Montevideo, Sábado 04 de Febrero

Urugol

A un click del gol

IGUAL QUE USTED
Felipe Castro
Jueves, 15 de Julio de 2010 13:39
 

La única razón por la que no escribí más nada después de aquel triunfo ante Sudáfrica fue por cábala.  Si, así como lo lee.  La verdad que no pude despojarme de mi hermoso rol de hincha, igual que usted,  para ponerme este traje de comentarista futbolero al cual le he tomado el gusto después de más de un año de estar con ustedes.  Aquel partido fue increíble, tan increíble como el mes maravilloso que pasamos todos los uruguayos.  Y tan increíble fue que no me animé a escribir más nada por miedo a terminar con una racha, más allá que después sí nos tocó perder, que yo, igual que usted,  espero no se acabe nunca.

 

El corazón me explotó de felicidad, igual que a usted.  Además, aquel 22 de Junio cuando le ganamos a México, también fue el día en que mi hija Cecilia, la mayor, cumplió cinco añitos.  Y el partido con Corea lo miramos con mi viejo y un montón de amigos mientras se hacían los chorizos y las hamburguesas que festejaban los cinco de Ceci y los dos de Inés, la del medio, que había cumplido unos días antes.  Así que imagínese la felicidad que la familia Castro tuvo por aquellos días, igual que usted.

 

Y el martes volví a emocionarme hasta las lágrimas igual que usted, cuando aquellos leones uruguayos que fueron reyes en tierras de leones, aparecieron para festejar con su pueblo en el Palacio Legislativo.  Y vaya casualidad también que fuera en el edificio símbolo de la democracia de este país.  Porque no hubo nada más democrático que esta campaña celeste.  Nunca me había sentido tan igual a todos, a los más ricos y a los más pobres, igual que usted.  Nunca había sentido tan adentro el inmenso orgullo de haber nacido en esta tierra, igual que usted.

 

Incluso hasta aquellos que criticaron a los gurises que salieron a festejar el triunfo a Sudáfrica en 18, no pudieron contenerse, igual que usted, y dieron rienda suelta a su alegría como quizás nunca lo habían hecho.  Y fui muy feliz también, igual que usted, porque los que arrancaron la fiesta fueron esos botijas atrevidos que se mandaron a la principal avenida aquella tarde.  Los jóvenes de este país, a quienes muchos critican y pocos dan oportunidades son los únicos responsables de que toda nuestra sociedad haya valorado un esfuerzo por encima de la circunstancia de un resultado.

 

El martes tuve la maravillosa oportunidad de tocar con mi querida banda PA´NTRAR EN CALOR y con LA FALTA en ese sensacional festejo que vieron todos los uruguayos igual que usted, con el corazón henchido de alegría, unidos al fin, unidos.  Les aseguro que los 23 bravos compatriotas estaban absolutamente agotados.  Pero felices, igual que usted.  Se les notaba las caritas de cansancio, pero de ese cansancio que da la satisfacción del deber cumplido, no hacia nadie sino cumplidos con ellos mismos.

 

El mar de gente parecía no terminar nunca.  Las banderas eran miles, los gorros millones.  Las caras pintadas, como en el carnaval más maravilloso de la historia de la humanidad decoraban un sinfín de sonrisas, hermosas, únicas, incomparables sonrisas.  ¿Cuántas caras habrán visto desde el ómnibus los jugadores en ese viaje a la eternidad que hicieron ayer?  ¿Cuánto orgullo habrán sentido por saber que con cada aplauso, en cada saludo, en cada grito, quedó escrita para siempre una nueva página de la historia cultural de este país?  Mi hermana dijo que cambiaron el paradigma de nuestro pueblo, ese que decía que sólo se está cumplido con la victoria.  Y lo mejor de todo es que esta nueva manera de ver las cosas no anula en lo más mínimo la frase de Obdulio.  Al contrario, la potencia, la hace historia.  Pero orgullosa historia, y no un incómodo lastre que nos llevó tantas veces a ver fracasos donde no los había y a generar tristezas cuando sobraban razones para ponerse contentos.

