para no herir susceptibilidades – que no podían pasar ni cerca de una cancha de fútbol y sin embargo jugaron años, muchas veces de forma exitosa. Sin embargo, generalmente esos jugadores tienen un desempeño trascendente solamente durante su juventud - hablando en edades futbolísticas, hasta los 24 o 25 años - . Pasada la edad donde uno es joven y se lleva el mundo por delante, sus carencias técnicas no les permiten destacarse. Cada uno forma el todo, y si en primera no juegan jugadores bien fundamentados técnicamente, pero a su vez corren muchísimo y tienen que hacer todo más rápido, el resultado no es del todo agradable.
Tal vez la solución sería implementar un plan nacional de educación en el que todos los niños y adolescentes, niñas y varones, pudieran adquirir fundamentos en diferentes deportes. Esto puede tener muchas buenas consecuencias. Primero y principal: estimula la práctica deportiva como cosa natural, fundamental para la buena salud, y mire que saber dominar una pelota no solo sirve para el fútbol, también desarrolla la coordinación de movimientos y la velocidad mental para tomar decisiones. Además les da la posibilidad a todos los niños y niñas de llegar a la edad donde uno decide practicar un deporte de competencia con una base mucho más sólida y con más estímulo, no como mi compañero Juan Benavidez que mide 2,08 y nunca agarró una naranja; un desperdicio. También eleva el nivel de exigencia para llegar a ocupar un lugar en un plantel, porque si todos saben jugar, es lógico pensar que los que integren los equipos sean los mejores. ¡Es lo contrario al dicho “en tierra de ciegos el tuerto es rey”! Y digo en diferentes deportes porque es asombroso cómo se complementan, por ejemplo, el fútbol y el básquetbol; ojalá todos los jugadores de fútbol tuvieran fundamentos básicos de básquetbol.
El mismo Julio Penino me preguntó, durante un ejercicio que constaba en saltar a cabecear, si yo había jugado al básquetbol. La razón de su pregunta: que el Felipe hacía naturalmente el doble ritmo, el mismo que sirve para hacer una bandeja como para llegar bien arriba y con el cuerpo equilibrado para poder cabecear. Defender en zona y atacar una zona son capacidades que sirven mucho en el fútbol, porque la base estratégica es la misma. En el básquetbol, y Buysan me puede corregir, cuando la defensa es zonal el atacante mueve la pelota de un lado al otro, obligando a que la defensa corrija una y otra vez su posición para poder penetrar; es decir, llegar lo más cerca del aro posible. En el fútbol el razonamiento es el mismo: ataco a un equipo bien ordenado que no sale a defender la pelota sino que defiende la posición y cambio de frente una y otra vez para que el rival en sus movimientos me brinde espacio para poder meterme al área o dejar a un compañero libre. ¿Cómo rompe un equipo de básquetbol una zona impenetrable? Tirando de afuera. En el fútbol, pateando de media distancia.
El plan que propongo no sería muy difícil de implementar. En cualquier escuela hay un espacio para que niños y niñas dominen una pelota de fútbol, o para poner un arito de esos que te venden en el súper para tener como referencia. Sería como el Plan Ceibal. Y como culturalmente el básquetbol y principalmente el fútbol son importantísimos en este país, el tener una pelota de fútbol y otra de básquetbol por niño nos garantizaría un perfeccionamiento técnico que redundaría en un mejoramiento de ambas actividades en todos los niveles, desde el picado en la calle hasta la Copa Libertadores.
La propia AUF y la FUBB pueden participar en el proyecto. El ministerio de Salud Pública lo puede utilizar como estímulo para la prevención de enfermedades y nosotros, los espectadores, tendríamos que esperar, pero a la larga veríamos muchos más jugadores que sepan controlar en menos tiempo una pelota con efecto, jugadores que cambien de frente con las dos piernas, que toquen de primera, que sepan diferenciar entre restar con la cabeza y meter un cabezazo, trasladar a toda velocidad o patear con efecto hacia adentro y hacia afuera. Ya no importaría tanto el estado del campo – o me van a decir que antes la cancha de Rampla tenía el piso del estadio del Manchester United - . El fútbol sería mucho más rápido y hasta capaz volvemos a ser el país más exitoso del continente, como en el siglo pasado.
