Montevideo, Sábado 04 de Febrero

Urugol

A un click del gol

MOTIVOS
Felipe Castro
Miércoles, 21 de Julio de 2010 22:21

 

Lo mismo que me pasó en la nota pasada, cuando había tiempo tan solo para que hablara el corazón, le ha ocurrido a casi todo el ambiente periodístico uruguayo a la hora de analizar las razones por las cuales La Celeste quedó entre las cuatro mejores selecciones del mundo.  La entrega y todo eso que nos hace diferentes a todos los demás equipos fue tan notoria que le quitó espacio al análisis meramente futbolístico.  Claro, esas cualidades son parte de la cosa.  Pero Uruguay también tuvo un funcionamiento que llenó de motivos a la garra para que esta fuera el diferencial y no el principal argumento.

 

Empecemos por la defensa entonces, que es por donde se dice en este lugar del mundo que hay que empezar un equipo.  Y así fue.  Uruguay durante todo el torneo plantó muy bien su zona defensiva, y que a partir de ahí fue diagramando una estructura en la que, sin dejar nunca de llevar peligro al arco rival, jamás quedó mal parada. 

 

En una de las notas del año pasado, cuando recién habíamos logrado la clasificación, comenté que un equipo para ser protagonista de un campeonato conviene que tenga seis puntos clave.  Tres de ellos son responsabilidad de la zona defensiva: concentración, orden y no perder pelotas en ese lugar de la cancha.  En los primeros 5 partidos cumplió a la perfección con cada uno de ellos.  Estuvo concentrado al punto tal que cuesta pensar una incidencia en la que hayan encontrado mal parada a nuestra retaguardia.  Es más, los rivales prácticamente no tuvieron chances francas de gol que no fueran por virtudes propias.

 

Por lo tanto, además de estar concentrado mantuvo el orden; siempre.  Hubo sin embargo diferentes momentos de relacionamiento entre la zona defensiva y la parte de contención del medio de la cancha, donde tienen que ver también con los jugadores que integraban la última zona.  Tanto Godín como Lugano son zagueros que salen a cortar más arriba de lo habitual, es decir, que cortan juego en zonas que le pertenecen más a los volantes que a los zagueros.  La cercanía de ambas líneas permite esta clase de movimientos, pero cuando jugó Victorino la cosa cambiaba un poco.

 

Victorino es más “chacrero” que los otros dos.  Me refiero a defender más posicionalmente el movimiento del rival, esperando “en la chacrita”, desde la zaga, en vez de salir a anticipar a la zona de volantes.  Esto no es ni mejor ni peor, simplemente son características de juego diferentes.  Dejemos fuera de este análisis el partido con Francia que, como buen debut, tuvo diferencias notorias con el resto de los partidos.  El segundo tiempo con Corea fue el único momento del mundial donde Uruguay cedió exageradamente el campo al rival.  Y tanto el gol de Ghana como el primero de Holanda, son tiros de media distancia en que los volantes estaban más retrasados de lo habitual.

 

No creo que sea casualidad que en ambas oportunidades faltaran o Godín o Lugano.  Ojo, no le estoy achacando los goles al fenómeno de Victorino, simplemente digo que Uruguay no adelantaba tanto sus líneas cuando faltaba uno de los titulares.  Más allá que se haya cumplido con los tres puntos en cuestión, es de orden notar que en un Mundial no alcanza solo con eso.  Ni siquiera alcanza con que las dos líneas estén juntas ya que como vemos, si estas no están muy bien posicionadas se pueden recibir goles de media distancia.  De todas formas, cumplir con  ellos es darle muy pocas chances al adversario de convertir, recibiendo solo dos goles en cinco partidos.  De más está decir que no perdimos una sola pelota tonta en nuestra zona defensiva, cumpliendo así con el tercer punto obligatorio para la retaguardia.

 

Pasamos al medio entonces.  En aquella nota también decía que dos de los seis puntos le corresponden al medio juego: ganar las divididas y jugarle la pelota al compañero.  En el primer caso Uruguay fue sensacional.  No solo no perdió divididas sino que ganó miles de balones que le pertenecían claramente al rival.  Luchó cada pelota en esa zona y fue donde ese plus que tenemos, el de la entrega encarnizada, sirvió de ejemplo al mundo entero.

 

Para ayudar al Ruso y a Egidio, tanto Cavani cuando le tocó meterse ahí, como Palito, como el Mono o el Mota, fueron verdaderos leones, convirtiéndose desde mi leal saber y entender en el mejor medio campo defensivo del campeonato, por más que los holandeses hicieron lo suyo ayudados por los jueces, je. 

