| Felipe Castro |
| Lunes, 21 de Septiembre de 2009 23:16 |
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En la nota anterior hablé de la conveniencia de un buen juego colectivo para acrecentar las posibilidades de lograr triunfos. Ahora, en mi afán de que estas reflexiones tengan como fin proponer ideas para que el fútbol uruguayo sea mejor, propongo analizar el perfeccionamiento general de los futuros jugadores en vista del nivel exhibido por los diferentes equipos de nuestro fútbol. Es vox pópuli que Nacional es el más serio candidato a lograr el título. Más allá de la cuestión mediática, hay algo profundo y hasta subjetivo que nos lleva a pensar de esta forma: Nacional es el plantel con más cantidad de buenos jugadores. El problema es entender qué se quiere decir con “buenos jugadores”. La trayectoria internacional, la experiencia, el carácter, son cualidades que sin duda pesan y mucho, pero hay un fundamento primordial que nos hace adjetivar a un jugador como bueno. Empecemos desde la niñez o la adolescencia. Cuando uno mira un partido de baby fútbol o un picadito en la playa, hay características que tienen determinados botijas en la forma de pararse, de pegarle, de transportar la pelota, que nos hacen distinguirlos del resto. Esos son los que por lo general están rato dominándola, pegándole contra la pared o llevándola toda la cuadra con la cabeza; es decir, se fundamentan más que el resto. Quien haya caminado por cualquier ciudad brasilera habrá notado que hay un montón de canchas de fútbol por todos lados. Río, por ejemplo, está llena de canchas rodeadas de un alambrado y con piso de arena, como en la playa, pobladas día y noche por tipos jóvenes y viejos que van a jugar al fútbol, ayudados por el clima. Me animo a asegurar que las virtudes técnicas de los brasileros nacen ahí, en su permanente práctica del deporte desde la más temprana edad, más como cuestión cultural que deportiva. Sumado a que el piso de arena hace mucho más complicado el dominio de la pelota; si uno es hábil con la pelota en la arena, lo será mucho más sobre el césped. Se supone que un jugador debe tener los fundamentos técnicos necesarios para llegar a primera división. Pero tanto la ida permanente de jugadores al exterior y la necesaria super-exigente preparación física denota en los integrantes de nuestros equipos un déficit importante. Basta con irse un poco atrás en el tiempo para darse cuenta de que cuando los equipos uruguayos estaban acostumbrados a pelear internacionalmente ni se corría tanto ni se iban tantos jugadores. Es decir, los mejores técnicamente jugaban acá, y no ocupaban tanto tiempo de la semana en la preparación física. Considero el problema del físico como una de las causantes principales de la baja en el nivel del fútbol uruguayo: se perfeccionaron las preparaciones físicas sin ser acompañadas por las técnicas. Es una deducción obvia: si se corre más y cada jugador ocupa mucho más lugar en la cancha que antes, el tiempo de control y decisión con la pelota es mucho menor. Julio Penino, quien hoy maneja la selección de la B - no solo con un fin deportivo sino también social - era el técnico de la cuarta de Fénix cuando me tocó subir de categoría. Luego de las prácticas me hacía quedar frente al muro de los vestuarios del Capurro pegándole con las dos piernas, con borde interno, externo, etc. Me decía que tenía condiciones para poder jugar pero la cuarta es un escalón importante para llegar a primera, y había aspectos técnicos que yo debía perfeccionar. “-Acuéstese más, Castro” repetía incansablemente cuando quien escribe practicaba la volea. Me acordé de él en el partido de Uruguay – Perú cuando Abreu, de volea, la tiró por arriba del horizontal. Si el Loco hubiera hecho lo que me decía Julio empatábamos uno a uno. Un buen jugador no lo es solo por una buena base de fundamentos técnicos, pero los considero primordiales para que pueda distinguirse y hacer del fútbol un juego más vistoso. Hay un montón de jugadores – sin nombrar ninguno para no herir susceptibilidades – que no podían pasar ni cerca de una cancha de fútbol y sin embargo jugaron años, muchas veces de forma exitosa. Sin embargo, generalmente esos jugadores tienen un desempeño trascendente solamente durante su juventud - hablando en edades futbolísticas, hasta los 24 o 25 años - . Pasada la edad donde uno es joven y se lleva el mundo por delante, sus carencias técnicas no les permiten destacarse. Cada uno forma el todo, y si en primera no juegan jugadores bien fundamentados técnicamente, pero a su vez corren muchísimo y tienen que hacer todo más rápido, el resultado no es del todo agradable. Tal vez la solución sería implementar un plan nacional de educación en el que todos los niños y adolescentes, niñas y varones, pudieran adquirir fundamentos en diferentes deportes. Esto puede tener muchas buenas consecuencias. Primero y principal: estimula la práctica deportiva como cosa natural, fundamental para la buena salud, y mire que saber dominar una pelota no solo sirve para el fútbol, también desarrolla la coordinación de movimientos y la velocidad mental para tomar decisiones. Además les da la posibilidad a todos los niños y niñas de llegar a la edad donde uno decide practicar un deporte de competencia con una base mucho más sólida y con más estímulo, no como mi compañero Juan Benavidez que mide 2,08 y nunca agarró una naranja; un desperdicio. También eleva el nivel de exigencia para llegar a ocupar un lugar en un plantel, porque si todos saben jugar, es lógico pensar que los que integren los equipos sean los mejores. ¡Es lo contrario al dicho “en tierra de ciegos el tuerto es rey”! Y digo en diferentes deportes porque es asombroso cómo se complementan, por ejemplo, el fútbol y el básquetbol; ojalá todos los jugadores de fútbol tuvieran fundamentos básicos de básquetbol. El mismo Julio Penino me preguntó, durante un ejercicio que constaba en saltar a cabecear, si yo había jugado al básquetbol. La razón de su pregunta: que el Felipe hacía naturalmente el doble ritmo, el mismo que sirve para hacer una bandeja como para llegar bien arriba y con el cuerpo equilibrado para poder cabecear. Defender en zona y atacar una zona son capacidades que sirven mucho en el fútbol, porque la base estratégica es la misma. En el básquetbol, y Buysan me puede corregir, cuando la defensa es zonal el atacante mueve la pelota de un lado al otro, obligando a que la defensa corrija una y otra vez su posición para poder penetrar; es decir, llegar lo más cerca del aro posible. En el fútbol el razonamiento es el mismo: ataco a un equipo bien ordenado que no sale a defender la pelota sino que defiende la posición y cambio de frente una y otra vez para que el rival en sus movimientos me brinde espacio para poder meterme al área o dejar a un compañero libre. ¿Cómo rompe un equipo de básquetbol una zona impenetrable? Tirando de afuera. En el fútbol, pateando de media distancia. El plan que propongo no sería muy difícil de implementar. En cualquier escuela hay un espacio para que niños y niñas dominen una pelota de fútbol, o para poner un arito de esos que te venden en el súper para tener como referencia. Sería como el Plan Ceibal. Y como culturalmente el básquetbol y principalmente el fútbol son importantísimos en este país, el tener una pelota de fútbol y otra de básquetbol por niño nos garantizaría un perfeccionamiento técnico que redundaría en un mejoramiento de ambas actividades en todos los niveles, desde el picado en la calle hasta la Copa Libertadores. La propia AUF y la FUBB pueden participar en el proyecto. El ministerio de Salud Pública lo puede utilizar como estímulo para la prevención de enfermedades y nosotros, los espectadores, tendríamos que esperar, pero a la larga veríamos muchos más jugadores que sepan controlar en menos tiempo una pelota con efecto, jugadores que cambien de frente con las dos piernas, que toquen de primera, que sepan diferenciar entre restar con la cabeza y meter un cabezazo, trasladar a toda velocidad o patear con efecto hacia adentro y hacia afuera. Ya no importaría tanto el estado del campo – o me van a decir que antes la cancha de Rampla tenía el piso del estadio del Manchester United - . El fútbol sería mucho más rápido y hasta capaz volvemos a ser el país más exitoso del continente, como en el siglo pasado. De esta manera o de cualquier otra, considero primordial trabajar mucho más la fundamentación técnica de nuestros jugadores, abordando el problema de forma general y no en la órbita particular de cada club. Es hora de entender que en el fútbol, como en cualquier otro juego, los fundamentos son fundamentales. |