De esta manera o de cualquier otra, considero primordial trabajar mucho más la fundamentación técnica de nuestros jugadores, abordando el problema de forma general y no en la órbita particular de cada club. Es hora de entender que en el fútbol, como en cualquier otro juego, los fundamentos son fundamentales. |
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Felipe Castro
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Martes, 15 de Septiembre de 2009 11:36 |
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Cuántas veces, en el trajín del trabajo diario, uno recuerda las hermosas épocas de la niñez y la adolescencia cuando todo era un juego, hasta ir a la escuela o al liceo. Todo estaba envuelto en esa fascinación que representa no tener los límites de la realidad y la imaginación, entre el ingenio y el esfuerzo. Todo mezcladito como en el más rico de los guisos de la abuela. Yo miro a mis hijas, y a usted le puede pasar con los suyos, con un sobrino, un hermano o un vecinito: las tipas se ponen a jugar a las muñecas y se nota a simple vista que están haciendo dormir al bebé, le dan la mema, arman una ciudad hecha con maderitas, y todo de verdad. Eso está sucediendo realmente en su cabeza y nosotros, ajenos a ese mundo de maravillas, lo miramos con la sana envidia de habernos mudado irremediablemente al mundo de los grandes. El fútbol, como cualquier otro juego, da la posibilidad a los grandes de alargar aunque sea por unos años esa maravilla de tomarse en serio lo que es en broma. Porque el fútbol es un juego. Lo sensacional es que estira la ilusión de todos, de los que juegan y los que lo ven jugar: no se puede perder de vista que los jugadores son eso, jugadores. Es muy difícil cargar de responsabilidades a tipos que están jugando; responsabilidades que pertenecen a otro mundo: el de la realidad. El fútbol fue, es y doy por descontado que será mi preferida ilusión, por eso estas pavadas que la barra de URUGOL me deja escribir cada semana. En la nota anterior me calenté con Uruguay, como Inesita, mi hija menor, que se calienta con “la colorada”: una muñeca de pelo rojo que tira para abajo de la cama como si la fuera a odiar para siempre. Pero a los dos minutos la está arrullando y dándole los besos que ni a nosotros nos da. A mí, en vez de dos minutos, la calentura me duró tres días. Al cuarto estaba abrazándome con mi amigo el Leo en la platea América gritándoles el gol en la jeta a los colombianos que estaban en la tribuna. Porque el fútbol es un juego. Y por suerte para mi labor de comentarista, puse al final de la nota que todavía estamos con chance y que había que alentar, porque si daba por muerta a la Celeste iba a tener que hacerme otro auto-análisis como el de hace un tiempo atrás en aquella columna: “hablando de fútbol conmigo mismo”. Pero como el fútbol es un juego y siempre pasa lo que no puede pasar, hay que tener esperanza. Ahora ya me gusta para ganar en la altura. Quizás algún bolso - como el Nacho - que me tiene alquilado, piense que no voy a hablar de Peñarol. El fútbol es un juego y como en cualquier otro se gana y se pierde. Peñarol perdió y aquí me tienen hablando de su derrota. Pero lamentablemente no pude ir al Estadio - otros compromisos laborales- , así que no puedo analizar el partido. Lo que sí puedo hacer es tratar de explicar las razones que llevaron a la gente a pedir que Ribas se vaya y por qué los dirigentes decidieron darlo de baja. Y es simplemente por lo que dice el título de la nota, porque el fútbol es un juego. Pero es tan apasionante ese juego, es tanta la desesperación de los grandes de poder seguir disfrutando de ese mundo de maravillas, que a veces no tomamos en cuenta que hay gente que trabaja de él. Estoy más que seguro que a la gran mayoría de los hinchas que vamos a ver a Peñarol no nos alegra que una persona se quede sin laburo. Pero el fútbol es un juego y no cuentan los mismos ideales que en el resto de las cosas. En este juego también desaparecen los límites