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Montevideo, Jueves 11 de Marzo

Urugol

A un click del gol

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Felipe Castro
¿NO FUISTE?
Felipe Castro
Lunes, 08 de Marzo de 2010 22:51

¿Cómo, no fuiste? No te puedo creer. No me digas que te quedaste mirando la tele porque me muero. Te vengo diciendo que no des bola a lo que dice la radio y vayas al fútbol, que el campeonato está riquísimo. ¿Y qué tiene que ver que Peñarol haya sacado ventaja? Todos los cuadros juegan por algo: descenso, copas, y hay terribles jugadores. ¿Una vez que hay un campeonato como la gente no vas? Andá a ver a cualquiera, siempre está bueno. ¿Vamo´hasta la panadería y después a tu casa? Ta lindo porque no hay mosquitos…

 

Nosotros el sábado fuimos con el Seba a ver Danubio y Racing. La tarde era gloriosa, el solcito de frente a la tribuna de la palmera, y nosotros sentaditos, expectantes de lo que fuera a hacer el Chino. Arrancó a toda máquina. Se para sobre la derecha y se va moviendo para el medio de acuerdo a cómo venga la cosa. No sé qué pasaba que Racing no ponía mucha gente de ese lado, entonces el Chino se tiraba al medio y Miguez, que jugó de carrilero por la derecha, pasaba como una tromba para recibir de cara a los zagueros. Por eso te digo, andá a las canchas, valor.  El Miguez ese, terrible jugador. Mirá, me salió en verso y todo.

 

Claro, jugó Mirabaje, pero como Miguez se le iba arriba todo el tiempo, no agarraba una.  Eso hasta el dos a cero de Danubio. ¿Golazo? Golazo no; terrible golazo.  Arrancó como te digo, de la derecha al medio. Se sacó un hombre de arriba y le pegó de afuera del área, fuerte y al palo izquierdo. Un gol bien a lo Chino Recoba.  ¿Pasamos por la panadería y compramos unos bizcochos? Pero me parece que Giordano, Markarián, el Toto, todos esperan que él sea el motor del cuadro, y no lo es. Qué porfiada es la gente, che.  Al final del primer tiempo se quedó Recoba y se quedó Danubio. Es que hay que poner gente que juegue como si él no estuviera, me entendés.  ¡Qué pecho frío ni que ocho cuartos, gil! Si no la toca por veinte minutos, pero te pone cinco pelotas de gol, está de novela. 

 

Y Racing, con diez hombres, al ver que Danubio se dormía, lo empezó a atacar.  Ah, no te dije que Ifrán erró un penal. Y ahí sí, el Mirabaje empezó a manejar la mitad de la cancha. Además fue gracioso… Si, veinticinco, nosotros. Hola, cuarenta pesos de bizcochos. Surtidos, si.  Surtidos. ¿En qué estaba?  Ah, sí. Racing atacaba solo por izquierda y Danubio dejaba dos del otro lado marcando al viento.  Y de a poquito se fue metiendo la Academia hasta que descontó. ¿Quién, Cazulo decís vos?  Y, no será un virtuoso, pero mete que da miedo. ¿En el entretiempo sabés a quién vi?  Al Loquillo.  Si, estaba en España, pero volvió.  Está como loco con Racing.  Parece que se va de viaje a ver la Copa.  ¿Ves que tenés que ir?  Hay tres cuadros uruguayos en la copa, jugando bien, y vos no vas.  ¿Cuánto es?  Y andá con tu señora, llevá a los botijas.  Ya no está pa´la playa.  Y cuando no  es en el Estadio, por lo general hay pastito para que los niños puedan jugar.  Chau, ´ta luego. Gracias.

 

En el segundo tiempo Markarián sube a García de volante para poder tirar a Porcari bien a la derecha, pero Miguez queda muy atrás y Verzeri, ni corto ni perezoso, se la vió venir y cambió a Mirabaje de punta.  Ta, lo mató.  El Chino se hace echar al pedo y la Academia que se venía y se venía.  Ifrán quedó solo allá arriba y no agarraba una.  Y, mirá, a mi me parece que Danubio da changüí atrás.  Los tres zagueros son medio parecidos, grandotes, fuertes, pero medio toscos.  Entonces, si entrás con pelota bien jugada se les complica.  ¿Viste como están estos de queso?  Una bomba. 

 

Una bomba fue la tribuna visitante cuando Racing empató.  Es que este Verzeri anda bien de vivo, vos sabés.  Tuvo paciencia, no se desesperó por ganarlo ni siquiera cuando Danubio quedó con nueve.  Pero como ya la franja casi que no atacaba, los propios volantes se entraron a ir arriba y se venía venir el empate.  Y al final, con Danubio que no levantaba las patas, vino el tercer gol.  Fue raro el partido…Con permiso, che, qué linda tenés la casa.  ¿Ese mueble es nuevo, no?  Tomamo´un amargo, cómo no.  Danubio se juega mucho al Chino, pero cuando salió, parecía que no tenían ni idea de lo que hacer.  ¿Viste vos?  Dije que Defensor y Danubio iban a andar bien y no ganan.  Y bueno, me fui a la lógica.  El pobre De Souza está más solo que el uno.  No lo acompaña nadie.  Para la próxima voy a ser más recatado porque no me va leer ni mi vieja.

 

¡Pero cómo no vas a ir, vos estás loco!  Y el domingo te perdiste al Antonio, cómo te perdiste al Antonio.  No, no.  Dale, tomá vos.  Mirá, el primero es una pelota en la que el porteño se va por la izquierda, se frena…

 
CÓMO ME GUSTA CON FRANCIA
Felipe Castro
Jueves, 04 de Marzo de 2010 21:44

Queridos amigos: acá estoy otra vez.  Luego de tomarme mis merecidas vacaciones por el pintoresco balneario de Aguas Dulces, es un placer reencontrarme con ustedes y con la gloriosa barra de URUGOL, con quien ya me he comprometido a mandar este año no solo mi columna semanal, sino otros materiales que ojalá complementen ideas, y sirvan principalmente como divertimento, haciendo más corto el suplicio de esperar de una fecha a la otra de nuestro Campeonato Uruguayo.

Luego de cuestiones laborales que ya he comentado en columnas anteriores, y finalizadas las vacaciones, me encuentro con un montón de sorpresas.  Mi querido Peñarol, primero solo y por amplio margen.  ¿A qué se debe?  Estoy seguro que no es por tratarse de un campeonato chato, como escuché decir a los popes de nuestro periodismo deportivo la otra noche.  Hay que entenderlos.  Después de tantos años de auto-convencerse de que no había salida, y viendo pasar un montón de dirigentes y contratistas que no colaboraban en nada, es lógico que no noten que estamos viviendo un torneo con equipos repletos de buenos jugadores. 

Es cierto, Peñarol sacó ventaja.  Pero esas cosas suelen pasar en el fútbol, y estoy convencido que la mayoría de los equipos desarrollan un juego por demás interesante, como dije en notas anteriores, respondiendo a un estilo que se va formando de a poco, y que les aseguro coloca a la uruguaya  entre las ligas sudamericanas con mejor nivel futbolístico.  Les recuerdo que anduve por Buenos Aires y fui a ver varios partidos, y estoy convencido que nosotros jugamos mejor.  Las aventuras coperas de Nacional, Racing y Cerro lo vienen demostrando.  Ojalá siga así, y continuemos esta notoria mejoría.  Está en los dirigentes, en los técnicos, en los jugadores, romperse el lomo trabajando para que esto suceda.  Y nosotros, los que analizamos y comentamos, podríamos ayudar no dando pa´atrás a todo, especialmente cuando no hay razonables argumentos para hacerlo.

También se ha convertido en un suplicio la angustiante espera para que llegue Junio, y con él el Mundial.  Estoy seguro que las conversaciones y discusiones  se repiten en bares, liceos, oficinas, en el campo, en las fábricas, en asados suculentos y en saludables almuerzos vegetarianos.  El partido de ayer frente a la selección Suiza es un aliciente que revitalizó la expectativa, y por tratarse también de una selección mundialista, el resultado hace crecer las esperanzas.  Uruguay fue mucho más que su rival.  En especial  en cuanto a las figuras que componen los equipos, y aunque podría haber sido aún más notoria la diferencia, también la tarea grupal fue mejor que la suiza.  

La delantera uruguaya no admite discusión: todo el tiempo crea peligro para el arco rival.  Forlán y Suarez son dos delanteros con la capacidad para ser titulares en cualquier selección del mundo.  Se mueven, encaran, roban pelotas, y especialmente la mandan a guardar.  Si el gol de Forlán fue hermoso, mediante un gesto técnico admirable, anticipándose al defensor para luego dejar la diestra quietita para que la redonda se fuera al palo izquierdo, el gol de Suarez fue una obra maestra.  Los dos tienen todo lo que tienen que tener los delanteros para preocupar a cualquier defensa.  Pero en esa virtud, también radica el problema.

Uruguay debe hacerles llegar la pelota bien jugada a ambos, y en eso deberá trabajar mucho el Maestro.  Obviamente que los rivales estudiaran nuestro equipo, y sospecho que su preocupación, más allá de la obvia atención en la marca de su última línea ante semejantes atacantes, será la de trancar, con su media cancha, las posibilidades de que la pelota les llegue bien jugada.  Y casualmente, ese es el déficit más notorio que tiene la celeste.  Ayer, desde mi punto de vista, quedó demostrado que colocar un jugador con la responsabilidad de resolver de tres cuartos hacia adelante, bien cerca de ellos, es importante.  Lodeiro jugó un buen partido; la quiso, encaró, fue desahogo permanente para los otros volantes, metió dos o tres pelotas justas  y les quitó la necesidad a los delanteros de ir atrás para armar una jugada.

