| Felipe Castro |
| Lunes, 15 de Agosto de 2011 22:31 |
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Adrián, un puntero derecho maravilloso, Jair, que no jugó en Italia porque no quiso cambiarse de horario en el liceo para poder practicar en Miramar, Leíto, el Pablo Jungla y el Maraca que puede pasar un partido entero sin que se la saquen. Yo, Gustavo, el Sopa, el Flaco, el Barba, que tiene para unos meses porque se jodió los ligamentos contra el corner, el Flaco Maraca que es hermano del Maraca, Juan Andrés, Martín, Mario, Pablito Rivero, Prato, el gordo Diego, el Paysa, que te pegaba cada biandazo que te dejaba temblando las rodillas, Aldo, Marcelo, Conrado, Pablito Peyrou, el Chelo, el Coco, Fernandito, Eduardo, Gustavo Cuitinho, mi viejo. Todos estos valores son de mi barrio, donde me crié.
En Solymar estaban y están todavía despuntando el vicio en algún campito, el Nico Ciria, el Cabeza, Rodrigo, un golerazo, Jorgito, el Máscara, que practico 3 días en Basañez y lo ficharon. Pero la segunda semana de práctica se la tomó libre para irse al Cabo Polonio. Cuando volvió, obviamente no lo dejaron practicar más.
Ratón, Damián, Lucas, un 8 de un ida y vuelta avasallante. Roberto, el Pelado que igual juega mejor al básquetbol, Franco, y hasta Tatito que yo pensé que sólo era uno de los mejores bateristas del país. En la gamur, Batata, Alvarito, el Leo Bargas, tremendo jugador, el Rolo, el Alemán, Yaguno, Mauris, Mati y Mati, el Mono, el Banana, Julián, Marinari, y un montón de otros músicos y murguistas.
Mi hermano, Jose, Iván, Camilo y la casi totalidad de sus amigos, con quienes nos enfrentamos en cotejos donde los 15 años de diferencia entre un equipo y otro se notan en lo físico pero jamás en lo técnico. Y de la edad de ellos todos los botijas de la cuadra, Emi, Cachi, Gabi, Juan y Agustín, León y Maxi, que todavía pueden jugar en primera y hasta Dieguito, que no es tan hábil pero te corre hasta abajo de la cama. A Pampero no lo nombro porque todos lo conocen por ser el mejor jugador de fútbol playa del mundo.
Y podría seguir la lista hasta cansarme yo y aburrirlos horriblemente a ustedes. En todos los lugares donde coseché amistades, que por suerte son muchísimas, cosa que me llena de orgullo, compartí y comparto campitos, canchas de fútbol 5, 7,. 9 y 11, gimnasios de fútbol de salón, parques, plazas y hasta cordones de la vereda con excelentes jugadores de fútbol.
Entre todos estos que les nombré hay algunos que juegan maravillosamente, otros muy bien y otros bien y nada más. Pero todos saben jugar, y no desentonan en cualquier partido en cualquier circunstancia. Obviamente hay una cuestión de preparación física que excluye a muchos de un partido de primera división. Pero por virtudes técnicas, la inmensa mayoría pudieron o pueden aún jugar en el plantel principal de un montón de equipos.
En Uruguay pasa con el fútbol lo mismo que con las mujeres. No es una cuestión de cantidad sino de calidad. Espere un par de meses y salga con termo y mate a caminar un atardecer por la rambla de Pocitos, por 18 de Julio o por la Plaza Colón. Hágalo en primavera porque si va ahora lo más seguro es que solo vea gorros y bufandas. Pero si espera la mejor estación, notara que en cualquier lado la gran mayoría de las damas merecen su atención. Unas por una cosa y otras por otra.
En los picados de barrio pasa lo mismo. Unos porque la descosen y otros porque marcan como sabuesos, pero todos saben jugar y todas son bonitas. Así somos los tres millones. También existe gran densidad de excelentes músicos, notables arquitectos, increíbles literatos, destacados médicos. Pero la belleza femenina y los jugadores de fobal nos hacen famosos en el mundo entero, siendo tan sólo tres millones.
Y toda esa gente que le nombré pertenece a las más variadas clases sociales, a todas. Hay tipos que gozan de un excelente pasar desde lo económico y muchachos a los que les es muy costosa la vida. Gurises que de chicos no les faltó nada y amigos que después del veinte andaban buscando algún lugar donde almorzar porque en la casa daba sólo para los hermanos más chicos. Igual que en la selección.
La cantidad de jugadores por equipo no es proporcional a la población de cada país. Quizás el mundo entero esté haciendo mal la ecuación, si es ecuación el término correcto. No hay que tener en cuenta la cantidad de población del país si no el porcentaje de esa población que se dedica a jugar y se especializa en correr atrás de una pelota. El nuestro es altísimo, lo que redunda en éxitos en la materia. Disculpen sociólogos y psicólogos pero no me suena tanto a disparate.
Es decir, desde mi humilde punto de vista, lo de los tres millones no es una desventaja sino una de las causas de este fenómeno. Eso es lo que quiero transmitir con toda esta disertación. Si hubiéramos ganado dos o tres campeonatos, bien, se podría titular de increíble, de heroico y otro montón de adjetivos basados en la diferencia de población con el resto. Pero siendo uno de los países más laureados de la historia, ese verso de “y eso que somos 3 millones” ya me parece que no corre.
Nuestra idiosincrasia es la de disminuirnos, siempre. La otra tarde escuché un hermoso programa radial donde habla la gente, en el que los panelistas llevaron la negatividad oriental a un extremo increíble. Tan extraño nos es vernos como los mejores, ganando con contundencia y siendo alagados por el mundo futbolístico a pleno, que estos señores comentaban el grave problema que va a tener nuestra selección cuando dentro de tres o cuatro años haya cinco o seis jugadores que ya no van a poder estar en plenitud por su edad.
Por eso, por esa necesidad incorregible de sentirnos menos que los demás es que el argumento de los 3 millones sigue estando en el tapete. Si fuéramos argentinos o brasileros nos vanagloriaríamos de ser tan pocos, diciendo que el problema de los otros es que son muchos. Pero como nos gusta hacernos los sufridos decimos que es al revés. Es nuestra idiosincrasia y sólo muchos, muchos años y decenas de cambios en nuestra cultura pueden alterar esa condición.
Lo que no es discutible es que Uruguay es el mejor equipo de Sudamérica y uno de los mejores equipos del Mundo. En ese poco entendible ranking FIFA que nos coloca quintos detrás de España, Holanda, Alemania y Brasil, las razones por las que este último está mejor posicionado que Uruguay son las mismas por las que podría estar encima de cualquiera de los otros tres; por su historia o por la cantidad de jugadores que dio y que da a casi todos los grandes equipos del mundo.
No hay ninguna razón futbolística actual que coloque a nuestros hermanos norteños en un mejor lugar que a nosotros. Como equipo, tienen carencias importantes en cualquiera de sus líneas. Suelen agarrarlos mal parados y una defensa medianamente ordenada está en condiciones de detener la mayoría de sus anunciados ataques. Y si bien sus individualidades son importantes, ni se le arriman a Forlán y a Suárez. Lo dije en la nota anterior, pero si no vuelven Ronaldinho y Kaká, los dos, por más Robinho y Neymar que haya, Brasil tendrá que practicar doble y triple horario para empardarnos como equipo. |