Montevideo, Sábado 04 de Febrero

Urugol

A un click del gol

Felipe Castro
3 MILLONES
Felipe Castro
Lunes, 15 de Agosto de 2011 22:31

 

 

 

Adrián, un puntero derecho maravilloso, Jair, que no jugó en Italia porque no quiso cambiarse de horario en el liceo para poder practicar en Miramar, Leíto, el Pablo Jungla y el Maraca que puede pasar un partido entero sin que se la saquen.  Yo, Gustavo, el Sopa, el Flaco, el Barba, que tiene para unos meses porque se jodió los ligamentos contra el corner, el Flaco Maraca que es hermano del Maraca, Juan Andrés, Martín, Mario, Pablito Rivero, Prato, el gordo Diego, el Paysa, que te pegaba cada biandazo que te dejaba temblando las rodillas, Aldo, Marcelo, Conrado, Pablito Peyrou, el Chelo, el Coco, Fernandito, Eduardo, Gustavo Cuitinho, mi viejo.  Todos estos valores son de mi barrio, donde me crié.  

 

 

En Solymar estaban y están todavía despuntando el vicio en algún campito, el Nico Ciria, el Cabeza, Rodrigo, un golerazo, Jorgito, el Máscara, que practico 3 días en     Basañez y lo ficharon.  Pero la segunda semana de práctica se la tomó libre para irse al Cabo Polonio.  Cuando volvió, obviamente no lo dejaron practicar más.

 

Ratón, Damián, Lucas, un 8 de un ida y vuelta avasallante.  Roberto, el Pelado que igual juega mejor al básquetbol, Franco, y hasta Tatito que yo pensé que sólo era uno de los mejores bateristas del país.  En la gamur, Batata, Alvarito, el Leo Bargas, tremendo jugador, el Rolo, el Alemán, Yaguno, Mauris, Mati y Mati, el Mono, el Banana, Julián, Marinari, y un montón de otros músicos y murguistas.

 

 

Mi hermano, Jose, Iván, Camilo y la casi totalidad de sus amigos, con quienes nos enfrentamos en cotejos donde los 15 años de diferencia entre un equipo y otro se notan en lo físico pero jamás en lo técnico.  Y de la edad de ellos todos los botijas de la cuadra, Emi, Cachi, Gabi, Juan y Agustín, León y Maxi, que todavía pueden jugar en primera y hasta Dieguito, que no es tan hábil pero te corre hasta abajo de la cama.  A Pampero no lo nombro porque todos lo conocen por ser el mejor jugador de fútbol playa del mundo.

Fede Sofía, un fenómeno,  el Manga, Pablo y Diego Fascioli, Juani, Axel, Fabricio, el Bocha, Nachito Tabó, Tin, Pablo, el Cacho, Pablito Iturria, vivo como un rayo, Claudio, Pochito, Carlitos Saraco, el Pulga, Danielo, y  decenas de compañeros de la Liga
Universitaria.  

No nombro a la gloriosa sexta de Miramar y la incomparable quinta del Centro Atlético Fénix porque estaríamos hablando de jugadores casi profesionales.  Y eso que sólo 3 de los veintipico de cada plantel llegaron a primera, por lo menos que yo recuerde.  El Flaco Caro que fue golero de Fénix un rato largo, Fernando Fajardo que en la primera de Rampla hizo un golazo que recorrió el mundo entero y el negro Rúben Díaz, un puntero muy habilidoso y ligero, jugador del Cerrito del Ronco López en la C y en la B.  Así que imagínese cuantos quedaron jugando en campeonatos por ahí, sensacionales valores, como  Oscar Méndez o  Seba Segredo.

 

 

Y podría seguir la lista hasta cansarme yo y aburrirlos horriblemente a ustedes.  En todos los lugares donde coseché amistades, que por suerte son muchísimas, cosa que me llena de orgullo, compartí y comparto campitos, canchas de fútbol 5, 7,. 9 y 11, gimnasios de fútbol de salón, parques, plazas y hasta cordones de la vereda con excelentes jugadores de fútbol.

 

Entre todos estos que les nombré hay algunos que juegan maravillosamente, otros muy bien y otros bien y nada más.  Pero todos saben jugar, y no desentonan en cualquier partido en cualquier circunstancia.  Obviamente hay una cuestión de preparación física que excluye a muchos de un partido de primera división.  Pero por virtudes técnicas, la inmensa mayoría pudieron o pueden aún jugar en el plantel principal de un montón de equipos.

Y es una realidad que lo invito a pensar. 
Si usted lee estas notas es porque es un futbolero enfermo como yo, sino no me aguanta ni un minuto.  Pero como sigue leyendo, lo invito a pensar en cuantos tipos usted conoce que juegan medianamente bien al fútbol como para no pasar vergüenza.  Y luego piense los que la gastan, y descubrirá, sin dudas, que son un  montón.

 

 

En Uruguay pasa con el fútbol lo mismo que con las mujeres.  No es una cuestión de cantidad sino de calidad.  Espere un par de meses y salga con termo y mate a caminar un atardecer por la rambla de Pocitos, por 18 de Julio o por la Plaza Colón.  Hágalo en primavera porque si va ahora lo más seguro es que solo vea gorros y bufandas.  Pero si espera la mejor estación, notara que en cualquier lado la gran mayoría de las damas merecen su atención.  Unas por una cosa y otras por otra.

 

 

En los picados de barrio pasa lo mismo.  Unos porque la descosen y otros porque marcan como sabuesos, pero todos saben jugar y todas son bonitas.  Así somos los tres millones.  También  existe gran densidad de excelentes músicos, notables arquitectos, increíbles literatos, destacados médicos.  Pero la belleza femenina y los jugadores de fobal nos hacen famosos en el mundo entero, siendo tan sólo tres millones.

 

 

Y toda esa gente que le nombré pertenece a las más variadas clases sociales, a todas.  Hay tipos que gozan de un excelente pasar desde lo económico y muchachos a los que les es muy costosa la vida.  Gurises que de chicos no les faltó nada y amigos que después del veinte andaban buscando algún lugar donde almorzar porque en la casa daba sólo para los hermanos más chicos.  Igual que en la selección.



La calidad hace que parezcamos más de los que realmente somos.
  La poca cantidad de jugadores logra un aumento significativo en la calidad técnica de todos.  Para jugar hay que saber, y como no somos muchos, sabemos casi todos.  Evidentemente este análisis puede llegar a ser un disparate desde un punto de vista psicológico y sociológico, lo reconozco.  Pero desde la experiencia de haber jugado al fútbol más de la mitad de los días de mi vida, estoy seguro que algo de esto tiene que haber.  Y además finalmente se juega 11 contra 11.  

 

 

La cantidad de jugadores por equipo no es proporcional a la población de cada país.  Quizás el mundo entero esté haciendo mal la ecuación, si es ecuación el término correcto.  No hay que tener en cuenta la cantidad de población del país si no el porcentaje de esa población que se dedica a jugar y se especializa en correr atrás de una pelota.  El nuestro es altísimo, lo que redunda en éxitos en la materia.  Disculpen sociólogos y psicólogos pero no me suena tanto a disparate.


Esto ocurre desde que el fútbol se transformó, junto al carnaval, en la manifestación cultural más importante de nuestro pueblo.  Eso quiere decir que estoy hablando de hace un montón de décadas.  Esos 3 millones ganaron 2 Juegos Olímpicos, 2 Mundiales, 8 Libertadores, 6 Intercontinentales, un montón de campeonatos más y la friolera de 15 Copas continentales.  Más que ningún otro en el mundo entero.

 

 

Es decir, desde mi humilde punto de vista, lo de los tres millones no es una desventaja sino una de las causas de este fenómeno.  Eso es lo que quiero transmitir con toda esta disertación.  Si hubiéramos ganado dos o tres campeonatos, bien, se podría titular de increíble, de heroico y otro montón de adjetivos basados en la diferencia de población con el resto.  Pero siendo uno de los países más laureados de la historia, ese verso de “y eso que somos 3 millones” ya me parece que no corre.



Cualquier español, turco, chileno, griego o ucraniano está en condiciones de decirnos “no nos vendan más el cuentito ese de los tres millones porque es obvio que no es un problema”.  Y se nos acabaría el argumento porque les hemos dado motivos más que suficientes para que lo vean de esa forma.

 

 

Nuestra idiosincrasia es la de disminuirnos, siempre.  La otra tarde escuché un hermoso programa radial donde habla la gente, en el que los panelistas llevaron la negatividad oriental a un extremo increíble.  Tan extraño nos es vernos como los mejores, ganando con contundencia y siendo alagados por el mundo futbolístico a pleno, que estos señores comentaban el grave problema que va a tener nuestra selección cuando dentro de tres o cuatro años haya cinco o seis jugadores que ya no van a poder estar en plenitud por su edad.



Es decir, en vez de analizar las virtudes del mejor equipo Celeste de los últimos 30 o 40 años y uno de los mejores de la historia, cuarto en el mundo y campeón de su continente a años luz de ventaja del resto, nos enfrascamos en discutir cómo vamos a hacer cuando quizás ocurra algo que nos perjudique dentro de tantos años, siempre y cuando no haya un recambio que quizás si lo haya, pero elegimos pensar que no lo va a haber entonces nos preocupamos muchísimo y realmente nos vamos angustiados, cuando deberíamos estar empachados de felicidad.

 

 

Por eso, por esa necesidad incorregible de sentirnos menos que los demás es que el argumento de los 3 millones sigue estando en el tapete.  Si fuéramos argentinos o brasileros nos vanagloriaríamos de ser tan pocos, diciendo que el problema de los otros es que son muchos.  Pero como nos gusta hacernos los sufridos decimos que es al revés.  Es nuestra idiosincrasia y sólo muchos, muchos años y decenas de cambios en nuestra cultura pueden alterar esa condición.    

 

 

Lo que no es discutible es que Uruguay es el mejor equipo de Sudamérica y uno de los mejores equipos del Mundo.  En ese poco entendible ranking FIFA que nos coloca quintos detrás de España, Holanda, Alemania y Brasil, las razones por las que este último está mejor posicionado que Uruguay son las mismas por las que podría estar encima de cualquiera de los otros tres; por su historia o por la cantidad de jugadores que dio y que da a casi todos los grandes equipos del mundo.  

 

No hay ninguna razón futbolística actual que coloque a nuestros hermanos norteños en un mejor lugar que a nosotros.  Como equipo, tienen carencias importantes en cualquiera de sus líneas.  Suelen agarrarlos mal parados y una defensa medianamente ordenada está en condiciones de detener la mayoría de sus anunciados ataques.  Y si bien sus individualidades son importantes, ni se le arriman a Forlán y a Suárez.  Lo dije en la nota anterior, pero si no vuelven Ronaldinho y Kaká, los dos, por más Robinho y Neymar que haya, Brasil tendrá que practicar doble y triple horario para empardarnos como equipo.