para expresarse, para sentir, igual que en los de los niños. Con todo respeto por la persona de Julio Ribas, a veces parece olvidarse de que los jugadores juegan, como los niños. Por eso, solamente por eso, la gente quería que no fuera más el técnico de Peñarol. Yo, como la mayoría de la tribuna, no lo conozco personalmente, y sin embargo me doy cuenta de su amor por la institución. Nadie duda de que Ribas sea hincha de Peñarol: queda claro cada vez que le hacen una entrevista. Y también queda claro que le dedica un trabajo impresionante a la causa, que trata de despertar en los jugadores sentimientos fundamentales como hacerse fuerte en los momentos difíciles, enfrentar la derrota con hidalguía, no agachar nunca la cabeza. Eso seguramente les sirva a cada uno de sus dirigidos para siempre, en el fútbol y en la vida. Pero el fútbol es un juego. Generalmente gana el que juega mejor, y no el que tiene más ganas de ganar. Peñarol no ganó muchas veces, y no ganó porque por lo general no jugó bien. No atacó por las puntas, no generó espacios para sus delanteros. No se movió bien en el medio, perdió pelotas en cantidades industriales, no ubicó los jugadores correctamente en la cancha, no se agrupó bien en defensa, no defendió acertadamente la última zona y erró goles. Así es muy difícil ganar, por más que uno esté recontra convencido de que es invencible... porque el fútbol es un juego. Con la excepción de golpear y mucho más patotear a otra persona por ser hincha de otro cuadro - lo que considero una reverenda idiotez adulta sin nada que ver con el deporte - todo lo que pasa a causa del fútbol es una extensión de la fantasía de jugar. Siempre había entre los amigos de la niñez alguno que se calentaba si perdía a la escondida y se iba para la casa argumentando que era pan quemado cuando todos vieron que estaba atrás de la columna. Así también, en la desesperada necesidad de que el mundo de las maravillas no termine nunca, la tribuna putea, los viejos putean, el abogado, el cocacolero, el plancha, el presidente, el cheto, mi madre, todos putean. Porque el fútbol es un juego. ¿Alguien puede asegurar que Bengoechea o quien venga va a hacer que Peñarol gane todos los partidos? Una pregunta que no necesita contestación. Pero para el próximo D.T. la premisa va a ser la misma: generalmente gana el que juega mejor. No siempre, pero desde mi humilde opinión, es más conveniente y eficaz tratar de jugar bien que convencerse de no perder, en la altura, en el Estadio, en la lleca o en la playa. Porque el fútbol es un juego. |
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Felipe Castro
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Lunes, 07 de Septiembre de 2009 22:50 |
Es sábado de tarde y la cámara muestra uno por uno los jugadores uruguayos cantando el himno patrio. Cada uno desafina más que el anterior… así no se puede. Podemos desafinar “A Don José”, hasta el “Himno a mi Bandera” podemos desafinar. Pero el Himno Nacional… ese no, muchachos.
No podemos estar tan desatentos en defensa, no podemos quedar mal parados y que uno se quede habilitando a un pueblo diez metros atrás que el resto de sus compañeros. Menos podemos jugársela complicada al arquero y que la tenga que tirar al corner, muchachos. ¿Ni la reventamos ya? ¡Vamo´arriba! No puede ser que perdamos pelotas divididas en la mitad de la cancha, que nos la lleven de vivos. Si ni siquiera hacemos lo que hicimos toda la vida, seguro que estamos liquidados.
Resulta que nos hemos puesto las pilas trasladando la pelota de una cancha a otra con bastante prolijidad. Bien. Nunca fuimos muy agraciados en el trato de pelota pero es cierto que hemos progresado. A veces hasta da gusto ver cómo la tocamos. Ahora, llegamos a tres cuartas canchas, se nos cae el balde y no podemos resolver jugadas contra equipos como este Perú, que era de malo pa´abajo. ¿Cuántas chances claras tuvimos? ¿Tres, cuatro? A esta defensa peruana hay que tenerla abajo del arco todo el partido, muchachos.
