Montevideo, Viernes 10 de Febrero

Urugol

A un click del gol

COMO ANUNCIANDO LA PRIMAVERA
Felipe Castro
Lunes, 17 de Agosto de 2009 17:01
Como anunciando la primavera, empieza el fútbol.  Todavía queda un rato de invierno… Falta que se terminen de resolver las incorporaciones, que se decida quiénes acompañan al presidente de la A.U.F., que los contratistas vean si colocan a los jugadores o por descarte los traen para acá, si está bien lo que hizo Acevedo con el Grillo o si es lógico que Mozzo haya agarrado a trompadas al rubio de Newell´s.  Tenemos unos días más de si Ache y Navascués obraron a favor de Nacional, si arreglan o no con Victor Púa, qué fue bien lo que dijo Palma de Tejera y si se condice con lo que dijo Favaro, si Danubio está de acuerdo con que siga Cabal y si legalmente están todos los equipos habilitados para jugar o no pagaron sus deudas.  Viento, granizo y tormenta.

Pero, como anunciando la primavera, empieza el fútbol.  El fin de semana que viene empezarán a verse los nuevos brotes, esos que aún en las peores condiciones hacen fuerza por nacer.  Chiquilines que siguen corriendo atrás de la pelota, sin más expectativa que divertirse un rato.  Después vendrá indudablemente la poda, cuando la tijera fatal corte la raíz del juego, de la moña, de la jopeada, del gol de cabeza, del sueño de ser campeones  y los empiece a inundar de fertilizantes artificiales, esos que hacen crecer a fuerza del pase al exterior, de asegurar el futuro… para que la mejor flor no sea la de más colores y perfume más agradable sino la que se venda más caro.

Pero la primavera siempre es más fuerte, siempre da sus frutos.  Aunque los dueños de los jardines pongan los proyectos económicos por delante de los colores, las flores nacen igual: sigue habiendo manos que las cuidan, que las protegen.  Está la gente que puebla las canchas, que se moja, que pasa frío y que abona de gritos, cantos y banderas las semillas que aparecen año tras año.  No importa a qué floreros finos y europeos vayan a adornar las flores después.   Los que las disfrutamos y las apreciamos cuando germinan, aunque sea por un ratito, cuando son silvestres, cuando son puras y se entregan al sol de la Ámsterdam - el que primero ven y los cobija para siempre – no pensamos en si volverán o no a dejarse encandilar por él.

Algunas, como hace tiempo que viven en el mismo patio y nunca se las llevaron, o se las llevaron y las devolvieron rápido,  son denigradas y tratadas con lástima.  Pobres señores los que no se dan cuenta de que el hecho de ser flor ya es motivo de orgullo.  Aunque no sean las más lindas, esas flores son las más queridas, porque empujan los sueños de triunfo y enseñan al resto del jardín a brillar, colorear y perfumar.  

La primavera está por venir y esas viejas flores que aún adornan las macetas de los barrios vuelven a sentirse renovadas, con toda la fuerza para volver a ser miradas y apreciadas por ojos que las quieren, que les tienen respeto.  Y por los otros también, para demostrarles lo que se pierden por no prestarles atención.

Allí estaremos, abrigándonos para soportar los últimos fríos.  Con renovadas esperanzas, como siempre.  Con el sueño de ser campeones, todos.  Algunos con fundamentos y otros no, pero allí estaremos.  Aunque se cansen de decirnos que esto es un desastre, que no nos sabemos organizar, que somos pobres, allí estarán las barras, allí estarán las banderas, las canciones, las madres, los hijos, los viejos, los jóvenes.  Porque viene la primavera.

Y el fútbol la anuncia: antes de que la temperatura ambiente de el visto bueno, la barra futbolera va a estar poblando las canchas, llenando los estadios.  Así que cuando llegue el 21 de setiembre tan deseado, cuando se terminen de discutir las pequeñeces que habitualmente se discuten en invierno porque tenemos que quedarnos pensando adentro, nosotros ya vamos a estar ahí, apreciando lo único que importa que es saber cómo juega mi cuadro, cómo le puedo ganar al de aquel o quién es el rival para quedarse con la copa.

Como en la primavera, lo único que importa es lo que pasa en el pasto.  Lo demás es puro cuento.
 
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