Uruguay enfrenta la eliminatoria siendo el mejor, y no creo que sea malo asumirlo de esa forma.  Eso no quiere decir de ninguna manera que esa condición asegure nuestra clasificación.  Pensar así sería desoír la permanente enseñanza del Maestro cada vez que abre la boca.  La Celeste mantendrá su lugar siempre y cuando se desviva  trabajando como ha hecho hasta ahora, y todo indica que esa es la cabeza y el rumbo a seguir.

Pero también nos hemos creído punto durante décadas y no le ganamos a nadie.  Así como cambió el paradigma de nuestra tierra, de sólo con la victoria estaremos cumplidos a el camino es la recompensa, también podríamos pensar en cambiar nuestra eterna costumbre de sentirnos menos, y cuando realmente estamos en una situación privilegiada, como la que vive nuestra selección mayor con respecto a todo el mundo futbolísitco, asumir el rol de banca nos puede dar satisfacciones que hasta ahora nos son desconocidas.

La muchachada  sabía, desde aquel partido contra Sudáfrica, que las cosas habían cambiado.  Por eso salió a festejar y por eso estaban convencidos que en la Copa les ganábamos a todos.  Quizás podamos empezar por aprender a escucharlos a ellos y darles por una vez la voz de mando en esta historia.  Porque por ahora están teniendo razón, contra toda esa vieja idiosincrasia de los viejos de decir “y eso que somos 3 millones”.

 
NOS MERECIAMOS ESTO
Felipe Castro
Domingo, 17 de Julio de 2011 21:24

 

 

 

Todo este tiempo que ha pasado, todo el esfuerzo hecho por tanta gente, toda la esperanza que se ha ido acumulando, la confianza que depositamos y la que nos tenemos, tanto tiempo.  Ahora tenemos nuestro premio.  Sinceramente no había escrito sobre esta Copa América porque consideré sinceramente que no había pasado nada lo suficientemente notorio como para robarles vuestro tiempo de lectura.  Sin embargo ahora, no puedo dejar de resaltar lo bien que me siento, lo bien que nos hace llegar a esta instancia.



Estoy convencido que todo pasa por algo.  El otro día escuchaba al Tito Bernardo, un comentarista de la 22, diciendo que hay dos veredas para ver este momento del fútbol uruguayo, hablando luego de la final de la Sub17.  Está la vereda del sol, la que nos llevó a jugar semifinales y finales de Libertadores, llegar a todos los mundiales en todas las categorías, llegar a la final del domingo pasado, el cuarto puesto en Sudáfrica.



Pero que también estaba la vereda de la sombra, desde donde quedan ocultos todos estos logros y solo se nota que hace veintitantos años que no ganamos un torneo de clubes y desde la Copa del 95 nada en selecciones tampoco.



Lo que pasa es que al gran Tito se le olvidó que esa comparación tiene una variable generacional.  La muchachada menor de 25 no puede cruzar a la vereda de la sombra.  Esa queda sólo para los que llegamos a vivir y a entender aquellos logros.  Para la botijada, esa que salió a 18 a festejar el triunfo ante Sudáfrica no hay vereda de la sombra.  



En la vereda de la sombra dejaron a todos esos que se acostumbraron a vivir en ella, y a los que aún teniendo la chance de disfrutar del solcito contra el cordón, siendo lo suficientemente jóvenes como para ponerse del lado de los jóvenes, confunden objetividad con pesimismo, y se hunden en el gris oscuro de las viejas paredes, con logros que no conocieron, que los confunden, que los hacen envidiar, enfriándose hasta parecer poco valientes.



Para la barra no hay vereda de la sombra.  Para la gurisada hay sol, para la gurisada somos cuartos, nos enfrentamos en amistosas batallas con los más poderosos, jugamos todos los mundiales, ganamos en Brasil, en Argentina, con Peñarol, con Nacional, con Defensor.  Por la vereda del sol hay estadios llenos, hay cracks, hay gloria.

 

Y la disfrutan, porque es en el fútbol donde la botijada no tiene sombra.  Bastante se les oculta el sol en todo lo demás; en boliches que echan homosexuales, en liceos que se llueven, en oportunidades de a puchito.  Bastantes sombras tienen los jóvenes que piensan de una manera, viendo a sus líderes ser una triste oposición, utilizando argumentos con evidentes fines electorales, sin análisis, sin ideas.



Y bastantes sombras tienen los jóvenes que se enamoraron de la idea de una izquierda que no existe, que se dejaron seducir por viejos combatientes que van perdiendo de a una las batallas por crear una sociedad distinta, con otros parámetros, apoyada en otras bases.  No solo aceptamos el latifundio sino que firmamos tratados con el irresistible capital privado, eso a los que siempre nos opusimos.  

 

Se deshilachan las viejas banderas, y las batallas que una y otra vez perdemos los adultos, la muchachada se resigna a perderlas y sigue buscando el solcito de la primavera, como mi amigo el Isma, que está armando un toque a puro pulmón para recordarle a todos que este año quedan sin efecto los delitos de la dictadura, dejando sin castigo las peores aberraciones hacia el ser humano.  Siguen buscando ese solcito, que como un designio celeste, justo nos trae el veranillo de San Juan para festejar esta clasificación.



Le propongo que pregunte cómo salimos con los argentinos, y le aseguro que la convicción más firme de que ganamos la van a tener los más jóvenes.  Seguramente la mayoría de los uruguayos llegaremos al sábado con la confianza plena en nuestra selección.  Pero déjese llevar por los gurises, le aseguro va a llegar con más fe.



Y es que necesitamos estar todos concentrados, todos pensando positivamente porque para ganar hay que hacer una fuerza bárbara.  El partido del sábado es sin duda uno de los más importantes en los últimos 20 años.  El sábado jugamos con un seleccionado argentino con jugadores fenomenales, entre ellos el mejor.  Por eso le digo, no se deje amedrentar; salga a tomar un vinito a la esquina con los chiquilines que le va a dar fuerza.


Y es que Uruguay tiene las armas para ganar el partido.  Desde mi punto de vista, más allá de las no muy buenas actuaciones ante Chile y Perú, Uruguay y Paraguay son los mejores equipos de esta Copa.  Le sumo a Chile, porque supo elegir un técnico para suceder a Bielsa que con algunas diferencias, supo mantener una disposición clara a atacar.  Aclaro que al decir los mejores equipos me refiero al funcionamiento como tal y no a los jugadores que lo componen.  La cantidad de jugadores fenomenales de Argentina opacan a cualquier otra selección, incluso la brasilera.  



Pero al fútbol se juega en equipo.  Los argentinos no tienen una muy buena defensa como sí tenemos nosotros, por más que Lugano hasta ahora se haya mandado alguna gilada impropia para su capacidad.  Y acá ya nos metemos en el partido.  Uruguay le va a dar la pelota a Argentina, no hay duda.  Mejor dicho, Argentina hará su juego teniéndola y nosotros, defendiendo, haremos el nuestro.



Entonces primero lo primero.  El Mono y el Ruso van a defender la derecha.  Eso es un hecho.  Por ese lado va DeMaría, con Agüero viniendo del medio o con Zanetti llegando, por lo tanto, cuanto más cerca esté nuestra dupla defensiva derecha, mejor va a ser.  Ahora, en qué lugar de la cancha es donde tendrán que estar cerca para marcar, he aquí la cuestión.  En el medio es razonable pensar que será Arévalo quién lidiará con Gago, que aparentemente es quién ha encontrado Batista para organizar el ataque argentino.



El problema se presenta del lado izquierdo.  Vuelve Cáceres, pero no estará Coates que como era de preverse fue un fenómeno y sí puede jugar junto a Lugano (vuelven a caer los inentendibles paradigmas del Toto; para variar)  Sería maravilloso que se recuperara Godín, y esté en plenas condiciones para semejante empresa.  Si así fuera, Cáceres de lateral y Palito de volante.  Todo esto para armar un sector defensivo izquierdo que trate de detener al infiernillo este que he decidido no nombrar en esta nota.  Usted sabe a quién me refiero.



El problema aparece si no está Godín. 
La primera que salta es con Victorino de zaguero y todo igual.  Ahora (atentos porque viene el arriesgue de vuestro atrevido comentarista cibernético) analizando la velocidad de movimientos de nuestros endiablados hermanos argentinos cerca del área rival, no sé si no sería conveniente que fuera Cáceres el zaguero, Palito el 6, lugar que le sienta aún mejor que el de volante, para mi por lo menos, y Gargano.  Si, Gargano.  Porqué no juega Gargano es una pregunta que nos hacemos un montón.  


Les propongo pensar que el Maestro lo estaba reservando para este partido, para que llegue con esas pequeñas pero poderosísimas piernas en condiciones óptimas para enfrentar a estos desgraciados (la terminología es utilizable sólo en casos de partidos como este;  vale la aclaración ya que no tengo nada contra nuestros hermanos rioplatenses, que dicho sea de paso nos recibirán el 17 de setiembre en el mítico Luna Park, cuando Falta y Resto haga el segundo show de su historia en el principal tinglado porteño.  Si es como el anterior, con lleno total; ta, la coloqué)  Entonces con Gargano como volante, armaríamos una línea media muy poderosa en lo defensivo y con mucha velocidad en la última zona, que es lo que considero se necesita.  



Pero retomemos el cuestionamiento sobre el lugar de la cancha donde debe defender Uruguay, para hacer lo menos efectiva posible esa tenencia de la pelota que inevitablemente utilizará Argentina.  Partiendo del convencimiento que Uruguay partirá de un buen funcionamiento defensivo para ganar el partido, sería conveniente, y no descubro nada, defender lo más arriba posible.  Marcar lo más cerca de la mitad de la cancha que se pueda, porque los cambios de decisiones que gracias a sus capacidades técnicas realizan los hábiles argentinos cerca del arco rival, reducen las posibilidades de no recibir goles, si están demasiado tiempo rondándolo.



Entonces vuelvo a argumentar lo que dije luego del mundial sobre Victorino.  Victorio es un zaguero bárbaro, pero es más chacrero que Godín, que Lugano y que Coates.  Con chacrero quiero decir que es mejor refugiándose en la chacrita del área mayor, que saliendo a cortar arriba.  Cáceres tiene por capacidad física, la facilidad de abarcar más cantidad de terreno al defender, por lo tanto puede salir con eficacia a buscar a los rivales lejos de su propio arco.