Es más, hubo momentos en que Forlán se retrasó, en especial por izquierda.  Pero el adelantamiento de Lodeiro permitió que ya no quedara solo Suarez allá arriba cuando el gran Diego bajaba a inventar algo.  Uruguay manejó la pelota más tiempo que en la mayoría de los partidos cerca del arco rival, y eso responde tanto a la actuación de Lodeiro como a la decisión del Maestro de poner un hombre ahí, cumpliendo exactamente esa función.  El asunto es saber si el resto de los volantes que ayer jugaron, pueden dar más variantes a las que hemos comentado.  Porque les recuerdo que vamos a jugar una copa del mundo, y muchos equipos están más que capacitados para defender a dos buenos delanteros y un enganche. 

Palito Pereira se presenta como una opción.  Es más, si me apura, le diré que me gustó más jugando de volante volante que como lateral volante.  Se fue mucho más al ataque, llegó bien, tuvo una chance clara, y se juntó con Lodeiro hasta el punto de generar juntos la jugada del primer gol.  Pero del otro lado no pasó lo mismo.  Al Mono no le dio el tiempo de llegar arriba como él sabe, y tampoco fue seguro en la marca.  Con él, aparentemente pasaría lo contrario a su homónimo: trabaja mucho mejor como carrilero que como lateral.  Entonces ¿qué hacer? La primera que se me ocurre es cambiar el lateral derecho y dejar a palito de volante; puede ser.  ¿Cáceres de 4? ¿No será mejor poner tres atrás y dejar a los Pereira de carrileros, aún sacrificando un poco a Palito?

Porque tampoco el Ruso, que mete como caballo en los campeonatos, en los amistosos y en donde venga, ha demostrado tener claridad para resolver demasiadas jugadas de ataque.  Me parece que si colocamos un 4 con el Ruso de 8, no le damos a la punta derecha la creatividad ni agresividad suficiente.  Lo que sí damos, es la chance al rival de trancarnos nuestra zurda y dejarnos rengos en el ataque.  Me parece que el Maestro está convencido de poner a Gargano y al Ruso.  Pero ¿cómo hacer para que jueguen ambos, sin renunciar a necesarias opciones ofensivas?  Para mí, más allá de estar de acuerdo o no en que jueguen los dos, la línea de tres se me presenta como una muy buena idea.  Y lo digo especialmente por la excelencia de nuestros tres principales defensores: Lugano, Godín y Cáceres. 

Faltan mucha tela por cortar y todavía hay muchos jugadores que tienen posibilidades, aunque de acuerdo a la manera de trabajar del Maestro, seguro se maneje con los mismos hombres con los que ha trabajado hasta ahora.  Eso indudablemente facilita estas atrevidas especulaciones, que seguramente usted y yo sigamos repitiendo y compartiendo con todo el mundo hasta que llegue la Copa, en este maravilloso juego de creerse por un rato el DT de la Celeste.  Y ya que estamos, si fuera esa mi envestidura en el debut frente a la selección francesa, esa que jugó ayer contra España y que mostró un montón de grandotes de físicos más acordes al fútbol americano que al fútbol que jugamos todos los demás, siendo su fuerte las pelotas divididas y los cabezazos, y sin demasiadas ideas para pasarse la pelota entre ellos, les diría a mis dirigidos: VAMO ARRIBA MUCHACHOS, VAMO´QUE HOY NO PODEMOS PERDER!!!

Claro, el fútbol es fútbol y puede pasar cualquier cosa, y es sabido que menospreciar a cualquier rival puede ser un error mortal.  Lo que no quita, desde mi feliz esperanza de hacer terrible mundial, henchido mi pecho de orgullo por tener a Forlán, por Suarez, porque te curtimos a patadas, y porque siempre nos tenemos fe, decir convencido: cómo me gusta con Francia.
 
COMPARANDO
Felipe Castro
Martes, 09 de Febrero de 2010 13:54

Por mi berretín de artista partí a tierras argentinas
y en las canchas uruguayas estuve otra vez ausente.
Pero para no enfermarme por falta de ver un fobal
el jueves de nochecita me fui a ver a Independiente.

Primero allá en Mar del Plata donde tocó Falta y Resto
empezando a comparar de las tierras sus bemoles
podrán habernos ganado uno a cero en el Estadio
pero enfrentando las playas le´ hacemos cuarenta goles.

Para detener el mar llenaron todo de piedras
falta un poco de limpieza y disculpen si me excedo
mas mirando esas casitas que ocupan toda la arena...
Sus playas serán bonitas, pero en las pelis de Olmedo!

Ya en la hermosa Buenos Aires y con una noche libre
rumbié para Avellaneda dispuesto a abrir bien los ojos.
El Javier me acompañó,  sabiendo que es una fiesta
y pasamos de novela en la popular del Rojo.

Hacía tiempo que no iba con un bolso a la tribuna
y aunque en bromas recordamos cada uno su bandera
solamente disfrutamos de una noche viendo fútbol
aplaudiendo codo a codo los tres goles de Silvera.


Para llegar a la cancha basta seguir los colores
gorros, banderas y vinchas, paty, chori, todo a mano
ni un atisbo de violencia de esa que muestra la Tele.
Como acá: lleno de niños, mujeres y veteranos.

Siempre hay algún gil de goma que la aburre con un lío
pero esta vez no hubo nada que llevara a la amargura.
Demostraron que son más los que la viven tranquilos:
como en Uruguay, el fútbol es bastión de la cultura.

Lo que se dice amargados, se fueron los tucumanos
que aunque en la primera etapa emparejaron el juego
en la segunda mitad duraron veinte minutos:
momento en que el tres a uno marcaron los de Gallego.

Comparando les comento que allá es todo más ligero
una gran velocidad en el juego se denota
y como para imitar en este lado del Plata:
¡hay tres o cuatro redondas pa´cada alcanza pelotas!

Las tiene a mano el golero cuando hay que sacar del arco
y si se va al lateral en seguida hay otra en juego;
acá ponen una sola que va de Olímpica a América
como en una ceremonia que ya te paspa los h…

Pero citando a Mujica como te digo una cosa
también te digo la otra y referente al partido
salvo alguna picardía que es natural del porteño
comparando con acá, es mucho más aburrido.

Jugadas armadas, pocas, errores en cantidad
ya no hay mucha calidad en el Rojo Rey de Copas
siendo evidente que allá sufren peor el suplicio
de ver que todos los buenos se van volando pa´Europa.

Pero en la tribuna, fiesta, no callan nunca sus voces
ni siquiera el entretiempo le da al silencio un momento.
Cantan todos parejito y cuando saltan da miedo:
juro que literalmente se entra a mover el cemento.

Pero aunque un estadio hermoso nos recibió amablemente
aunque el canto de la gente nos hizo sentir en casa
es difícil encontrar en canchas desconocidas
lo que uno siente en su barrio y por el pecho le pasa.

Es esa necesidad de ver lo mismo de siempre:
ver a aquellos que a Jardines o al Franzini siempre van,
las banderas del Olímpico, las del Saroldi, del Parque,
y encontrarme con mi barra de la gloriosa Amsterdám.

(ya sé que es Ámsterdam, pero no rimaba)
 
SON MANERAS DE VER LAS COSAS
Felipe Castro
Lunes, 01 de Febrero de 2010 20:04

Si usted escuchó las transmisiones deportivas del fin de semana, si oyó las audiciones radiales post fecha o los análisis televisivos, se puede quedar con la idea de que Peñarol tiene graves problemas atrás y no tiene nueve, de que el Chino no es ni sombra de lo que debe ser y de que Danubio no juega bien. Si da bola, puede pensar que Defensor es un desastre, que a Carrasco se le fueron todos los jugadores y que siempre en la Pre Libertadores nos va mal.  En definitiva, nuestro fútbol sigue siendo un poco más de lo mismo.  Pues bien: esas son, como dice el título de esta columna, maneras de ver las cosas.

Mi periplo musical del fin de semana no me permitió ver partidos en la cancha, pero seguí las alternativas por televisión de los últimos veinte de Peñarol y Cerro, y vi completitos River - Central y Defensor - Danubio.  Pero también me puse a ver fútbol de otros lados del mundo.  Vi al Lazio, a Independiente, y un partido inglés, que como me aburrió a los cinco minutos, no recuerdo ni qué equipos eran.  Entonces, volviendo al título, son maneras de ver las cosas.  Si nos dejamos llevar por los análisis de nuestra prensa especializada podemos encontrar todo lo negativo que nos cuentan, y ver realmente malas defensas y magros rendimientos colectivos y personales.  

Sin embargo, si uno logra olvidar tanta porquería, comienza a darse cuenta de cosas que, lejos de parecerse a años nefastos de nuestro principal deporte, nos llevan a pensar que vamos por buen camino –o al menos, mejor-.

Empecemos por el Chino Recoba.  Chino querido: aún reconociendo que es muy difícil que vos o gente allegada a ti lea esta nota, te quiero pedir disculpas.  Seguimos esperando que te mates corriendo en la mitad de la cancha, que pelees las divididas como lo hace Gaglianone, o que las bajes a buscar todas para eludir a medio cuadro, situación que pasa una vez cada diez años en todo el fútbol mundial, pero nosotros tenemos la necesidad que vos la generes siete veces por tiempo.  Perdón,  loco.  Perdón por no darnos cuenta de que cada vez que te recostás contra la raya, con un mínimo de espacio, ponés unos pases extraordinarios entre los zagueros y el golero.  Perdón por no notar que tus desbordes suelen terminar en francas jugadas de gol.  Perdón por pensar que es tan fácil sacarse tres tipos de arriba en una carrera, bajar hasta la línea media arrastrando marcas y dar una pelota que deje a velocidad y con pelota dominada a un volante de frente contra la línea de cuatro rival.  Y de paso, perdoná a Giordano por sacarte, creyendo que porque no la tocaste durante un rato, estás cansado.