Desafinamos el himno otra vez; siempre tuvimos buenas defensas y cuando estábamos cerquita aparecía alguno que pensaba más y mejor que los demás y hacía el gol o dejaba a un compañero mano a mano. Ahora resulta que ni una cosa ni la otra. Maestro: no es por capricho que la gente le pide un diez. En este caso, lo que creo que se precisa es alguien que piense cuando estamos ahí, cerquita, y no que vaya derecho a los backs, como los caballos. No les echo la culpa a los jugadores que están, ¡es que no lo saben hacer! Falta uno que sí lo haga, que sepa resolver y tomarse su tiempo cuando no hay tiempo. El desafine adentro del área de ellos es todavía peor: erramos los goles con el arco libre. ¡Vamos, muchachos, por favor!
Ojo, los que están desafinando no son solo los jugadores y el técnico: los que están errando las notas son muchos más. Tanto nos llenamos la boca hablando de antes, cuando ganábamos, y hay un montón de cosas que no hacemos más y que no tienen nada que ver con que el fútbol haya avanzado. Nos pasamos hablando del fútbol europeo, estamos alabando todo el tiempo lo que hace el Barcelona, los jugadores que compró el Chelsea o el maravilloso estadio del Palermo de Italia. ¿Qué le importa a la gente cuánto gana Messi? ¿A quién le cambia la vida si a Ibraimovich (no me interesa si está bien escrito) lo venden de acá para allá a cambio de este otro porque tuvo lío con Guardiola (que supongo que está bien escrito)? Uno escucha la radio y son todas alabanzas a los muchachos que juegan en España, en Italia, en Bélgica, en México… ¡paren un poco! Los jugadores de acá se tienen que fumar que no les paguen, que la A.U.F tenga diez millones de problemas que no puede resolver y les altere todo el ritmo de trabajo, que la mayoría de las canchas estén mal, y cuarenta problemas más. De yapa tienen que aguantar que los periodistas y comentaristas uruguayos, que laburamos del fútbol uruguayo y que todos los domingos relatamos y comentamos el fútbol uruguayo, nos derritamos en loas para con los de afuera y critiquemos todo el tiempo lo que pasa acá adentro; estamos desafinando el himno, muchachos.
Pero si gana Liverpool, de acá, el de Belvedere, sí les cambia la vida a muchas personas. Me parece fenómeno que los muchachos que van a Europa aseguren la economía de sus familias para siempre, pero cada jugador que se va es una complicación para el club que deja, y no en lo económico, en lo DEPORTIVO, que es lo que realmente importa. Otra vez desafinamos el himno, ponemos la guita adelante del fútbol. A otros les puede dar resultado, pero a nosotros no, y a los hechos me remito. Hace años que no le ganamos a nadie.
Basta de tanta Liga de las estrellas y la mar en coche, qué tanto verso. Vamos a armar buenos cuadros y a ganar, porque el fútbol está hecho para ganar, como cualquier deporte, y no para tener instituciones saldadas. Ahora resulta que la única manera de hacer plata es tener inferiores maravillosas para poder vender y vender y vender jugadores. Ta, qué bárbaro, muchas gracias. Los que vamos todos los fines de semana al fútbol les agradecemos empila. ¿Antes se salía a juntar plata en los negocios del barrio? Bueno, hagamos lo mismo, pero en lugar de pintar con esa plata un pedacito de muro de la cancha, lo ponemos en la página web del club, que se ve en el mundo entero, y les cobramos un pesito más. ¿No notaron que el fútbol dejó pasar la época de mayor bonanza en la historia económica de este país? Hay un montón de gente con plata para invertir que se arranca la piel para tener un minuto de publicidad en la tele y nosotros empecinados en sacar la guita todos del mismo lado: vendiendo jugadores. Y los hinchas…que se jodan. Desafinamos el himno sin parar.
Si por lo menos ganáramos cuando juega la selección, con jugadores de las ligas superextraordinarias, vaya y pase. Pero tampoco. Cuando clasificamos lo hacemos raspando y como en este caso, ligando con otros resultados para poder tener chance hasta el final. Y no es culpa de los jugadores, es una reverenda gilada decir que no meten cuando juegan en Uruguay, una gilada. El problema es que no practican juntos. Si un cuadro no se conoce nunca va a ser un equipo, por mejor que se hagan las cosas, como las hizo Tabarez. Sí Maestro, la otra vez no era filo cuando le dije que era un fenómeno; lo creo de verdad. Ahora, también es bastante caprichoso. Si no le da resultado jugar solo con jugadores de afuera, pruebe con los de adentro… ¡hizo dieciocho puntos de cuarenta y cinco!
