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Montevideo, Jueves 02 de Septiembre

Urugol

A un click del gol

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Felipe Castro
MÁS IMPORTANTE QUE TABÁREZ
Felipe Castro
Martes, 31 de Agosto de 2010 16:35
 

No me va a negar que luego de la gigante actuación de la Celeste en tierras africanas, el gran objetivo que tiene por delante el fútbol uruguayo es volver a ganar en Brasil la Copa del Mundo.  No, no me venga con chiquitajes, hay que salir campeón.  Y no se preocupe que ya aprendimos que tener como objetivo salir campeón no quiere decir desesperarnos hasta la locura, quejarnos y denigrarnos a nosotros mismos si no ganamos todos los partidos de la Eliminatoria ni nada de eso.  Hemos aprendido que las cosas las tenemos que ir formando de a poco, y que todo contribuye a dar pasos importantes para alcanzar objetivos grandes.

 

Además Uruguay salió cuarto, y no nos quedó muy lejos el trofeo.  El mundo entero volvió a saber quiénes somos y cuáles son las características que nos hacen un rival de temer.  Pero tampoco caeremos en el error que cometimos durante 60 años de pensar que con eso basta.  Los uruguayos nos damos y nos damos la cabeza contra la pared hasta que un día no lo hacemos más, y ahí está la A.U.F. haciendo malabares para continuar con la tarea del Maestro.

 

Pero como decía, todos los pasitos, por más cortos que sean, son importantes.  Y hay uno que no depende del Maestro, depende de toda la dirigencia futbolística, pero esta se sentirá mucho más presionada a darlo si todos los actores de nuestro principal deporte se ponen de acuerdo para reclamarlo.  Hablo de jugadores, técnicos, periodistas y principalmente los socios de los clubes que son los que definen lo que las dirigencias hacen.

 

Las canchas muchachos, las canchas.  Estuve viendo partidos de estas dos primeras fechas y la diferencia entre los encuentros que se jugaron en canchas bien y los otros, es determinante para el espectáculo en sí, pero principalmente para un punto en el que nuestro fútbol local está en el debe hace años: la velocidad del juego.

 

Los partidos de Liverpool ante Defensor y Rampla fueron diametralmente distintos a los que jugó Danubio por ejemplo.  Tanto el Franzini como Belvedere, sensacional.  Y se dieron dos partidos entretenidos, no una maravillosa exhibición futbolística pero si vibrantes, intensos, con llegadas para ambos lados y con muchos goles.  Pero a Danubio le pasó exactamente lo contrario.  Jardines no está como en otras épocas.  El pasto está alto e irregular y jugadores como el brasilero al que se le notan cosas ricas, o Perrone, o Mena que basa su juego en la rapidez y necesita hacer rápido las cosas para poder desequilibrar, se tienen que preocupar  demasiado de cómo pica la pelota, por donde corre y por donde no.

 

El Tróccoli está muy mal.  Y para ponerme a todo el barrio en contra, debo decir que el Olímpico tampoco está nada bien.  Esto va en perjuicio de jugadores como Caballero, que por algo lo quería Peñarol, y Richard Nuñez, por ejemplo.  Rampla intentó tirar paredes, llegar tocando.  Pero su principal rival no eran los zagueros darseneros sino la cantidad de movimientos y acomodos que debían hacer cada vez que la recibían y cada vez que querían tocar.

 

Le dije esto al Tano, un vecino de mi barrio, y me contestó la típica: “antes jugábamos en unas canchas de mierda y les ganábamos a todos”.  Bueno, el Tano está cayendo en esos errores de hace 60 años que dijimos que no podemos volver a cometer.  Aquellos campos recibían jugadores que en su gran mayoría, comparados con los de ahora, eran gordos.  Mi viejo pasó toda mi vida contándome que el Tito Goncalvez la agarraba y daba vueltitas por el círculo central como si estuviera en el living de la casa.  A mi abuelo Lazaroff que tiene un montón de años le pregunté en el mundial si el Ruso era como Obdulio.  Les doy un párrafo para pensar la contestación.

 

Me dijo que eran exactamente iguales; les ponés un camión con acoplado en frente y se lo llevan por delante.  La diferencia, me dijo, es que Obdulio hablaba mucho más, ordenaba y mandaba todo el tiempo.  Pero también agregó que a la velocidad que se juega ahora, y con lo que corre el Ruso, parece imposible que este pueda cumplir también esa función.  Entonces no comparemos cosas incomparables.  Hoy los jugadores deben llevar una dieta que en otras épocas eran solo de modelos.  Y todo para poder soportar el intensísimo ritmo de juego.

 

Pues bien, convengamos que es más que difícil emparejar en algo los ritmos de juego, no de España ni de Italia, de Argentina y de Brasil, si se torna imposible jugar la pelota de primera; si para poder controlar el balón hay que tocarla cuatro veces y dejar que pique otras tantas.  Y me parece que la única manera de solucionar definitivamente ese problema es si lo ponemos como prioridad uno para nuestro fútbol.

 

Con todo esto de la televisión, nos hemos pasado años arreglando tribunas que, a no ser en los últimos campeonatos, estaban casi vacías.  Estamos poniendo la carreta delante de los bueyes.  Estuve leyendo un  precioso libro de la historia de las canchas de nuestro país, y en muchas de ellas se ven escenarios colmados de público.  Pero no en tribunas de cemento.  No en gradas de tres o cuatro escalones.  Tampoco en tablones de madera…¡PARADOS EN EL PASTO!.

 

Estamos poniendo la carreta delante de los bueyes.  Agrandar las tribunas lo tenemos que hacer cuando están llenas todas las canchas.  Pero para que esto suceda, inevitablemente primero debemos arreglar eso, la cancha.  Si lo que se ve en lo verde, que tanto pierden de vista las audiciones deportivas, no es bueno, es al reverendo pedo tener un estadio lujoso por equipo.  Las tribunas son la consecuencia, deben serlo. 

 

Desde mi humilde punto de vista entonces, ya que están tan preocupados para saber de qué manera el estado puede contribuir con el fútbol,  yo le propondría a las autoridades que inviertan en ingenieros agrónomos, en semillas de invierno cuando es invierno, de verano cuando es verano.  Eso, que parece una pavada, a los clubes les lleva muchísimo tiempo y dinero.  Inviertan en eso, y les aseguro que va a ir más gente a las canchas.

 

Es cierto, el que es burro es burro y por mejor cancha que le pongan va a seguir chamboneando de lo lindo.  Pero al que sabe, démosle la posibilidad de desplegar su juego de la mejor manera.  No cambiemos incomodidad adentro por comodidad afuera.  Yo he visto partidos con cuarenta cabezas adelante, y si es bueno lo que hay para ver me copo igual aunque tenga dolor de cuello por tres días.  Pero también me he sentado cómodamente en una tribuna vacía, a ver como la pelota pica, pica, pica, pica, pica, para irme sin dolores pero con un aburrimiento soberano. 

 

A mí me encantaría que ir a cualquier cancha sea un placer y poder ver el partido muy cómodo, en butacas de cuero.  Pero para poder lograrlo debemos hacer que los equipos jueguen mejor.  Y les aseguro que en el fútbol de hoy, jugar mejor tiene mucho que ver con la velocidad a la que se pasen la pelota los jugadores.  La preparación física puede ser brillante, pero si después hay que andar tocándola seis veces antes de decidir, para lo único que sirve ese esfuerzo es para que se la saquen unos a otros.