Pobres de nosotros cuando el Chino deje de jugar, y nos empecemos a dar cuenta del jugador que dejamos pasar, puteándolo porque no juega como otros sin darle suceso a sus reales virtudes y talentos.  Pero así solemos ser los uruguayos.  Nos lleva años darnos cuenta de las cosas.  Fíjate que al propio Artigas demoramos casi un siglo en descubrirlo.  El 98% de los equipos del mundo se arrancarían la piel para que el Chino jugara en ellos.  Porque les recuerdo a los amantes fervorosos del fútbol de los ricos europeos, que los clubes ingleses, italianos y españoles, son una ínfima minoría dentro del mar de equipos que pueblan la tierra.  Pero como últimamente si no estás ahí no existís, no nos percatamos de que en Danubio juega una figura como pocas.  Un tipo que enamoró multitudes, incluyendo al presidente del Inter, que lo dejaba ir a practicar cuando quería.  Ese tipo, crack entre los cracks, juega en Danubio por cien pesos la entrada.  Y acá seguimos queriendo que haga todo lo que no hace.  El Chino fue el uno del Inter por tocarla tres veces por tiempo.  Nunca batalló la mitad de la cancha, nunca se mató sin pelota, nunca.  Lo que pasa es que, como ayer en el Franzini, las tres veces que la toca significan desnivelar un juego, o darle la chance clara a un compañero para que lo haga.  Ayer el Chino hizo en un tiempo lo que a otros jugadores les lleva una temporada completa: poner cinco pelotas de gol.  Y no para que la pelee el delantero, no.  A Ifrán y a Porcari les dio goles hechos, que de haber estado ellos  con la pólvora seca, hubieran liquidado el partido en los primeros cuarenta y cinco.

Aquí vamos de nuevo, mirando las cosas desde otro lado.  Danubio, criticado por su juego, fue un equipo que logró llegar con peligro un millón de veces.  Ifrán es un delantero de temer, hábil, encarador, vivo como el demonio.  Porcari es un volante moderno, que va y viene setecientas veces.  Hubo una jugada en que llegó hasta el fondo por izquierda y en la contracarga violeta quitó en la puerta de su área.  A tal punto fue importante lo de este valor, que cuando se empezó a quedar él, se quedó DanubioGrossmüller es otro jugador bárbaro de quien también se esperan cosas que no me parece que pueda, ni principalmente quiera dar.  Es un último pase, como dice mi viejo, de tanta calidad, que a veces se equivoca por querer darla tan perfecta.  Hubo una jugada que tenía a Ifrán libre a la derecha, pero que en vez de tirársela rastrera, se la quiso dar justo por arriba del back y la perdió.  Danubio juega bien, va a dar pelea, y si puede vaya a verlo.  No se pierda a uno de los mejores jugadores del mundo por prender un rato la radio y escuchar tres boludeces.

Lo otro: todo bien con Ferrín, me parece fenómeno que sea importante la noticia de su continuidad en Defensor.  Pero la Violeta sigue demostrando cosas por demás importantes, que quedan opacadas por si sigue o no sigue el técnico.  Vamo´arriba muchachos.  En lugar de hablar tanto de Ferrín podrían destacar al gran Diego De Souza.  Este tipo es un fenómeno, pero claro, como Defensor anda mal y no lo vendieron al Fenerbache nadie dice nada.  Es un jugadorazo cuando el equipo andaba bien, y también cuando anda mal.  Las quiso todas, cabeceó, le pegó de afuera, armó jugadas.  Se sigue juntando con Ariosa, sin tener tan claro lo que hacer como en épocas del Polilla, pero llegando bien hasta tres cuartos.  El problema de Defensor es a partir de ahí.  No logra definir las pelotas que lleva bien, principalmente gracias a De Souza, hasta posición de ataque.  Era muy gracioso escuchar los comentarios del segundo tiempo, de los periodistas quejándose de que el local no paraba de tirar centros.  Y sí, mi amigo. Si usted pone dos delanteros de más de uno noventa es lógico que tire centros.  Y en el segundo tiempo, con los criticados centros, Defensor lo hizo pasar mal a Danubio y casi le empata.  El problema fue que en la primera mitad no tiraron un centro.  De haberlo hecho, la defensa de La Franja no hubiera tenido tanta libertad para irse arriba.  El que con un jugador como De Souza se anime a dar por muerto a Defensor, es un gil. Con todo respeto.

Peñarol juega mal atrás, frase por demás repetida.  Primero: el gol se lo morfa el golero con todas las de la ley.  Segundo: lo atacaron muchas veces, especialmente en la primera etapa (esto fue lo que escuché, porque recuerde que vi solo el segundo tiempo.  Si me equivoco corríjame).  Pero vale la pena recordar que Cerro está por empezar a jugar la Libertadores, y que armó un cuadro en consecuencia.  Por lo tanto, debe haber virtudes en el equipo de la Villa como para ofender significativamente a su rival, si no irían a la Copa a pasear y no creo que esa sea la intención de Repetto, un técnico muy vivo, por cierto (no pongo que Repetto merece respetto porque sería un pelotudo).

La otra mirada que admite otra manera de ver las cosas es “la del nueve”.  Si usted escuchó a Goñi relatar el partido, coincidirá conmigo en que Máximo se siente defraudado por el sacrilegio que comete Aguirre al no poner un “nueve nueve”.  No dudo de la experiencia de Don Goñi mirando fútbol, ni de otros tantos que también lo sostienen.  Pero me siento en la obligación de recordarle que Peñarol hizo seis goles en dos partidos.  ¿Entiende Máximo? Seis goles en dos partidos.  Por lo general los equipos no hacen seis goles en dos partidos.  Yo sé que los paradigmas futboleros son necesarios - por más que el propio fútbol se encarga en cada jugada de desmentirlos -, que las CONVICCIONES FUTBOLÍSTICAS (en mayúscula) son necesarias para mantener una postura SUBJETIVA E INDEPENDIENTE (también en mayúscula).  Pero seis goles en dos partidos es bastante, por lo menos para esperar y darle la chance al Diego de tener razón. ¿No, Máximo?

Lo que vi de estas dos fechas y lo que hizo Racing por la Copa denota que los equipos de nuestro fútbol comienzan a tener puntos en común no poco trascendentes.  Fíjese en los próximos partidos, y le aseguro que notará que siempre pasan algunas cosas.  Se colocan jugadores de buen pié en los costados.  Inclusive los números diez se mueven por afuera.  Esas mitades de cancha que basan su ataque en las puntas, para permitir un retroceso a tiempo, suelen esperar para defender en la mitad de la cancha.  No se sale a presionar arriba, se espera bien armado con dos líneas de cuatro.  A partir de ahí sí se empieza a salir, dependiendo de cómo ataque el rival, pero siempre manteniendo la estructura.  Como la mayoría de los equipos juegan así, se ven también coordinados movimientos ofensivos a espaldas de los volantes rivales para generar espacios entre dos líneas apretadas.  Se ven movimientos rápidos, entrenados, que responden a una necesidad general más que a un partido en particular.  Eso significa, queridos amigos, que el fútbol uruguayo está generando de nuevo un estilo.  No sé si es como el de antes, AQUEL QUE TRAJO LAS GLORIAS DEL PASADO (en aburridas mayúsculas).  Pero se va armando de a poco, está naciendo.  Y sus consecuencias se empezaron a ver con el Nacional de Pelusso, semifinalista de la Libertadores, con el más armado River, tercero en la Sudamericana, y el otro día con el Racing del gran Loquillo Garrido que debe estar loco de contento.  

En los partidos de otros países, me costó ver cosas que significaran una uniformidad futbolística.  Es más, las tablas de posiciones donde se sacan cuarenta puntos entre unos y otros son moneda corriente.  Son lugares donde los equipos ultra millonarios le sacan ultra millonarias ventajas a quienes son un poco más pobres, siendo sus estilos de juego diametralmente disímiles.  Hay quienes entienden que eso, sumado a un montón de estadios para 70.000 personas que acá serían al divino botón, es mucho mejor que nuestra pasión de los fines de semana, donde NOSOTROS nos llenamos de alegría si el equipo gana, o nos amargamos una semana entera si al cuadro le toca perder.

Y sí, señores.  En el fútbol, como en cualquier orden de la vida, son maneras de ver las cosas.
 
FÉLIZ CLAUSURA. FÉLIZ CARNAVAL
Felipe Castro
Martes, 26 de Enero de 2010 15:58

 

Señores, es un placer reencontrarme con mis amables lectores.  Debo reconocer que mi ausencia en estas primeras semanas de enero no fue porque estuviera de licencia en mi trabajo: recién en febrero me toca Aguas Dulces.  Más bien se debió a que no había mucho para decir.  Los períodos de pases para los que amamos este deporte son bastante angustiantes; poner el dinero adelante del fútbol es una costumbre de las últimas décadas con la que no me llevo muy bien.  No porque antes no fuera importante la parte económica: para los jugadores el fútbol fue y es un trabajo.  Pero últimamente lo que se me antoja demencial es que el primer objetivo sea hacer guita y no salir campeón.  He ahí la razón por la cual preferí no enloquecerme con números y esperar a que volviera el fútbol, para poder referirme a lo que sucede en el pasto, que en definitiva es lo que en realidad nos importa.