El Japo entró y tocó tres pelotas. Dos las perdió, pero en la tercera hizo lo que nadie había hecho, pegarle de afuera. Punto para el desgraciadito al que todavía no se lo puede contar como un jugador de clase porque juega en River y no en el Sporting de Gijón. Desafinamos sin parar.
Pero como no me gusta criticar sin arriesgar, sin proponer nada, cayendo en el error que venimos cometiendo hace veinte años de mirar todo lo negativo sin tratar de buscar soluciones y riéndonos de nuestra propia desgracia, vuelvo a tirar una idea y si se pierde en lontananza como todas las demás, pues me importa un bledo. O.J. Morales y el Tony Pacheco Maestro, ya. ¿Cuántos partidos a Estadio lleno tiene Abreu?, y lo pongo al Loco como ejemplo porque fue el que jugó más. No solo de selección, de todo. ¿Cuántos partidos a Estadio lleno tiene, treinta? Bueno, ahora piense cuántos tiene O.J. o cuántos tiene Pacheco. Entre los dos, mil quinientos. Ganados, perdidos, empatados. Saliendo como héroes o destrozados por la silbatina.
Vamos a no desafinar al pedo, muchachos. Terminemos con toda la locura del fútbol internacional y en vista de los resultados démosle la derecha a los viejitos aurinegros y bolsilludos, que son los que levantan la tribuna en vilo. No es en contra de nadie, es a favor de todos, los que juegan acá y los que juegan allá. Cuando ganábamos con la celeste con muchos jugadores de nuestros equipos, por algo sería.
Creo haber sido claro en aclarar que somos todos los que desafinamos. Igual el miércoles vamos a hinchar como nunca y ojalá que estemos en Sudáfrica. Si vamos, capaz que hasta nos traemos la copa y todo, porque hay que ir al frente estemos como estemos y juguemos contra quien juguemos. Ahora, eso sí, para lo que venga luego convendría recordar que está todo bien con las nuevas armonías, pero no entiendo por qué queremos cantar como los niños cantores de Viena. Capaz que si cantamos segurito y a tres voces, como los Asaltantes con Patente, no andamos pifiando al pedo. |
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Felipe Castro
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Lunes, 31 de Agosto de 2009 20:26 |
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Que Mujica gane la elección – 46 % Que Lacalle gane la elección – 35 %
(Cifras al tun tun que sirven para darle un serio comienzo a la nota de hoy)
Que Atenas y Fénix sean la revelación como dijeron la mayoría de los periodistas – 7 %
Que Carrasco cuide un resultado – 0,002 %
Que Federico García Vigil toque en su próximo concierto “Azuquita pa´l café” – Pocas
Que Gonzalo De los Santos arme una jugada de gol por sí solo – Muy pocas
Que Mozzo arme una jugada de gol por sí solo – Menos
Que Bajter arme una jugada de g… - ... (grillos)
Que un juez siga el partido hasta el minuto 55 – a continuación detallo estas probabilidades para facilidad del lector (dedicado a Julián, un compañerito de trabajo demasiado bolso)
• Por corte de luz – 35 % • Por corte de luz si el partido es de día – 0,00000001 % (uno nunca sabe) • Por derrumbe de una tribuna – 16 % • Por caída de meteorito – 2 % • Por lluvia ácida – 1,3 % • Por violación a un juez de línea por parte de perro policía que se le escapa al policía que estaba parado en uno de los corners – 0,7 % • Por halcón amaestrado que le come un ojo en pleno vuelo al arquero visitante – 0,2 % • Por halcón amaestrado que le come un ojo en pleno vuelo al arquero local – 0,1 % (los halcones amaestrados suelen ser muy localistas) • Porque el juez sea Aguirregaray – 97 %
Que me den bola en alguna de mis propuestas –¡Dios quiera!