 

Se le puede dejar este punto al Maestro y a la Selección para que lo resuelvan ellos.  Para mí es un disparate.  Tabárez se la pasa hablando del ritmo de juego y más allá de Arévalo, nos dimos cuenta que, como en tantas otras cosas tiene razón.  Facilitémosle la tarea entonces, al Maestro o a quién sea,  colaborando todos para que las canchas estén bien.  Gasten en eso.  Después si hay que levantar una tribuna, sobraran las manos de los hinchas para hacer material, cargar baldes, levantar varillas y todos los menesteres de la construcción.  Pero cuesta mucho tener un césped de nivel, y para eso hay que tener gente que sepa y que cuente con todo lo necesario para trabajar bien.

 

Si en lo verde se puede jugar a un toque, hacer paredes y patear sin que la de cuero esté dando saltos como una loca, si la tele muestra taludes de pasto con gente parada, no tiene nada de malo.  Nuestro fútbol es eso y también es cuarto en el Mundial. Les aseguro que no cambio ningún palco lujoso por estar debajo de los árboles en el Saroldi una tarde soleada como la del 25 pasado. 

 
CON ALGUIEN SE LA TENÍA QUE AGARRAR
Felipe Castro
Miércoles, 18 de Agosto de 2010 13:19
 

Danielito es viajante.  Por si alguno no sabe, viajantes son las personas que se dedican a vender a lo largo y ancho del país.  Son los que realizan la venta de un sinfín de productos para que en algunos casos después vaya quién despacha, o en otros ellos mismos repartan la mercadería. El protagonista de esta trágica historia vende alimentos para mascotas de una reconocida marca.  Él va en su Fiat Uno gasolero del 95, concreta la venta, para que a los pocos días vaya el camión recorriendo su mismo camino,  dejando en almacenes, supermercados, veterinarias y otros negocios el tan ansiado alimento de nuestros compañeros inseparables.  Un trabajo como cualquier otro, que tiene como particularidad, el de tener que dar vueltas y vueltas por la patria, en algunas oportunidades estando alejado del hogar por varios días.

 

El viernes pasado Danielito marchó rumbo a Treinta y Tres, su primer destino.  De movida y como un augurio del duro trayecto que le esperaba, paró a tomar un refresco pasando Minas, a la orillita de un arroyo que cruza la Ruta 8.  Se desvió por el caminito lindero a la ruta y en la bajadita pinchó.  Si, aunque no lo crean, a pocos kilómetros de Montevideo ya debía cambiar un neumático.  “Para qué miércoles paré si hace un rato me partí la boca con un suculento desayuno”, se dijo, y comenzó la habitual pero antihigiénica tarea de cambiar la rueda.

 

A la media hora ya estaba de nuevo por la 8 rumbo a su primer destino.  Era un tipo muy cuidadoso del coche, su herramienta de trabajo, y contaba con todo lo necesario ante cualquier imprevisto de este tipo.  A los pocos kilómetros ya pensaba en lo que el domingo le depararía y comprendió que nada podía quitarle la sonrisa de su rostro, esa que lo acompañaba desde que sonó el despertador.  Concretó en Treinta y Tres dos o tres lindas ventas y cuando se estaba subiendo al auto para partir, una señora con un perrito de apesadumbrada mirada lo detuvo.

 

“Usted envenenó a Lambeta” espetó con evidente ira la señora.  Danielito, atónito ante tal agravio, pensó que la señora estaba equivocándose de persona y con la sonrisa de todo el día, le dijo que seguramente se trataba de una confusión.  La señora más indignada aún y ante la inerte mirada del perrito, sacó de una chismosa una bolsa de alimento de la marca que vendía Daniel, y se lo tiró en la cara a nuestro personaje.  Entre el susto, el dolor y la cantidad de pastillitas que cayeron dentro del auto, ensuciando el mimado y pulcro Fiat del 95, nuestro hasta ahora pacífico personaje sintió unas ganas terribles de tomar del cuello a la señora.

 

Eso, por supuesto, no fue lo que hizo, pero sí soltó un “pero qué hace” en un volumen un poco fuerte para dirigirse a una señora mayor a las dos de la tarde, en Treinta y Tres y ante decenas de espectadores que orejeaban la situación.  Lo peor es que la señora, en vez de seguir con la disputa, soltó a su demacrada mascota, se sentó en la vereda y se puso a llorar desconsoladamente, lo que hizo que el público, que ya sumaba más de veinte transeúntes, se pusiera del lado de la señora y empezara a mirar con muy malos ojos al bueno de Daniel.

 

Para colmo de males, el perrito aprovechando su inesperada libertad de la fastidiosa correíta, corrió hacia la calle y fue levemente llevado por delante por un veterano que pasaba en bicicleta.  Los aullidos exagerados del can, hicieron que la señora al grito de “Lambeta, Lambeta, qué te hicieron” continuara con su llanto y comenzara a patalear en la vereda como una niñita caprichosa.  Ya las miradas que recibía Daniel eran de profundo odio y empezaban a ser acompañadas por algunos improperios.  Hasta la propia Policía se hizo presente y las conjeturas que los vecinos hacían delante del oficial y del propio Daniel, hablaban de que la señora había sido atropellada por “este señor”, que la había querido robar, incluso que le quiso secuestrar al perro, en fin.  Un montón de argumentos que nada tenían que ver con la realidad.

 

Cuando ya el oficial haciendo caso omiso de las explicaciones de Daniel, con el insoportable llanto de la señora y el quejido irritante de la perrita de fondo, comenzaba el procedimiento de detener y esposar al viajante, el dueño de la veterinaria donde Daniel había concretado su última venta salió de su negocio, levantó a la señora, la abrazó y empezó a aclarar el mal entendido.  “Doña Hilda – le dijo a la anciana -  Lambeta tiene 23 años Doña Hilda.  ¿Qué tiene que ver este pobre hombre con el malestar de su perrito?  Yo sé que lo quiere mucho, pero en algún momento la va a quedar Doña Hilda…no, no usted Doña Hilda, Lambeta”.

 

Daniel, para no interrumpir la calma que empezaba a generarse, se llamó a silencio, y con su mejor sonrisa, esa que volvía a florecer, se subió al Fiat e hizo mutis por el foro.  Por el retrovisor logró ver como la señora volvía a romper en llantos y comenzaba a dar chismosazos al veterinario, al policía y a varios de los ocasionales presentes.  Su sonrisa se transformó en carcajada, y ni la cantidad horrorosa de pastillas para perro que estaban desparramadas por su amado coche, ni los escupitajos de los indignados vecinos que adornaban todos y cada uno de los vidrios, lograron entristecer al hombre que sabía que el domingo se acabarían las penurias y estaría donde hace meses quería estar.

 

Desanduvo la Ruta 8 hasta el empalme con la 14, para dirigirse hacia Durazno, donde además de visitar un par de clientes, pasaría la noche.  Apenas pasado Sarandí del Yi sintió que el Fiat se le iba un poquito a la derecha.  Espero no haber pinchado de nuevo” se dijo.  Detuvo el auto en la banquina y al bajar, no solo vió que la delantera derecha estaba en llanta sino que también recordó que con todo el lío de la señora y el perrito, había olvidado arreglar la rueda del primer pinchazo.  Por más precavido que se sea, no hay demasiado espacio en un Fiat Uno para dos auxiliares.  Danielito hizo fuerza por mantener su permanente sonrisa, y rueda en mano, se dispuso a caminar los tres kilómetros que se había pasado de Sarandí del Yí para arreglar su neumático.