No solo volvió el fútbol, desde el arranque con partidos llenos de goles y resultados increíbles como el de Danubio o el de Defensor.  También empieza el jueves, con su maravilloso desfile inaugural, la fiesta más maravillosa de la tierra: el Carnaval Uruguayo.  Ya he contado varias veces que en el fútbol mi pasaje fue en inferiores, y que solo mi atrevimiento y las horas perdidas mirando rodar la pelota me llevan a escribir sobre él.  Sin embargo en el carnaval, me llena de orgullo decir que jugué una década entera en primera división.  En el 96 empezó mi aventura carnavalera, cuando canté de primo nada más ni nada menos que en Falta y Resto.  Después, con el correr de los años y en esa misma murga, fui letrista, coupletero, director escénico, arreglador coral, y hoy en día compongo algunas músicas para La Falta, yendo a varios de sus viajes por tierras argentinas, en este derrotero fuera de las carnestolendas que ha decidido seguir.  Pero salí los febreros hasta el del 2005: diez años en primera son diez años en primera.

Con la gran diferencia de que en el arte a cada uno le gusta lo que le gusta más allá de premios y jurados subjetivos, mientras que en el fútbol el que hace más goles gana y los merecimientos no pesan en la tabla de posiciones, estas dos expresiones clásicas de nuestra cultura tienen varios puntos en común.  Las banderas, las vinchas, las largas horas de preparación, el nerviosismo previo, el disfrute cuando la gente aplaude y festeja, y la angustia si se ve a un público dubitativo y aburrido.  El aliento antes de entrar a escena, siendo el escenario tanto una cancha como un tablado, las fans, los fans, el armado de los planteles, las grandes figuras, los jóvenes valores, los papelitos, las serpentinas y la satisfacción inigualable de hacer lo que uno ama con todo el corazón, de disfraz o de pantalón corto.

Y como ya están acostumbrados a leer en estas columnas las realidades un poco noveladas,  los invito a transformar al Pollo Olivera en vedette de comparsa, y a Tabaré Cardozo en Matute Morales; total, es carnaval y el que se calienta pierde.  Al Pollo capaz que no, pero a Tabaré le va a encantar la comparación porque es terrible bolso.

Después de sus recitales por Italia con Jaime Roos, el Zurdo Recoba, también conocido como el Chino Bessio, vuelve a nuestros carnavales para deleitarnos con su maravillosa pierna hábil y su prodigiosa e inigualable garganta.  Un jugador que vistió la Celeste jugando y cantando y, vaya casualidad, en ambos puestos fue discutido.  Pero que sin duda en este carnaval clausura nos deleitará con sus solos y con sus tiros libres.   

El Pollo será sin duda la vedette que todos estamos esperando ver bailar como sabe: haciendo bailar a más de uno.  La prensa especializada lo critica porque por momentos parece haber perdido aquella silueta estilizada que tuvo en otros carnavales.  Pero cuando la cuerda de tambores pintados de amarillo y negro suba del milongón al candombe ligero, sin dudas tendrá su momento para deleitarnos con su cintura prodigiosa, compartiendo la escena con el Flaco Ramírez, un escobillero que no deja de hacer malabarismos a pesar de ser estos sus primeros febreros.

Matute Cardozo sigue y sigue levantando la cabeza y metiendo versos, arreglando el coro y manejando la pelota.  La diferencia es que mientras en la cancha deberá encontrar un nuevo socio para que defina las cuartetas, ya que se fue un coupletero magistral como Lodeiro, en los tablados sigue junto a su socio y hermano Yamandú, tan cargado de talento como el que se fue a Holanda.  Y de postre, demostrando que es un plantel muy completo, el Rafa Regueiro, Sonrisa Cotelo para los íntimos, estará por ahí para mandarla a guardar, haciendo morir de risa a la popular y a la platea.

En todas las murgas y equipos hay valores por los que vale la pena pagar la entrada.  Estarán las ya conocidas figuras como el Tony Villalba y el Canario Pacheco, Diego De Souza y Alejandro Balbis creando con la guitarra en la mitad de la cancha, hermanados como La Teja y Capurro seguirán como hace años el Bananita González y Osvaldo Canobbio, uno en Fénix y el otro en los Diablos Verdes.  Escribiendo en tres o cuatro cuadros el Gordo Marcel y llevándosela por todas las cuerdas de la murga el Japo Rodríguez.  Estarán los Asaltantes de la Cuchilla con su coro de jugadores experientes, con su medio campo de segundos espectaculares y metiendo miedo aunque Marquitos Alfaro se haya ido a la Colombina de Almagro.  Desplegarán su magia los goleros de la batería, tapando los palos y llenando de ritmo los silencios, Adriancito Muñoz, Martín Batata Silva o Raúl Sebastián Sosa García.  Los solos rabiosos del gran Chato Ambrossio y las arremetidas rabiosas de O.J. Morales.  

Tampoco faltarán las nuevas figuras, esos cantores de Murga Joven y de inferiores a los que les sobra paño para jugar los noventa en el Ramón Collazo o cantar los cuarenta y cinco en el Estadio.  Damián Dewailly y Coates,  Charquero y el Alemán,  Mauricio Pereira y el Alvarito Imbert.  Estarán también jugadores con registros increíbles como Emiliano y Grosmúller.  No faltarán excelentes técnicos letristas como los Eduardos, Rigó y Acevedo;  habrá Diegos, uno por Aguirre y el otro por Bello.  También habrá ausencias, cómo no.  Ni Lodeiro ni Tintabrava, ni Pelusso ni Pitufo.  Y por supuesto, la prensa no va a faltar.  Quién va a dejar de escuchar al Toto Fernández por más que a veces se esté tan en desacuerdo con él.

En definitiva, todo un carnaval de goles y canciones, clausurando tristezas y derrotas.  Siempre hay tiempo para reírse y tomarse revancha; nunca es tarde para ganar y divertirse. 

 
LUISITO
Felipe Castro
Lunes, 28 de Diciembre de 2009 19:21

La directiva había decidido que cada partido de local debía tener algunas cosas fuera de lo común para atraer más público, y de esa forma aumentar la venta de entradas.  Las arcas de la institución necesitaban acrecentarse; varias ideas de socios y gente allegada fueron recibidas con interés: rifar electrodomésticos con el número de la entrada, organizar espectáculos que animaran los ratos previos a los partidos, pensar promociones o convenios para sumar socios.  Se buscaron auspiciantes y las cosas iban viento en popa.  

Pero lo que más sedujo a la directiva fue una propuesta que hizo el ayudante técnico de la quinta división.  Propuso que todos los botijas de séptima, sexta y quinta que quisieran, hicieran cada semana una competencia de dominio de pelota.  Aquel que la dominara más veces  entraría a la cancha en el entretiempo del partido siguiente de primera división, para mostrar sus habilidades ante el público.  Todos los dirigentes quedaron encantados con la idea, ya que no solo rompería  la tediosa monotonía de los entretiempos, sino que además le daría la chance a todos los hinchas de ver en la cancha futuros valores.  Para los gurises era también una oportunidad de mostrarse, de que la gente los conociera, de ir sintiendo lo que es sudar esa querida camiseta.

El Martes siguiente se pidió a los responsables de cada plantel que informaran de la novedad a los jóvenes valores, y el miércoles de tarde, luego de terminado el horario de las prácticas, la fila de botijas parecía interminable.  Todos querían tener la chance de dominarla ante tanta gente.  El propio ayudante técnico de la quinta escribió los nombres en un cuaderno.  Junto al nombre quedaba escrita la cantidad de veces que se había dominado la pelota antes de caer al piso.  El mismísimo presidente de la institución, muy entusiasmado con la idea, se hizo presente para observar las destrezas de los chiquilines, que esperaban ansiosos el momento de mostrar sus habilidades.

Hubo algunos que no se animaron.  Roberto, por ejemplo, un corpulento back de la sexta que años más tarde sería gloria de la institución, por más que la invitación era para todos, decidió no presentarse. Él creía tener la obligación de aprender mucho más de técnica de balón para enfrentarse a semejante empresa; y además tenía miedo de quedar pegado adelante de todo el mundo.  A otros no les interesaba porque preferían pasar los domingos de tarde haciendo otra cosa.  Algunos preferían ir a ver al equipo sin complicarse la cabeza, y unos pocos, como Luisito, no pudieron ir porque estaban lesionados.

Luisito jugaba en sexta también, pero de puntero derecho.  No era titular todos los partidos, pero su técnica era tan fantástica que cuando entraba solía hacer las delicias de los pocos espectadores que asisten a los partidos de inferiores.  Estaba todo el tiempo dominando la pelota.  Su mamá contaría tiempo después en una nota, que a Luisito no había nada que le interesara más que estar dominando la pelota en la calle, y dándola contra el portón de chapa de un local a media cuadra de su casa.  Sus compañeros envidiaban su habilidad y cuando jugaban juntos se desesperaban por darle la pelota a Luisito para que este, después de alguna pirueta, se las devolviera redondita, siendo parte del “ole” de la despoblada tribuna.

Pero Luis, por un pequeño pero doloroso esguince de tobillo, ese miércoles de tarde se quedó con las ganas de hacer la prueba.  Tan conocidas eran sus virtudes que muchos botijas se animaron a participar porque sabían que Luisito no podía ir.  El propio Marcelo, un número cinco completísimo de la quinta división que más veces la dominó aquel miércoles de tarde, admitió a sus compañeros que participó porque no iba Luisito: “si viene Luis, no tiene gracia”.  

