Montevideo, Jueves 17 de Mayo

Urugol

A un click del gol

CADA UNO ES COMO ES
Felipe Castro
Sábado, 21 de Mayo de 2011 16:43

 

 

 

 

Hace unos días mi viejo me cantó unas estrofas de un couplet que hacían los Asaltantes con Patente en los sesenta creo, donde la historia contaba el casamiento entre dos homosexuales en Florida o no me acuerdo en qué ciudad del interior.  No sé bien a qué evento se refería dicho couplet y según entendí al viejo, había sido una especie de boda que obviamente no podía ser legal ni en ese momento ni hoy.

 

 

La causa de recordar estas estrofas de la murga de Carlitos Sotto fue la diferencia en la manera de ver y respetar las decisiones de los demás.  Hoy no se oculta la homosexualidad como hace un tiempo.  No es raro caminar por la calle y cruzarse una pareja de hombres o una de mujeres.  Tampoco ver a alguien que hace gala de ser gay, demostrando disfrutar y enorgullecerse de su condición.  Lo raro sería escuchar hoy un couplet como aquel de los Asaltantes.  No llegan ni a la puerta del tablado que ya están condenados por discriminación.

 

 

Viendo la relación que aún hoy mantienen mi abuelo y mi abuela después de sesenta y tantos años de casados, noto las grandes diferencias que existen entre el común de aquellas mujeres con las de ahora, y también entre los hombres.  Mi abuelo se mataba de risa el otro día porque yo le contaba cómo cocino  berenjenas saltadas que dicho sea de paso me quedan exquisitas.  Don Juan jamás, pero jamás cocinó.  Nunca lavó un plato, ni barrió, ni mucho menos lavó un baño.  Y mi abuela siente mucho orgullo porque eso haya sido así.  Siguen siendo dos enamorados, octogenarios pero enamorados al fin, y quiénes somos los que vivimos en otro mundo y de otra manera para juzgarlos y decir lo que está bien o lo que estaba mal.

 

 

Justamente este es el motivo de mi nota, el poder respetar y disfrutar de las diferencias.  Las personales y las generales.  Como sociedad estamos ante una encrucijada de respeto que se enmarca en una gigante falta de respeto.  Nos diferenciamos de todo el resto del continente por una ley que decidimos reafirmar dos veces.  Yo no estoy de acuerdo, pero la mayoría lo decidió de esa manera.  En Argentina una amiga hija de desaparecidos me dijo que no le corresponde a la mayoría decidir si los asesinos y torturadores tienen que estar presos o no.  Y yo respeto lo que ella dice porque es como procedió el pueblo Argentino.

 

 

Y más allá de estar de acuerdo o no con lo que hicieron del otro lado del Plata, si es que me corresponde estar o no de acuerdo, reconozco que nuestro pueblo procede de otra manera y con otras herramientas legales.  El problema ocurre cuando esa diferencia se sostiene sobre bases que no son lo suficientemente firmes, porque los que hoy quieren amoldarse a las leyes internacionales para dejar de ser “diferentes”, tuvieron la chance de respetar, y no lo hicieron.

 

 

En la década del ochenta la votación entre verde y amarillo que recuerdo con mucha intensidad, como recuerdo todo lo que me pasó entre los diez y los trece o catorce anos, como Peñarol y Nacional campeones de América, o Uruguay campeón sudamericano, o los goles del Polillita DaSilva y los desbordes de Próspero Silva, estaba aún muy cerca de la dictadura, y así y todo, el partido que hoy es gobierno fue el embanderado en dicha lucha.  En realidad las organizaciones sociales estaban a la par, como estuvieron durante mucho tiempo.

 

 

Pero en el último plebiscito, el de la papeleta rosada, el partido que ahora sí ostenta y ostentaba en ese momento el poder ni fue abanderado ni estuvo junto a las organizaciones sociales para derogar una ley que nos hace diferentes.  

 

 

No difiere de lo que pasó con el aborto por ejemplo, donde tuvimos la chance parlamentaria de ser diametralmente distintos, demostrando una apertura realmente asombrosa para un pueblo al que le cuesta tanto cambiar.  Pero no.  Era demasiado pedir.  Y en este caso una sola persona, que coherentemente dice que las mayorías no tienen siempre la razón, decidió por encima de varias mayorías y vetó lo diferente.

 

 

Entonces es todo una gran falta de respeto.  Porque si en el momento de ese nuevo plebiscito, cuando había que trabajar para que se respetara a los trabajadores, a los estudiantes y a los familiares de trabajadores y estudiantes a los que no se respetó sus diferencias en la dictadura militar, impulsando la eliminación de una ley que desaprueba el mundo entero no se trabajó, ahora se vuelve a faltar el respeto al querer eliminar una decisión, que me guste a mi o no, fue una decisión popular, aunque nos hace diferentes de América y el Mundo, como dice la canción.  Y habría que respetarlo, y ponerse a trabajar rumbo a otra decisión popular, donde les permita a algunos demostrar ser diferentes a tantos otros y luchar por un objetivo aún teniendo consecuencias electorales, respetando al electorado, ¿no?.

 



El Uruguay es una lucha permanente entre respetar y faltar el respeto.  Las murgas por ejemplo han ganado un respeto gigante como género dentro de nuestro país, y fuera de fronteras crece sin solución de continuidad contagiando a más y más personas que por toda América se ponen a cantar murga.  Pero la Intendencia de Montevideo, regazo para  nuestro Carnaval, financió menos tablados que el año pasado.