 

 

Logró arreglar la goma pero, como para que la aventura sea cada vez más funesta, el de la gomería no tenía cambio de mil, y tuvo que esperar cerca de 45 minutos a que el paciente y parsimonioso gomero le devolviera los 920 pesos que le correspondían.  En su vuelta al coche decidió hacerle dedo a una vieja Ford que a no más de 40 kilómetros por hora pasaba en su misma dirección.  Muy amigable el veterano chofer, le hizo un lugar en la caja a la rueda, y adelante, junto a su señora, a Danielito.

 

Todo parecía que se solucionaba, ya que no tenía que andar cargando todo aquel trayecto la famosa rueda.  Pero de repente la vieja Ford se detuvo.  En el momento que empezaba a decirse para sí mismo “lo único que me falta es tener que empujar”, la señora, en voz muy bajita y mientras el marido le daba y le daba infructuosamente al arranque, le dijo “mijo, va a tener que empujar, vió”.  Allá bajó Danielito, y pensando en el domingo, empujó la vieja máquina con alegría.  La camioneta, después de ser empujada cerca de doscientos metros, arrancó.  Daniel, sin perder la sonrisa y haciendo comentarios divertidos, pero espantosamente sudado, volvió a subir a la cabina.  No le cayó nada bien que la señora, quejándose de su aroma, lo mandara a la caja con la rueda, pero era tal su buen humor por lo que aquel domingo esperaba, que prosiguió su viaje en la caja de la vieja pick up, con un frío horroroso y soportando el lamentable olor a aves de corral.

 

Por segunda vez en el día cambió la rueda de su Fiat, y al subir para finalmente proseguir su viaje rumbo a Durazno, se dio cuenta que algún paysano oportunista le había abierto la puerta del acompañante y que su radio no estaba.  “Bueno – se dijo – era media berreta.  Si meto un par de negocios más me compro otra”.  Y siguió su derrotero por la difícil Ruta 14 rumbo al oeste.

 

Cuando llegó a Durazno, los negocios que tenía planeado visitar estaban cerrados.  Es más, la casa de electrodomésticos donde pensaba comprar su nueva radio también estaba cerrada, así que resignado, se encaminó al hotelito donde solía pasar la noche por aquellos lares.  Pero aquel viaje estaba destinado a ser insoportable, y Danielito no encontró lugar en el hospedaje de siempre y tuvo que gastar una fortuna en un hotel. 

 

Con muy poca plata por haberse caído las ventas que realizaría en aquel lugar, salió a un carrito callejero para alimentarse un poco, recordando que por el sinfín de sucesos bochornosos de aquel viernes, seguía solo con el desayuno.  Mientras comía su chorizo pensaba en el domingo siguiente.  Cualquier vicisitud que ocurriera no podía ser tan importante.  Le interesaba muy poco no hacerse de mucho dinero inmediatamente, no le importaba caminar con una o mil ruedas cientos de kilómetros.  Menos se alteraba porque el Fiat, que antes olía a un delicado perfume a frutas tropicales, ahora fuera una especie de basural andante, lleno de comida para perros y de moscas.

 

La noche no fue mucho mejor que el día.  Entre el malestar de vaya a saber qué condimento podrido con que aderezó el chorizo, la sed terrible que sufría porque se había roto una tubería del hotel y no había agua, el ruido que causaban los sanitarios que entre las dos y las cinco de la mañana trataban de solucionar el problema de la tubería, los gritos y las quejas de los otros huéspedes y las respuestas con insultos del conserje, fue poco lo que pudo descansar.

 

Pero a la mañana siguiente, bien temprano, rumbeó para la estación para arreglar la primera goma rota y para lavar el amado Fiat.  A las nueve y media ya había dejado atrás Durazno en su gasolero recién limpito, sin insectos y con la auxiliar pronta para un nuevo pinchazo.  Decidió no visitar a sus clientes ya que, como venía la mano, tenía miedo de perder los que le esperaban en Trinidad y en Paysandú, su último destino.  Quiso llamar por celular a los negocios duraznenses para avisar que pasaría otro día, para que no se vayan a pensar que los olvidó, pero el celular habíase quedado sin batería.  Ta, ta, ta – repitió en voz alta – ayer fue ayer y hoy es hoy, así que la mala liga ya fue”.  Además el domingo…el domingo. 

 

De una estación de servicio ya casi en Trinidad logró comunicarse finalmente, pero no fue grato escuchar que uno de sus clientes no lo atendió y el otro le dijo que lo quedó esperando todo el viernes y como no fue, cambió de marca.  “Que se jodan” se dijo y pensó que poco le importarían estos giles cuando mañana estuviera donde hace ya tanto tiempo quería estar.  Logró hacer sus ventas en Trinidad y le restó importancia a que otra vez no había comprado la radio del auto.  Mejor, así mañana es todo una sorpresa, todo me va a llamar la atención.  Quienes están, quienes no”.  Y con la infinita alegría que había podido con un montón de malos momentos, siguió su camino rumbo a la hermosa Paysandú. 

 

Tampoco pudieron con su buen humor las tres horas de atascamiento que le llevó cruzar el puente del Río Negro donde por obras primero, y por un choque sin consecuencias graves después, se pasó largo rato pensando en el domingo y en que por salir apurado estaba otra vez muerto de hambre, sin desayunar y con un resto de dolor de estómago del chorizo de anoche.  Tampoco le molestó mucho que el sanguchito que paró a comprar en Young, lo tuviera que ir comiendo a veinte por hora, detrás de una tropeada de un ingobernable ganado que no permitía que pudiera pasar.  Hasta le causó gracia cuando al haber logrado rebasar a casi todos los animales, los troperos se burlaran de él haciendo quedar a las primeras reses exactamente delante del coche.  Tocó un fuerte y largo bocinazo, y saludando aceleró con la sonrisa de siempre.

 

Era tan poco el tiempo que faltaba para aquel domingo, horas no más, que ver cerrados todos los negocios donde debía hacer las ventas en Paysandú no le perjudicó para nada su bienestar.  Otra vez las demoras en la ruta lo habían retrasado, y de no ser por aquel supermercado frente al río que cerraba tarde, no hubiese tenido dinero ni para la nafta de la vuelta.  Pero estaba abierto, hizo su negocio y marchó hacia el restaurante de un conocido sanducero, muy fiestero dicho sea de paso, y donde se comía de primera.

 

Ya al recibirlo nomás, Ruben, como se llamaba el dueño del restaurante, lo invitó a una fiesta singular.  “Viniste justo Danielito, vos sí que tenés suerte” le dijo Rubén, a lo que Daniel sonrió sin contarle a su amigo que si era por sus últimos dos días, estaba radicalmente equivocado.  Pero “mañana es domingo” pensó.  Y sí, Ruben tenía razón, vaya si tendría suerte.  Mañana se terminaban las penas, la espera, el aburrimiento.

 

La fiesta la organizaba un amigote de Ruben en su casa.  No le pareció nada del otro mundo que hubiera asado, un rico tintillo para degustar y unos guitarristas que bordoneaban milonga de lo lindo.  Lo que lo dejó absorto fue ver que, junto con César, estudiante de veterinaria y hermano menor de Ruben, cayeran a la fiesta 14 compañeras, hermosas todas y muy voluptuosas algunas, que estaban haciendo trabajo de campo en un establecimiento cercano a la capital sanducera.