Que los clubes vendan a su mejor jugador con el campeonato empezado dejando pegado a un periodista joven que resalta las cualidades del futbolista, diciendo que este va a ser una de las principales figuras del campeonato (ver nota de la semana anterior) – 98 %
Que la hinchada aurinegra no insulte a Ribas – Ídem “Que Bajter arme una jugada de g… “- ... (grillos) … (más grillos)
Que la AUF decida rápido el Ejecutivo – tantas como encontrar a Salma Hayek en El Club de Anita
Que la AUF decida rápido algún miembro del Ejecutivo – Tantas como que El Club de Anita pase a llamarse el Club de Salma
Que la AUF decida rápido algo - ídem “Que Bajter arme una jugada de g… “- (grillos) … (más grillos)… (Insoportable cantidad de grillos)
Que se apruebe la Ley de voto epistolar – 63 % (Cifra absoluta y disparatadamente al Tun Tun tratando de darle un serio final a una nota que no tiene seriedad alguna) Que uno escriba una nota llamada LEY DE PROBABILIDADES y diga cualquier divague porque en realidad lo visto en la cancha fue poquito – 87 %
Que después de esta nota no me dejen escribir nunca más – 99, 99999999 % (uno nunca sabe)
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Felipe Castro
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Martes, 25 de Agosto de 2009 13:42 |
El sábado de tarde y luego de una breve discusión con la patrona que todavía no se fuma mucho lo de mi nueva tarea de comentarista futbolero, el Felipe arranca para su querido Parque Capurro. Ya he comentado mi pasaje por las inferiores del albivioleta, así que sabrán entender el por qué de mi cariño. El sol y el comienzo del campeonato anuncian la inminente llegada de la más hermosa estación, y la bahía se muestra esplendorosa para recibir un más que interesante marco de público que puebla la renovada y prolijísima cancha, con excelente piso, del Centro Atlético Fénix.
De movida nomás, los hinchas locales se entusiasman porque el equipo del "Ronco" trata prolijamente la pelota y llega a posición de peligro, donde el "Chengue" Morales se hace lugar entre los zagueros y deja espacios para sus compañeros. Sin embargo los ataques no terminan en gol; dos o tres tiros de afuera y Morales que de media vuelta hace que el arquero Hernández se luzca, yendo abajo contra el palo derecho. La gran dinámica con la que el local arranca el partido va mermando, y ahí River, que está bien parado más allá de defender con poca gente, empieza a largar sus carreras habituales con Montelongo, Córdoba y el jugador que para mí es la gran atracción de la tarde: Henry Giménez.
La tribuna de Fénix acompaña el buen comienzo del equipo y se luce gritando ingeniosos improperios que cruzan el ancho de la cancha y son recibidos por el momentáneo silencio de los parciales darseneros. El gran Gustaf, demostrando sus dotes de humorista hasta en la tribuna, hace reír hasta al arquero de River. Pinta bien para los recién ascendidos. Pero el ritmo de la A no es el mismo que el de la B, y antes de terminar la primera parte ya se nota que River empieza a ganar posiciones en el terreno. Ahí viene el gol de Puppo, después de un entrevero, y la bulliciosa barra de Fénix, que agita atrás del arco, se calla. El cuadro del "Ronco" tiene un par más antes del entretiempo, pero el uno a cero ya tiene envalentonada a la barra de allá en frente, que comienza a devolver los gritos.
Y en el segundo tiempo, cuando ya las piernas de los jóvenes jugadores albivioletas sienten el trajín de primera división, aparece el infierno que es ese punterazo por derecha o por izquierda, que se llama Henry y se apellida Giménez Ojo: lo de Fénix no es un problema de condición física, no señor. Se trata sencillamente de que el ritmo de juego es diferente, sumado a que los equipos de J.R. suelen darle un vértigo terrible al fútbol que despliegan, y este equipo en especial está conformado con jugadores que vuelan literalmente, como Zambrana que se despachó con dos o tres jugadas a la carrera impresionantes; una de ellas, la que terminó con el gol de Córdoba.