Por eso se me ocurre que Cáceres de 3, Palito que tiene un ida y vuelta fabuloso de 6 y Gargano, un jugador de un despliegue increíble, cuya mayor virtud es presionar y ganar en el mano a mano, jugando de volante, le pueden dar a Uruguay la posibilidad de apretar arriba, con la velocidad y la capacidad de reacción de Cáceres por si la pelota logra pasar esa barrera del medio juego.  Porque es cierto que al quitar espacios en el medio, estos pueden aparecer en la espalda.  



Tampoco descubro nada diciendo que cuanto más arriba presione Uruguay, más la van a tener Forlán y Suarez, que me parece que volvieron a reencontrarse con el Cebolla, el que faltaba.  El Cebolla supo ser el corazón de este equipo en aquellas lejanas eliminatorias para Sudáfrica.  Y ayer tuvo un rato en el segundo tiempo que se lo vió como en su mejor momento, que quién sabe no sea el que está por venir.


Si los hacemos jugar la pelota en el medio, si le complicamos el pase a posición de ataque, estoy seguro que se la vamos a robar más de una vez.  Y también sé que Suarez va a ser un infierno, porque esta es su revancha de aquel partido que no pudo jugar contra los holandeses.  También sé que todo el umbandismo celeste obrará para que las maldiciones y los trabajos que la guacha esta provocó contra Forlán, se anulen, y el Diego, que con su trunco matrimonio le da a este enfrentamiento un aire Shakespeariano, de Montescos y Capuletos, se abra justo contra los porteños y los embatate para que lleve Zaira, su hermanita que le dan color y parece una de las hermanastras de Cenicienta, Tinelli, Cristina Fernandez y la hermana de Fito Paez, que no sé si tiene hermana pero que lleve también.


Más allá de lo que pase, más allá del resultado que como todos sabemos pueden ser tres, y esa es la gracia, todo el renacer del fútbol uruguayo de estos últimos años, no solo como deporte y juego sino también desde lo cultural, uniendo, mancomunando fuerzas, emociones, sentimientos, hace de este partido un evento sencillamente maravilloso.  Cuando nos enteramos que ganando jugábamos contra ellos, que ganando quedaba el único cruce definido hasta ahora, La Celeste salió a matar y debió haber hecho 6 goles.  



“Si, queremos jugar contra ustedes y contra vos, pequeño demonio.  No nos amedrentamos con nada ni con nadie.  Porque desde aquel festejo liceal en 18, ahora, los que mandan el corazón celeste en cada partido son los chiquilines, esos que llegaron a la final el domingo pasado.  Y sin dudarlo salimos a ganarle a México para jugar contra ustedes, como buenos gurises atrevidos”

Si, sin duda.  Nos merecemos esto.

 
AL OTRO DÍA
Felipe Castro
Lunes, 27 de Junio de 2011 14:10

 

 

 

El problema no es la noche del partido.  El problema es cuando al otro día abrís los ojos.  Porque un partido es un partido.  Por más expectativas sentimentales que uno tenga, el momento del juego se interpone entre la razón y el sentimiento y muestra las cosas más claramente.  Es decir, anoche Santos ganó bien, sin discusión.  Lo hermoso del fútbol es eso.  Perdimos bien, se acabó.



Pero cuando se termina el sueño, con la mañana vuelven a aparecer los recuerdos, esos momentos tan alucinantes que se vivieron durante tantos meses.  Los hinchas aurinegros volvimos a la gloria mundial, a codearnos con lo más graneado del mundo futbolístico.  Estuvimos a dos partidos de enfrentar al inigualable Barcelona.  


Y cada uno de los instantes vividos en la Copa hizo del partido de anoche el más importante para miles de hinchas, para cientos de miles de hinchas.  Y fue el partido mismo el que nos hizo olvidar de todo eso.  Un partidazo. Por más que Peñarol no terminó de enganchar una sola jugada del gol, excepto la del gol, que se la metieron ellos, y una en el primer tiempo que Olivera no entendió como Mier no se la puso en el punto penal y se la dio al arquero.



Pero esta mañana se corrió del medio el partido y quedó a la vista la magnífica Copa, y también la final perdida.  Quedó a la vista que no salimos campeones de América.  El cruel y maravilloso deporte del fútbol, fiel representación de la vida nos demuestra en cada Copa, cada campeonato, cada partido, cada minuto, que las cosas pasan cuando uno espera y también cuando uno no espera que pasen.

Era difícil imaginar perder la final antes de la final.  Porque no estaba en el medio el partido.  Porque en definitiva es eso, un partido, un juego.  Era difícil porque Peñarol había hecho todo lo necesario para ser Campeón de América.  Tuvo una maravillosa defensa, la mejor me animo a decir.  Dos laterales que, uno por joven y otro por viejo, hicieron partidos donde parecía imposible que los pudieran pasar.  En el caso del gigante Darío, no sólo como defensor sino siendo la salida más clara del equipo.  Anoche le taparon la subida para que no pensara libre de mitad de cancha hacia adelante.  Hasta ese punto llegó Darío Rodriguez.



Alejandro González pasó de ser un impetuoso zaguero joven que intentaba siempre anticipar, alternando grandes quites con papelones, a ser un tiempista sensacional, indiscutible titular tanto sea como lateral, como zaguero o como cualquier cosa.  El hormiga Valdéz  se ganó el respeto de la falange aurinegra con prestancia, presencia y categoría.  Guillermo le pegó a todo lo que pasó cerca, especialmente a la pelota que casi siempre le pasaba cerca.  Y los cuatro fueron importantes en el cabezazo ofensivo, de yapa.



A sacarse el sombrero por un centro half uruguayo, como el mate, más.  Los corrió todos los partidos a todos, a todos.  Parecía que lo iban a echar pero no, Freitas desplegaba su juventud, su fuerza, su ímpetu quitando y apoyando y no lo echaban.  Mi viejo a Aguiar le puso el maguito, por lo menos yo lo escuché a él decirlo.  Un maguito, sacando conejos de la galera como el centro del segundo gol contra el Inter.



Ayer no anduvo, es cierto.  Si el plan es analizar la Copa y no el partido porque ya estamos al otro día del partido, entonces Aguiar fue uno de los dos jugadores más importantes del equipo.  Esa es la pura verdad.  Marcó, metió y jugó.  A tal punto que el Maestro lo hubiera pre seleccionado si no fuera porque ahora en Uruguay ahora se hacen las cosas en serio y si no estuvo el 15 chau pinela.  Quedará para las eliminatorias.  Pero si el Maestro, con lo que le cuesta meter una cara nueva lo iba a llamar, es muestra clara de la Copa que se mandó.

 

De los de afuera, Corujo un jugador para muchos años más.  De lateral, de volante, llegando hasta el área rival y defendiendo hasta la línea de fondo propia.  Recorrido de fútbol moderno y con gol.  Sensacional jugador de un futuro sin techo.  Mier fue un poco más discutido, pero en un equipazo no hay duda que son titulares los que merecen serlo.  Hasta que el Santos lo estudió y lo defendió, fue una sorpresa para todo el resto de los rivales.  Ayer trancaron a Darío, y al trancar al pasador trancaron también al receptor.  Salvo en aquella primera jugada, nunca quedó en posición favorable para atacar.



Y arriba estaba Martinuccio que enloqueció corriendo a todos. 
Por alguna razón desconocida, Martinuccio se las arregló para picar sin oposición de izquierda o de derecha al medio, para recibir a la carrera, con pase a la derecha con Corujo, a la izquierda con Mier, a cualquier lado con Olivera o para resolver él, que casualmente es lo que más le gusta.  O si no, los apretó en el medio y los sacó a pasear por las puntas.  Pero a Martinuccio también lo marcaron.



Y si sumamos que Aguiar no anduvo como anduvo siempre, que trancaron la subida de Darío, que Mier no recibió, que Corujo también tuvo una estudiada marca y que a Martinuccio al fin le trancaron las diagonales para adentro y para afuera, es lógico que a Olivera, el jugador más importante del equipo desde mi humilde punto de vista, no le quedara una sola pelota.



Olivera fue el jugador de Peñarol, por la sencilla razón que era quién hacía los goles.  Ninguno de sus compañeros fue tan decisivo como para quitarle al gigante Juan Manuel el papel de ser el más desequilibrante de todos, porque la mandaba a guardar.  Ni la calidad de Aguiar ni la velocidad asesina del porteño, ni el tesón de Corujo ni la precisión de Mier, pudieron suplir la falta de gol del número 9 aurinegro.

 

Sólo por eso Peñarol sufrió más de lo debido ante el fabuloso Vélez.  Si Juan hubiera estado claro como en todos los partidos anteriores, Peñarol clasificaba sin tanto alboroto.  Y anoche, esa maldita noche, el gran goleador, al que seguro veremos vestir también la Celeste, no encontró una sola pelota que le diera la chance de inflar la red.  Acá en el Estadio tampoco, porque Santos se cuidó, estudió, no se cebó como hizo el Inter, por ejemplo.  No alcanza sólo con ser brasilero y sacar un buen resultado de visitante.



Santos estudió a Peñarol en el Estadio y lo repasó en Pacaembú.  Tuvo claro sus movimientos y no dejó, como dijo muy preciso Enrique Yanuzzi después de la primer final, no dejó que Olivera recibiera nunca de frente.  Lo sacó del picadero, de la troya, de su zona de peligro.  Eso primero, después todo lo demás.  Y la gran diferencia fue que le buscó variantes ofensivas a lo que hizo en Montevideo, bien defendido por Peñarol.



Y el gran Diego Aguirre, pase lo que pase ídolo eterno, respondió a las expectativas de los dirigentes que lo trajeron y de la hinchada que lo ama.
  Armó una defensa incomparable, un medio juego duro y preciso, y un ataque furibundo.  Quizás Diego volvió a confiar demasiado en una ofensiva que no funcionó en la primer final.  No varió demasiado la propuesta de ataque en la revancha, que sí fue lo que hizo su rival.



Pero tampoco era descabellado pensar que le fuera a dar resultado.  No podía ser que Corujo y Mier no desbordaran con peligro, no era probable que Aguiar estuviera de nuevo apurado o que Martinuccio y Olivera no se hicieran espacio para crear chances.  Pero en el fútbol como en la vida pasa muy seguido lo menos probable.  Y Santos se encargó de hacérselo mucho más complicado.



Lo único que me es difícil de entender es porqué cuando nos hicieron los goles, cuando no se veía por donde se podía dar vuelta la cosa, cuando la chance parecía ser tan sólo el amor propio y eso que tiene Peñarol que lo llevó e descontar incluso, porqué no puso a Pacheco.  Desde la sencilla pero dramática posición de hincha, estoy convencido que cuando lo trabajado durante meses no da resultado, cuando todo lo que funciona deja de hacerlo, hay que confiar en la inspiración, en la calidad, en eso que hace a algunos jugadores únicos, maravillosos, espectaculares.