 

Los pueblos crecen, igual que usted, y con sus hechos y sus acciones van descubriendo nuevos caminos a seguir, nuevas opciones a tomar.  Este es otro mundo que aquel que le tocó vivir al negro Obdulio.  Estas son otras realidades, otros momentos.  Y hasta este maravilloso 2010 nos habíamos quedado anclados en algo que ya no existía, y lo peor de todo, que ya no tenía sentido que existiera.  Lo único que pido es que yo, igual que usted, no cometa el mismo error que cometieron otras generaciones que obligaron a que todo fuera medido con la misma vara que fue medida aquella hazaña heroica de Maracaná.  Ojalá que igual que usted, pueda enriquecer a las nuevas generaciones con este logro y respetar y valorar los de ellos, sin menospreciarlos ni machacarles culpas que no les corresponden.  Porque yo vi, igual que usted, a esos viejos locos de la vida con este cuarto puesto, yendo a mostrarles a los jugadores allá en el ómnibus inmortal, arrugas que cuentan lo vivido pero que también ansían lo que van a ver.

 

Mejor que la historia será el porvenir cantó mi amigo el Leo Bargas en una canción que escribió mi viejo allá por finales de los noventa, cuando parecía un imposible.  Y vaya razón que tuvo.  Voy a poder, igual que usted, decirle a mis hijos y a los hijos de mis hijos que el esfuerzo es lo que forja la grandeza.  Que lo más hermoso de los triunfos es lo vivido para llegar a ellos, como dijo también mi hermana la Sole, o como dijo el Maestro de la escuelita de tres millones de alumnos “el camino es la recompensa”. 

 

Le juro que se me caen las lágrimas escribiendo, tengo el teclado empapado de alegría.  Otro país hemos forjado, nuevas esperanzas han nacido y eso me hace feliz, igual que a usted.  Porque el triunfo fue de los jugadores, pero también lo siento mío, igual que usted.  Un océano cruzó nuestra fuerza, nuestra confianza, nuestro amor.  Voló por el Atlántico sur, el mar más peligroso de la tierra, y se fue a meter en el corazón de cada uno de los valientes que dejaron a la celeste como bastión de fuerza y de coraje en el mundo entero. 

 

Es mentira eso que dice la cadena internacional deportiva más importante de estos lares, cuando impone que “serás lo que debas ser o no serás nada”.  ¿Saben lo que les grito yo, igual que usted, a estos que hacen de un deporte y de un juego una patología?  ¡¡ LAS PELOTAS NO SERÁS NADA, LAS PELOTAS!!  Y si no que vengan a ver si yo, igual que usted, me siento menos que los españoles a los que les tocó, porque fueron los mejores, levantar la Copa del Mundo.

 

En este mes aprendí, igual que usted, que lo importante es lo que tenga yo, y no compararme con lo que tienen los demás.  Vivan los españoles, viva España que puede estar feliz por ser los campeones.  Pero yo tengo de nuevo fe en mí, en mi pueblo, igual que usted.  Tengo fe en mi muchachada, en mis viejos, tengo el futuro por delante, igual que usted.  Y lo mejor de todo, aprendí, igual que usted, que lo que tengo lo tengo porque me rompí el culo para conseguirlo, igual que usted.  Y aprendí también no solo a ser feliz por lo que yo tengo sino a sentirme feliz con la felicidad de los demás.

 

Aprendimos que nuestros hermanos nos quieren, nos respetan y nos admiran.  Brasileros y argentinos, chilenos y paraguayos, colombianos y peruanos alzando su grito por la vieja celeste, esa que los enfrentó tantas veces, y que sin embargo, fue su bandera cuando quedamos solos contra los imperios europeos.  Me siento feliz por ser uruguayo y por ser sudamericano, y por ser latino, igual que usted.

 

El fútbol, la más exacta representación de la vida, tiene sus propias reglas, su propio destino.  Y los triunfos y las derrotas son circunstancias y más nada.  Lo que cuenta, lo que enriquece, lo que hace crecer, es la dedicación, la humildad y el amor que uno ponga para enfrentarlo.  Me siento orgulloso, igual que usted, de que mi cuadro es un cuadrazo.  Con una defensa férrea y casi inexpugnable, con una línea media sensacional, que corta y apoya, que quita y entrega, que va al piso y patea.  Y con una delantera que es la mejor.  Y que de yapa y contra todos los pronósticos, cuenta con el mejor.  Porque el Diego fue el mejor.  Es el mejor, y lo sería también aunque los FIFA hubieran dicho otra cosa.

 

Ya tendré tiempo para hablar de Forlán, ya tendré tiempo de hablar de Fucile, de Suarez y de Godín.  Ya tendré tiempo de hablar de la exquisita España, de la ruda Holanda y de la sorprendente Alemania.  Ya encontraré momentos para comentar al sensacional pero soberbio Brasil y a la increíble Argentina.  Ya hablaré de fútbol desde mi leal saber y entender.  Por ahora es momento de liberar mis sensaciones.  Desde mi corazón.  Igual que usted.

 
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