| Felipe Castro |
| Martes, 25 de Agosto de 2009 13:42 |
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El sábado de tarde y luego de una breve discusión con la patrona que todavía no se fuma mucho lo de mi nueva tarea de comentarista futbolero, el Felipe arranca para su querido Parque Capurro. Ya he comentado mi pasaje por las inferiores del albivioleta, así que sabrán entender el por qué de mi cariño. El sol y el comienzo del campeonato anuncian la inminente llegada de la más hermosa estación, y la bahía se muestra esplendorosa para recibir un más que interesante marco de público que puebla la renovada y prolijísima cancha, con excelente piso, del Centro Atlético Fénix. De movida nomás, los hinchas locales se entusiasman porque el equipo del "Ronco" trata prolijamente la pelota y llega a posición de peligro, donde el "Chengue" Morales se hace lugar entre los zagueros y deja espacios para sus compañeros. Sin embargo los ataques no terminan en gol; dos o tres tiros de afuera y Morales que de media vuelta hace que el arquero Hernández se luzca, yendo abajo contra el palo derecho. La gran dinámica con la que el local arranca el partido va mermando, y ahí River, que está bien parado más allá de defender con poca gente, empieza a largar sus carreras habituales con Montelongo, Córdoba y el jugador que para mí es la gran atracción de la tarde: Henry Giménez. La tribuna de Fénix acompaña el buen comienzo del equipo y se luce gritando ingeniosos improperios que cruzan el ancho de la cancha y son recibidos por el momentáneo silencio de los parciales darseneros. El gran Gustaf, demostrando sus dotes de humorista hasta en la tribuna, hace reír hasta al arquero de River. Pinta bien para los recién ascendidos. Pero el ritmo de la A no es el mismo que el de la B, y antes de terminar la primera parte ya se nota que River empieza a ganar posiciones en el terreno. Ahí viene el gol de Puppo, después de un entrevero, y la bulliciosa barra de Fénix, que agita atrás del arco, se calla. El cuadro del "Ronco" tiene un par más antes del entretiempo, pero el uno a cero ya tiene envalentonada a la barra de allá en frente, que comienza a devolver los gritos. Y en el segundo tiempo, cuando ya las piernas de los jóvenes jugadores albivioletas sienten el trajín de primera división, aparece el infierno que es ese punterazo por derecha o por izquierda, que se llama Henry y se apellida Giménez Ojo: lo de Fénix no es un problema de condición física, no señor. Se trata sencillamente de que el ritmo de juego es diferente, sumado a que los equipos de J.R. suelen darle un vértigo terrible al fútbol que despliegan, y este equipo en especial está conformado con jugadores que vuelan literalmente, como Zambrana que se despachó con dos o tres jugadas a la carrera impresionantes; una de ellas, la que terminó con el gol de Córdoba. Pero Giménez mi amigo, Giménez es una cosa bárbara. Entre tanto crack que hoy nos enorgullecemos de decir que tiene nuestro querido fútbol, este botija vuelve a ser uno de los más importantes; de movidita nomás, en la primera fecha. Se va a jugar a la derecha, con la pierna cambiada, y no lo pueden parar. Ni cuando arranca de la mitad de la cancha, ni cuando recibe cerca del área y contra la raya. Para adentro, para afuera, tirando el centro de zurda, de derecha. Pateando o dejando pelotas servidas en la puerta del área. River gana bien y la familia Vázquez contenta. El viejo Fénix, con el Ronco López al frente, deberá trabajar mucho para envalentonar nuevamente a estos buenos jóvenes valores que tiene, y hacerles entender que falta un montón, que todavía no pasó nada. Si usted tiene tiempo, vaya a verlos porque hay un trío ahí en el medio que estoy seguro va a dar que hablar. Y acompañado por otro sol radiante, llega el domingo. El corazón le gana la cuereada al análisis objetivo y allá partimos hacia la Colombes, con la ilusión de siempre cuando juega Peñarol. Dudamos mucho, es la verdad. Pero el equipo gana con autoridad y se lleva tres puntos importantísimos. Yo sé que hasta ahora mis ideas no han tenido demasiada repercusión, y no es que piense que por haber escrito tres notas voy a ser el oráculo del fútbol uruguayo, pero por favor, que la falange aurinegra le pida a quien corresponda que no nos torturen más mandándonos a la Colombes cuando la Amsterdam luce durante todo el partido un maravilloso sol que disfruta…nadie. ¿Alguien recuerda claramente por qué no se puede ir a la Amsterdam cuando Peñarol es visitante si tampoco la utiliza el local? Creo que fue por algo de la presión al línea, hace como siete u ocho años. Me parece fenómeno que el local vaya al banco de la Amsterdam y el visitante al de la Colombes, pero nada les va a pasar ni a los suplentes ni al técnico del rival porque la hinchada esté a sesenta metros del banco. Por favor, no nos torturen más de frío porque sí. Gracias. Volviendo al fobal, en un equipo que presiona, que tiene mucho más movilidad de la que se imaginaba todo el mundo, que aprovecha los errores del rival y maneja el partido para terminar ganando sin sobresaltos, otra vez y como siempre: el Tony Pacheco. Es gracioso cómo a veces pasa desapercibido para los que rezan que vengan jugadores, que se arrancan la piel esperando al Pollo o a quién sea; no se dan cuenta de que la calidad del Tony es maravillosa. Todo bien con el Pollo, es bueno que venga porque es un fenómeno. Pero quedó demostrado con el Pollo y el Lolo y quien sea que la cuestión es traer a uno que ayude a Pacheco. El tipo entra al área después de que Rodríguez se la baja muy bien, controla con el pecho, y apareado con un defensa bohemio alcanza a tocarla sutilmente por arriba del golero contra el palo izquierdo. Golazo de Peñarol, golazo de Pacheco. Y el segundo - por más que el arquero de Wanderers no está en su mejor tarde - tiene el oportunismo de encontrar esa pelota perdida y sin demorar, mandarla a guardar de nuevo. Encima le sobra tiempo para dos o tres lujos, varias habilitaciones perfectas - esas que tanto extrañamos en la selección - y hasta baja a apretar faltando cinco minutos para terminar el partido, para llevarse una pelota en posición defensiva contra el banderín del corner. Resumiendo señores, miré dos partidos preciosos, dos jugadores notables, otros tantos por demás interesantes, y me quedé con la idea de que este campeonato va a estar de más. Siguen llegando figuras, siguen llegando cracks. Vino el Pollo Olivera, Regueiro, viene el Nacho González, a sumarse a De Souza, a Pacheco, a Cabrera (por las dudas: "pintita" le puse yo, que aunque todavía nadie lo dijo; al igual que el resto de mis sugerencias, me tengo fe para que suceda), al Henry y a muchos valores que desde este fin de semana empiezan a engalanar las canchas y el corazón de los que nos entregamos a sufrir y a disfrutar del Fútbol Uruguayo, el nuestro, el más hermoso de todos. |