| Felipe Castro |
| Jueves, 28 de Abril de 2011 19:07 |
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El próximo 8 de Mayo se disputará el clásico de la Libertadores. Usted dirá, este muchacho está completamente enfermo, y tiene toda la razón del mundo. Pero la siguiente nota le demostrará que el próximo partido entre los dos equipos más importantes de nuestro país es realmente un clásico de la Libertadores. Léase que dice “de la” y no “por la”.
Convengamos que los clásicos no se juegan solo dentro de la cancha. La rivalidad entre Peñarol y Nacional es mucho más importante fuera que dentro del campo de juego. Es más, a no ser por aquellos enfrentamientos que quedaron en la historia la mayoría de estos partidos no se recuerdan. Sólo lo hacen los que los protagonizaron y algunos pocos que sufren severamente el síndrome de Memoria Futbolística.
La Memoria Futbolística es sin duda una de las partes de la psicología que aún no ha sido profundamente estudiada. La conmoción social que genera el fútbol en este lugar de la tierra da lugar a que este tipo de recuerdos puedan llegar a convertirse en una patología por demás compleja. Los pocos estudios que se han realizado muestran casos como el de Gerónimo Fafaldi, oriundo de la ciudad de Rosario, Argentina.
La facultad de psicología de dicha ciudad demostró que Fafaldi falleció a los 78 años sin recordar su nombre, el de sus familiares, su historia laboral, su dirección, teléfono, etc. Sin embargo recitaba perfectamente la integración de Rosario Central en cada uno de los partidos ante Newell´s, Boca, River, San Lorenzo y Gimnasia y Esgrima de la Plata entre los años 1947 y 1984.
Incluso en nuestro país se descubrió un caso en que un uruguayo llamado Leopoldo Arzuaga tiene conciencia cabal de todos los planteles de Nacional desde 1967 a la fecha, agregando de qué club provenía cada jugador y a qué otro fue transferido, también con serios problemas de amnesia para todo lo demás. Casualmente no lo pudieron seguir estudiando porque desapareció de su domicilio, y varios psicólogos que participaron en dicho estudio están convencidos que olvidó donde vivía, y hoy su paradero es absolutamente desconocido.
Esa Memoria Futbolística, tan grave en algunos casos como los mencionados, permite a la mayoría de la población amante de este deporte vivir cada clásico analizando, hasta irracionalmente, la historia de los mismos. Y no solamente estos partidos propiamente dichos sino todas las circunstancias que rodean a cada uno de los equipos.
Se agrava mucho más este punto con la clasificación de Peñarol a octavos de final y la no clasificación de Nacional a dicha fase. Me animo a decir que la mayoría de parciales tricolores le recordó a cuanto manya tuvo a su alcance los siete años de ausencia. A lo que la casi totalidad de Aurinegros habrán respondido lo infructuoso de las últimas participaciones de Nacional, sin hacer la salvedad que yo si hago por ser un comentarista serio, de aquella semifinal jugada con Estudiantes de La Plata.
Si a esto le sumamos que ambos equipos pelean por la punta del torneo Clausura y de la mismísima Tabla Anual, toda esta bola de nieve creada por la Copa Libertadores se agiganta aún más y lleva la rivalidad a extremos increíbles. Por supuesto y como sucede siempre que los temas no se limitan a lo que ocurre dentro del campo de juego, la prensa especializada colabora en alto grado.
El señor Alberto Sonsol realizó a sus panelistas del programa “La Hora de los Deportes” dos preguntas que dan muestras claras de lo profundo de todo este tema. Una de ellas, la más razonable de las dos si razonable es un término lógico para este cuestionamiento, fue si a Nacional le servía, para ganar el clásico, que Peñarol clasificara a cuartos o no. El grado de especulación a la que se puede llegar con esa pregunta es casi tan amplio como el análisis de la vida extraterrestre. Hay infinita cantidad de variables para que cualquier contestación que se brinde sea un rotundo disparate.
Pero tratándose de un pueblo tan futbolero que escucha permanentemente análisis que nada tienen que ver con el fútbol mismo, la pregunta hasta suena dentro de algunos parámetros de racionalidad. Lo que si no tiene ningún sentido es tratar de responder la segunda pregunta: qué es mejor, ser Peñarol o ser Nacional en miras del próximo juego clásico. Va contra las reglas de cualquier enfrentamiento pensar qué es mejor, ser uno o ser el otro.
