Montevideo, Jueves 17 de Mayo

Urugol

A un click del gol

CHIQUILINES
Felipe Castro
Lunes, 09 de Mayo de 2011 17:49

QUERIDOS COMPATRIOTAS!!: no puedo más que comenzar esta nota así, con un encabezado cuasi presidencial o de acto multitudinario en la recta final rumbo a las
presidenciables y con grandes chances. Ayer, domingo 8 de mayo de 2011, fue, es y será un día que deberá quedar como una de las grandes fechas de nuestra historia. No es ni será la única que refiera a este tema. Me animo a decir que todos los días sucede algo que nos debería llevar a reflexionar sobre esto. Pero la trascendencia magnánima del hecho, nos da la oportunidad de profundizar en él y de intentar sacar el mayor provecho
posible.

 

 

En una sociedad donde la palabra tiene más o menos valor dependiendo de la edad de quién la pronuncia; en una sociedad donde es una suerte si el presidente de la República es tan solo sexagenario; en una sociedad donde los adultos nos damos el lujo de impulsar y de generar un apoyo popular a través de firmas para que se encarcele a los menores, sin preocuparnos previamente si realmente esos jóvenes a los que queremos privar de su libertad siendo adolescentes, cuentan con las oportunidades necesarias y con los estímulos necesarios para enfrentar con suficientes armas una sociedad que premia y glorifica a los poderosos; una sociedad que aprueba que toda la tarde del sábado, uno de sus principales canales tenga como programación La Cocina del Show; en una sociedad así, los héroes de nuestra principal fiesta patria, El Clásico, fueron tres botijas de 20 años.

 

 

Por supuesto que cuando usted prenda la radio, la tele o lea el diario del lunes, encontrará sí referencias a este hecho. El que no ponga que Coates ya es un zaguero
de selección, o no entiende nada de fútbol o está teniendo problemas en la vista. Pero me animo a decir que todo será haciendo referencia o a Carrasco, o a Aguirre. Y en el peor y más probable de los casos, haciendo referencia a ellos mismos, es decir a los periodistas que hablen o escriban, argumentando que ellos ya vienen diciendo que Coates esto y que Píriz lo otro, y que era obvio que Carrasco debió poner de titular a García y no a Fornaroli.

 

 

Siguiendo ese derrotero insufrible e interminable, la prensa especializada justificará sus comentarios previos al cotejo haciendo puntualizaciones bastante obvias como para
darse la razón. Dirán que Peñarol estaba cansado, que Aguirre debió hacer cambios porque también pone en riesgo sus partidos por la Copa. Hablarán de Pacheco que
estuvo, de Valdés que no, de Darío, de Aguiar y del profe Piñatares. Felicitarán a Carrasco por el acierto de Rolín, por haber corrido a Márquez a la derecha y por tenerle
fe a Porta después de un tiempo de ausencia.

 

 

Y tienen razón. Todo eso sucedió. También fue discutido el arbitraje y a eso se dedicarán horas y horas, y van a estar los que digan que la terna incidió en el resultado
y los que opinan que las decisiones arbitrales no fueron tan relevantes. Hablarán del presente y del pasado de Martín Vázquez, recordarán clásicos con diferentes fallos que favorecieron o perjudicaron a unos o a otros.

 

 

Intentando ser breve en la opinión y no decir lo mismo que seguramente usted lea o escuche por todos lados, primero que nada les digo que me es difícil comentar un
clásico como el de ayer porque soy manya y perdí. Ta’, me doy por satisfecho de ya haberme diferenciado de todo el resto de los comentarios. De aquí en más, si me
parezco a Ríos no es tan grave... (Bueno, mhmhmhm, en fin, un poco grave si).

 

 

Nacional dominó casi todo el partido la mitad de la cancha, punto. Se quedó con los rebotes, con las divididas, apretó la salida con los volantes y dejó a sus laterales en la
mitad del campo, resignando la subida de estos pero asegurando que Peñarol jamás los tomara mal parados.

 

 

A diferencia de algunos de los primeros partidos de este año, Nacional presionó lo debido, y cuando el rival lograba sacar la pelota bien jugada aseguraba su posición
en su propia cancha, sin salir a la desbandada dejando espacios al santo botón. Y se aprovechó inteligentemente de un equipo que no tuvo la respuesta física necesaria
para enfrentar el juego abierto en ataque que propuso Nacional. Porque por más que la ofensiva tricolor no fue un dechado de virtudes, es una constante que los equipos de Carrasco hagan mover de una punta a otra a la retaguardia rival.

 

 

Nacional sacó provecho del desgaste aurinegro, pero también trancó a Urreta y a Pacheco que no estaban cansados. Alejó a los volantes laterales entre ellos obligando
a Freitas y a Aguiar a correr mucho. Si, estoy cayendo en la del cansancio de Peñarol, pero espere, déjeme terminar. Los últimos quince minutos fueron los más entretenidos.

 

 

Nacional en ventaja dejaba gente para el contraataque, arriesgando a que Penñrol se fuera arriba tratando de empatar. Y así la cosa se dio mucho más abierta, y Peñarol tuvo sus chances y Nacional también.