Pacheco es el único jugador con esas características en este y en muchos Peñarol.  Antonio es uno de esos responsables de que el fútbol sea tan lógico como inesperado.  Una vez escuché a Babington, un ex jugador que según parece fue mucho mejor jugador que dirigente  dado el descenso de Huracán de Parque Patricios, equipo del que actualmente es presidente, comentar aquel Mundial donde Bielsa no llevó a Riquelme y Argentina quedó afuera en la primer fase, en Corea y Japón.  



La máquina de ataque albiceleste, de repente se enfrentó a la situación de tener que ganar obligado ante Inglaterra y a la mismísima defensa inglesa, con el partido uno a cero en contra.  Babington decía que Riquelme pudo haber dado ese pase milimétrico y entre líneas del que Argentina no había precisado nunca, gracias a aquel vértigo asesino con el que ganó de cabo a rabo la eliminatoria.



Peñarol siempre tuvo esa chance que lo hizo seguir en la Copa.  De una manera u otra se las arregló para continuar hasta el final.  Pero anoche, todo lo que había dado resultado falló, todo lo que siempre pasó dejó de pasar.  Y Quizás, con lo incierto y en vano que es cualquier comentario sobre lo que habría pasado de haber ocurrido algo que nunca ocurrió, se me ocurre que Pacheco le podía haber dado una mágica solución a una situación que precisaba de algo de fantasía para concretarse.  Hacer un gol ya era difícil por cómo se dio el partido.  Un gol hicimos, pero teníamos que hacer dos.  Quizás Antonio, quizás.



Pero Diego fue el sensacional técnico de un Peñarol sensacional, nada que discutir.  Con sus decisiones ganamos y con sus decisiones perdimos.  Y por eso él es el técnico, por eso él está ahí, sufriendo como nadie desde su lugar, y yo estoy sufriendo también, pero sin más responsabilidad que el sentimiento.  Nada tengo que ver con el maravilloso trabajo que hicieron Aguirre y todo su cuerpo técnico.


Uruguay mis amigos, está ahí.  Aquella semifinal Nacional y esta final Peñarol.  Cerquita.  Y Uruguay cuarto.  Cerquita.  Ya los tenemos, ya no hay diferencia, es cuestión de tiempo.  Quizás esta Copa América sea el principio de una etapa de llegar a lo más alto.  Quizás se hayan terminado ya los años de quedar ahí.  Lo cierto es que estos años de quedar ahí nos han llenado de alegría, de orgullo, de vida.  El fútbol uruguayo está más vivo que nunca.



Eso pensé anoche, hasta la última pelota, hasta el último segundo.  Por eso al otro día es más difícil.  Porque aún cuando terminó el partido estaba esa esperanza ilógica de que todavía algo podía pasar.  Quizás por eso pintaron unos coscorrones al final.

 Pero al otro día, cuando llega la mañana, con el nuevo sol también se ilumina la idea de que lo mejor está por venir.  Empezar de nuevo, con valentía, con esperanza.  Parece que viene el pibe Caballero de Cerro, que Olivera no se va, que La Copa América nos va a ahorrar un poco de invierno y que me muero por volver a sentarme en la vieja Amsterdam, cobijado por el astro rey de los últimos fríos invernales, para ver cual botija está para jugar, para escuchar la previa, para ver a mi cuadro.  Siempre lo mejor está por venir.  A mí eso me lo enseñó mi Peñarol querido.
 

 
NOBLEZA OBLIGA
Felipe Castro
Sábado, 18 de Junio de 2011 16:28

 

 

 

Aquellos que han leído algunas notas de este humilde servidor habrán notado que no me gusta analizar con la inmediatez que se manejan las cosas en casi todos los ámbitos periodísticos deportivos.  En realidad todo lo que refiere a las noticias, tanto deportivas como de cualquier índole, son tratadas en el momento en que ocurre algo notorio.  Luego se va dejando de lado y hasta deja de existir en el mundo noticioso.



Recién estaba escuchando una nota en la radio que habla del lamentable estado edilicio de un montón de escuelas públicas en Montevideo.  La presidenta del gremio de maestros contaba cosas tragicómicas, como que en una escuela donde las clases se dan en conteiner, robaron una ventana y cuando una empresa fue a colocar una nueva, como era más grande de tamaño la dejaron apoyada contra el container.  Un 6 de junio  muy frío.  Otro caso llamativo que contó, fue una escuela en Aires Puros que no tiene cerco perimetral ni muro ni nada, y mientras los niños hacían gimnasia, le robaron el celular a la maestra delante de ellos, con una arma.

 

 

Esta noticia, que es mucho más importante que un partido de fútbol, probablemente se deje de analizar en una semana, y los niños sigan congelándose, sin baño o con termitas cayendo del techo cuando están comiendo, como contó la presidenta del sindicato.  Y lo peor de todo es que seguirá en el tapete la baja en la edad de imputabilidad, esa ley que intentan llevar adelante para mandar presos a esos adolescentes que fueron a esas escuelas.  Dicho así, es mucho más tragicómico.  Hasta vomitivo le diría.

 

 

En la nota pasada comenté que como sociedad deberíamos proceder como estamos procediendo como hinchas.  Yendo a todos lados, participando directamente en los momentos decisivos.  ¿Por qué?  Porque en el fútbol las cosas están yendo sensiblemente mejor.



Estoy convencido que una de las causas de ese mejoramiento se llama Juan Ramón Carrasco.  Carrasco fue el que terminó la era de los percherones. 
Desde que apareció, fueron quedando de lado hasta casi desaparecer.  Es conveniente que explique qué quiero decir con percherones.  Así les dicen en algunos lugares de campaña a los caballos extremadamente grandes.  Son animales que sirven muy bien de tiro, pero para otras labores de campo son demasiado toscos y poco dúctiles a los hábiles movimientos de riendas de sus jinetes.

 

 

Futbolísticamente hablando, los percherones son esos volantes que sólo se dedican a marcar, y cuya única arma ofensiva puede llegar a ser el cabezazo.  Puedo decir se dedicaban, porque no se me ocurre ninguno en actividad.  Pero en un momento fueron parte fundamental de nuestro fútbol, y quizás esa pueda ser una de las tantas razones del poco éxito internacional de nuestros equipos.   

 

 

Muchos fueron más que exitosos en nuestro país, y reconozco que cualquiera de ellos me podría decir que serían burros pero jugaron años en primera, y yo no.  Tendrían toda la razón, y por eso los admiro y les tengo muchísimo respeto.  Lo que no quita que su trabajo en la cancha quizás no fuera lo suficientemente productivo para poder competir internacionalmente.

 

 

Lo cierto es que Carrasco le corrió un tupido velo a la era de los percherones y eso fue muy beneficioso para el fútbol uruguayo.  Carrasco fue una especie de Capalbo.  Cuando el gran Marcelo empezó a jugar, era como si el resto de nuestros basquetbolistas fueran carretas.  Se la sacaba al grandote que tomaba el rebote y empezaba el doble ritmo en el tablero rival antes que los otros 9 cruzaran la mitad de la cancha.



Eso hizo Carrasco en nuestro fútbol, lo apuró, le dio ritmo.
  Hizo que las pausas por una falta fueran más cortas, que los saques de arco se hicieran más rápido y que los alcanzapelotas estuvieran más atentos.  También logró que se le prestara más atención al trato de la pelota, al juego en equipo.  Fue un  granito de arena más que importante para que se terminara la época de depender de alguna individualidad para ganar un partido.  Es cierto, el fútbol de nuestra selección no es lo que intenta hacer Carrasco.  Tanto la Celeste como Peñarol son equipos defensivos, fuertes, ordenados.  Pero que cuando la tienen la cuidan, le dan el valor que la tenencia de la pelota merece.  Y ahí  también está Carrasco.

 

El otro día, luego del partido contra Holanda, con Jair, un  amigo que no jugó en Italia porque no quiso cambiarse de horario en el liceo para ir a practicar a Miramar, comentábamos que tanto a Argentina como a Brasil les pasa lo mismo que a nosotros antes de esta selección.  Dependen de sus individualidades, que son maravillosas, es cierto, pero que no funcionan como equipo.  Nosotros dejamos de ser un cúmulo de buenos jugadores para ser uno de los mejores equipos de la tierra.

 

 

Y en ese concepto de que lo más importante es el equipo, mucho tiene que ver Carrasco.  También es verdad que Juan es, desde mi punto de vista, un poco exagerado en este punto.  En lo personal considero que resaltando las individualidades y valorándolas se le da más importancia a la totalidad del equipo.  Pero cada uno piensa como quiere y en el fútbol como en la vida no hay fórmulas perfectas.

 

 

Lo cierto es que con su manera particular de ver el fobal, Juan Ramón del Yí, y lo digo con cariño por muchas personas que he conocido últimamente de ese hermoso lugar de la patria como es Sarandí del Yí, muy céntrico si no fuera por nuestra arrogante  capitalina manera de ver las cosas, Juan Ramón del Yí salió campeón.

 

 

He escuchado a varios de nuestros principales periodistas criticar en cierta forma a Carrasco porque nunca Nacional mostró el fútbol que desplegó River por ejemplo, con el mismo entrenador.  Es cierto, salvo en algunos momentos Nacional no fue un ballet, como sí lo fuera la Dársena en aquel Clausura que peleó palmo a palmo con Peñarol y que después tuvo a Defensor como Campeón uruguayo.

 

 

Pero sin ser tan vistoso, sin deleitar a propios y ajenos, logró lo que aquel River no pudo lograr.  Y no solo eso, fue el más goleador, el arco menos vencido, ganó un clásico y empató el otro y en las finales no le dio chance ninguna al violeta, aún sin ser nada del otro mundo.  



Fue bueno haber esperado hasta ahora para comentar el Uruguayo ganado por el Tricolor porque Carrasco no es más el técnico de Nacional.  Y bueno, esas cosas pasan.  Aguirre salió campeón invicto y tampoco siguió siendo el técnico mirasol.  Por suerte los directivos aurinegros recapacitaron rápido.  

 

 

En este país las cosas hay que hacerlas como marcan la moral y las buenas costumbres.  No importa que salgas campeón, no importa que las escuelas se caigan a pedazos.  Acá hay que atender a la prensa cuando la prensa quiere, hay que concentrar siempre, hay que poner a los jugadores en los puestos que hay que ponerlos, hay que tener la cabecita clara, ser humilde, callado y sumiso.  Acá hay que proteger las inversiones, hay que darles mensajes concretos a los propietarios de 10.000 hectáreas y hay que velar por la seguridad de las vecinas angustiadas de 21 y la Rambla.  