El domingo siguiente la tribuna gozó de la idea y de Marcelo, a quien en diez  minutos que estuvo en la cancha haciendo malabares, se le cayó solo tres veces.  Lo aplaudieron tanto, que el lunes en la práctica el pibe tuvo que contarle a cada compañero lo que era estar dominando la pelota ante tantos hinchas del club.  La semana siguiente no hubo selección porque el equipo jugaba de visitante, y Luisito, ya recuperado, tuvo que esperar una semana más para poder hacer la prueba.  Estaba convencido de que nadie lo podría superar.  Los amigos del barrio solían sentarse en el cordón de la vereda, y apostar refrescos y alfajores sobre cuántas veces la iba a dominar Luisito.  El record lo tuvo un sábado a mediodía frente al almacén de la Tota, aunque no se sabe exactamente la cantidad de veces que la dominó,  porque todo el resto de la botijada se tuvo que ir a comer antes de que terminara.

Al fin llegó el gran día, y el miércoles siguiente Luisito estaba parado en el noveno lugar de la fila.  Verlo venir desanimó a varios de los postulantes. La fila, que antes de empezar daba vuelta al vestuario, luego de que el presidente, después de contar 341 dominadas, le dijo a Luisito que ya estaba bien, no llegaba ni a los tres metros.  Y el domingo siguiente, ante 35.000 personas y con el cuadro ganando dos a cero un partido contra los de arriba en la tabla, Luisito apareció por el túnel en el entretiempo.  La tribuna estaba enfervorizada y no paraba de cantar.  Ese día era importante ganar para conseguir el campeonato, y el equipo estaba respondiendo a la exigencia.  Pero aquella locura pareció aplacarse de repente cuando un adolescente vestido con la camiseta número 14 subió la escalera del túnel locatario dominando la pelota.  La voz de los parlantes anunció el nombre del chiquilín, y como comienzo de un romance que duraría años, Luisito enmudeció a propios y extraños.

Cuando llegó al final de la escalera, le pegó fuerte, para arriba y hacia el medio de la cancha.  Algunos chiflaron pensando que era una burrada, pero al ver que Luisito corría hacia el círculo central y dominaba su propio pelotazo con el muslo derecho, quedaron boquiabiertos.  A los siete u ocho minutos no solo no se le había caído, sino que la había dominado con ambos pies, los muslos, la cabeza, los hombros, el pecho y hasta las canillas.  Y había dado una vuelta completa a la cancha con la pelota en la nuca.  Pero antes de cerrar una muestra de habilidad prodigiosa, con la tribuna coreando su nombre como si lo conociera de toda la vida, Luisito la llevó hacia el área donde estaba apostada la barra local.  Antes de llegar a la medialuna se puso de espaldas al arco y la tiró bien arriba.  Antes de que tocara el piso la dominó con la derecha y hacia ese lado.  Sin dejarla caer y dándose vuelta la acomodó con el empeine izquierdo otra vez para la derecha, y desde la puerta del área sacó un derechazo furibundo que se metió rastrera y pegadita al palo izquierdo.  La pelota dio contra el costado interno de la red y la tribuna, como si fuera en la hora de una final, gritó el gol con alma y vida.  Todos aquellos espectadores imaginaron, como una premonición, que aquello se volvería a repetir alguna vez, pero cuando sucediera sería con un golero en ese arco, y con enfurecidos zagueros intentando cortar el remate perfecto de Luisito.

Todo aquel año, aunque el equipo salió campeón, Luisito fue la atracción principal.  Hasta los periodistas interrumpían sus comentarios de la primera parte para relatar las audacias más increíbles de aquel botija que se ganaba, a pasos agigantados, el amor de la tribuna.  Ahora la fila de los miércoles era para ver quién la dominaba los primeros cinco minutos, porque Luisito estaba siempre.  Y siempre terminaba su demostración con la misma jugada.  La llevaba hasta el área de la popular local, se daba vuelta, la tiraba hacia arriba y después de los dos deliciosos toques, uno con cada empeine, sacaba el derechazo que se metía siempre en el mismo lugar, abajo y contra el palo derecho.

El tiempo pasó, y por insistencia de  la gente, el año siguiente Luisito ocupó un lugar en el plantel de primera división, con 16 jóvenes años.  Pero pasó mucho tiempo antes de que estuviera en el banco de suplentes, porque los técnicos consideraban que no estaba preparado para jugar en esa categoría.  Sí técnicamente, pero el fútbol no es el circo, y hay muchas más cosas que necesita tener un jugador para jugar en primera que habilidades de malabarista.  Pero  una noche entre semana, en la antepenúltima fecha del campeonato, el técnico miró hacia los suplentes que calentaban al costado de la cancha y gritó “dale pibe, vení vos”.   

Era nada más ni nada menos que el clásico.  Los dos equipos peleaban el torneo y esa noche el empate favorecía al rival.  Si terminaba así, la suerte del equipo local, el de Luisito, quedaría echada, y dependería de otros resultados para poder levantar la copa.  Había que ganar o ganar.  Iban 27 minutos de la complementaria, y el uno a uno parecía que no lo cambiaba nadie.  Comenzaron ganando los locales con un golazo de su centro delantero, un flaco espigado que vino de un club del interior, y que increíblemente nadie había visto, porque tenía como 28 pirulos.  Era el goleador del campeonato y esa noche defendió su honor, y recibiendo un centro de la derecha, se levantó más alto que todos contra el arco de la tribuna visitante y clavó un fenomenal cabezazo a media altura, junto al vertical izquierdo del golero que ni se movió.  

Pero ellos, al comienzo del segundo tiempo, armaron una jugada bárbara de izquierda a derecha y de derecha a izquierda.  Tanto la dieron vuelta, que el lateral zurdo entró como un fantasma por la derecha local, y recibiendo un justo pase del número diez y crack visitante, remató con la parte externa del pie izquierdo poniendo el uno a uno, que era justo con el trámite del encuentro.  Pero el partido había caído en un pozo, cosa que suele ocurrir en cotejos de alta trascendencia, y el técnico local ya había realizado las dos variantes cantadas que solían desequilibrar el juego, sin ningún resultado claro.

Entonces, más por amor que por alternativa, más por pasíon que por razonamiento, la hinchada empezó a pedir por el pibe.  El “Luisito, Luisito” caía como una tormenta sobre los oídos del entrenador, que luego de unos minutos de duda, se volvió hacia sus relevos y lo llamó.  El pibe pareció no comprender de movida lo que el D.T. estaba diciendo.  Era imposible que en aquel partido decisivo, con la necesidad de ganar y con los suplentes que estaban con él, todos ellos de gran jerarquía, el momento para el debut fuera ese.  Todos, incluso Luisito, soñaban con que su primera vez fuera durante algún segundo tiempo tranquilo, con el marcador cómodamente a favor, como para que no hubiera presión.  Pero no, esa noche ante un estadio lleno, se daba el debut en primera de aquel botija que enloquecía a los fanáticos durante los solitarios minutos del entretiempo.  El propio papá de Luis admitió más tarde que cuando vio que el que corría hacia el técnico sacándose el buzo largo era su hijo, casi se muere del corazón: “nunca se me ocurrió que pudiera entrar hoy”.

Pero Luisito, con la 14 en la espalda, dejó que el entrenador le pasara el brazo derecho por encima de sus hombros, en un gesto paternal para darle indicaciones.  “Vas a entrar por José.  Deciles que se armen con línea de tres atrás, Gustavo de libre.  Vos parate entre Emilio y los dos de arriba.  Tratá de tenerla ahí, en tres cuartos, que estamos perdiendo muchas pelotas antes de llegar al área.  Dale, hacé lo que sabés hacer, tenela y pasala al pié.  ¡Dale pibe que hay que ganar, dale eh!”  Y Luisito, con el carnet en la mano y una puntada en el corazón, le fue a pedir el cambio al cuarto árbitro.

Cuando por los altoparlantes se anunció la variante, la gente rugió su nombre.  Había llegado el momento, ese que se vuelve inolvidable para los que lo vivieron, y sueño incumplido para todos los que no tuvieron esa suerte: debutar en primera división.  Los primeros minutos en cancha los ocupó en dar las indicaciones que enviaba el técnico, y en ubicarse más o menos por el lugar en el que tenía que estar.  La primera que recibió fue en tres cuartas canchas, bien en el medio.  No la pudo ni tocar porque antes de que le llegara, el Ruso, un bravo volante rival, le pegó a la altura de los gemelos.  Lo mató de entrada, como para que el pibe viera en donde se había metido.  Con los ojos cerrados de dolor, sentía los insultos que se llevaba el famoso Ruso de la tribuna locataria.  Incluso sintió a lo lejos, cómo sus compañeros lo increpaban con frases como: “te hacés el vivo con el botija”, “mirá que sos bobo Ruso, eh”, “siempre lo mismo contigo, no te hagás el guapo, gil”. Pero lo que lo volvió a la vida no fue la venganza de sus compañeros sino la cabeza fría de Emilio, el crack del cuadro, que lo ayudó a levantarse y le dijo al oído: “dale, dale, que no fue nada.  No te quejes que es lo que quieren.  En la próxima, esperalo y tirale un caño que abre las patas”.  