Pero Giménez mi amigo, Giménez es una cosa bárbara. Entre tanto crack que hoy nos enorgullecemos de decir que tiene nuestro querido fútbol, este botija vuelve a ser uno de los más importantes; de movidita nomás, en la primera fecha. Se va a jugar a la derecha, con la pierna cambiada, y no lo pueden parar. Ni cuando arranca de la mitad de la cancha, ni cuando recibe cerca del área y contra la raya. Para adentro, para afuera, tirando el centro de zurda, de derecha. Pateando o dejando pelotas servidas en la puerta del área.
River gana bien y la familia Vázquez contenta. El viejo Fénix, con el Ronco López al frente, deberá trabajar mucho para envalentonar nuevamente a estos buenos jóvenes valores que tiene, y hacerles entender que falta un montón, que todavía no pasó nada. Si usted tiene tiempo, vaya a verlos porque hay un trío ahí en el medio que estoy seguro va a dar que hablar.
Y acompañado por otro sol radiante, llega el domingo. El corazón le gana la cuereada al análisis objetivo y allá partimos hacia la Colombes, con la ilusión de siempre cuando juega Peñarol. Dudamos mucho, es la verdad. Pero el equipo gana con autoridad y se lleva tres puntos importantísimos.
Yo sé que hasta ahora mis ideas no han tenido demasiada repercusión, y no es que piense que por haber escrito tres notas voy a ser el oráculo del fútbol uruguayo, pero por favor, que la falange aurinegra le pida a quien corresponda que no nos torturen más mandándonos a la Colombes cuando la Amsterdam luce durante todo el partido un maravilloso sol que disfruta…nadie. ¿Alguien recuerda claramente por qué no se puede ir a la Amsterdam cuando Peñarol es visitante si tampoco la utiliza el local? Creo que fue por algo de la presión al línea, hace como siete u ocho años. Me parece fenómeno que el local vaya al banco de la Amsterdam y el visitante al de la Colombes, pero nada les va a pasar ni a los suplentes ni al técnico del rival porque la hinchada esté a sesenta metros del banco. Por favor, no nos torturen más de frío porque sí. Gracias.
Volviendo al fobal, en un equipo que presiona, que tiene mucho más movilidad de la que se imaginaba todo el mundo, que aprovecha los errores del rival y maneja el partido para terminar ganando sin sobresaltos, otra vez y como siempre: el Tony Pacheco. Es gracioso cómo a veces pasa desapercibido para los que rezan que vengan jugadores, que se arrancan la piel esperando al Pollo o a quién sea; no se dan cuenta de que la calidad del Tony es maravillosa.
Todo bien con el Pollo, es bueno que venga porque es un fenómeno. Pero quedó demostrado con el Pollo y el Lolo y quien sea que la cuestión es traer a uno que ayude a Pacheco. El tipo entra al área después de que Rodríguez se la baja muy bien, controla con el pecho, y apareado con un defensa bohemio alcanza a tocarla sutilmente por arriba del golero contra el palo izquierdo. Golazo de Peñarol, golazo de Pacheco. Y el segundo - por más que el arquero de Wanderers no está en su mejor tarde - tiene el oportunismo de encontrar esa pelota perdida y sin demorar, mandarla a guardar de nuevo. Encima le sobra tiempo para dos o tres lujos, varias habilitaciones perfectas - esas que tanto extrañamos en la selección - y hasta baja a apretar faltando cinco minutos para terminar el partido, para llevarse una pelota en posición defensiva contra el banderín del corner.