 

 

En este país hay que hacer lo que hay que hacer, y si no, andá que te cure Lola.  Acá la vanguardia sufre, como en todos lados, pero acá más.  Todo lo que sea salirse un poco de lo correcto necesita de meses, años, décadas para ser aceptado y valorado.  El propio Artigas estuvo casi 100 años en el ostracismo.  Así que Juan, tené paciencia.

 

Por mi parte, como soy terrible manya, me viene fenómeno que hayas dejado de ser el técnico de Nacional.  Después me preocuparé del que te suceda en el cargo y veré si es mejor o peor que vos.  Por ahora estoy con la cabeza en otra cosa.

 

 

Pero aún estando donde estoy, es mi obligación como comentarista futbolero, como amante de este maravilloso y cruel deporte, por respeto a tantos amigos y desconocidos bolsilludos que leen estas humildes y disparatadas notas, por el mismísimo Juan Ramón Carrasco a quien como notarán considero gran técnico y bastión de este auge del fútbol oriental, reconocer y felicitarlos por tan merecido triunfo.  Nobleza obliga.



 
CADA UNO ES COMO ES
Felipe Castro
Sábado, 21 de Mayo de 2011 16:43

 

 

 

 

Hace unos días mi viejo me cantó unas estrofas de un couplet que hacían los Asaltantes con Patente en los sesenta creo, donde la historia contaba el casamiento entre dos homosexuales en Florida o no me acuerdo en qué ciudad del interior.  No sé bien a qué evento se refería dicho couplet y según entendí al viejo, había sido una especie de boda que obviamente no podía ser legal ni en ese momento ni hoy.

 

 

La causa de recordar estas estrofas de la murga de Carlitos Sotto fue la diferencia en la manera de ver y respetar las decisiones de los demás.  Hoy no se oculta la homosexualidad como hace un tiempo.  No es raro caminar por la calle y cruzarse una pareja de hombres o una de mujeres.  Tampoco ver a alguien que hace gala de ser gay, demostrando disfrutar y enorgullecerse de su condición.  Lo raro sería escuchar hoy un couplet como aquel de los Asaltantes.  No llegan ni a la puerta del tablado que ya están condenados por discriminación.

 

 

Viendo la relación que aún hoy mantienen mi abuelo y mi abuela después de sesenta y tantos años de casados, noto las grandes diferencias que existen entre el común de aquellas mujeres con las de ahora, y también entre los hombres.  Mi abuelo se mataba de risa el otro día porque yo le contaba cómo cocino  berenjenas saltadas que dicho sea de paso me quedan exquisitas.  Don Juan jamás, pero jamás cocinó.  Nunca lavó un plato, ni barrió, ni mucho menos lavó un baño.  Y mi abuela siente mucho orgullo porque eso haya sido así.  Siguen siendo dos enamorados, octogenarios pero enamorados al fin, y quiénes somos los que vivimos en otro mundo y de otra manera para juzgarlos y decir lo que está bien o lo que estaba mal.

 

 

Justamente este es el motivo de mi nota, el poder respetar y disfrutar de las diferencias.  Las personales y las generales.  Como sociedad estamos ante una encrucijada de respeto que se enmarca en una gigante falta de respeto.  Nos diferenciamos de todo el resto del continente por una ley que decidimos reafirmar dos veces.  Yo no estoy de acuerdo, pero la mayoría lo decidió de esa manera.  En Argentina una amiga hija de desaparecidos me dijo que no le corresponde a la mayoría decidir si los asesinos y torturadores tienen que estar presos o no.  Y yo respeto lo que ella dice porque es como procedió el pueblo Argentino.

 

 

Y más allá de estar de acuerdo o no con lo que hicieron del otro lado del Plata, si es que me corresponde estar o no de acuerdo, reconozco que nuestro pueblo procede de otra manera y con otras herramientas legales.  El problema ocurre cuando esa diferencia se sostiene sobre bases que no son lo suficientemente firmes, porque los que hoy quieren amoldarse a las leyes internacionales para dejar de ser “diferentes”, tuvieron la chance de respetar, y no lo hicieron.

 

 

En la década del ochenta la votación entre verde y amarillo que recuerdo con mucha intensidad, como recuerdo todo lo que me pasó entre los diez y los trece o catorce anos, como Peñarol y Nacional campeones de América, o Uruguay campeón sudamericano, o los goles del Polillita DaSilva y los desbordes de Próspero Silva, estaba aún muy cerca de la dictadura, y así y todo, el partido que hoy es gobierno fue el embanderado en dicha lucha.  En realidad las organizaciones sociales estaban a la par, como estuvieron durante mucho tiempo.

 

 

Pero en el último plebiscito, el de la papeleta rosada, el partido que ahora sí ostenta y ostentaba en ese momento el poder ni fue abanderado ni estuvo junto a las organizaciones sociales para derogar una ley que nos hace diferentes.  

 

 

No difiere de lo que pasó con el aborto por ejemplo, donde tuvimos la chance parlamentaria de ser diametralmente distintos, demostrando una apertura realmente asombrosa para un pueblo al que le cuesta tanto cambiar.  Pero no.  Era demasiado pedir.  Y en este caso una sola persona, que coherentemente dice que las mayorías no tienen siempre la razón, decidió por encima de varias mayorías y vetó lo diferente.

 

 

Entonces es todo una gran falta de respeto.  Porque si en el momento de ese nuevo plebiscito, cuando había que trabajar para que se respetara a los trabajadores, a los estudiantes y a los familiares de trabajadores y estudiantes a los que no se respetó sus diferencias en la dictadura militar, impulsando la eliminación de una ley que desaprueba el mundo entero no se trabajó, ahora se vuelve a faltar el respeto al querer eliminar una decisión, que me guste a mi o no, fue una decisión popular, aunque nos hace diferentes de América y el Mundo, como dice la canción.  Y habría que respetarlo, y ponerse a trabajar rumbo a otra decisión popular, donde les permita a algunos demostrar ser diferentes a tantos otros y luchar por un objetivo aún teniendo consecuencias electorales, respetando al electorado, ¿no?.

 



El Uruguay es una lucha permanente entre respetar y faltar el respeto.  Las murgas por ejemplo han ganado un respeto gigante como género dentro de nuestro país, y fuera de fronteras crece sin solución de continuidad contagiando a más y más personas que por toda América se ponen a cantar murga.  Pero la Intendencia de Montevideo, regazo para  nuestro Carnaval, financió menos tablados que el año pasado.

 



Se habla de Uruguay Natural sacándole rédito turístico al respeto por la naturaleza y se planean puertos de aguas profundas en las costas oceánicas.  El Uruguay es respetado en el mundo entero por su increíble potencial ganadero y el asado sale cien mangos y la leche como setenta centavos de dólar.

 



Y el fútbol uruguayo, fiel representación de nuestra idiosincrasia como digo siempre, no es ajeno a estas tremebundas contradicciones en lo que a respetar y a faltar el respeto se refiere.  El caso del viejo Danubio se cae por su propio peso.  Para respetar la integridad de los espectadores se le obliga a realizar obras en su cancha.  Después no lo dejan jugar allí.  Hace años se escucha el cuento que el interior merece ser respetado y despacito, despacito, despacito, como dice la canción, otra vez somos todos de la capital.  

 



Hay que reconocer que Carrasco se va ganando el respeto de todos.  No es un técnico común, no hay duda; ganando o perdiendo.  Pero esos tremendos antagonismos entre los que lo respetaban y los que lo denigraban se empiezan a acortar porque el hombre demuestra no estar tan equivocado.  Es bueno remarcar también muchas cosas que él supo aprender a respetar, como por ejemplo a los rivales.

 



Pero la gran discusión del momento es si se puede jugar dos torneos simultáneamente.  Las voces de siempre se hacen escuchar defendiendo una u otra postura, muchas veces sin ver realmente lo que sucede.  Los argumentos que dicen que se puede jugar dos torneos con los mismos jugadores son razonables.  Basta con mirar los finalistas de la Champion, ya que son los mismos equipos que salieron campeones en España y en Inglaterra.

 



Yo creo que ahí mismo radica el problema.  Los equipos que yo recuerdo campeones de América, tanto Peñarol en el 87 como Nacional en el 88, abandonaron el campeonato mucho antes de lo que lo hizo Aguirre este año o Pelusso hace dos temporadas.  Pelusso ganó nuestro torneo pero le costó la Copa.  Ya lo he escrito en estas columnas, pero en aquellas épocas de los ochenta los grandes jugaban el Uruguayo con la tercera, no con los suplentes, con la tercera.  Nacional llegó a jugar un clásico con la tercera ante el primero de Penarol.

 



España es España, Inglaterra es Inglaterra y Uruguay es Uruguay.  No sé si será por la preparación física, la psicológica o lo que sea, pero nosotros cuando ganamos afuera no solemos ganar adentro también.  Algo a tener en cuenta es que la Copa Libertadores tiene dentro y fuera de la cancha complicaciones que los europeos no tienen.  En Europa no hay altura, ni viajes con combinaciones de aviones que te llevan 16 horas, ni brasileros, ni argentinos, ni canchas paraguayas ni estadios colombianos.  

 



Y además ¿qué es lo tan positivo que se ganen las dos cosas?  Yo encuentro mucho más entretenido que los equipos que no están jugando la Copa peleen el uruguayo.  De esta forma se abre mucho más el juego y hay muchos compitiendo y peleando por mucho.  Me llama la atención que encuentren mejor que un equipo sólo gane todo, lo de adentro y lo de afuera.  Todo bien con el Barcelona porque no somos hinchas ni del Madrid, ni del Valencia ni de la Real Sociedad.  Si así fuera estaríamos con una calentura horrorosa o con un aburrimiento soberano.

 



Acá, por suerte, cuando uno se dedica a lo de afuera descuida lo de adentro.  Peñarol, aunque el puntaje aún le de la chance, se alejó claramente de la posibilidad de ser campeón uruguayo.  Es lógico que Aguirre haya priorizado la Copa reservando jugadores para la revancha en Chile.  Es una buena posibilidad también de ver nuevos valores.  

 


El hecho de no poder encarar las dos competiciones puede ser leído como algo malo, como hace la mayoría de nuestra prensa especializada, o como algo bueno, entendiendo que es tanta la exigencia de nuestro fútbol doméstico, aunque en apariencia no lo parezca, que o te dedicás a él o perdés, aunque salgas Campeón de otra cosa.  