Otra vez la pelota en tres cuartos y Luisito que recibe, esta vez, tiradito a la derecha.  El Ruso se vino en fija y Luisito, ni corto ni perezoso, no lo dejó frenarse y le tiró el ñoca como a un metro de distancia.  El pobre Ruso no se la esperaba y cuando se dio vuelta, ya había pasado la pelota por entre sus piernas, Luisito por al lado,  y la tribuna coreaba un “ole” que se sintió hasta en Brasil.  Pero la jugada terminó en nada y el uno a uno caminaba irremediablemente a ser el resultado final, y con eso, resignar el bicampeonato tan ansiado por la gente.

Faltando tres minutos, cuando parecía que nada cambiaba, Luisito quedó de espaldas al arco rival, en la medialuna del área.  Era como si todo el resto del espectáculo se hubiera borrado, la noche, los rivales, los jueces, los cantos.  Y Luisito quedó solo, como en los entretiempos, esperando que cayera para finalizar su actuación, haciendo la gran maniobra final, la que terminaba en gol, ese gol imaginario que hoy, hoy puede ser verdad.  Le ganó la posición al 3 rival, puso la colita y se aseguró de que la redonda le cayera adelante.  La gente sabía lo que iba a suceder:  Luisito la iba a bajar con el empeine derecho, giraría, la tocaría de zurda suave para acomodarla a la diestra, y sacaría el feroz remate.  Y Luisito la mató nomás.  La pelota fue hacia su derecha como hipnotizada, quedó muertita en el aire a medio metro de pie de Luis.  Este aprovechó ese espacio y giró.  La astucia y la rapidez con que realizó el movimiento hizo que el “Bomba”, zaguero izquierdo rival, no pudiera mover las piernas.  Quedó clavado al piso y sin reacción.  Pero cuando la pelota quedó ahora a la izquierda de Luis, cuando este ya había completado la media vuelta, el Bomba hizo la lógica: se tiró a buscar esa pelota que parecía suspendida en el aire.  Estaba tan cerca de su pie derecho que no había chance de errarle.  

Pero era lo que Luis esperaba, y la tocó suavemente con su pie zurdo hacia la derecha.  El zaguero pestañeó, y cuando abrió los ojos, ya estaba echado con los pies para adelante viendo rivales y compañeros que corrían hacia él o que miraban algo a sus espaldas.  Lo que nunca vió fue la pelota, que ya se acomodaba mansita en el aire gracias al efecto, para que Luisito sacara el derechazo.  Pero aquella instancia no era como las soleadas y solitarias tardes cuando Luisito culminaba sus piruetas.  Tampoco como los partidos en la lleca con los amigos, que aún siendo buenos jugadores también, ninguno era back derecho de la selección como el “Cabeza”, ese número dos pretendido en el mundo entero, capitán del equipo visitante, que se lanzaba como un gato en busca de su presa, de derecha a izquierda, para interceptar a Luisito.

Luisito, por un momento confió en su habilidad y en su experiencia haciendo esa jugada.  Lo alentó el grito del la tribuna de “pateá”.  Porque era lo que esperaban todos, lo que Luis había hecho tantas veces y que ahora ocurría a estadio lleno y contra el tradicional rival. Pero por el rabillo del ojo izquierdo, cuando sentía la gloria en las manos,  alcanzó a ver una sombra y un dos estampado en un short de ajenos colores.  Quizás le daba para patear sin que cortaran su remate, pero era poco probable.  Aquel zaguero era uno de los mejores que había visto, y su principal virtud era llegar siempre, siempre llegaba a cerrar.  Entonces, como rompiendo un hechizo, Luisito hizo lo que nadie esperaba.  La gente quedó enmudecida, como defraudada de que el pibe no siguiera el ritual, como frustrada de no ver lo que esperaban ver y con angustia de no poder gritar el gol que todos querían gritar.

Y lo que duró ese silencio, fue el tiempo que necesitó Luis para, sin dejarla picar, volver a tocarla hacia arriba con el empeine derecho, para que el Cabeza pasara de largo deslizándose por el pasto, para acomodar el cuerpo de frente a la pelota, y dejándola caer bien delante de él, pegarle con el empeine apretado para no levantarla al palo izquierdo del arquero visitante.  La Pelota salió mordida pero fuerte, y el maravilloso arquero del equipo que a la postre, más allá del resultado de esa noche se quedaría con el campeonato;  ese sensacional arquero que sería figura de la Celeste y de varios equipos importantes del mundo, no llegó por un centímetro.  El tiro lo agarró justo antes de apoyar su pierna derecha en el segundo paso que dio hacia ese lado.  Había cubierto el primer palo, el izquierdo, en un correcto gesto técnico.  Pero ante el inesperado toque de Luisito, corrigió hacia la derecha para achicar el otro palo también.  Y en ese momento, justo antes de apoyar su diestra, salió el remate.  Cayó sobre su pierna izquierda pero sin impulso, sin pie de apoyo.  La pelota le pasó a un centímetro del dedo mayor de su mano izquierda y fue a meterse junto al palo zurdo.  El grito demoró dos o tres segundos que parecieron una eternidad.  Luisito hasta dudó de que el juez hubiera cobrado algo porque nadie gritaba: todos quedaron mudos.  Y de repente, como trueno que cae inesperado y que retumba en cada rincón de la tierra, llegó el grito de tres letras más maravilloso.  

La gente se pellizcaba, no podía ser cierto, parecía un sueño.  El equipo ganó dos a uno, y aunque no ganó el campeonato, todos recordarán cuando Luisito, que después sería parte de la década más exitosa del club, hizo lo imposible de lo imposible.  Como demostrando al mundo una vez más, que en el fútbol, como en ninguna otra cosa sobre la tierra, puede ocurrir lo inimaginable en el momento más inesperado.  Y que la invención más maravillosa del Ser Humano no nace en un laboratorio ni en un parlamento.  Nace en la calle, haciendo que una pelota no llegue a caer al piso.
 
10 DISPARATES DE FIN DE AÑO
Felipe Castro
Martes, 22 de Diciembre de 2009 13:14

Se acerca fin de año y debido a la excitación previa a la licencia, el calor y las grandes cantidades de alcohol que se consumen, los disparates están a la orden del día.  Todo esto sumado a las grandes definiciones que hemos vivido en estos últimos tiempos con la Selección, las elecciones y las resoluciones de los campeonatos, da como resultado este espíritu pro-disparate que viene exacerbado desde hace un par de meses.  Este ranking no tiene entonces otro fin que el de entretener un rato (para no hacerse el serio cuando no corresponde) y repasar algunos hechos del año que se pueden adjetivar de dantescos y/o bizarros.  

PUESTO Nº 10 – CERO BOLA AL METEORÓLOGO

Pa´ntrar en calor, banda tan publicitada en estas notas y hasta con un banner en la página principal de Urugol, volvió a suspender su presentación del disco.  Si, aunque ustedes no lo crean, este humilde músico devenido en comentarista futbolero no pudo concretar su sueño de presentar el disco por la maldita lluvia que volvió a caer sobre Montevideo.  ¿Maldita? No, no.  Giles nosotros que volvimos a no darles bola a los meteorólogos que pronosticaron un alerta naranja para el sábado a las seis de la tarde.  Pues a las seis de la tarde, con todo el escenario armado y viendo venir desde el mar la tormenta, el disparate fue no haber sacado todo y quedarnos allí, convencidos que no iba a llover, de que era una nube.  A las seis y un minuto comprobamos que la nube cubría todo Montevideo y venía acompañada de un viento que tiró una torre de amplificación y de una lluvia que mojó desde la batería hasta unas maracas, pasando por el bajo, las violas y sus correspondientes equipos.  Quedó para marzo, si, un disparate. Se parece al campeonato Apertura del 2008, que terminó en el 2009.

PUESTO Nº 9 – JULIO RIBAS Y SU ESQUEMA TÁCTICO

Solo porque en el fútbol todo puede suceder, este disparate no ocupa puestos mucho más altos.  Este año, la filosofía de juego de Julio Ribas se vio vapuleada  por un sinfín de rivales.  Y por partida doble, ya que no solo lo sufrió Peñarol, sino también mi querido Centro Atlético Fénix.  Querido Julio, es muy difícil arriesgarse en todos los partidos a que ocurra lo menos probable.  Yo sé que el fútbol es un deporte donde esa clase de cosas suelen ocurrir , pero eventualmente.  Si uno arriesga siempre a que Bajter desborde como puntero derecho, o a que Maxi Arias sea quien maneje el ataque, lo más probable es que no le salga nada.  Su optimismo es maravilloso, pero este año fue un disparate.  Me comprometo ante el señor Ribas y ante el amigo Gadea, uno de sus pocos defensores a ultranza,  a reconocerlo como es debido si el año que viene su suerte se da vuelta.

PUESTO Nº 8 – CAMBIANDO A LA CARRERA

Este es un disparate comparativo.  Hace pocos días, el presidente electo de la república, de forma sorprendente empieza un camino de consenso, de mancomunión de posturas, de trabajar codo con codo hacia un objetivo común.  No solo con la oposición, sino principalmente buscando que desde su militancia, desde su discusión sin división de sectores, el Frente Amplio forje una idea de sociedad hacia donde dirigir sus políticas.  Transcurridos menos de quince días, sale uno de cada sector a buscar un cargo en la Intendencia de Montevideo.  Decídanse muchachos, o por lo menos tengan un poco de vergüenza y demoren un poquito más en dar vuelta lo que acaban de decir.  Por lo menos pa´no dejar pegado al futuro presidente.  Es igualito a lo que pasó con la directiva de Peñarol, que en medio del promocionado proceso de basarse en sus jóvenes valores de inferiores contrató a Diego Alonzo.  Un disparate.

