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Señores, es un placer reencontrarme con mis amables lectores. Debo reconocer que mi ausencia en estas primeras semanas de enero no fue porque estuviera de licencia en mi trabajo: recién en febrero me toca Aguas Dulces. Más bien se debió a que no había mucho para decir. Los períodos de pases para los que amamos este deporte son bastante angustiantes; poner el dinero adelante del fútbol es una costumbre de las últimas décadas con la que no me llevo muy bien. No porque antes no fuera importante la parte económica: para los jugadores el fútbol fue y es un trabajo. Pero últimamente lo que se me antoja demencial es que el primer objetivo sea hacer guita y no salir campeón. He ahí la razón por la cual preferí no enloquecerme con números y esperar a que volviera el fútbol, para poder referirme a lo que sucede en el pasto, que en definitiva es lo que en realidad nos importa.
No solo volvió el fútbol, desde el arranque con partidos llenos de goles y resultados increíbles como el de Danubio o el de Defensor. También empieza el jueves, con su maravilloso desfile inaugural, la fiesta más maravillosa de la tierra: el Carnaval Uruguayo. Ya he contado varias veces que en el fútbol mi pasaje fue en inferiores, y que solo mi atrevimiento y las horas perdidas mirando rodar la pelota me llevan a escribir sobre él. Sin embargo en el carnaval, me llena de orgullo decir que jugué una década entera en primera división. En el 96 empezó mi aventura carnavalera, cuando canté de primo nada más ni nada menos que en Falta y Resto. Después, con el correr de los años y en esa misma murga, fui letrista, coupletero, director escénico, arreglador coral, y hoy en día compongo algunas músicas para La Falta, yendo a varios de sus viajes por tierras argentinas, en este derrotero fuera de las carnestolendas que ha decidido seguir. Pero salí los febreros hasta el del 2005: diez años en primera son diez años en primera.
Con la gran diferencia de que en el arte a cada uno le gusta lo que le gusta más allá de premios y jurados subjetivos, mientras que en el fútbol el que hace más goles gana y los merecimientos no pesan en la tabla de posiciones, estas dos expresiones clásicas de nuestra cultura tienen varios puntos en común. Las banderas, las vinchas, las largas horas de preparación, el nerviosismo previo, el disfrute cuando la gente aplaude y festeja, y la angustia si se ve a un público dubitativo y aburrido. El aliento antes de entrar a escena, siendo el escenario tanto una cancha como un tablado, las fans, los fans, el armado de los planteles, las grandes figuras, los jóvenes valores, los papelitos, las serpentinas y la satisfacción inigualable de hacer lo que uno ama con todo el corazón, de disfraz o de pantalón corto.
Y como ya están acostumbrados a leer en estas columnas las realidades un poco noveladas, los invito a transformar al Pollo Olivera en vedette de comparsa, y a Tabaré Cardozo en Matute Morales; total, es carnaval y el que se calienta pierde. Al Pollo capaz que no, pero a Tabaré le va a encantar la comparación porque es terrible bolso.
Después de sus recitales por Italia con Jaime Roos, el Zurdo Recoba, también conocido como el Chino Bessio, vuelve a nuestros carnavales para deleitarnos con su maravillosa pierna hábil y su prodigiosa e inigualable garganta. Un jugador que vistió la Celeste jugando y cantando y, vaya casualidad, en ambos puestos fue discutido. Pero que sin duda en este carnaval clausura nos deleitará con sus solos y con sus tiros libres.
El Pollo será sin duda la vedette que todos estamos esperando ver bailar como sabe: haciendo bailar a más de uno. La prensa especializada lo critica porque por momentos parece haber perdido aquella silueta estilizada que tuvo en otros carnavales. Pero cuando la cuerda de tambores pintados de amarillo y negro suba del milongón al candombe ligero, sin dudas tendrá su momento para deleitarnos con su cintura prodigiosa, compartiendo la escena con el Flaco Ramírez, un escobillero que no deja de hacer malabarismos a pesar de ser estos sus primeros febreros.
Matute Cardozo sigue y sigue levantando la cabeza y metiendo versos, arreglando el coro y manejando la pelota. La diferencia es que mientras en la cancha deberá encontrar un nuevo socio para que defina las cuartetas, ya que se fue un coupletero magistral como Lodeiro, en los tablados sigue junto a su socio y hermano Yamandú, tan cargado de talento como el que se fue a Holanda. Y de postre, demostrando que es un plantel muy completo, el Rafa Regueiro, Sonrisa Cotelo para los íntimos, estará por ahí para mandarla a guardar, haciendo morir de risa a la popular y a la platea.
En todas las murgas y equipos hay valores por los que vale la pena pagar la entrada. Estarán las ya conocidas figuras como el Tony Villalba y el Canario Pacheco, Diego De Souza y Alejandro Balbis creando con la guitarra en la mitad de la cancha, hermanados como La Teja y Capurro seguirán como hace años el Bananita González y Osvaldo Canobbio, uno en Fénix y el otro en los Diablos Verdes. Escribiendo en tres o cuatro cuadros el Gordo Marcel y llevándosela por todas las cuerdas de la murga el Japo Rodríguez. Estarán los Asaltantes de la Cuchilla con su coro de jugadores experientes, con su medio campo de segundos espectaculares y metiendo miedo aunque Marquitos Alfaro se haya ido a la Colombina de Almagro. Desplegarán su magia los goleros de la batería, tapando los palos y llenando de ritmo los silencios, Adriancito Muñoz, Martín Batata Silva o Raúl Sebastián Sosa García. Los solos rabiosos del gran Chato Ambrossio y las arremetidas rabiosas de O.J. Morales.
Tampoco faltarán las nuevas figuras, esos cantores de Murga Joven y de inferiores a los que les sobra paño para jugar los noventa en el Ramón Collazo o cantar los cuarenta y cinco en el Estadio. Damián Dewailly y Coates, Charquero y el Alemán, Mauricio Pereira y el Alvarito Imbert. Estarán también jugadores con registros increíbles como Emiliano y Grosmúller. No faltarán excelentes técnicos letristas como los Eduardos, Rigó y Acevedo; habrá Diegos, uno por Aguirre y el otro por Bello. También habrá ausencias, cómo no. Ni Lodeiro ni Tintabrava, ni Pelusso ni Pitufo. Y por supuesto, la prensa no va a faltar. Quién va a dejar de escuchar al Toto Fernández por más que a veces se esté tan en desacuerdo con él.
En definitiva, todo un carnaval de goles y canciones, clausurando tristezas y derrotas. Siempre hay tiempo para reírse y tomarse revancha; nunca es tarde para ganar y divertirse.
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