| Felipe Castro |
| Lunes, 01 de Febrero de 2010 20:04 |
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Si usted escuchó las transmisiones deportivas del fin de semana, si oyó las audiciones radiales post fecha o los análisis televisivos, se puede quedar con la idea de que Peñarol tiene graves problemas atrás y no tiene nueve, de que el Chino no es ni sombra de lo que debe ser y de que Danubio no juega bien. Si da bola, puede pensar que Defensor es un desastre, que a Carrasco se le fueron todos los jugadores y que siempre en la Pre Libertadores nos va mal. En definitiva, nuestro fútbol sigue siendo un poco más de lo mismo. Pues bien: esas son, como dice el título de esta columna, maneras de ver las cosas. Mi periplo musical del fin de semana no me permitió ver partidos en la cancha, pero seguí las alternativas por televisión de los últimos veinte de Peñarol y Cerro, y vi completitos River - Central y Defensor - Danubio. Pero también me puse a ver fútbol de otros lados del mundo. Vi al Lazio, a Independiente, y un partido inglés, que como me aburrió a los cinco minutos, no recuerdo ni qué equipos eran. Entonces, volviendo al título, son maneras de ver las cosas. Si nos dejamos llevar por los análisis de nuestra prensa especializada podemos encontrar todo lo negativo que nos cuentan, y ver realmente malas defensas y magros rendimientos colectivos y personales. Sin embargo, si uno logra olvidar tanta porquería, comienza a darse cuenta de cosas que, lejos de parecerse a años nefastos de nuestro principal deporte, nos llevan a pensar que vamos por buen camino –o al menos, mejor-. Empecemos por el Chino Recoba. Chino querido: aún reconociendo que es muy difícil que vos o gente allegada a ti lea esta nota, te quiero pedir disculpas. Seguimos esperando que te mates corriendo en la mitad de la cancha, que pelees las divididas como lo hace Gaglianone, o que las bajes a buscar todas para eludir a medio cuadro, situación que pasa una vez cada diez años en todo el fútbol mundial, pero nosotros tenemos la necesidad que vos la generes siete veces por tiempo. Perdón, loco. Perdón por no darnos cuenta de que cada vez que te recostás contra la raya, con un mínimo de espacio, ponés unos pases extraordinarios entre los zagueros y el golero. Perdón por no notar que tus desbordes suelen terminar en francas jugadas de gol. Perdón por pensar que es tan fácil sacarse tres tipos de arriba en una carrera, bajar hasta la línea media arrastrando marcas y dar una pelota que deje a velocidad y con pelota dominada a un volante de frente contra la línea de cuatro rival. Y de paso, perdoná a Giordano por sacarte, creyendo que porque no la tocaste durante un rato, estás cansado. Pobres de nosotros cuando el Chino deje de jugar, y nos empecemos a dar cuenta del jugador que dejamos pasar, puteándolo porque no juega como otros sin darle suceso a sus reales virtudes y talentos. Pero así solemos ser los uruguayos. Nos lleva años darnos cuenta de las cosas. Fíjate que al propio Artigas demoramos casi un siglo en descubrirlo. El 98% de los equipos del mundo se arrancarían la piel para que el Chino jugara en ellos. Porque les recuerdo a los amantes fervorosos del fútbol de los ricos europeos, que los clubes ingleses, italianos y españoles, son una ínfima minoría dentro del mar de equipos que pueblan la tierra. Pero como últimamente si no estás ahí no existís, no nos percatamos de que en Danubio juega una figura como pocas. Un tipo que enamoró multitudes, incluyendo al presidente del Inter, que lo dejaba ir a practicar cuando quería. Ese tipo, crack entre los cracks, juega en Danubio por cien pesos la entrada. Y acá seguimos queriendo que haga todo lo que no hace. El Chino fue el uno del Inter por tocarla tres veces por tiempo. Nunca batalló la mitad de la cancha, nunca se mató sin pelota, nunca. Lo que pasa es que, como ayer en el Franzini, las tres veces que la toca significan desnivelar un juego, o darle la chance clara a un compañero para que lo haga. Ayer el Chino hizo en un tiempo lo que a otros jugadores les lleva una temporada completa: poner cinco pelotas de gol. Y no para que la pelee el delantero, no. A Ifrán y a Porcari les dio goles hechos, que de haber estado ellos con la pólvora seca, hubieran liquidado el partido en los primeros cuarenta y cinco. Aquí vamos de nuevo, mirando las cosas desde otro lado. Danubio, criticado por su juego, fue un equipo que logró llegar con peligro un millón de veces. Ifrán es un delantero de temer, hábil, encarador, vivo como el demonio. Porcari es un volante moderno, que va y viene setecientas veces. Hubo una jugada en que llegó hasta el fondo por izquierda y en la contracarga violeta quitó en la puerta de su área. A tal punto fue importante lo de este valor, que cuando se empezó a quedar él, se quedó Danubio. Grossmüller es otro jugador bárbaro de quien también se esperan cosas que no me parece que pueda, ni principalmente quiera dar. Es un último pase, como dice mi viejo, de tanta calidad, que a veces se equivoca por querer darla tan perfecta. Hubo una jugada que tenía a Ifrán libre a la derecha, pero que en vez de tirársela rastrera, se la quiso dar justo por arriba del back y la perdió. Danubio juega bien, va a dar pelea, y si puede vaya a verlo. No se pierda a uno de los mejores jugadores del mundo por prender un