 



Peñarol tiene una chance sensacional de seguir adelante en la Copa, tiene jugadores desequilibrantes, un técnico muy inteligente y mete como mete Peñarol y los uruguayos.  Nacional tiene a su vez una chance sensacional de quedarse con el Uruguayo, porque juega bien, porque su técnico arriesga y porque tiene tres gurises que la gastan.  Y Defensor tiene una chance sensacional de pelearle el campeonato a Nacional en base a lo conseguido en el Apertura y en esta campaña que sin tantos nombres ha sabido volver victoriosa.  En definitiva, un final de temporada divertidísimo, mucho más entretenido que los bodrios españoles o ingleses.

 


De un tiempo a esta parte los uruguayos hemos salido a jugar como nos sentimos más cómodos y de la forma por la que nos respetan y nos gusta que nos respeten en el mundo entero.  Bien parados atrás y con jugadores desequilibrantes que aprovechan cada yerro rival para llegar al arco de enfrente.  Y metiendo, salado, corriendo y mordiendo como hacemos nosotros.  Admiramos y genera respeto que seamos así.  Vamos aprendiendo a respetar la homosexualidad.  Las mujeres y los hombres se respetan de una nueva manera, nosotros pasamos recetas de cocina y ellas meten en la constru.  Entonces también es bueno respetar que el que pelea la Copa no pelea el uruguayo.  Porque al fin de cuentas, cada uno es como es.

 
CHIQUILINES
Felipe Castro
Lunes, 09 de Mayo de 2011 17:49

QUERIDOS COMPATRIOTAS!!: no puedo más que comenzar esta nota así, con un encabezado cuasi presidencial o de acto multitudinario en la recta final rumbo a las
presidenciables y con grandes chances. Ayer, domingo 8 de mayo de 2011, fue, es y será un día que deberá quedar como una de las grandes fechas de nuestra historia. No es ni será la única que refiera a este tema. Me animo a decir que todos los días sucede algo que nos debería llevar a reflexionar sobre esto. Pero la trascendencia magnánima del hecho, nos da la oportunidad de profundizar en él y de intentar sacar el mayor provecho
posible.

 

 

En una sociedad donde la palabra tiene más o menos valor dependiendo de la edad de quién la pronuncia; en una sociedad donde es una suerte si el presidente de la República es tan solo sexagenario; en una sociedad donde los adultos nos damos el lujo de impulsar y de generar un apoyo popular a través de firmas para que se encarcele a los menores, sin preocuparnos previamente si realmente esos jóvenes a los que queremos privar de su libertad siendo adolescentes, cuentan con las oportunidades necesarias y con los estímulos necesarios para enfrentar con suficientes armas una sociedad que premia y glorifica a los poderosos; una sociedad que aprueba que toda la tarde del sábado, uno de sus principales canales tenga como programación La Cocina del Show; en una sociedad así, los héroes de nuestra principal fiesta patria, El Clásico, fueron tres botijas de 20 años.

 

 

Por supuesto que cuando usted prenda la radio, la tele o lea el diario del lunes, encontrará sí referencias a este hecho. El que no ponga que Coates ya es un zaguero
de selección, o no entiende nada de fútbol o está teniendo problemas en la vista. Pero me animo a decir que todo será haciendo referencia o a Carrasco, o a Aguirre. Y en el peor y más probable de los casos, haciendo referencia a ellos mismos, es decir a los periodistas que hablen o escriban, argumentando que ellos ya vienen diciendo que Coates esto y que Píriz lo otro, y que era obvio que Carrasco debió poner de titular a García y no a Fornaroli.

 

 

Siguiendo ese derrotero insufrible e interminable, la prensa especializada justificará sus comentarios previos al cotejo haciendo puntualizaciones bastante obvias como para
darse la razón. Dirán que Peñarol estaba cansado, que Aguirre debió hacer cambios porque también pone en riesgo sus partidos por la Copa. Hablarán de Pacheco que
estuvo, de Valdés que no, de Darío, de Aguiar y del profe Piñatares. Felicitarán a Carrasco por el acierto de Rolín, por haber corrido a Márquez a la derecha y por tenerle
fe a Porta después de un tiempo de ausencia.

 

 

Y tienen razón. Todo eso sucedió. También fue discutido el arbitraje y a eso se dedicarán horas y horas, y van a estar los que digan que la terna incidió en el resultado
y los que opinan que las decisiones arbitrales no fueron tan relevantes. Hablarán del presente y del pasado de Martín Vázquez, recordarán clásicos con diferentes fallos que favorecieron o perjudicaron a unos o a otros.

 

 

Intentando ser breve en la opinión y no decir lo mismo que seguramente usted lea o escuche por todos lados, primero que nada les digo que me es difícil comentar un
clásico como el de ayer porque soy manya y perdí. Ta’, me doy por satisfecho de ya haberme diferenciado de todo el resto de los comentarios. De aquí en más, si me
parezco a Ríos no es tan grave... (Bueno, mhmhmhm, en fin, un poco grave si).

 

 

Nacional dominó casi todo el partido la mitad de la cancha, punto. Se quedó con los rebotes, con las divididas, apretó la salida con los volantes y dejó a sus laterales en la
mitad del campo, resignando la subida de estos pero asegurando que Peñarol jamás los tomara mal parados.

 

 

A diferencia de algunos de los primeros partidos de este año, Nacional presionó lo debido, y cuando el rival lograba sacar la pelota bien jugada aseguraba su posición
en su propia cancha, sin salir a la desbandada dejando espacios al santo botón. Y se aprovechó inteligentemente de un equipo que no tuvo la respuesta física necesaria
para enfrentar el juego abierto en ataque que propuso Nacional. Porque por más que la ofensiva tricolor no fue un dechado de virtudes, es una constante que los equipos de Carrasco hagan mover de una punta a otra a la retaguardia rival.

 

 

Nacional sacó provecho del desgaste aurinegro, pero también trancó a Urreta y a Pacheco que no estaban cansados. Alejó a los volantes laterales entre ellos obligando
a Freitas y a Aguiar a correr mucho. Si, estoy cayendo en la del cansancio de Peñarol, pero espere, déjeme terminar. Los últimos quince minutos fueron los más entretenidos.

 

 

Nacional en ventaja dejaba gente para el contraataque, arriesgando a que Penñrol se fuera arriba tratando de empatar. Y así la cosa se dio mucho más abierta, y Peñarol tuvo sus chances y Nacional también.

 

 

Pero ganó Nacional y si uno ve el general del juego es lógico que eso ocurriera. Ahora, tampoco se vaya a creer que fue tan determinante todo lo que he dicho yo ni lo que van a decir todo el resto de los comentaristas. No existió dominio absoluto de ninguno. Y si hubo un rato en donde Nacional apretó seriamente a Peñarol fue al final del primer tiempo, donde tampoco tuvo tantas chances claras más allá de algún tiro de media distancia.

 

 

Lo que fue determinante, fue la actuación de las tres principales figuras del equipo tricolor; no en este clásico, sino ya hace bastante tiempo. Y los tres tienen 20 años.
Olvídese del Toto diciendo que Coates o Píriz tienen la cabecita clara porque el gol de la victoria lo hizo García a quién siempre cuestiona como profesional, sin importarle
que sea un chiquilín. Tampoco coma nada con Carrasco el Masías porque se hizo el coso y sacó del equipo titular al goleador del campeonato. Tampoco me de pelota a mi que soy un atrevido que me pongo a hablar de fútbol.

 

 

A los únicos que tiene que felicitar, reconocer y en lo posible aprender de ellos, son esos chiquilines que demostraron que no es un tema de edad el saber y poder decidir. Los chiquilines de Nacional decidieron el resultado clásico. No hubo experiencia que valiera ayer de tarde. No hubo ni años mirando fútbol como para dictar cátedra, ni haber hecho cien goles de tiro libre ni haber salido campeón de América. Ayer ganaron los chiquilines. Y si los grandes tuviésemos la grandeza de reconocerlo, quizás nos empecemos a dar cuenta que son muchas cosas además del clásico las que pueden
decidir los chiquilines.

 

 

Cuando hablamos de mandarlos presos siendo adolescentes ¿alguien les preguntó lo que ellos piensan? ¿Alguien se tomó el trabajo de hacer una encuesta en los liceos si están de acuerdo con mandar en cana a sus propios compañeros? ¿Hicieron una consulta para saber a ciencia cierta si esas cosas que llevan a tantos muchachos a cometer delitos no tienen que ver con necesidades de la muchachada? ¿Nadie se preguntó que quizás esos valores que pretendemos que la botijada tenga ya no existen porque la propia sociedad en la que deciden sólo los adultos los aniquiló hace años aunque intente creer que aún
tienen vigencia?

 

 

Nuestra muchachada no tiene ni voz ni voto. No tiene voto porque nuestra ley lo prohíbe; y aunque tiene voz, los adultos nos empecinamos en que no la puedan hacer
oír. Pero ayer se hicieron escuchar. Píriz fue un fenómeno. Porque para el inteligente planteo de Carrasco en la mendia cancha, era ultra necesario que el volante central se desplazara eficazmente, no corriendo mucho sino corriendo bien, de un lado a otro de la cancha. Igual de importante era que ese volante entregara correctamente la pelota, para no volver infructuoso el correcto trabajo de recuperación. Y así fue. Así lo hizo Píriz, con 21 recién cumplidos.

 

 

Se hizo escuchar García y se hizo escuchar en voz de los hinchas tricolores el gol de la victoria que él hizo, con 20 años. No es que Fornaroli sea un mal jugador ni mucho
menos. Pero este maldito centrofobal que tiene mi eterno rival, es insoportable. No por ser extremadamente hábil, tampoco por tener un tiro asesino y muy preciso. A García le queda una y andá a buscarla adentro. Y así fue. Y así es, con 20 años.

 

 

Y si me sentí orgulloso por tener de rival al Vasco Ostolaza, a O.J. Morales o al Loco Abreu, hace tiempo que empecé a sentir orgullo por enfrentar al flaco Coates. Gana por arriba, por abajo, por la punta, por el medio y por donde sea. Pasarlo a él significa tener la mitad del camino recorrido para hacerle un gol a Nacional, con todo respeto por el resto de sus compañeros. Ayer, las chances que generó Peñarol fueron cuando movió la pelota de un lado a otro de forma tal que Coates no pudiera quedar cerca de ella. Y de postre, la llevó hasta el área rival para hacer el pase del gol. Con 20 años.

 

 

Me pregunto por qué esa confianza que les tenemos a tantos botijas adentro de la cancha no se la tenemos también afuera. Por qué razón no los dejamos participar directamente cuando se hace un plan de educación o cuando se decide en qué cosas gastar un presupuesto. Qué tan bien estamos haciendo las cosas nosotros los grandes como para creernos con la potestad de poder decidir por ellos. Por qué si hablamos de lo capaces que son nuestros hijos perdemos la fe para que se junten con otros hijos y decidan de una vez por nosotros.