Resumiendo señores, miré dos partidos preciosos, dos jugadores notables, otros tantos por demás interesantes, y me quedé con la idea de que este campeonato va a estar de más. Siguen llegando figuras, siguen llegando cracks. Vino el Pollo Olivera, Regueiro, viene el Nacho González, a sumarse a De Souza, a Pacheco, a Cabrera (por las dudas: "pintita" le puse yo, que aunque todavía nadie lo dijo; al igual que el resto de mis sugerencias, me tengo fe para que suceda), al Henry y a muchos valores que desde este fin de semana empiezan a engalanar las canchas y el corazón de los que nos entregamos a sufrir y a disfrutar del Fútbol Uruguayo, el nuestro, el más hermoso de todos. |
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Felipe Castro
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Lunes, 17 de Agosto de 2009 17:01 |
Como anunciando la primavera, empieza el fútbol. Todavía queda un rato de invierno… Falta que se terminen de resolver las incorporaciones, que se decida quiénes acompañan al presidente de la A.U.F., que los contratistas vean si colocan a los jugadores o por descarte los traen para acá, si está bien lo que hizo Acevedo con el Grillo o si es lógico que Mozzo haya agarrado a trompadas al rubio de Newell´s. Tenemos unos días más de si Ache y Navascués obraron a favor de Nacional, si arreglan o no con Victor Púa, qué fue bien lo que dijo Palma de Tejera y si se condice con lo que dijo Favaro, si Danubio está de acuerdo con que siga Cabal y si legalmente están todos los equipos habilitados para jugar o no pagaron sus deudas. Viento, granizo y tormenta.
Pero, como anunciando la primavera, empieza el fútbol. El fin de semana que viene empezarán a verse los nuevos brotes, esos que aún en las peores condiciones hacen fuerza por nacer. Chiquilines que siguen corriendo atrás de la pelota, sin más expectativa que divertirse un rato. Después vendrá indudablemente la poda, cuando la tijera fatal corte la raíz del juego, de la moña, de la jopeada, del gol de cabeza, del sueño de ser campeones y los empiece a inundar de fertilizantes artificiales, esos que hacen crecer a fuerza del pase al exterior, de asegurar el futuro… para que la mejor flor no sea la de más colores y perfume más agradable sino la que se venda más caro.
Pero la primavera siempre es más fuerte, siempre da sus frutos. Aunque los dueños de los jardines pongan los proyectos económicos por delante de los colores, las flores nacen igual: sigue habiendo manos que las cuidan, que las protegen. Está la gente que puebla las canchas, que se moja, que pasa frío y que abona de gritos, cantos y banderas las semillas que aparecen año tras año. No importa a qué floreros finos y europeos vayan a adornar las flores después. Los que las disfrutamos y las apreciamos cuando germinan, aunque sea por un ratito, cuando son silvestres, cuando son puras y se entregan al sol de la Ámsterdam - el que primero ven y los cobija para siempre – no pensamos en si volverán o no a dejarse encandilar por él.
Algunas, como hace tiempo que viven en el mismo patio y nunca se las llevaron, o se las llevaron y las devolvieron rápido, son denigradas y tratadas con lástima. Pobres señores los que no se dan cuenta de que el hecho de ser flor ya es motivo de orgullo. Aunque no sean las más lindas, esas flores son las más queridas, porque empujan los sueños de triunfo y enseñan al resto del jardín a brillar, colorear y perfumar.
La primavera está por venir y esas viejas flores que aún adornan las macetas de los barrios vuelven a sentirse renovadas, con toda la fuerza para volver a ser miradas y apreciadas por ojos que las quieren, que les tienen respeto. Y por los otros también, para demostrarles lo que se pierden por no prestarles atención.
Allí estaremos, abrigándonos para soportar los últimos fríos. Con renovadas esperanzas, como siempre. Con el sueño de ser campeones, todos. Algunos con fundamentos y otros no, pero allí estaremos. Aunque se cansen de decirnos que esto es un desastre, que no nos sabemos organizar, que somos pobres, allí estarán las barras, allí estarán las banderas, las canciones, las madres, los hijos, los viejos, los jóvenes. Porque viene la primavera.
Y el fútbol la anuncia: antes de que la temperatura ambiente de el visto bueno, la barra futbolera va a estar poblando las canchas, llenando los estadios. Así que cuando llegue el 21 de setiembre tan deseado, cuando se terminen de discutir las pequeñeces que habitualmente se discuten en invierno porque tenemos que quedarnos pensando adentro, nosotros ya vamos a estar ahí, apreciando lo único que importa que es saber cómo juega mi cuadro, cómo le puedo ganar al de aquel o quién es el rival para quedarse con la copa.
Como en la primavera, lo único que importa es lo que pasa en el pasto. Lo demás es puro cuento. |
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