 

Danielito, solterito y sin apuros, se puso a trabajar con una maragata que nada le envidiaba a las famosas vedettes del otro lado del Plata que bailan por un sueño, y que además de su exuberante belleza, se acercaba a él en forma directamente proporcional a los vasos de vino que se zampaba.  Cuando la cosa ya estaba a punto caramelo, y la conversación era tan solo balbuceos con ambas bocas a una distancia de 1,6 centímetros, su mano derecha apoyada en la nuca de la maragata dejó al descubierto su reloj, y con él, la hora que marcaba.

 

No lo podía creer pero se tenía que ir.  Eran las tres y media y sabía que tenía que estar a las nueve en Montevideo, sin falta.  Debía llegar a su casa, darse un baño, aprontar el mate y marchar hacia ese lugar donde ansiaba estar hace tanto tiempo.  No había ni maragata, ni porteña, ni turca que le pudiera quitar esa necesidad de lo que tanto esperó ver.  Se levantó, saludó con la mano y se marchó.  La única que suspiró alguna queja fue la maragata, ya que el resto de los presentes estaba cada uno metido en su baile con las diferentes futuras veterinarias, pero aquella se quitó la desazón empinando un nuevo vaso de aquel delicioso tinto.

 

Danielito había tenido el buen tino de no beber más que una o dos copas, y entre la calentura que le dejó la maragata y la expectativa de lo que en pocas horas iba a suceder, marchó más que despierto por la Ruta 3 rumbo a la capital.  Con cada mojón aparecían los probables titulares.  Con cada cartel señalador un vértice de área donde el botija Caballero podía recibir y generar la chance.  Cruzó el Río Negro y pensó en un contragolpe a toda velocidad hacia la Chile.  Cada empalme eran las marcas franjeadas que le trataban de salir al cruce.

 

Fue un viaje digno de una aventura fantástica.  Con las primeras luces del alba aparecieron retazos de los calamitosos hechos que lo habían acompañado.  Pero cuando el sol se hizo sentir en aquella mañana de domingo, comparó aquellas vicisitudes con la dura pre-temporada que debían sortear sus queridos valores para llegar al ansiado momento en la mejor de las formas.

 

En lo que no pensó fue en la radio, ni en la que le robaron allá por la Ruta 14 ni en la de su casa, que no prendió para no demorarse un instante y marchar rumbo a su querido Estadio Luis Tróccoli.  No lo había querido mirar cuando pasó a su lado por los accesos un rato antes, para sorprenderse en el momento justo de las banderas, de la gente, de su gente.  Esa gente con la que compartía cada fin de semana un rato de amor y de odio, de ilusiones y desesperanzas, de alegrías y tristezas.  Esa gente que al igual que él, había tenido que esperar a que terminara el mundial, la preparación, los famosos pases, que nos hacían volver a la realidad después de la increíble actuación celeste en tierras africanas.

 

Pero nada se podía comparar con estar presente en un partido.  Ni siquiera le importaba saber cómo habían salido el sábado River y Defensor. Tampoco le interesaba si de tarde Peñarol ganaba o perdía. Solo le importaba ver a su viejo y querido Cerro. 

 

Ya cerca del estadio, le llamó la atención no ver el bullicio que generalmente hay cuando juega su equipo.  Pero lo tomó como natural al tratarse de un domingo, tan temprano y en invierno.  Pero cuando pasó el puente del Pantanoso se le vino el alma al piso.  No había nadie, y no era que hubiera poca gente, no.  Puertas cerradas, sin banderas, sin gente, nada.  Por alguna razón, Cerro y Danubio no jugaban aquella mañana.

 

Decidió llegar igual hasta el estadio y uno de los cancheros lo miró estacionar como si se tratase de un aparecido.  “¿Qué pasó?” preguntó presuroso Danielito.  “Se suspendió porque los jueces quieren que les den una plata, yo que sé.  Por los jueces se suspendió” contestó el canchero, y se metió otra vez por la puerta principal del desierto escenario. 

 

Danielito bajó del Fiat gasolero del 95, suspiró, y en vez de pensar en el perro, en la vieja, en el gomero, en los negocios cerrados, en el chorizo rancio, en el hotel de locos, en las vacas, en Ruben y en la maragata , pensó en Larrionda.  Y se puso a gritarle, como si lo tuviera del otro lado del alambre, cualquier disparate. 

 
EL HÉROE
Felipe Castro
Lunes, 09 de Agosto de 2010 16:06

 

Cuentan que allá por el 10 al continente africano

llegó un sudamericano rubio y de ojos color cielo,

que causando un gran revuelo en nativas y extranjeras

dejó en alto su bandera con su porte majestuoso,

marcando un hecho glorioso en la historia futbolera.

 

Un lugar donde los rubios conocidos como ingleses,

o los Boers holandeses solo auguraron la guerra

adueñándose de tierra que no les correspondía,

las tribus vieron un día llegar su imagen dorada,

con el fútbol como espada.  Guerrero de la alegría.

 

El déspota destino quiso que su primer derrotado

fuera el país encargado de organizar el evento.

Aprovechando el momento recibió de un compañero,

giró, lo miró al arquero, y desde media distancia

pateó.  Luego, con gran elegancia fue a gritar el uno a cero.

 

Al ángulo superior derecho fue la dama del mundial

después de que aquel penal tirado con maestría

diera segunda alegría, afirmando la victoria.

Removiendo la memoria de todos sus coterráneos

que hacía más de veinte años que no lograban tal gloria.

 

Dicen que los mexicanos en batalla complicada

no sufrieron su estocada.  Mas su estampa magistral

como en cuartos de final con coreanos gladiadores,

lo hizo ser de los mejores, siendo la principal razón

de dejar su selección entre las ocho mejores.

 

También eran africanos los que ganando el partido

cometieron con descuido una falta junto al área.

Y aunque elevaron plegarias a sus dioses ancestrales,

el rey de los orientales decretó con tiro fuerte

lo que sellaría su suerte después de alargue y penales

 

Una cruenta batalla a un tris de la gran final

libraron en el mundial, frente a los bravos celestes,

de Holanda, furiosas huestes que con violenta elocuencia

pudieron con la sapiencia del renombrado Brasil.

Y ahora, con zurdo fusil, sacaban la diferencia.

 

Mas quien impulsa esta historia no se iba a dar por vencido.

Y grabando su apellido para todo el que hoy lo escucha,

a la vanguardia en la lucha, con ambidiestro armamento,

otro zurdazo violento sacó de afuera del área

transformando en legendarias las palabras de este cuento.

 

No tuvo un final feliz la batalla, y fue derrota.

Mas con aquella pelota, esa que tantos negaron,

muchos niños se alegraron al verla en los pies sagrados

de aquel guerrero dorado que nos mostró la razón

de entregar el corazón para alcanzar lo añorado.

 

Y el último enfrentamiento, donde se juega el honor,

depararía lo mejor y nos llenaría de orgullo.

En la derecha un barullo y ante el germano rival

fue un centro descomunal.  Y asombrando a quien lo vea

marcó el héroe, de bolea, el mejor gol del mundial.

 

Como epílogo del cuento recuerden los que lo lean

que otro premio, aunque no crean, logró nuestro homenajeado.