rato la radio y escuchar tres boludeces. Lo otro: todo bien con Ferrín, me parece fenómeno que sea importante la noticia de su continuidad en Defensor. Pero la Violeta sigue demostrando cosas por demás importantes, que quedan opacadas por si sigue o no sigue el técnico. Vamo´arriba muchachos. En lugar de hablar tanto de Ferrín podrían destacar al gran Diego De Souza. Este tipo es un fenómeno, pero claro, como Defensor anda mal y no lo vendieron al Fenerbache nadie dice nada. Es un jugadorazo cuando el equipo andaba bien, y también cuando anda mal. Las quiso todas, cabeceó, le pegó de afuera, armó jugadas. Se sigue juntando con Ariosa, sin tener tan claro lo que hacer como en épocas del Polilla, pero llegando bien hasta tres cuartos. El problema de Defensor es a partir de ahí. No logra definir las pelotas que lleva bien, principalmente gracias a De Souza, hasta posición de ataque. Era muy gracioso escuchar los comentarios del segundo tiempo, de los periodistas quejándose de que el local no paraba de tirar centros. Y sí, mi amigo. Si usted pone dos delanteros de más de uno noventa es lógico que tire centros. Y en el segundo tiempo, con los criticados centros, Defensor lo hizo pasar mal a Danubio y casi le empata. El problema fue que en la primera mitad no tiraron un centro. De haberlo hecho, la defensa de La Franja no hubiera tenido tanta libertad para irse arriba. El que con un jugador como De Souza se anime a dar por muerto a Defensor, es un gil. Con todo respeto. Peñarol juega mal atrás, frase por demás repetida. Primero: el gol se lo morfa el golero con todas las de la ley. Segundo: lo atacaron muchas veces, especialmente en la primera etapa (esto fue lo que escuché, porque recuerde que vi solo el segundo tiempo. Si me equivoco corríjame). Pero vale la pena recordar que Cerro está por empezar a jugar la Libertadores, y que armó un cuadro en consecuencia. Por lo tanto, debe haber virtudes en el equipo de la Villa como para ofender significativamente a su rival, si no irían a la Copa a pasear y no creo que esa sea la intención de Repetto, un técnico muy vivo, por cierto (no pongo que Repetto merece respetto porque sería un pelotudo). La otra mirada que admite otra manera de ver las cosas es “la del nueve”. Si usted escuchó a Goñi relatar el partido, coincidirá conmigo en que Máximo se siente defraudado por el sacrilegio que comete Aguirre al no poner un “nueve nueve”. No dudo de la experiencia de Don Goñi mirando fútbol, ni de otros tantos que también lo sostienen. Pero me siento en la obligación de recordarle que Peñarol hizo seis goles en dos partidos. ¿Entiende Máximo? Seis goles en dos partidos. Por lo general los equipos no hacen seis goles en dos partidos. Yo sé que los paradigmas futboleros son necesarios - por más que el propio fútbol se encarga en cada jugada de desmentirlos -, que las CONVICCIONES FUTBOLÍSTICAS (en mayúscula) son necesarias para mantener una postura SUBJETIVA E INDEPENDIENTE (también en mayúscula). Pero seis goles en dos partidos es bastante, por lo menos para esperar y darle la chance al Diego de tener razón. ¿No, Máximo? Lo que vi de estas dos fechas y lo que hizo Racing por la Copa denota que los equipos de nuestro fútbol comienzan a tener puntos en común no poco trascendentes. Fíjese en los próximos partidos, y le aseguro que notará que siempre pasan algunas cosas. Se colocan jugadores de buen pié en los costados. Inclusive los números diez se mueven por afuera. Esas mitades de cancha que basan su ataque en las puntas, para permitir un retroceso a tiempo, suelen esperar para defender en la mitad de la cancha. No se sale a presionar arriba, se espera bien armado con dos líneas de cuatro. A partir de ahí sí se empieza a salir, dependiendo de cómo ataque el rival, pero siempre manteniendo la estructura. Como la mayoría de los equipos juegan así, se ven también coordinados movimientos ofensivos a espaldas de los volantes rivales para generar espacios entre dos líneas apretadas. Se ven movimientos rápidos, entrenados, que responden a una necesidad general más que a un partido en particular. Eso significa, queridos amigos, que el fútbol uruguayo está generando de nuevo un estilo. No sé si es como el de antes, AQUEL QUE TRAJO LAS GLORIAS DEL PASADO (en aburridas mayúsculas). Pero se va armando de a poco, está naciendo. Y sus consecuencias se empezaron a ver con el Nacional de Pelusso, semifinalista de la Libertadores, con el más armado River, tercero en la Sudamericana, y el otro día con el Racing del gran Loquillo Garrido que debe estar loco de contento. En los partidos de otros países, me costó ver cosas que significaran una uniformidad futbolística. Es más, las tablas de posiciones donde se sacan cuarenta puntos entre unos y otros son moneda corriente. Son lugares donde los equipos ultra millonarios le sacan ultra millonarias ventajas a quienes son un poco más pobres, siendo sus estilos de juego diametralmente disímiles. Hay quienes entienden que eso, sumado a un montón de estadios para 70.000 personas que acá serían al divino botón, es mucho mejor que nuestra pasión de los fines de semana, donde NOSOTROS nos llenamos de alegría si el equipo gana, o nos amargamos una semana entera si al cuadro le toca perder. Y sí, señores. En el fútbol, como en cualquier orden de la vida, son maneras de ver las cosas. |