 



Se habla de Uruguay Natural sacándole rédito turístico al respeto por la naturaleza y se planean puertos de aguas profundas en las costas oceánicas.  El Uruguay es respetado en el mundo entero por su increíble potencial ganadero y el asado sale cien mangos y la leche como setenta centavos de dólar.

 



Y el fútbol uruguayo, fiel representación de nuestra idiosincrasia como digo siempre, no es ajeno a estas tremebundas contradicciones en lo que a respetar y a faltar el respeto se refiere.  El caso del viejo Danubio se cae por su propio peso.  Para respetar la integridad de los espectadores se le obliga a realizar obras en su cancha.  Después no lo dejan jugar allí.  Hace años se escucha el cuento que el interior merece ser respetado y despacito, despacito, despacito, como dice la canción, otra vez somos todos de la capital.  

 



Hay que reconocer que Carrasco se va ganando el respeto de todos.  No es un técnico común, no hay duda; ganando o perdiendo.  Pero esos tremendos antagonismos entre los que lo respetaban y los que lo denigraban se empiezan a acortar porque el hombre demuestra no estar tan equivocado.  Es bueno remarcar también muchas cosas que él supo aprender a respetar, como por ejemplo a los rivales.

 



Pero la gran discusión del momento es si se puede jugar dos torneos simultáneamente.  Las voces de siempre se hacen escuchar defendiendo una u otra postura, muchas veces sin ver realmente lo que sucede.  Los argumentos que dicen que se puede jugar dos torneos con los mismos jugadores son razonables.  Basta con mirar los finalistas de la Champion, ya que son los mismos equipos que salieron campeones en España y en Inglaterra.

 



Yo creo que ahí mismo radica el problema.  Los equipos que yo recuerdo campeones de América, tanto Peñarol en el 87 como Nacional en el 88, abandonaron el campeonato mucho antes de lo que lo hizo Aguirre este año o Pelusso hace dos temporadas.  Pelusso ganó nuestro torneo pero le costó la Copa.  Ya lo he escrito en estas columnas, pero en aquellas épocas de los ochenta los grandes jugaban el Uruguayo con la tercera, no con los suplentes, con la tercera.  Nacional llegó a jugar un clásico con la tercera ante el primero de Penarol.

 



España es España, Inglaterra es Inglaterra y Uruguay es Uruguay.  No sé si será por la preparación física, la psicológica o lo que sea, pero nosotros cuando ganamos afuera no solemos ganar adentro también.  Algo a tener en cuenta es que la Copa Libertadores tiene dentro y fuera de la cancha complicaciones que los europeos no tienen.  En Europa no hay altura, ni viajes con combinaciones de aviones que te llevan 16 horas, ni brasileros, ni argentinos, ni canchas paraguayas ni estadios colombianos.  

 



Y además ¿qué es lo tan positivo que se ganen las dos cosas?  Yo encuentro mucho más entretenido que los equipos que no están jugando la Copa peleen el uruguayo.  De esta forma se abre mucho más el juego y hay muchos compitiendo y peleando por mucho.  Me llama la atención que encuentren mejor que un equipo sólo gane todo, lo de adentro y lo de afuera.  Todo bien con el Barcelona porque no somos hinchas ni del Madrid, ni del Valencia ni de la Real Sociedad.  Si así fuera estaríamos con una calentura horrorosa o con un aburrimiento soberano.

 



Acá, por suerte, cuando uno se dedica a lo de afuera descuida lo de adentro.  Peñarol, aunque el puntaje aún le de la chance, se alejó claramente de la posibilidad de ser campeón uruguayo.  Es lógico que Aguirre haya priorizado la Copa reservando jugadores para la revancha en Chile.  Es una buena posibilidad también de ver nuevos valores.  

 


El hecho de no poder encarar las dos competiciones puede ser leído como algo malo, como hace la mayoría de nuestra prensa especializada, o como algo bueno, entendiendo que es tanta la exigencia de nuestro fútbol doméstico, aunque en apariencia no lo parezca, que o te dedicás a él o perdés, aunque salgas Campeón de otra cosa.  

 



Peñarol tiene una chance sensacional de seguir adelante en la Copa, tiene jugadores desequilibrantes, un técnico muy inteligente y mete como mete Peñarol y los uruguayos.  Nacional tiene a su vez una chance sensacional de quedarse con el Uruguayo, porque juega bien, porque su técnico arriesga y porque tiene tres gurises que la gastan.  Y Defensor tiene una chance sensacional de pelearle el campeonato a Nacional en base a lo conseguido en el Apertura y en esta campaña que sin tantos nombres ha sabido volver victoriosa.  En definitiva, un final de temporada divertidísimo, mucho más entretenido que los bodrios españoles o ingleses.

 


De un tiempo a esta parte los uruguayos hemos salido a jugar como nos sentimos más cómodos y de la forma por la que nos respetan y nos gusta que nos respeten en el mundo entero.  Bien parados atrás y con jugadores desequilibrantes que aprovechan cada yerro rival para llegar al arco de enfrente.  Y metiendo, salado, corriendo y mordiendo como hacemos nosotros.  Admiramos y genera respeto que seamos así.  Vamos aprendiendo a respetar la homosexualidad.  Las mujeres y los hombres se respetan de una nueva manera, nosotros pasamos recetas de cocina y ellas meten en la constru.  Entonces también es bueno respetar que el que pelea la Copa no pelea el uruguayo.  Porque al fin de cuentas, cada uno es como es.

 
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