Superando a destacados excelentes jugadores,

recibiendo los honores de hombres que el fútbol hermana,

fue en tierra sudafricana el mejor de los mejores.

 

Así termina esta historia que quedará para siempre.

Servirá como simiente pues nadie habrá de borrarla,

para poder imitarla los nuevos cracks que vendrán.

Esos que defenderán a nuestra tierra oriental

y a la celeste ancestral.  Patria de Diego Forlán

 
MOTIVOS
Felipe Castro
Miércoles, 21 de Julio de 2010 22:21

 

Lo mismo que me pasó en la nota pasada, cuando había tiempo tan solo para que hablara el corazón, le ha ocurrido a casi todo el ambiente periodístico uruguayo a la hora de analizar las razones por las cuales La Celeste quedó entre las cuatro mejores selecciones del mundo.  La entrega y todo eso que nos hace diferentes a todos los demás equipos fue tan notoria que le quitó espacio al análisis meramente futbolístico.  Claro, esas cualidades son parte de la cosa.  Pero Uruguay también tuvo un funcionamiento que llenó de motivos a la garra para que esta fuera el diferencial y no el principal argumento.

 

Empecemos por la defensa entonces, que es por donde se dice en este lugar del mundo que hay que empezar un equipo.  Y así fue.  Uruguay durante todo el torneo plantó muy bien su zona defensiva, y que a partir de ahí fue diagramando una estructura en la que, sin dejar nunca de llevar peligro al arco rival, jamás quedó mal parada. 

 

En una de las notas del año pasado, cuando recién habíamos logrado la clasificación, comenté que un equipo para ser protagonista de un campeonato conviene que tenga seis puntos clave.  Tres de ellos son responsabilidad de la zona defensiva: concentración, orden y no perder pelotas en ese lugar de la cancha.  En los primeros 5 partidos cumplió a la perfección con cada uno de ellos.  Estuvo concentrado al punto tal que cuesta pensar una incidencia en la que hayan encontrado mal parada a nuestra retaguardia.  Es más, los rivales prácticamente no tuvieron chances francas de gol que no fueran por virtudes propias.

 

Por lo tanto, además de estar concentrado mantuvo el orden; siempre.  Hubo sin embargo diferentes momentos de relacionamiento entre la zona defensiva y la parte de contención del medio de la cancha, donde tienen que ver también con los jugadores que integraban la última zona.  Tanto Godín como Lugano son zagueros que salen a cortar más arriba de lo habitual, es decir, que cortan juego en zonas que le pertenecen más a los volantes que a los zagueros.  La cercanía de ambas líneas permite esta clase de movimientos, pero cuando jugó Victorino la cosa cambiaba un poco.

 

Victorino es más “chacrero” que los otros dos.  Me refiero a defender más posicionalmente el movimiento del rival, esperando “en la chacrita”, desde la zaga, en vez de salir a anticipar a la zona de volantes.  Esto no es ni mejor ni peor, simplemente son características de juego diferentes.  Dejemos fuera de este análisis el partido con Francia que, como buen debut, tuvo diferencias notorias con el resto de los partidos.  El segundo tiempo con Corea fue el único momento del mundial donde Uruguay cedió exageradamente el campo al rival.  Y tanto el gol de Ghana como el primero de Holanda, son tiros de media distancia en que los volantes estaban más retrasados de lo habitual.

 

No creo que sea casualidad que en ambas oportunidades faltaran o Godín o Lugano.  Ojo, no le estoy achacando los goles al fenómeno de Victorino, simplemente digo que Uruguay no adelantaba tanto sus líneas cuando faltaba uno de los titulares.  Más allá que se haya cumplido con los tres puntos en cuestión, es de orden notar que en un Mundial no alcanza solo con eso.  Ni siquiera alcanza con que las dos líneas estén juntas ya que como vemos, si estas no están muy bien posicionadas se pueden recibir goles de media distancia.  De todas formas, cumplir con  ellos es darle muy pocas chances al adversario de convertir, recibiendo solo dos goles en cinco partidos.  De más está decir que no perdimos una sola pelota tonta en nuestra zona defensiva, cumpliendo así con el tercer punto obligatorio para la retaguardia.

 

Pasamos al medio entonces.  En aquella nota también decía que dos de los seis puntos le corresponden al medio juego: ganar las divididas y jugarle la pelota al compañero.  En el primer caso Uruguay fue sensacional.  No solo no perdió divididas sino que ganó miles de balones que le pertenecían claramente al rival.  Luchó cada pelota en esa zona y fue donde ese plus que tenemos, el de la entrega encarnizada, sirvió de ejemplo al mundo entero.

 

Para ayudar al Ruso y a Egidio, tanto Cavani cuando le tocó meterse ahí, como Palito, como el Mono o el Mota, fueron verdaderos leones, convirtiéndose desde mi leal saber y entender en el mejor medio campo defensivo del campeonato, por más que los holandeses hicieron lo suyo ayudados por los jueces, je. 

 

Pero en el segundo punto del cual es responsable la línea media, volvimos al igual que en la eliminatoria a quedar un poquito en el debe.  A sabiendas de que la gran mayoría de los jugadores titulares pueden estar en el mundial que viene, creo que este es EL punto a corregir para ir a buscar ese mundial en la tierra donde solo nosotros somos campeones, jejejejeje.  Las estadísticas marcan que fuimos de los peores equipos del campeonato pasando la pelota.

 

Estoy convencido que esta es una de las justificaciones por las que en los primeros cinco partidos recibimos dos goles y en los últimos dos, seis.  La increíble capacidad de recuperación de los volantes uruguayos, especialmente el Ruso y Arévalo, está directamente ligada con la capacidad física.  Era obvio que a esa altura del campeonato las fuerzas no son las mismas.  Creo que Uruguay necesitó darle, con la pelota, más respiro a esa  capacidad de recuperación.

 

Era imposible pensar que los dos bravos volantes centrales iban a poder soportar aquella intensidad monstruosa.  Igual seguían robando pelotas, igual apretaban allá lejos.  Pero cuando el rival comienza a jugar la pelota con eficacia en tu propio campo, como hicieron holandeses y alemanes, les aseguro que la capacidad de reacción no es la misma que en los primeros partidos.  Es por esto que, como crítica recontra constructiva, digo que es este punto el que debemos corregir para hacer una mejor eliminatoria que la anterior y repetir un maravilloso mundial como el que jugamos.

 

Hay que hincarle el diente a este punto tratando de sumar a este plantel volantes que logren hacer las dos cosas, quitar siendo prolijos al pasar la pelota y generar situaciones de peligro.  Aclaro de nuevo que estoy lejísimos de criticar a dos jugadores que fueron sensacionales.  Es más, ojalá estén ambos en condiciones de jugar de aquí hasta allá, lo que nos aseguraría todo lo bueno que tuvo la línea media.  Pero hay lugar para uno más, y quizás sea ahí donde tenemos que apuntar las baterías.  Para mí es mucho más fácil enseñar a marcar a los que juegan que tratar que aprendan a jugar los que marcan, por eso empezaría por Lodeiro y por Ramírez, dos desequilibrantes valores que por la virtud de la juventud están a tiempo de aportar eso que la celeste necesita.

