| Felipe Castro |
| Lunes, 09 de Agosto de 2010 16:06 |
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Cuentan que allá por el 10 al continente africano llegó un sudamericano rubio y de ojos color cielo, que causando un gran revuelo en nativas y extranjeras dejó en alto su bandera con su porte majestuoso, marcando un hecho glorioso en la historia futbolera.
Un lugar donde los rubios conocidos como ingleses, o los Boers holandeses solo auguraron la guerra adueñándose de tierra que no les correspondía, las tribus vieron un día llegar su imagen dorada, con el fútbol como espada. Guerrero de la alegría.
El déspota destino quiso que su primer derrotado fuera el país encargado de organizar el evento. Aprovechando el momento recibió de un compañero, giró, lo miró al arquero, y desde media distancia pateó. Luego, con gran elegancia fue a gritar el uno a cero.
Al ángulo superior derecho fue la dama del mundial después de que aquel penal tirado con maestría diera segunda alegría, afirmando la victoria. Removiendo la memoria de todos sus coterráneos que hacía más de veinte años que no lograban tal gloria.
Dicen que los mexicanos en batalla complicada no sufrieron su estocada. Mas su estampa magistral como en cuartos de final con coreanos gladiadores, lo hizo ser de los mejores, siendo la principal razón de dejar su selección entre las ocho mejores.
También eran africanos los que ganando el partido cometieron con descuido una falta junto al área. Y aunque elevaron plegarias a sus dioses ancestrales, el rey de los orientales decretó con tiro fuerte lo que sellaría su suerte después de alargue y penales
Una cruenta batalla a un tris de la gran final libraron en el mundial, frente a los bravos celestes, de Holanda, furiosas huestes que con violenta elocuencia pudieron con la sapiencia del renombrado Brasil. Y ahora, con zurdo fusil, sacaban la diferencia.
Mas quien impulsa esta historia no se iba a dar por vencido. Y grabando su apellido para todo el que hoy lo escucha, a la vanguardia en la lucha, con ambidiestro armamento, otro zurdazo violento sacó de afuera del área transformando en legendarias las palabras de este cuento.
No tuvo un final feliz la batalla, y fue derrota. Mas con aquella pelota, esa que tantos negaron, muchos niños se alegraron al verla en los pies sagrados de aquel guerrero dorado que nos mostró la razón de entregar el corazón para alcanzar lo añorado.
Y el último enfrentamiento, donde se juega el honor, depararía lo mejor y nos llenaría de orgullo. En la derecha un barullo y ante el germano rival fue un centro descomunal. Y asombrando a quien lo vea marcó el héroe, de bolea, el mejor gol del mundial.
Como epílogo del cuento recuerden los que lo lean que otro premio, aunque no crean, logró nuestro homenajeado. Superando a destacados excelentes jugadores, recibiendo los honores de hombres que el fútbol hermana, fue en tierra sudafricana el mejor de los mejores.
Así termina esta historia que quedará para siempre. Servirá como simiente pues nadie habrá de borrarla, para poder imitarla los nuevos cracks que vendrán. Esos que defenderán a nuestra tierra oriental y a la celeste ancestral. Patria de Diego Forlán |