PUESTO Nº7 – LA ALTURA DE JULIO RÍOS

Juegan Ecuador y Uruguay en la altura de Quito, y uno de los íconos de nuestro periodismo deportivo, que se había ido unos días antes para preparar la transmisión, es llamado durante el programa del Toto para informar los sucesos previos al trascendental cotejo.  Todos los programas analizando que el principal rival era la altura, médicos deportólogos que daban su opinión sobre cuánto tiempo antes se debía viajar, si era mejor llegar a la hora del partido, si se podía comer arroz o era conveniente darle a un churrasco.  Los técnicos y preparadores físicos celestes haciendo un esfuerzo supremo junto con el cuerpo médico para preparar lo mejor posible al plantel y eligiendo cuáles eran los jugadores más apropiados para utilizar ante tales circunstancias.  Y lo más importante de todo, el pueblo entero expectante de lo que iba a pasar, porque era una instancia muy importante.  Julio Ríos saluda, y como si fuera un examen en conjunto con la Universidad de Massachusetts, que llevara meses y meses de investigación, comentándolo como un gran descubrimiento, cuenta que salió a caminar por la ciudad de Quito para ver si realmente era cierto lo de los sofocones por la falta de oxígeno.  Si, como lo lee.  Y que caminó hasta seis cuadras, fíjese qué aventura.  Su conclusión: no le afectó para nada la altura de la ciudad ecuatoriana.  Se sintió perfecto y pudo realizar todas las actividades previstas con total normalidad.  Es curioso que después de relatar, comentar y principalmente ver fútbol durante tantos años, el querido Julio no haya notado que caminar seis cuadras es un poco menos exigente que jugar un partido de fútbol de noventa minutos a un nivel de super entrenamiento, ante un rival que era nada menos que una selección nacional, y con la carga mental de jugarse la clasificación a una Copa del Mundo.  Un disparate por demás interesante.

PUESTO Nº6 – PRIORIDADES CHINAS

Esta sí que es fresquita fresquita, y que estoy seguro de que corresponde al estadete en que nos encontramos todos.  El tema del Chino Recoba es suceso número uno en las páginas y programas deportivos.  ¿Dónde jugará Recoba? ¿Jugará en Peñarol, en Danubio, en Nacional? ¿Jugará en Alto Perú? ¿Seguirá jugando al fútbol profesionalmente o se dedicará a jugar unos pique-cordón en el barrio? ¿Volvió realmente el Chino Recoba o lo que estamos viendo es una alucinación debido  a la ingesta  desmedida de alcohol antes mencionada, y en realidad el Chino se está tomando un refresco en una playa oculta de Tailandia? Todas estas cosas son las que nos preguntamos los amantes de este deporte, dado lo importante de una figura de su nivel.  Y el Chino, ganándose cómodamente el puesto número seis en este ranking de disparates, tuvo una reunión con Del Campo, presidente de Danubio, y con Giménez, novel gerente deportivo aurinegro.  Las declaraciones de ambos luego de sus reuniones con el jugador son elocuentes: para Del Campo la prioridad del Chino es Danubio y para Giménez la prioridad de Recoba es Peñarol.  Por eso… ¿estarán hablando de la misma persona?

PUESTO Nº 5 –CHINO II

Otra vez es el Chino en el tapete, aunque el protagonista del disparate número cinco es Edgar Welker, vice del Club Atlético Peñarol.  Recoba es un jugador por demás discutido.  Se afirma que es lagunero, que muchas veces no juega con seriedad, que no se pone nunca la camiseta, etc.  Lo que no se puede negar bajo ningún concepto, es que jugando al fútbol es un fenómeno total.  Tiene una técnica, una explosión y especialmente una pegada que fue suceso durante años en todo el fútbol mundial.  La institución carbonera (¡porqué me hacen repetirlo, malditos!) hace seis años que no consigue títulos, y exceptuando aquel Clausura, no sube del quinto puesto.  Se le discuten planteles completos y necesita de un montón de refuerzos para poder dar batalla en un campeonato donde de yapa, el que tiene todas las de ganar es su tradicional adversario.  Y el Vicepresidente de Peñarol, haciendo gala de que últimamente en el Palacio no se está mirando el fútbol como es debido, o que Balbi está contratando umbandistas para nublar las mentes de sus colegas aurinegros con hierbas traídas del Amazonas,  deja entrever que no sabe si es el momento de Recoba en Peñarol.  Estimado Welker, con todo respeto, no solo es el momento del Chino, es el momento del Chino, de la madre del Chino y de alguna tía vieja del Chino.  Por favor, sería bueno que los dirigentes de Peñarol no sigan haciendo declaraciones que corresponden más al Barcelona que a Peñarol ¡¡¡¡¡¡¡¡CLARO QUE ES EL MOMENTO DE RECOBA, NO ESTAMOS EN CONDICIONES DE DESECHAR A NADIE, Y MENOS AL CHINO RECOBA, POR DIOS!!!!!!!!!

PUESTO Nº 4 – UN DISPARATE DE PECHO

Uno se mata durante medio año tratando de sacarle color al fútbol europeo, tratando de enaltecer no solo el fútbol uruguayo, sino todo el fútbol sudamericano, argumentando que el fútbol es fútbol y que no hay plata que valga…y gana el Barcelona con un gol de Messi de pecho.  Un disparate.

PUESTO Nº 3 – TRI TRI TRÍAS

No me animo a reproducir en este medio, que pueden estar leyendo mujeres y niños y hombres sensibles, los disparates con los que agredió el juez de básquetbol Trías a un periodista conocido.  Además, según cuentan, lo hizo durante un partido y para que lo escuchara más gente.  Me hizo acordar cuando en una ocasión en la cancha de Tabaré, un ex árbitro, ya en el ocaso de su carrera, sin ningún motivo aparente porque ni puteándolo estábamos, comenzó a insultar a la tribuna donde nos encontrábamos los parciales del Indio.  Ahí llegué a una conclusión: o se prohíbe terminantemente al público insultar de al lado a los jueces de básquetbol, o se les brinda atención psíquica a los referatos para que no se pongan viejos y cometan cualquier tipo de atrocidad.  No es sano que te estén puteando todas las noches durante años.  Yo no sé lo que sería capaz de hacer.  Una vez en la cancha de Danubio, iba perdiendo Peñarol y la pelota cayó al foso de la tribuna de la palmera donde yo estaba.  Fui a buscarla, y como demoré seis segundos, toda la falange me recontra puteó de lo lindo.  No pude dormir por tres días.  Imagínese un juez de basquetbol que se tiene que acostumbrar a que lo manden a la c… de su madre del mismo modo que una cajera de panadería se acostumbra a que le pregunten cuánto es.  Ahora, ojo los periodistas, porque los mismos que dicen cualquier cosa de cualquier jugador o juez, que se animan a cuestionar la vida privada de los jugadores porque salen de noche o contando intimidades de dudosa veracidad, se aterran porque un día alguien se toma revancha.  Así como ustedes tratan de defender a sus familias, cosa correcta y por demás entendible, tampoco da para que se extiendan en un tema que debe resolver la justicia o la Federación, hablando pestes de la persona sin importarles en lo más mínimo si el tipo tiene familia, que la debe tener, igual que ustedes.  El puesto tres, un disparate tragicómico, como para poner esfuerzo de todas las partes para que no pase más.  ¿No les parece?

PUESTO Nº 2 – GRADOS DE DIFICULTAD

Que Pablo Forlán diga que la Eliminatoria es más difícil que un Mundial vaya y pase.  Hay que entender que tiene a su hijo jugando en el seleccionado, y que un padre hace cualquier cosa por defender a su hijo.  Y lo digo con propiedad porque tengo tres, y es hermoso que eso suceda.  El amor es capaz de cualquier cosa y Forlán grande se puso la camiseta de su hijo, y también la celeste.  Ahora, no da pa´que lo repitan como si fuera la gran verdad.  Dicha afirmación en los labios de la “prensa especializada” ocupa holgadamente el número dos en el ranking de disparates.  ¿Cómo un campeonato que dura tres años, donde podés cambiar jugadores y hasta un plantel completo de partido a partido, que jugás dos veces contra todos los rivales y la mitad en tu estadio, que tiene 18 fechas y podés salir quinto, puede tener un mayor grado de dificultad que un torneo que se juega en un mes, con 23 jugadores y si se te lesiona alguno jodete, en un país que no es el tuyo (menos el local, obvio), jugando cada tres días,  que son siete partidos y que jugás para salir campeón contra todos las mejores selecciones del mundo con los mejores jugadores del mundo?  ¡Vamo´arriba bo! Por algo al mundial clasifican cinco países por continente y campeones del mundo hay siete en toda la historia.  Repito, gracias por querer justificar la ardua tarea de clasificar a Sudáfrica, pero convendría que esos argumentos se los dejen a las familias de los jugadores.

PUESTO Nº 1 – ¿QUÉ PASÓ ENRIQUE?