 

Y adelante el punto es uno solo: la movilidad.  Uruguay tuvo eso y todo lo demás.  Uruguay tuvo la mejor delantera del mundial y  se lo discuto a cualquiera de cualquier país.  Se movían como enfermos.  Ya he dicho que por la tele se ve solo la pelota y no el partido.  Pues bien, para este punto entonces nada mejor que haberlo visto por la tele.  Se movía la cámara y aparecía irremediablemente un delantero uruguayo.  Suárez porque es un monstruoso jugador, que si juega lo que juega ahora con 23, imagínese lo que va a ser cuando un jugador de fobal es jugador de fobal: entre los 27 y 31 años, justo en el mundial que viene y en el otro también.

 

Recuerdo que una de las cosas que admiraba del mellizo Guillermo (Barros Scheloto), era que iba de frente al marcador y arrancaba indistintamente para cualquier lado.  Con Suárez me aburrí de ver eso y mucho más, con todo respeto por Guillermo, flor de jugador, pero incomparable al lado de este animal celeste.  Un delantero maravilloso que de yapa es goleador.

 

Antes del mundial dije, y mis amistades están de testigos, que Cavani se mueve, se muestra, la pide.  Bueno, a todo eso le sumó un laburo yendo y viniendo increíble, pero sin perder jamás la referencia de ser delantero.  Uruguay jugó con tres puntas por más que el flaco se metía en la línea media y era respiro hasta para los zagueros.

 

El Maestro utilizó el material que tenía a las mil maravillas, le sacó todo el jugo y transformó a un equipo que llegabas con varias certezas pero también con muchas dudas, en un cuadrazo. 

 

Como verán me faltó analizar un jugador que casualmente fue el mejor.  Por esa misma razón lo dejo a él solo para la nota que viene.  Pero aún sin contar al número uno, hubo un montón de motivos futbolísticos, más allá de esa entrega que nos diferencia del resto, para que La Celeste fuera uno de los mejores equipos del mundo.

 
IGUAL QUE USTED
Felipe Castro
Jueves, 15 de Julio de 2010 13:39
 

La única razón por la que no escribí más nada después de aquel triunfo ante Sudáfrica fue por cábala.  Si, así como lo lee.  La verdad que no pude despojarme de mi hermoso rol de hincha, igual que usted,  para ponerme este traje de comentarista futbolero al cual le he tomado el gusto después de más de un año de estar con ustedes.  Aquel partido fue increíble, tan increíble como el mes maravilloso que pasamos todos los uruguayos.  Y tan increíble fue que no me animé a escribir más nada por miedo a terminar con una racha, más allá que después sí nos tocó perder, que yo, igual que usted,  espero no se acabe nunca.

 

El corazón me explotó de felicidad, igual que a usted.  Además, aquel 22 de Junio cuando le ganamos a México, también fue el día en que mi hija Cecilia, la mayor, cumplió cinco añitos.  Y el partido con Corea lo miramos con mi viejo y un montón de amigos mientras se hacían los chorizos y las hamburguesas que festejaban los cinco de Ceci y los dos de Inés, la del medio, que había cumplido unos días antes.  Así que imagínese la felicidad que la familia Castro tuvo por aquellos días, igual que usted.

 

Y el martes volví a emocionarme hasta las lágrimas igual que usted, cuando aquellos leones uruguayos que fueron reyes en tierras de leones, aparecieron para festejar con su pueblo en el Palacio Legislativo.  Y vaya casualidad también que fuera en el edificio símbolo de la democracia de este país.  Porque no hubo nada más democrático que esta campaña celeste.  Nunca me había sentido tan igual a todos, a los más ricos y a los más pobres, igual que usted.  Nunca había sentido tan adentro el inmenso orgullo de haber nacido en esta tierra, igual que usted.

 

Incluso hasta aquellos que criticaron a los gurises que salieron a festejar el triunfo a Sudáfrica en 18, no pudieron contenerse, igual que usted, y dieron rienda suelta a su alegría como quizás nunca lo habían hecho.  Y fui muy feliz también, igual que usted, porque los que arrancaron la fiesta fueron esos botijas atrevidos que se mandaron a la principal avenida aquella tarde.  Los jóvenes de este país, a quienes muchos critican y pocos dan oportunidades son los únicos responsables de que toda nuestra sociedad haya valorado un esfuerzo por encima de la circunstancia de un resultado.

 

El martes tuve la maravillosa oportunidad de tocar con mi querida banda PA´NTRAR EN CALOR y con LA FALTA en ese sensacional festejo que vieron todos los uruguayos igual que usted, con el corazón henchido de alegría, unidos al fin, unidos.  Les aseguro que los 23 bravos compatriotas estaban absolutamente agotados.  Pero felices, igual que usted.  Se les notaba las caritas de cansancio, pero de ese cansancio que da la satisfacción del deber cumplido, no hacia nadie sino cumplidos con ellos mismos.

 

El mar de gente parecía no terminar nunca.  Las banderas eran miles, los gorros millones.  Las caras pintadas, como en el carnaval más maravilloso de la historia de la humanidad decoraban un sinfín de sonrisas, hermosas, únicas, incomparables sonrisas.  ¿Cuántas caras habrán visto desde el ómnibus los jugadores en ese viaje a la eternidad que hicieron ayer?  ¿Cuánto orgullo habrán sentido por saber que con cada aplauso, en cada saludo, en cada grito, quedó escrita para siempre una nueva página de la historia cultural de este país?  Mi hermana dijo que cambiaron el paradigma de nuestro pueblo, ese que decía que sólo se está cumplido con la victoria.  Y lo mejor de todo es que esta nueva manera de ver las cosas no anula en lo más mínimo la frase de Obdulio.  Al contrario, la potencia, la hace historia.  Pero orgullosa historia, y no un incómodo lastre que nos llevó tantas veces a ver fracasos donde no los había y a generar tristezas cuando sobraban razones para ponerse contentos.

 

Los pueblos crecen, igual que usted, y con sus hechos y sus acciones van descubriendo nuevos caminos a seguir, nuevas opciones a tomar.  Este es otro mundo que aquel que le tocó vivir al negro Obdulio.  Estas son otras realidades, otros momentos.  Y hasta este maravilloso 2010 nos habíamos quedado anclados en algo que ya no existía, y lo peor de todo, que ya no tenía sentido que existiera.  Lo único que pido es que yo, igual que usted, no cometa el mismo error que cometieron otras generaciones que obligaron a que todo fuera medido con la misma vara que fue medida aquella hazaña heroica de Maracaná.  Ojalá que igual que usted, pueda enriquecer a las nuevas generaciones con este logro y respetar y valorar los de ellos, sin menospreciarlos ni machacarles culpas que no les corresponden.  Porque yo vi, igual que usted, a esos viejos locos de la vida con este cuarto puesto, yendo a mostrarles a los jugadores allá en el ómnibus inmortal, arrugas que cuentan lo vivido pero que también ansían lo que van a ver.

 

Mejor que la historia será el porvenir cantó mi amigo el Leo Bargas en una canción que escribió mi viejo allá por finales de los noventa, cuando parecía un imposible.  Y vaya razón que tuvo.  Voy a poder, igual que usted, decirle a mis hijos y a los hijos de mis hijos que el esfuerzo es lo que forja la grandeza.  Que lo más hermoso de los triunfos es lo vivido para llegar a ellos, como dijo también mi hermana la Sole, o como dijo el Maestro de la escuelita de tres millones de alumnos “el camino es la recompensa”. 