Estoy convencido que son esta clase de preguntas las que hacen de Alberto Sonsol uno de los periodistas deportivos más escuchados. Uno es uno y el otro es el otro y pensar cuál es mejor ser, es un cuestionamiento sensacional al que sólo permite llegar el llamado “AE11b”, Apasionamiento Enfermizo de 11 contra 11 benigno, que agravado por el síndrome de Memoria Futbolística, alcanza consecuencias curiosas, tan curiosas como esta última pregunta.
El estado de total asombro e incredulidad de los panelistas fue rápidamente alterado por estas dos patologías que también aquejan a dichas personas, la que los llevó al infructuoso esfuerzo por contestar esa pregunta.
Queda en el tintero aclarar que el síndrome antes mencionado se diferencia con el “AE11m”, Apasionamiento Enfermizo de 11 contra 11 maligno, en que este último hace que los que lo sufren sientan ganas de hacerle daño corporal a otra persona tan solo por ser hincha de otro equipo. En este último participan otros factores sociales que no considero pertinente detallar en esta nota.
Pero volviendo al tema y para ampliar toda esta disertación, el hecho de ser Juan Ramón Carrasco el D.T. tricolor le da a todo lo referido a la Memoria Futbolística un marco más que elocuente. Desde sus primeros pasajes por Nacional como jugador, su breve momento en Peñarol, que si nos referimos a lo estrictamente futbolístico no tuvo la más mínima trascendencia, el último quinquenio ganado por los mirasoles y especialmente una personalidad que lo coloca entre las más llamativas de la historia de nuestra patria, Juan Ramón Carrasco es sinónimo de amores y odios, de conflicto y avenencia, y también es sinónimo de un montón de otros antónimos.
Lembo es un punto crucial en esta lucha por demostrar tener o no tener razón. Una biblioteca, a la cual me sumo, está convencida que este gladiador de mil batallas debió ser titular en el encuentro ante el América de México. Otros están de acuerdo con el entrenador sosteniendo que ya no está capacitado físicamente para mantener el ritmo vertiginoso de la gran competencia continental.
Pero claro, brindar esa opinión depende de muchos factores donde entra en juego directamente la Memoria Futbolística y se le suma el AE11b, lo que relativiza cualquier opinión.
Es difícil entender a aquellos que siendo hinchas de Nacional dicen que debió jugar, ya que no se sabe si lo están diciendo por lo que Lembo juega actualmente o por lo que ha logrado a lo largo de su carrera. Pero a los que piensan lo contrario, les sirve el argumento del Resultado Visto, motivo más que utilizado por la prensa especializada, en algunos casos demostrando los varios post grados realizados en Resultado Visto como el caso de Julio Ríos, grado cinco en la materia.
Si los que opinan son hinchas de Peñarol, las variantes también pueden ser muchas. El que opina que debió jugar puede estar diciéndolo por una real convicción. Pero también puede estar intentando influir en la falange tricolor para que esta presione de alguna forma y así Lembo juegue el clásico, siendo esto lo que realmente se desea, no para que Nacional salga beneficiado sino totalmente lo contrario.
Los hinchas albos por su parte, toman en cuenta indudablemente el poco éxito deportivo que alcanzó la bandera más grande del mundo en el partido frente a Independiente. Sucede lo mismo que con Lembo. Es lógico pensar que muchos de ellos deseen que los parciales de Peñarol muestren la bandera en el clásico cuando debería ser al revés, por vincularlo con la derrota de su eterno rival. Claro, aquí estamos de nuevo inmersos en un típico caso de AE11b, cuando uno cree que una bandera, un calzoncillo, estar contra la América o contra la Olímpica, tocarse una parte del cuerpo cuando se ataca y otra cuando se defiende y un sinfín de otras incoherencias pueden repercutir en un resultado deportivo.
Con excepción del caso puntual de Alejandro Lembo, habrán notado que todos los argumentos brindados en esta nota refieren a sucesos que no se dan dentro del campo de juego, y aún así demuestran de forma contundente que aunque sea un clásico por el Uruguayo, es un clásico de la Libertadores
Por lo tanto, contesto otra vez afirmativamente la pregunta que usted se hizo al comienzo de esta nota sobre si quién escribe está enfermo. Por supuesto que estoy enfermo. Sufro sin dudas el AE11b desde que tengo uso de razón, y según cuenta mi madre desde antes también, cuando viviendo en 18 de Julio, a la edad de 2 años y medio, por iniciativa propia bajé la persiana para alejarme lo más posible de la caravana tricolor que festejaba la Libertadores del 80. El mismo mal que hoy me lleva a juntar gente para arrancar a Porto Alegre.
Pero usted también sufre tremendamente dicho mal. Y su memoria futbolística, partido a partido, corre riesgo de agravar su bienestar mental. No encuentro otra razón válida si no, para que haya llegado al final de esta nota. |