 

Pero en el segundo punto del cual es responsable la línea media, volvimos al igual que en la eliminatoria a quedar un poquito en el debe.  A sabiendas de que la gran mayoría de los jugadores titulares pueden estar en el mundial que viene, creo que este es EL punto a corregir para ir a buscar ese mundial en la tierra donde solo nosotros somos campeones, jejejejeje.  Las estadísticas marcan que fuimos de los peores equipos del campeonato pasando la pelota.

 

Estoy convencido que esta es una de las justificaciones por las que en los primeros cinco partidos recibimos dos goles y en los últimos dos, seis.  La increíble capacidad de recuperación de los volantes uruguayos, especialmente el Ruso y Arévalo, está directamente ligada con la capacidad física.  Era obvio que a esa altura del campeonato las fuerzas no son las mismas.  Creo que Uruguay necesitó darle, con la pelota, más respiro a esa  capacidad de recuperación.

 

Era imposible pensar que los dos bravos volantes centrales iban a poder soportar aquella intensidad monstruosa.  Igual seguían robando pelotas, igual apretaban allá lejos.  Pero cuando el rival comienza a jugar la pelota con eficacia en tu propio campo, como hicieron holandeses y alemanes, les aseguro que la capacidad de reacción no es la misma que en los primeros partidos.  Es por esto que, como crítica recontra constructiva, digo que es este punto el que debemos corregir para hacer una mejor eliminatoria que la anterior y repetir un maravilloso mundial como el que jugamos.

 

Hay que hincarle el diente a este punto tratando de sumar a este plantel volantes que logren hacer las dos cosas, quitar siendo prolijos al pasar la pelota y generar situaciones de peligro.  Aclaro de nuevo que estoy lejísimos de criticar a dos jugadores que fueron sensacionales.  Es más, ojalá estén ambos en condiciones de jugar de aquí hasta allá, lo que nos aseguraría todo lo bueno que tuvo la línea media.  Pero hay lugar para uno más, y quizás sea ahí donde tenemos que apuntar las baterías.  Para mí es mucho más fácil enseñar a marcar a los que juegan que tratar que aprendan a jugar los que marcan, por eso empezaría por Lodeiro y por Ramírez, dos desequilibrantes valores que por la virtud de la juventud están a tiempo de aportar eso que la celeste necesita.

 

Y adelante el punto es uno solo: la movilidad.  Uruguay tuvo eso y todo lo demás.  Uruguay tuvo la mejor delantera del mundial y  se lo discuto a cualquiera de cualquier país.  Se movían como enfermos.  Ya he dicho que por la tele se ve solo la pelota y no el partido.  Pues bien, para este punto entonces nada mejor que haberlo visto por la tele.  Se movía la cámara y aparecía irremediablemente un delantero uruguayo.  Suárez porque es un monstruoso jugador, que si juega lo que juega ahora con 23, imagínese lo que va a ser cuando un jugador de fobal es jugador de fobal: entre los 27 y 31 años, justo en el mundial que viene y en el otro también.

 

Recuerdo que una de las cosas que admiraba del mellizo Guillermo (Barros Scheloto), era que iba de frente al marcador y arrancaba indistintamente para cualquier lado.  Con Suárez me aburrí de ver eso y mucho más, con todo respeto por Guillermo, flor de jugador, pero incomparable al lado de este animal celeste.  Un delantero maravilloso que de yapa es goleador.

 

Antes del mundial dije, y mis amistades están de testigos, que Cavani se mueve, se muestra, la pide.  Bueno, a todo eso le sumó un laburo yendo y viniendo increíble, pero sin perder jamás la referencia de ser delantero.  Uruguay jugó con tres puntas por más que el flaco se metía en la línea media y era respiro hasta para los zagueros.

 

El Maestro utilizó el material que tenía a las mil maravillas, le sacó todo el jugo y transformó a un equipo que llegabas con varias certezas pero también con muchas dudas, en un cuadrazo. 

 

Como verán me faltó analizar un jugador que casualmente fue el mejor.  Por esa misma razón lo dejo a él solo para la nota que viene.  Pero aún sin contar al número uno, hubo un montón de motivos futbolísticos, más allá de esa entrega que nos diferencia del resto, para que La Celeste fuera uno de los mejores equipos del mundo.

 
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