 

Le juro que se me caen las lágrimas escribiendo, tengo el teclado empapado de alegría.  Otro país hemos forjado, nuevas esperanzas han nacido y eso me hace feliz, igual que a usted.  Porque el triunfo fue de los jugadores, pero también lo siento mío, igual que usted.  Un océano cruzó nuestra fuerza, nuestra confianza, nuestro amor.  Voló por el Atlántico sur, el mar más peligroso de la tierra, y se fue a meter en el corazón de cada uno de los valientes que dejaron a la celeste como bastión de fuerza y de coraje en el mundo entero. 

 

Es mentira eso que dice la cadena internacional deportiva más importante de estos lares, cuando impone que “serás lo que debas ser o no serás nada”.  ¿Saben lo que les grito yo, igual que usted, a estos que hacen de un deporte y de un juego una patología?  ¡¡ LAS PELOTAS NO SERÁS NADA, LAS PELOTAS!!  Y si no que vengan a ver si yo, igual que usted, me siento menos que los españoles a los que les tocó, porque fueron los mejores, levantar la Copa del Mundo.

 

En este mes aprendí, igual que usted, que lo importante es lo que tenga yo, y no compararme con lo que tienen los demás.  Vivan los españoles, viva España que puede estar feliz por ser los campeones.  Pero yo tengo de nuevo fe en mí, en mi pueblo, igual que usted.  Tengo fe en mi muchachada, en mis viejos, tengo el futuro por delante, igual que usted.  Y lo mejor de todo, aprendí, igual que usted, que lo que tengo lo tengo porque me rompí el culo para conseguirlo, igual que usted.  Y aprendí también no solo a ser feliz por lo que yo tengo sino a sentirme feliz con la felicidad de los demás.

 

Aprendimos que nuestros hermanos nos quieren, nos respetan y nos admiran.  Brasileros y argentinos, chilenos y paraguayos, colombianos y peruanos alzando su grito por la vieja celeste, esa que los enfrentó tantas veces, y que sin embargo, fue su bandera cuando quedamos solos contra los imperios europeos.  Me siento feliz por ser uruguayo y por ser sudamericano, y por ser latino, igual que usted.

 

El fútbol, la más exacta representación de la vida, tiene sus propias reglas, su propio destino.  Y los triunfos y las derrotas son circunstancias y más nada.  Lo que cuenta, lo que enriquece, lo que hace crecer, es la dedicación, la humildad y el amor que uno ponga para enfrentarlo.  Me siento orgulloso, igual que usted, de que mi cuadro es un cuadrazo.  Con una defensa férrea y casi inexpugnable, con una línea media sensacional, que corta y apoya, que quita y entrega, que va al piso y patea.  Y con una delantera que es la mejor.  Y que de yapa y contra todos los pronósticos, cuenta con el mejor.  Porque el Diego fue el mejor.  Es el mejor, y lo sería también aunque los FIFA hubieran dicho otra cosa.

 

Ya tendré tiempo para hablar de Forlán, ya tendré tiempo de hablar de Fucile, de Suarez y de Godín.  Ya tendré tiempo de hablar de la exquisita España, de la ruda Holanda y de la sorprendente Alemania.  Ya encontraré momentos para comentar al sensacional pero soberbio Brasil y a la increíble Argentina.  Ya hablaré de fútbol desde mi leal saber y entender.  Por ahora es momento de liberar mis sensaciones.  Desde mi corazón.  Igual que usted.

 
TODO TIEMPO PASADO, PASADO
Felipe Castro
Viernes, 18 de Junio de 2010 12:28

 

Cuánto hace que una selección uruguaya no se muestra tan segura de sí misma.  Cuánto hace que la gente no siente tanta confianza por un combinado celeste y cuánto hace que el equipo no responde a esa enorme confianza que le dio su pueblo.  Cuánto hace que no dominamos un partido de principio a fin.  Cuánto hace que la figura en donde ponemos todas nuestras miradas se hace realmente cargo de la situación y da la cara por el equipo, siendo su desahogo, su voz de aliento y de mando.  Cuánto hace que no ganamos un partido en un mundial y cuánto hace que la victoria no es pidiendo desesperadamente la hora, sufriendo hasta el último segundo.  Cuánto hace que no ganamos tres a cero.  Cuánto hace que no somos noticia futbolera en el mundo entero, cuánto hace que no sienten envidia todos los demás.  ¿Realmente quiere saber?; pues le contesto: hace unas horas, el miércoles pasado.

 

Y entonces festejamos, porque corresponde.  Aunque la ideología predominante y vieja, de edad y de sentimientos, diga que no se puede salir a festejar a 18 por ganar un partido en un mundial.  Aunque inevitablemente aparezcan esos comentarios de museo que dicen “porque en el 50…” o griten “¿a mí me vienen con este?, si yo vi jugar a…”.  Si, salimos a festejar, y nos abrazamos y celebramos y nos ponemos recontra felices.  Quizás alguno piense que es mejor haber vivido mucho, hace mucho, que vivir bastante ahora. 

 

A mí sinceramente ese pensamiento de sentirse orgulloso por lo que ya no existe me da un poco de pena.  Hermoso es sin duda un recuerdo que nos haga emocionar, que nos retrotraiga a un momento feliz.  Otra cosa muy diferente es hacer gala de esos triunfos para menospreciar los que vienen después.  ¿O los uruguayos que recuerdan las glorias pasadas dejaron de ser uruguayos? ¿Ellos siguen ganando por haber ganado antes o cuando perdemos pierden también?  A mí me parece mucho más lindo salir a festejar lo que tengo hoy que quedarme lamentando por lo que tuve ayer.  Y si me crié pobre de triunfos, sabré sentirme orgulloso por menor que sea el que logre.  Prefiero eso a haber sido millonario y ver como pierdo poco a poco toda mi riqueza.  Aunque por suerte hay quienes vivieron aquella bonanza, sufren como todos nosotros las malas y se regocijan con las buenas, por más pequeñas que sean.

 

El miércoles ganó Uruguay 3 a 0, y que nos quiten lo bailado.  Y muy poquitos deben haber visto aquel triunfo del 54 que cuentan las estadísticas.  No creo que aquellos partidos también los pasaran todos por televisión.  Así que por lo menos podrían decir correctamente “yo escuché” y no “yo vi”.  Como todo, las cosas se ven de una manera o de otra dependiendo desde donde se las mire.  El miércoles Uruguay ganó 3 a 0 y que nos quiten lo bailado.  Y el que se quedó recordando las glorias de otra era, pues que se joda.

 

Lo que más me entristece son los tipos que nunca vieron un puto triunfo y se hoy se hacen los mesurados porque hablan en la radio o salen en la tele.  Envidiosos de lo que no fueron y ansiando lo que nunca van a ser.  La botijada, pobre de triunfos desde que nació, es rica en esperanza, es millonaria en la confianza que le inspira el gran Diego Forlán.  Y esos botijas que salieron a 18 a festejar, y que armaron un escándalo bárbaro no salieron a festejar “pobrecitos” porque nunca habían visto ganar a Uruguay en un mundial.  Salieron a festejar porque ganó Uruguay, y más nada.  A ellos no les importa que haya tanto joven hablando y haciéndose los serios periodistas, esos que no se permiten disfrutar una nueva buena por las viejas buenas que ellos ni siquiera vieron. 