 

 

El campeonato sigue abierto y aún hay mucha tela por cortar. Nacional sacó una cabeza de ventaja y no es menor. Defensor quedó un poco atrás y Peñarol también
tiene que atender otros menesteres. Quizás quede algún clásico por jugar previo a la Copa América, donde por lógica estos botijas y algunos otros más como Ramírez o
Hernández tendrían que estar. Y en esos definitorios partidos de fútbol, deporte que tanto se parece a la vida misma, en ese juego de probabilidades donde muchas veces ocurre lo improbable, probablemente vuelvan a ser decisivos los chiquilines.

 

 

 
EL CLÁSICO DE LA LIBERTADORES
Felipe Castro
Jueves, 28 de Abril de 2011 19:07

El próximo 8 de Mayo se disputará el clásico de la Libertadores.  Usted dirá, este muchacho está completamente enfermo, y tiene toda la razón del mundo.  Pero la siguiente nota le demostrará que el próximo partido entre los dos equipos más importantes de nuestro país es realmente un clásico de la Libertadores.  Léase que dice “de la” y no “por la”.

 

 

Convengamos que los clásicos no se juegan solo dentro de la cancha.  La rivalidad entre Peñarol y Nacional es mucho más importante fuera que dentro del campo de juego.  Es más, a no ser por aquellos enfrentamientos que quedaron en la historia la mayoría de estos partidos no se recuerdan.  Sólo lo hacen los que los protagonizaron y algunos pocos que sufren severamente el síndrome de Memoria Futbolística.  

 

 

La Memoria Futbolística es sin duda una de las partes de la psicología que aún no ha sido profundamente estudiada.  La conmoción social que genera el fútbol en este lugar de la tierra da lugar a que este tipo de recuerdos puedan llegar a convertirse en una patología por demás compleja.  Los pocos estudios que se han realizado muestran casos como el de Gerónimo Fafaldi, oriundo de la ciudad de Rosario, Argentina.  

 

 

La facultad de psicología de dicha ciudad demostró que Fafaldi  falleció a los 78 años sin recordar su nombre, el de sus familiares, su historia laboral, su dirección, teléfono, etc.  Sin embargo recitaba perfectamente la integración de Rosario Central en cada uno de los partidos ante Newell´s, Boca, River, San Lorenzo y Gimnasia y Esgrima de la Plata entre los años 1947 y 1984.

 

 

Incluso en nuestro país se descubrió un caso en que un uruguayo llamado Leopoldo Arzuaga tiene conciencia cabal de todos los planteles de Nacional desde 1967 a la fecha, agregando de qué club provenía cada jugador y a qué otro fue transferido, también con serios problemas de amnesia para todo lo demás.  Casualmente no lo pudieron seguir estudiando porque desapareció de su domicilio, y varios psicólogos que participaron en dicho estudio están convencidos que olvidó donde vivía, y hoy su paradero es absolutamente desconocido.

 

 

Esa Memoria Futbolística, tan grave en algunos casos como los mencionados, permite a la mayoría de la población amante de este deporte vivir cada clásico analizando, hasta irracionalmente, la historia de los mismos.  Y no solamente estos partidos propiamente dichos sino todas las circunstancias que rodean a cada uno de los equipos.
Para ejemplificar basta con marcar que está en la conciencia de todos y cada uno de los hinchas de ambos clubes que Peñarol vuelve a la Copa luego de siete largos años de ausencia.  Ya de por sí, este es un hecho radical para el próximo partido, porque hasta algunas canciones que canten unos y otros desde sus tribunas presentarán cambios.

 

 

Se agrava mucho más este punto con la clasificación de Peñarol a octavos de final y la no clasificación de Nacional a dicha fase.  Me animo a decir que la mayoría de parciales tricolores le recordó a cuanto manya tuvo a su alcance los siete años de ausencia.  A lo que la casi totalidad de Aurinegros habrán respondido lo infructuoso de las últimas participaciones de Nacional, sin hacer la salvedad que yo si hago por ser un comentarista serio, de aquella semifinal jugada con Estudiantes de La Plata.

 

 

Si a esto le sumamos que ambos equipos pelean por la punta del torneo Clausura y de la mismísima Tabla Anual, toda esta bola de nieve creada por la Copa Libertadores se agiganta aún más y lleva la rivalidad a extremos increíbles.  Por supuesto y como sucede siempre que los temas no se limitan a lo que ocurre dentro del campo de juego, la prensa especializada colabora en alto grado.

 

 

El señor Alberto Sonsol realizó a sus panelistas del programa “La Hora de los Deportes” dos preguntas que dan muestras claras de lo profundo de todo este tema.  Una de ellas, la más razonable de las dos si razonable es un término lógico para este cuestionamiento, fue si a Nacional le servía, para ganar el clásico, que Peñarol clasificara a cuartos o no.  El grado de especulación a la que se puede llegar con esa pregunta es casi tan amplio como el análisis de la vida extraterrestre.  Hay infinita cantidad de variables para que cualquier contestación que se brinde sea un rotundo disparate.

 

 

Pero tratándose de un pueblo tan futbolero que escucha permanentemente análisis que nada tienen que ver con el fútbol mismo, la pregunta hasta suena dentro de algunos parámetros de racionalidad.  Lo que si no tiene ningún sentido es tratar de responder la segunda pregunta: qué es mejor, ser Peñarol o ser Nacional en miras del próximo juego clásico.  Va contra las reglas de cualquier enfrentamiento pensar qué es mejor, ser uno o ser el otro.  

 

 

Estoy convencido que son esta clase de preguntas las que hacen de Alberto Sonsol uno de los periodistas deportivos más escuchados.  Uno es uno y el otro es el otro y pensar cuál es mejor ser, es un cuestionamiento sensacional al que sólo permite llegar el llamado “AE11b”, Apasionamiento Enfermizo de 11 contra 11 benigno, que agravado por el síndrome de Memoria Futbolística, alcanza consecuencias curiosas, tan curiosas como esta última pregunta.

 

 

El estado de total asombro e incredulidad de los panelistas fue rápidamente alterado por estas dos patologías que también aquejan a dichas personas, la que los llevó al infructuoso esfuerzo por contestar esa pregunta.  

 

 

Queda en el tintero aclarar que el síndrome antes mencionado se diferencia con el “AE11m”, Apasionamiento Enfermizo de 11 contra 11 maligno, en que este último hace que los que lo sufren sientan ganas de hacerle daño corporal a otra persona tan solo por ser hincha de otro equipo.  En este último participan otros factores sociales que no considero pertinente detallar en esta nota.

 

 

Pero volviendo al tema y para ampliar toda esta disertación,  el hecho de ser Juan Ramón Carrasco el D.T. tricolor le da a todo lo referido a la Memoria Futbolística un marco más que elocuente.  Desde sus primeros pasajes por Nacional como jugador, su breve momento en Peñarol, que si nos referimos a lo estrictamente futbolístico no tuvo la más mínima trascendencia, el último quinquenio ganado por los mirasoles y especialmente una personalidad que lo coloca entre las más llamativas de la historia de nuestra patria, Juan Ramón Carrasco es sinónimo de amores y odios, de conflicto y avenencia, y también es sinónimo de un montón de otros antónimos.

 

 

Lembo es un punto crucial en esta lucha por demostrar tener o no tener razón.  Una biblioteca, a la cual me sumo, está convencida que este gladiador de mil batallas debió ser titular en el encuentro ante el América de México.  Otros están de acuerdo con el entrenador sosteniendo que ya no está capacitado físicamente para mantener el ritmo vertiginoso de la gran competencia continental.

 

 

Pero claro, brindar esa opinión depende de muchos factores donde entra en juego directamente la Memoria Futbolística y se le suma el AE11b, lo que relativiza cualquier opinión.

 

 

Es difícil entender a aquellos que siendo hinchas de Nacional dicen que debió jugar, ya que no se sabe si lo están diciendo por lo que Lembo juega actualmente o por lo que ha logrado a lo largo de su carrera.  Pero a los que piensan lo contrario, les sirve el argumento del Resultado Visto, motivo más que utilizado por la prensa especializada, en algunos casos demostrando los varios post grados realizados en Resultado Visto como el caso de Julio Ríos, grado cinco en la materia.

 

 

Si los que opinan son hinchas de Peñarol, las variantes también pueden ser muchas.  El que opina que debió jugar puede estar diciéndolo por una real convicción.  Pero también  puede estar intentando influir en la falange tricolor para que esta presione de alguna forma y así Lembo juegue el clásico, siendo esto lo que realmente se desea, no para que Nacional salga beneficiado sino totalmente lo contrario.

 

 

Los hinchas albos por su parte, toman en cuenta indudablemente el poco éxito deportivo que alcanzó la bandera más grande del mundo en el partido frente a Independiente.  Sucede lo mismo que con Lembo.  Es lógico pensar que muchos de ellos deseen que los parciales de Peñarol muestren la bandera en el clásico cuando debería ser al revés, por vincularlo con la derrota de su eterno rival.  Claro, aquí estamos de nuevo inmersos en un típico caso de AE11b, cuando uno cree que una bandera, un calzoncillo, estar contra la América o contra la Olímpica, tocarse una parte del cuerpo cuando se ataca y otra cuando se defiende y un sinfín de otras incoherencias pueden repercutir en un resultado deportivo.

 

 

Con excepción del caso puntual de Alejandro Lembo, habrán notado que todos los argumentos brindados en esta nota refieren a sucesos que no se dan dentro del campo de juego, y aún así demuestran de forma contundente que aunque sea un clásico por el Uruguayo, es un clásico de la Libertadores

 

 

Por lo tanto, contesto otra vez afirmativamente la pregunta que usted se hizo al comienzo de esta nota sobre si quién escribe está enfermo.  Por supuesto que estoy enfermo.  Sufro sin dudas el AE11b desde que tengo uso de razón, y según cuenta mi madre desde antes también, cuando viviendo en 18 de Julio, a la edad de 2 años y medio, por iniciativa propia bajé la persiana para alejarme lo más posible de la caravana tricolor que festejaba la Libertadores del 80.  El mismo mal que hoy me lleva a juntar gente para arrancar a Porto Alegre.

 

 

Pero usted también sufre tremendamente dicho mal.  Y su memoria futbolística, partido a partido, corre riesgo de agravar su bienestar mental.  No encuentro otra razón válida si no, para que haya llegado al final de esta nota.