¿Dónde quedó aquella voz que levantaba el ánimo bajo cualquier circunstancia y que arreaba gente, fin de semana tras fin de semana, a todas y cada una de las canchas donde se juega nuestro fútbol? ¿Dónde está aquel espíritu futbolero a ultranza de lo que supo transformarse en favorito del pueblo como la Previa de la 22?  ¿Dónde se perdió aquella postura de defender a nuestro fútbol contra capa y espada, valorando a la gente, a los jugadores, y especialmente a los botijas que queríamos ser ídolos de Peñarol o Nacional, de Danubio o Defensor, de la IASA o de Basañez?  ¿Qué pasó Enrique?  Y lo pregunto de todo corazón, con el amor y la admiración que siempre te he tenido.  Porque un asado de sábado o domingo sin la compañía de Yanuzzi no tiene el mismo sabor.  Es como la madera de obra, le da un gustito que el paquetito de leña comprado en lo de Leonel no le da.  Sin embargo ahora, y como alineándote a los verdugos de ayer, hoy y siempre, aseveraste que la celeste, tu celeste, quedaba afuera de la Copa del Mundo.  Además lo dijiste en la radio y lo repetiste en la tele.  Y está todo bien, cada uno puede opinar lo que quiera y eso es lo lindo.  Pero pareció como que no reparaste en el campeonato de La Escuelita, ese que se juega por amor. Pareció como que todas las semblanzas de Toyos hablando de tantos viejos y queridos amigos y personajes de la vida, hubieran desaparecido de repente.  Yo soy hincha tuyo, siempre lo fui.  Pero por un momento, dio la impresión de que vos ya no eras hincha nuestro.  Uruguay es Uruguay, y su gente es tu gente.  Vos hacé lo que quieras, sos un tipo grande.  Pero sabé que en muchos de los que amamos el fútbol, vos tenés mucho que ver.  Porque siempre diste la cara por los anónimos, los que no conocemos las “internas”.  Vos sos de los principales responsables de que mi generación crea que hasta el último segundo hay esperanza, por lo que vimos escuchándote y por lo que no vimos y vos nos contaste.  Estoy seguro de que este disparate fue un momento que ya pasó.  A los hinchas del fútbol nos hace bien pensar que es así.  

FE DE ERRATAS 1 – El puesto número 1A debió ser que este músico y back izquierdo atrevido, con la breve experiencia de dos años en inferiores, esté comentando fútbol en la página deportiva más importante del Uruguay, hace como seis meses.

FE DE ERRATAS 2 – El puesto 1B debió ser lo larga que terminó siendo esta nota.  Pero no se aflija que estará colgada hasta el lunes que viene.  Así que si gusta, puede hacer como con el Show de Don Francisco: lo mira un rato, se va a tirar un penal al Fossa, lo mira otro rato, se va a saludar a un tío que vive en Casupá, incluso puede ir hasta Casupá y después volver a leer la nota, festejar Navidad y leer un poco más…
 
PASANDO RAYA
Felipe Castro
Lunes, 14 de Diciembre de 2009 17:16

 

Termina otro año y a diferencia de otros anteriores, el fútbol uruguayo tiene muchas cosas que festejar.  Recuerden siempre que en estas columnas solemos ver las cosas positivas, no como De León y varios de los valores de su lista en Nacional que parecen buscar fantasmas en vez de ponerse contentos con los logros de su institución.  Mirándolo de afuera es muy ridículo, ya que, mal que me pese, la directiva liderada por Alarcón no solamente ha logrado un montón de cosas deportivamente, sino que le ha dado una importancia al club que lo  hace crecer y con él a todo nuestro fútbol.  Especialmente, desde mi punto de vista, la valoración de un equipo uruguayo como hace años que no ocurría, con jugadores bárbaros, viejos y jóvenes, un gran técnico con trayectoria internacional, y con solvencia para mantenerlos y darse la oportunidad de competir con serias chances (ya no mal que me pese sino que me rompe soberanamente las que te dije) en las copas.  Pero, como también hemos dicho en otras columnas, Uruguay es campeón del Mundo en buscar todo lo malo donde lo hay y donde no lo hay, y la lista opositora salió con cualquiera buscando evitar lo inevitable.  Quizás tengan algo de razón, sinceramente no lo sé y en este caso no me interesa.  Pero salir a ventilarlo, lo veo ridículamente improductivo en este buen momento tricolor.

En lo futbolístico, siendo lo que realmente me importa, Nacional fue el mejor equipo sin dudas. Salió Campeón, ganó el Apertura y llegó a la semifinal de la Libertadores. Hasta a mi me sirve, como manya, porque Peñarol, al ver cómo le va a su rival,  está obligado a crecer en todo sentido.  Siempre ha sido así, y los logros de unos estimulan a los otros.  

Luego de analizar la realidad del tradicional rival, se vuelve necesario analizar a mi club por lo que significa para mí y para todo el mundo futbolístico.  Todo tiene que ver con todo y Peñarol no parece proceder como el mundo, y en especial como Uruguay, para crecer y solucionar sus problemas.  Comencemos con una pregunta: ¿notaron que el único equipo de los más importantes de nuestro país, que no salió campeón durante el gobierno frenteamplista fue Peñarol?  Yo creo que responde a una manera de hacer las cosas, encabezado por la familia Damiani, que tenía mucho más que ver con el manejo político de décadas anteriores, personalistas, con decisiones entre muy pocos, que con los tiempos que corren.  Aclaro que de ninguna manera quiero decir que quién esté en el gobierno favorece en algo a alguien.  Al contrario, digo que por algo la gente elige lo que elige y que esas elecciones difieren con la manera en que Peñarol lleva adelante el club.  Ahora las cosas tratan de hacerse más por consenso y con la colaboración de muchos, en vez de tener un gran presidente como pope de la cuestión y con palabra santa para tomar decisiones.

Aquel Uruguay personalista de Sanguinetti, Lacalle y Damiani, parece haber dado lugar a Mujica en su chacra, donde ya no es tan importante lo que se tiene sino en cómo se trabaja y en la cantidad de gente que esté dispuesta a llevar adelante los emprendimientos.  Son tiempos de decisiones mancomunadas, de esfuerzos colectivos, ese es el lugar donde vivimos y no aquel donde el viejo le decía a Atijas que si quería traer un jugador que pusiera la plata.  Y si se quiere seguir así, aún a contrapelo de todo el resto, lo mínimo es hacer eso, poner la plata cosa que tampoco ocurre, y se deben sueldos a jugadores, funcionarios, etc.  Y en ese sentido Juan Pedro parece bien posicionado, para que el club no dependa de alguien.  Pero también se preocupa poco por sumar socios, pone un montón de trabas a sus compañeros de directiva y no demuestra demasiado trabajo por conseguir recursos de otras formas que no sea formar jugadores para vender después, lo que puede llevar años y correr el riesgo de que ninguna figura joven pueda jugar en Peñarol más de seis meses.

Uruguay tiene record de exportaciones, crece el poder adquisitivo de la gente, hay más laburo y… ¿Dónde están las mesitas para hacerse socio en el Estadio?, ¿Dónde está la campaña de socios acá y para los que se quieran hacer socios en el exterior?, ¿Dónde están los partidos internacionales, los convenios con clubes y todo lo que significa más trabajo que plata?  Si, aunque a usted le parezca un disparate, todo tiene que ver con todo, y Peñarol deberá estudiar la posibilidad de hacer las cosas más como se hacen ahora, en épocas progresistas, que como se hacían antes, en tiempos de sálvese quien pueda, o el que tiene más guita.

Por esto en lo institucional también ha sido un gran año para Peñarol, porque definitivamente nos convencemos de que estamos haciendo mal, y eso es muy importante para empezar a dar vuelta la cosa.  En lo deportivo, la alegría va por barrios, todo el mundo lo sabe.

Y la alegría llegó a todo el barrio con la clasificación a Sudáfrica.  Uruguay va a jugar el Campeonato del Mundo y para muchos giles como yo, esta vuelta la cosa puede ser mejor que otras.  El equipo está armado, hay grandes valores y con el trabajo previo al Mundial podemos generar más armas para pelear de igual a igual con cualquiera.

La Sub20, jugando bien al fútbol, fue al Mundial y llegó a octavos.  La Sub17 fue al Mundial y llegó a cuartos.  Liverpool sigue creciendo y creciendo y está ahí de quedarse con alguna copa.  Salió Campeón Cerro por primera vez en la historia y son varios los equipos que buscan un rumbo mejor, creciendo en lo futbolístico y en lo institucional.  Y de yapa, otro equipo uruguayo se mete en una semifinal internacional, y el River de J.R. se colocó entre los cuatro mejores de la Sudamericana.  

Pasando raya, más cuenta me doy que todo tiene que ver con todo.  Uruguay sigue su paso seguro a transformarse en un país en serio, y allá va el fútbol uruguayo buscando hacerse nuevamente del lugar que le corresponde en el Mundo, con equipos competitivos y donde lo importante sea el fútbol en general y no los jugadores que pueda vender al Racing de Santander.  Lo más difícil sigue siendo vencer esa cabeza masoquista y mediocre de ver todo mal, de sentirse chiquito y de justificar, con el mal general, las miserias personales.  

Les prometo seguir hablando de fobal durante todo el verano, dándole para adelante a nuestra gente, a nuestros hinchas que pueblan las tribunas llueve o truene.  Viendo cómo podemos hacer para ganarle a Francia y destacando los pequeños cracks que, sin solución de continuidad, sacan y sacan los clubes gracias al trabajo desinteresado y lleno de amor de tanta gente.  Para mí fue un placer saber que hay varios que se han ido transformando en lectores de mis columnas y que a muchos otros les divierte cada tanto; yo disfruté terriblemente hacerlo.  Y de yapa les cuento que esta semana nace Clara, mi tercer niñita, y que el sábado 19, el que viene, con la Banda Pa´ntrar en Calor, y luego de la suspensión por lluvia aquel 21 de Noviembre, en el mismo lugar y a la misma hora, presentaremos al fin nuestro disco, donde obviamente están todos invitados (miren el banner y visiten la paginita que suena rico).  

Pasando raya, terrible año.  Que todo sea para bien.

 
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