 

Y que sirva pa´todo.  Que sirva para saber que se gana hasta que se deja de ganar y se pierde hasta que se deja de perder.  Que todas las cosas que queremos que cambien de nuestro pueblo y de nuestra gente pueden cambiar.  Que depende de nuestro esfuerzo y de nuestras ganas, de nuestro espíritu y de nuestra entrega conseguir todo aquello que como sociedad nos propongamos.  ¿Cuánto se demora en dar vuelta las cosas?, pues es una tarea que puede llevar toda la vida.  Es más, puede llevar vidas enteras.  Y no sabemos qué puede pasar el próximo partido, y si clasificamos o lo que sea.  Lo cierto es que el miércoles rompimos con nuestras propias limitaciones, dimos vuelta una página que hace décadas venimos leyendo.

 

Y como dije en una de las columnas anteriores, lo más hermoso que tienen los triunfos es el camino que se recorre para llegar a ellos.  Es decir, que todo tiempo pasado es eso, pasado.

 

Arriba Uruguay

 
HIPÓTESIS
Felipe Castro
Lunes, 14 de Junio de 2010 14:20

 

Comenzó el Mundial.  Bueno, vaya noticia.  Y luego de haber visto fútbol todo el fin de semana se pueden realizar algunas hipótesis referentes tanto al combinado celeste como a las otras selecciones, que le den un mínimo sentido científico a la enfermedad de sentarse frente al televisor durante horas y horas.

 

Empezando por donde más nos incumbe, cabe decir que este atrevido comentarista futbolero no estuvo tan errado en sus apreciaciones previas.  Uruguay hizo un excelente partido en defensa, más allá de las llegadas lógicas de un equipo como Francia.  El propio Victorino, una de las sorpresas en la conformación del equipo, tuvo una tarea por demás satisfactoria.  Perdió la primera con Ribéry por ir suavecito, pero le bastó con esa primera pelota para darse cuenta que contra los semejantes físicos franceses se debía ir con todo a todas.

 

La contención en la mitad de la cancha fue tremenda.  Al Ruso y al pequeño gran Arévalo les tocó bailar con la más fea y se revolvieron como leones.  Pero Uruguay no pudo casi en ningún momento llevar el fútbol a campo francés. Si escucharon la conferencia de prensa de este tal Castro, un atrevido que se hizo pasar por técnico de la selección, habrán notado que se analizaba la necesidad de defender con la pelota para quitarles trabajo a los defensores y volantes defensivos.  Y que tenerla nos iba a dar la posibilidad de llegar más asiduamente al arco de enfrente.

 

Tabarez colocó línea de tres y sin embrago mantuvo a los dos volantes centrales.  Claro, estos terminaron siendo fundamentales, pero el equipo no pudo tenerla y generó muy poco en ataque.  Lo poco que sucedió fue por la astucia de una de los mejores jugadores del mundo como es el gran Diego Forlán.  Es más, el propio Diego pedía a gritos que aguantaran un poco la redonda, pero el esfuerzo físico al que estaban sometidos nuestros volantes y su distribución en el campo no les permitió poder hilvanar más de dos o tres jugadas.  El pobre Nacho estaba metido entre Toulalán, ese magnífico volante central que me gustaría que trajera Peñarol, y otro moreno que se llama Diaby cuya exuberancia física recordé el sábado de noche mirando 300. 

 

También es cierto que era el debut y que el equipo debía hacer pié y sacar un buen resultado, cosa que logró desde mi punto de vista. Corresponde felicitarnos a todos por la fuerza que le venimos dando a los muchachos, porque les aseguro que ella fue importante para rescatar ese punto que al final nos puede dar la clasificación y que tanto costó conseguir, especialmente cuando quedamos con diez.

 

A continuación entonces detallo las hipótesis correspondientes a la selección celeste que nos pueden ayudar a entender si Uruguay pasa o no pasa.  Y si pasa, lo que puede suceder luego.

 

 

1. Uruguay debe colocar otro jugador más en ataque, tanto sea un volante o un delantero, sin sacar del equipo a Nacho González por peor que haya jugado ya que es el único que tiene oficio en ese puesto.  Por lo tanto deberá armar línea de cuatro y quitar del equipo a uno de sus zagueros o a un carrilero, porque si rompe la dupla Arévalo/Ruso hay que traer a Tabarez inmediatamente e internarlo de urgencia.

 

2. Ese nuevo jugador ofensivo le permitirá a Uruguay llevar el juego más tiempo a campo rival y así aprovechar a sus delanteros.  En esta hipótesis anótese como relevante que los rivales siguientes no son Francia, y que físicamente no habrá una diferencia tan abismal como la del otro día.

 

3. Esta hipótesis demostrará que sin ser la Liga española, la inglesa, la italiana y algunos equipos franceses y alemanes, el resto de las ligas europeas no le dan a los jugadores que juegan en ellas un ritmo de juego tan feroz como en las anteriores, y que son cuento chino de Tabarez y color que le damos de acá a todo lo que no sea nuestro.  Para formular esta hipótesis nos basamos en que además de Forlán y Godín que juegan en España, los únicos jugadores de campo que no terminaron echando los bofes y destruidos físicamente al final del partido (recuérdese al Mono Pereira cuando se le escapó una al corner porque no se podía mover), fueron el Ruso, que juega en Francia, Victorino que juega en Chile, Y ARÉVALO QUE JUEGA ACÁ, CARAJO!!!

Pero ya que tenemos la chance de ver un sinfín de estrategias y de tácticas y muchos jugadores sensacionales, y escuchando a nuestros enviados especiales del periodismo deportivo hacer gala de un soberano grado de atrevimiento, comentando a otras selecciones como si las vieran jugar todos los domingos, diciendo cosas absolutamente erróneas, o hablando cualquier gansada y perdiéndose de hacer profundos análisis de juego que sirvan en enriquecer no solo a ellos sino a todo nuestro fútbol, es que sigo enumerando hipótesis futboleras a piacere.

 

4. Argentina es un equipazo de mitad de cancha hacia arriba y Messi está enfermo; no puede jugar tanto.  Pero atrás son malos.  Si si, contundente hipótesis: son malos.  Pasará a octavos pero deberá corregir mucho su retaguardia si intenta llegar a definir el torneo.

 

5. Por más que el golero inglés nos haya recordado a tanto al Seba Viera, Inglaterra clasificará también porque sus próximos rivales son un espanto.  Se complementa la hipótesis con la afirmación que el otro clasificado será el ordenado, prolijo, de gran potencia física y con un tarro bárbaro equipo norteamericano.

 

6. Que la acumulación de jugadores que juegan en las cinco grandes ligas mencionadas en la hipótesis 3, hacen mucho más potente a los equipos, ya que el ritmo de juego al que están acostumbrados supera ampliamente al resto - vale aclarar que el ritmo de juego no es lo mismo al estado físico de los jugadores -.  Esta hipótesis está basada en la actuación francesa, la argentina, la inglesa y la alemana, equipos que estarán en fases siguientes.

 

7. Que me voy a seguir matando con todos los partidos que pueda ver.  Por ejemplo, por escribir estas boludeces para que ustedes se entretengan me estoy perdiendo Camerún y Japón.  Eso sí, entre tres y media y cinco y media no me llamen a no ser Lippi o Martino.  A ellos es a los únicos que atiendo.

 

*Esta hipótesis es al pedo porque estoy seguro que es lo que va a suceder.

 
UNA CONFERENCIA SOADA
Felipe Castro
Martes, 08 de Junio de 2010 16:55

 

 
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