 
¡¡ÚLTIMO!!
Felipe Castro
Viernes, 01 de Abril de 2011 16:52


Por Felipe Castro

 

Son pocos los que no han pegado ese grito en alguna cancha, en algún campito o en cualquier lado donde se juegue un partido de fútbol.  Nadie quiere, es como una maldición.  Es el precio que hay que pagar por ser nuevo, por llegar tarde, por estar más gordito que el resto o por correr más lento que los demás.  Sin contar al juez, el golero es el participante del partido que más difícil tiene las cosas.   Por eso ese lugar, hasta por las chauchas es el que no quiere casi nadie.

 

 

Decir que es el puesto más ingrato de este deporte es caer en un lugar común.  Yo voy a agregar que ser arquero de fútbol es ocupar el puesto más ingrato del universo de juegos deportivos que existen.   Primero porque golero no hay en todos los deportes, y segundo, a los que  si tienen, no se les da ni la centésima parte de importancia que se le da al fútbol.  

 

 

No se me ocurre cómo puede ser un gol bobo en el handball por ejemplo, y de ocurrir, podrá repercutir mal en el propio arquero que lo sufre, en el resto de su equipo y en no mucha gente más.  No creo que se le pueda exigir mucho a un arquero de wáter polo o a uno de hockey.  Al primero porque flotar permanentemente ya me parece suficiente destreza como para exigirle también que agarre la pelota.  Y al segundo porque el tamaño del útil con el que se juega lo exime de cualquier error que pueda cometer.

 

 

Debo aclarar que este último párrafo está mucho más basado en la intuición y en el desconocimiento absoluto de los mencionados deportes que en una exhaustiva investigación de los mismos, y que sólo contribuye para darle fuerza a la idea de que la cagada de un golero de fútbol puede ser nefasta para él, para su equipo y para toda una sociedad.

 

 

También es cierto que es inagotable la cantidad de muchachos que no se amedrentan con lo trascendente que pueden ser sus errores y siguen ocupando ese puesto sin solución de continuidad.  Puede explicarse porque es necesario que todo equipo cuente con un golero.  

 

 He leído sobre un campeonato en Burkina Faso que se jugó sin golero, luego que en una Copa Africana el gurdameta de la selección de dicho país se comiera un gol por los caños tras un pase suave y corto de un compañero en el último minuto de descuento.  Al parecer nunca más se pudo saber el paradero de dicho arquero, y este hecho caló tan hondo en sus colegas que para el campeonato local siguiente nadie quiso ocupar ese puesto.  Se jugaron las tres primeras fechas, pero ante la catarata de resultados abultadísimos como 342 a 127, 89 a 31 y hasta un 1514 a 903, un 6 de octubre inolvidable para el fútbol africano, se decidió suspender el torneo.

 

 

Obviamente hay goleros que han quedado en la historia por sus magníficas actuaciones en clubes y selecciones, siendo objeto de leyenda en muchos casos.  Yashin, la araña negra por ejemplo, golero ruso que cautivo multitudes en las décadas del 50 y del 60.  El propio Ladislao Mazurkiewicz, arquero aurinegro que debutó con 16 años en la Celeste.  O Manga, o uno de los héroes de Maracaná, Don Roque Gastón Máspoli.

 

Lo que el público futbolero que no vio a estas figuras tiene clarísimo, es que por más cracks que fueran, se tienen que haber comido goles bobos como cualquier gordito de la Liga Universitaria.  Es probable que el Toto DaSilveira y toda su comitiva juren y perjuren que no es así, y que antes los goleros tal cosa y que antes los goleros tal otra, defenestrando todo lo que sucede ahora casi como por deporte.  Usted y yo sabemos que tienen que haberse comido goles pelotudos sin ninguna duda.  Porque es parte del hecho de ser golero la cantidad de goles bobos que se comen a lo largo de su carrera.

 

Se ha tratado incluso de hacer un raconto de goles bobos para descubrir cuál arquero es el que mayor cantidad de goles al pedo se ha comido.  En Turquía por ejemplo, se llegó a una cifra casi exacta de la que se desprendía que Ilkaus Marinik, arquero que incluso tuvo un brevísimo pasaje por el Galatasaray hasta que se comió un empate antes del entreacto por estar conversando con un alcanzapelotas que resultó ser el hijo de una antigua vecina muy querida, recibió 228 goles absolutamente evitables en 12 años de carrera.  Las consecuencias de dicho experimento derivaron en la necesidad de Ilkaus y toda su familia de abandonar para siempre Turquía dada la inagotable cantidad de bromas de las que diariamente eran víctimas todos los Marinik.  Por consiguiente, la propia FIFA prodigó la no realización de dicho estudio.

 

 

No necesitamos irnos tan lejos en el tiempo para encontrar arqueros que nos recuerdan un sinfín de goles al cuete.  Carlitos Nicola fue en baluarte en lo que a goles bobos se refiere durante el último quinquenio aurinegro.  Cómo olvidar aquel tiro del Gato Romero de media cancha que se coló despacito contra el palo zurdo.  Y como buen manya que soy debo admitir que sufrí horrible cuando Salgueiro y Biglianti se repartían el arco aurinegro y también se repartían los goles inverosímiles.

 

 

El último GRAN GOL BOBO, premio que se otorga sin que muchos lo sepan, lo ganó el magistral Sebastián Viera luego de que Dani Alvez le hiciera un gol del peaje, cual profundo homenaje a la Venus de Milo.  

 

 

Pero los errores de nuestros goleros celestes han tomado tal trascendencia que pocas veces en la historia de este deporte se le ha dado tanta importancia al puesto más ingrato.  Y es lógico, ya que la selección del Maestro es un orgullo para todos los uruguayos, y que con el cuadrazo que tenemos, con la ilusión que nos genera a todos ver una delantera terrible, un mediocampo salvaje y una defensa asesina, tenernos que fumar a Muslera o a Castillo en un ataque de nervios e inseguridad, repercute en nuestro temple como una patada bien dada en el que te dije.

 

 

Debo decir sin ánimo de subirme al caballo que he repetido en más de una nota sobre la selección (los invito a leerlas clickeando donde dice mi nombre en la página principal) que entiendo pertinente que se le dé una oportunidad al bueno de Martín Silva, que hace años se viene atajando todo en Defensor.  Claro, puede ocurrir que el sábado se coma un gol increíble con Danubio y se maten de risa de esta opinión.  

 

 

Es que el puesto de golero está directamente identificado con los goles bobos.  Nosotros teníamos un arquero en el Guayaquí, el cuadro de mi barrio, que se llamaba Pedro.  Era un personaje maravilloso al que hace bastantes años que no veo.  Tiene en su haber unas cuantas anécdotas que son de lo más curiosas.  En la Liga Punta Carretas lo suspendieron por 13 partidos y eso que no le pegó a nadie.  Una vez hizo un gol luego de salir con la pelota jugada desde nuestra área y después de eludir por la punta derecha a casi todo el equipo rival.  Y en una oportunidad, recién casado, los suegros le dieron la plata para comprarse un juego de dormitorio y se la gastó en una mosqueta por 18 de Julio.

 

 

Pero la más grande del Pedro fue la de los guantes de lana.  Jugábamos un campeonato  en el Carlitos Prado, un club de Baby Fútbol del Prado, donde creo sigue habiendo un teatro de verano precioso que supo ser un hermoso tablado en épocas gloriosas de nuestro carnaval.  Pedro había perdido sus queridos guantes de golero y decidió suplirlos por un par de guantes de lana, los que estaba utilizando ese invierno para repartir carne en bicicleta.  

 

 

El Maraca, un amigo de toda la vida que no jugó en Italia porque no le gustaba practicar, le empezó a insistir fervientemente que era una locura atajar de guantes de lana:

    * Pedro cómo vas a atajar de guantes de lana, se te va a escapar la pelota nene.
    * Callate Maraca, no puedo atajar sin guantes.  Vos quedate tranquilo.
    * Pero cómo querés que me quede tranquilo, se te va a escapar la pelota.
    * No se me escapa Raulo (el Maraca se llama Raúl), vos jugá y cállate la boca.
    * Se te va a escapar nene, atajá sin guantes.


Y esta charla duró todo un 181 desde Rivera y Luis Alberto de Herrera hasta Coraceros y Castro.  La misma se volvió a repetir mientras nos aprontábamos para jugar.

    * No te pongas esos guantes Pedro, vos sos tarado, ¿cómo vas a atajar de guantes de lana?
    * Ta, ta, ta Maraca.  Hacé los goles y dejame que yo me arreglo.


El partido comenzó y la puja continuaba cada vez que había un respiro.  Luego de cinco o seis minutos que el fragor de la batalla hizo que estas dos figuras olvidaran su discusión, el Flaco Gerardo se dispone a sacar un lateral desde nuestra zona defensiva derecha.  No tiene mejor idea que pasársela al Pedro, que trata en un solo movimiento de agarrarla y pasarla a la izquierda.  Pero la pelota, obviamente a causa de los famosos guantes, se le escapa y se mete despacito en nuestro arco.  1 a 0 ellos.
Se podrán imaginar la cara de todos nosotros al comernos un gol por tamaña estupidez, e imagínense la furia del Maraca que le gritó a su viejo amigo:

    * ¡¡¿qué hacés Pedro?!!


A lo que el Pedro contestó:

    * ¡¡ Y qué querés con los guantes de mierda estos!!

Juro por dios que esta historia es absolutamente cierta y también juro que nos empezamos a reír de tal forma que el partido demoró varios minutos en reanudarse.  Nunca me voy a olvidar de las caras totalmente desconcertadas del juez y de los rivales al vernos, en vez de recontra calientes,  revolcados por el suelo descostillándonos de risa.

 

Por eso repito: el gol bobo y el golero es una unión indisoluble.  Es cierto, cuando se repite mucho y perjudica la confianza del jugador que debe tenerse más fe y mantener el mayor grado de tranquilidad dentro de la cancha, es una macana que el técnico debe solucionar.  Más jugándonos la vida, volviendo a demostrarle al mundo quienes somos.  Y aunque muchos de nuestros periodistas ya se hayan olvidado de lo que pasó en el Mundial y empiecen a abrir el paraguas diciendo que es casi imposible, Uruguay es el candidato lógico para ganar la Copa América.  Es el que tiene armado el equipo, tiene una delantera que no tiene ningún país del mundo y la gente va a cruzar el Charco para volver a dar la vuelta en la casa de nuestros queridos vecinos.  

 

 

Lo que tenemos que solucionar es el tema del golero.  Ese ingrato puesto que hace que el primer grito que se siente cuando se entra a la cancha en un partido en el barrio, sea el de ¡último!  Claro, siempre y cuando el partido no sea de arco chico.  Ahora que pienso…¿no se podrá pedir eso en la Confederación?

 
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