 

 

Pero ganó Nacional y si uno ve el general del juego es lógico que eso ocurriera. Ahora, tampoco se vaya a creer que fue tan determinante todo lo que he dicho yo ni lo que van a decir todo el resto de los comentaristas. No existió dominio absoluto de ninguno. Y si hubo un rato en donde Nacional apretó seriamente a Peñarol fue al final del primer tiempo, donde tampoco tuvo tantas chances claras más allá de algún tiro de media distancia.

 

 

Lo que fue determinante, fue la actuación de las tres principales figuras del equipo tricolor; no en este clásico, sino ya hace bastante tiempo. Y los tres tienen 20 años.
Olvídese del Toto diciendo que Coates o Píriz tienen la cabecita clara porque el gol de la victoria lo hizo García a quién siempre cuestiona como profesional, sin importarle
que sea un chiquilín. Tampoco coma nada con Carrasco el Masías porque se hizo el coso y sacó del equipo titular al goleador del campeonato. Tampoco me de pelota a mi que soy un atrevido que me pongo a hablar de fútbol.

 

 

A los únicos que tiene que felicitar, reconocer y en lo posible aprender de ellos, son esos chiquilines que demostraron que no es un tema de edad el saber y poder decidir. Los chiquilines de Nacional decidieron el resultado clásico. No hubo experiencia que valiera ayer de tarde. No hubo ni años mirando fútbol como para dictar cátedra, ni haber hecho cien goles de tiro libre ni haber salido campeón de América. Ayer ganaron los chiquilines. Y si los grandes tuviésemos la grandeza de reconocerlo, quizás nos empecemos a dar cuenta que son muchas cosas además del clásico las que pueden
decidir los chiquilines.

 

 

Cuando hablamos de mandarlos presos siendo adolescentes ¿alguien les preguntó lo que ellos piensan? ¿Alguien se tomó el trabajo de hacer una encuesta en los liceos si están de acuerdo con mandar en cana a sus propios compañeros? ¿Hicieron una consulta para saber a ciencia cierta si esas cosas que llevan a tantos muchachos a cometer delitos no tienen que ver con necesidades de la muchachada? ¿Nadie se preguntó que quizás esos valores que pretendemos que la botijada tenga ya no existen porque la propia sociedad en la que deciden sólo los adultos los aniquiló hace años aunque intente creer que aún
tienen vigencia?

 

 

Nuestra muchachada no tiene ni voz ni voto. No tiene voto porque nuestra ley lo prohíbe; y aunque tiene voz, los adultos nos empecinamos en que no la puedan hacer
oír. Pero ayer se hicieron escuchar. Píriz fue un fenómeno. Porque para el inteligente planteo de Carrasco en la mendia cancha, era ultra necesario que el volante central se desplazara eficazmente, no corriendo mucho sino corriendo bien, de un lado a otro de la cancha. Igual de importante era que ese volante entregara correctamente la pelota, para no volver infructuoso el correcto trabajo de recuperación. Y así fue. Así lo hizo Píriz, con 21 recién cumplidos.

 

 

Se hizo escuchar García y se hizo escuchar en voz de los hinchas tricolores el gol de la victoria que él hizo, con 20 años. No es que Fornaroli sea un mal jugador ni mucho
menos. Pero este maldito centrofobal que tiene mi eterno rival, es insoportable. No por ser extremadamente hábil, tampoco por tener un tiro asesino y muy preciso. A García le queda una y andá a buscarla adentro. Y así fue. Y así es, con 20 años.

 

 

Y si me sentí orgulloso por tener de rival al Vasco Ostolaza, a O.J. Morales o al Loco Abreu, hace tiempo que empecé a sentir orgullo por enfrentar al flaco Coates. Gana por arriba, por abajo, por la punta, por el medio y por donde sea. Pasarlo a él significa tener la mitad del camino recorrido para hacerle un gol a Nacional, con todo respeto por el resto de sus compañeros. Ayer, las chances que generó Peñarol fueron cuando movió la pelota de un lado a otro de forma tal que Coates no pudiera quedar cerca de ella. Y de postre, la llevó hasta el área rival para hacer el pase del gol. Con 20 años.

 

 

Me pregunto por qué esa confianza que les tenemos a tantos botijas adentro de la cancha no se la tenemos también afuera. Por qué razón no los dejamos participar directamente cuando se hace un plan de educación o cuando se decide en qué cosas gastar un presupuesto. Qué tan bien estamos haciendo las cosas nosotros los grandes como para creernos con la potestad de poder decidir por ellos. Por qué si hablamos de lo capaces que son nuestros hijos perdemos la fe para que se junten con otros hijos y decidan de una vez por nosotros.

 

 

El campeonato sigue abierto y aún hay mucha tela por cortar. Nacional sacó una cabeza de ventaja y no es menor. Defensor quedó un poco atrás y Peñarol también
tiene que atender otros menesteres. Quizás quede algún clásico por jugar previo a la Copa América, donde por lógica estos botijas y algunos otros más como Ramírez o
Hernández tendrían que estar. Y en esos definitorios partidos de fútbol, deporte que tanto se parece a la vida misma, en ese juego de probabilidades donde muchas veces ocurre lo improbable, probablemente vuelvan a ser decisivos los chiquilines.

 

 

 
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